Mar para Bolivia

“ASÍ ERA LA VIDA EN EL LITORAL BOLIVIANO”


Por Luis Llanos Aparicio.
Publicada en “Los Tiempos” 18 de febrero de 1982.

En la costa boliviana los cobijeños fueron pobladores y fundadores de Antofagasta, de Mejillones y Tocopilla.
COBIJA tenía un nombre gemelo conocido como Puerto La Mar, así denominado en mérito al prócer de la Independencia de Colombia, Mariscal del Perú, don José La Mar.
El fundador de nuestra República Simón Bolívar, según decreto de 28 de diciembre de 1925, promulgado en Chuquisaca, habilitó dicha caleta a la categoría de puerto principal, por su categoría y su movimiento de comercio.
COBIJA fue el primer puerto boliviano y llegó a ser el mejor puerto en el Pacífico.
Hasta aquí los rasgos de fe de su nacimiento boliviano.
Tuvo un auge extraordinario debido a los minerales de plata, estaño, y oro que atesoraba (1)
El presidente Andrés Santa Cruz le dio suma importancia, fue el primer mandatario que visitó el Litoral preocupándose de ensanchar el camino que había por el trayecto desde Potosí. (Sin embargo, el mismo se opuso a la solicitud de Tacna y Arica de pertenecer a la nueva Republica Bolivia)
Con el hallazgo de salitre, en el desierto de Atacama y en las “huaneras”, aumentó la riqueza y la vida fabulosa de sus habitantes.
Por su rica fama, tentando suerte, llegaban apresuradas caravanas de buscadores de fortuna, hombres de empresa, negociantes, toda clase de aventureros, arrieros, pescadores etc. Un tumulto de gente venida de todas partes, en especial del lado chileno, por su proximidad. Hallaban el sustento seguro.
Penetrar hacia el desierto era la tentación en busca de minerales, así también de los “entierros”, como sucedió en Cobija, con los tesoros extraviados barridos por el mar durante los terremotos habidos en los años 1868 y 1877. Ambos sacudimientos, según los vecinos antiguos, fueron castigo divino por la vida de ostentación, derroche y lujuria que había en ese puerto. Siguió también la fiebre amarilla que diezmó la población.
La riqueza trae consigo pecado y perdición; por ello el castigo como en las viejas civilizaciones de occidente.
Los tesoros que fueron arrastrados por el mar, dispersos en los arenales, según tomamos nota, fueron: los cálices de oro de la iglesia e Cobija que había sido donados por el Conde Gondourvil, monedas de oro de la caja de Fondos de la Tesorería Fiscal; las joyas de la familia del brigadier James, las cargas de lingotes de plata que traían los arrieros e Potosí para embarcar desde ese puerto y cuyas mulas fueron arrasadas por la furia del mar; las monedas de oro que traía el recién llegado Barón Arnoux de la Riviera que fundó las empresas salitreras de Antofagasta; la valiosa platería de don Pedro López de Gama, primo hermano del Embajador del Brasil Pedro II que fue famosa obra de valor y arte.
En alguna vez y lugar de las afueras de la ciudad se halló Lingotes de plata y osamentas humanas y de mulas sorprendidas por la catástrofe. Un cuidador de minas del Cónsul inglés Mr. Michols halló un collar de perlas que fue vendido a un capitán de barco por una buena suma. Un tiempo largo duró el afán de buscar tales “entierros” (2)
En otra dirección hacía lo que era “La Chimba” o Antofagasta, El aventurero Juan López hacía caminatas extensas en busca de salitre y de huano. La fortuna no le fue adversa, pues descubrió primero un arroyo en una quebrada al pe el Cerro Moreno, elemento que favoreció las largas marchas al fondo del desierto, que fracasaban por falta de agua.
Al penetrar a ese desierto solo habían dos palabras en los lacios: ORO Y SED; era cuestión de suerte; quedaron muchos cráneos y fémures destrozados en el olvido de la pampa, para quienes no le tenían.
Juan López era conocido como “El Chango”; una comunidad de hijos de pescadores del lado de Tarapacá, a quienes se les daba ese apelativo regional. Otro personaje digamos novelesco, fue el indio Hermenegildo Coca, quien era un diestro conocedor amplio de aquella pampa.
Con la intervención y ayuda de ambos personajes se llegó a descubrir el llamado Cerro de Plata, rebautizado después como “Caracoles”, a 18 kilómetros de la costa, pasando por Cobija. En las cercanías de descubrió el llamado “Salar del Carmen” depósito de nitratos.
Tales hallazgos motivaron la llegada de inmigrantes de toda nacionalidad al embrujo de las ganancias. Así hombres de empresa de Francia, Inglaterra, España y de nuestros vecinos.
Se contaba entonces con una población de 20. 000 habitantes que dieron empuje al crecimiento y progreso de las costa boliviana.
Mariano Melgarejo dictó el Decreto de 22 de octubre de 1866 para la fundación oficial de ANTOFAGASTA boliviana.
Fueron los fundadores los señores: Abdón S Ondarza, diputado por Tocopilla y Cobija; don José Taborga, Prefecto de La Mar, don Calixto Vizcarra tesorero público, y don Agustín Vidaurre, notario de hacienda.
El puerto boliviano contaba con todos los adelantos y fue el mejor puerto sobre el Pacífico con riqueza fabulosa, llegada de vapores de día y de noche, embarques de salitre, plata cobre, huano, de mucha demanda de los países del Viejo Mundo.
Contaba con el Banco Nacional, con una Fábrica de cerveza con venta en toneles y en botellas.
Citaremos que la Marina disponía de siete barcos mercantes y un vapor de 180 toneladas, armado en su propio astillero.
Otros progresos dignos de notarse fueron:
Periódicos en Cobija: “Antofagasta” y “Caracoles” que merecerían un extenso capítulo; contaban con magníficos artículos, noticias, servicio de puerto, cotizaciones, actividades de empresas. En sus columnas se registraban notas de los abusos y reyertas que cometían los súbditos chilenos.
En Antofagasta habían seis escuelas, donde repercutió hondo la voz y el amor por la Patria; escuelas que formaban el alma nacional y la bolivianidad, como el caso de la niña Genoveva Ríos, que arrancó la enseña tricolor de manos indignas aquella mañana del 14 de febrero de 1879, cuando el invasor chileno destruía nuestros símbolos patrios, incendiando edificios, saqueos etc.
En su creciente progreso tenían, además, una magnífica iglesia, un teatro confortable, una compañia de Bomberos, servicio de Celadores, local de Aduanas, Capitanía del Puerto.
Después de un año de la fundación se efectuó un remate entre los primeros vecinos, a razón de 24 bolivianos la manzana de terreno, distribuido en doce lotes, con un valor aproximado de 2 Bs, cada uno.
Los primeros compradores fueron: José Santos Prada, David Enrique Zeballos, Manuel Barraú, Marcos Chandia, Higinio Bernard, Eduardo Ardaya, Juan de Dios Picarte, Wenceslao Vidal, Manuel Antonio Lama, Antonio Vidaurre, Alejandro Chandia, José María Lanza, Agustín Viscarra, Florencio Lillo, Juan Sáenz, Salvador Alipaz, Jacinto Pinillo, Zoila Vidal, Cardemio Taborga, Máximo Ondarza, Domingo machado, Juan Granier, Ofelia Ondarza.
Por su nacionalidad en un 70 por ciento eran bolivianos. Un 20 por ciento peruanos. El restante 10 por eran portugueses, españoles y chilenos.
El primer plano fue levantado por don J. Santos Prada (Boliviano), Jefe del Tesoro Público de Mejillones, el día 14 de septiembre de 1869.
El 2do plano fue levantado por don José María Lanza, el cual resultó ser el más acucioso y completo. Según el historiador boliviano Antonio Senen Ondarza.
A la sombra de tanta prosperidad se intensifico el comercio portuario. No había un puerto mejor a lo largo del Pacifico, riqueza, variedad de negocios, oficinas salitreras, reenganches de trabajo, Bienestar para todos los habitantes.
Pero no iba a faltar en torno a ese apogeo, el crecimiento de la delincuencia, salteadores de carreteras y mercancías a dichos asientos. Se cuenta de un sujeto Silverio Lazo, conocido con el alias de “El Chichero” de nacionalidad chilena. Fueron tantas sus fechorías que a raíz de un crimen a una bailarina, se ofreció un premio de Bs 2.000 por su captura. El perseguido, al conocer el precio, se había burlado de las autoridades dejando en la plaza un cartel y mofándose duplicaba la suma de Bs 4.000 a quien se atreviera a ponerse al frente. Entonces se registro casa por casa en todo el puerto y en la población de Antofagasta; pero el temido sujeto se había ocultado dentro de un tonel en el recinto de la Cervecería librándose así.
Se sabe de otros bandidos prontuariados en los registros policiales. Eran “El Colorado” y sus cómplices Salomón y Bruno Guerra, muy temidos. Sus “corvos” puñales eran manejados con destreza. Robaban y asaltaban a las remesas que iban a las minas. Tenían nacionalidad chilena.
Se llenaría extensa columna con el relato de los crímenes de estos sujetos del hampa venidos de los bajos fondos de Santiago y Valparaíso. Se cita por ejemplo al “Minero”, un desalmado que cayó en pelea afrontándose al capitán de Puerto Cnel. Ezequiel Apodaca. Nuestro compatriota lucho duramente con estos hampones. La mañana de la invasión chilena, ex profesamente su casa fue atacada por los reos que fugaron de la cárcel, el 14 de febrero de 1879; aplaudiendo después del ingreso de los invasores que encabezaba el regimiento chileno “Chacabuco”
De este modo damos a conocer a vida de nuestro añorado puerto de Antofagasta brutalmente invadido por Chile y que tenemos el deber de rescatar.
La idea patriótica de los beneméritos ex combatientes del arma de artillería de la guerra del Chaco, para levantar un faro simbólico en el cerro de Killi Killi, nos parece my acertada, ya que nos recordará por siempre el crimen de la usurpación.
(1) Antonio Ondarza.
(2) El mismo autor citado.

Artículo importante transcrito de la prensa,
por Gastón Cornejo Bascope.
Cochabamba. Bolivia. Marzo 2015.
 

Tres curules en el Parlamento Nacional respetados hasta el presente.
2005-2015

Senador Dr. Gastón Rolando Cornejo Bascopé

Héroe Nacional Don Eduardo Abaroa.

Cochabambinos muertos en la Guerra del Pacífico.

Dr. Abdón Senen Ondarza

Diputados del Litoral. Abdón Senén Ondarza, por Cobija y Tocopilla. Manuel Franklin Alvarado, por Mejillones y Antofagasta. Manuel Ma. Abasto, por Caracoles y Atacama. 1879. 2006-2010

Senador GCB en el curul patriótico del Litoral usurpado que mantiene presencia parlamentaria

Senador Cornejo ingresando al H. Senado Nacional. 2006-2010