Mar para Bolivia

CHILE Y EL TRATADO DE 1904

Hugo Bilbao La Vieja Antezana.
Jurista. Munícipe, Escritor. Historiador. Fundador del Comité “Pro Mar”. Presidente Fundador de la Junta de la Comunidad Cochabamba. JUNCO. Vicepresidente de la Sociedad de Geografía, Historia y Estudios Geopolíticos Cochabamba.
Cochabamba, Bolivia, mayo 2015.

Han concluido ante la VCIJ de La Haya los alegatos y vales dentro la demanda interpuesta por Bolivia pidiendo que Chile consecuente con los numerosos compromisos que hizo a lo largo de siete décadas para resolver la salida soberana de Bolivia al Océano Pacifico, una vez más utilizado su manido argumento de que el Tratado de 1904 lo hubiera resuelto todo, en consecuencia, no tiene nada pendiente con nuestro país, posición socarrona, inaudita y carente de toda lógica, verdad y justicia. Nuestra Delegación ha demostrado en La Haya, de modo contundente la falsedad de la defensa mapochina y desvirtuado su solapada posición de plantear la incompetencia del Tribunal Internacional de Justicia al amparo del artículo VI del Pacto de Bogotá.

En ambos casos, la representación boliviana ha rebatido abundantemente la fementida alegación chilena al referido tratado que, según sus abogados fue el argumento definitivo con el que pretendió disolver la demanda  de nuestro enclaustramiento.

Pero, ¿Qué es en verdad el Tratado de 1904? Claro, jurídicamente es una estipulación entre los dos Estados, la misma que debe cumplirse a cabalidad si acaso hubiese sido concertado y firmado en un momento de plena libertad, justicia y conciencia en ambas partes.

¿Tiene ese tratado tan invocado por  un usurpador esos atributos o virtudes?  Vale decir, ¿Sus reglas jurídicas tuvieron en su momento el sello de la moral y la ética?

La conciencia cívica continental sabe que fue impuesto con una espada pendiente sobre la testa de Bolivia, pues si bien es cierto que todo Tratado debe ser cumplido de buena fe como lo proclama Chile, es sabido que a tiempo de obligarnos a firmarlo, Chile  no tuvo en verdad buena fe, ciencia ni conciencia para proclamar ahora su intangibilidad.

En la actual demanda ante la CIJ de La Haya, obviamente que el Tratado de 1904 no fue materia de discusión; Bolivia se abocó sólo al asunto de la competencia del tribunal porque lo del dicho tratado, su validez y otros aspectos que contiene será demostrado  por Bolivia cuando tenga que expurgar la fuente directa emanadora de este instrumento, las circunstancias de las que se nos obligó a aceptarlo, su contenido leonino y el incumplimiento del que fue objeto por parte de Chile por más de una centuria, amén de las consecuencias que le acarreó a Bolivia, el vasallaje comercial impuesto y otros que a tiempo de su revisión saldrán a la luz, así sea que Chile mantenga ignominiosamente el valor intangible de tal tratado impuesto por su diplomacia fortaliana - “Chile no tiene amigos ni enemigos, sólo tiene intereses” – y aunque su más calificado tratadista – Alejandro Álvarez – les enseña que para que un tratado contenga indiscutible validez en cuanto a ciencia y conciencia “debe ser concertado satisfaciendo en paz exigencias vitales y racionales de los pueblos”.

¿Fue el caso del Tratado de 1904 probado de esa manera? Porque le cerró a Bolivia su desenvolvimiento vital, su desarrollo económico y social, enervó sus energías y su contacto con el mundo; es por eso que es un tratado injusto ya que no consideró, en ningún momento,  las necesidades del pueblo de Bolivia, su psicología y mucho menos su elemental escape  al horizonte universal del mar, patrimonio común de todos los hombres de la Tierra. Todo eso y mucho más fue ignorado en el Tratado de 1904 que no tiene moral conciencial e histórica, tratado que se arrastra cronológicamente desde el infausto momento en el que se sorprendió a Bolivia con engañosas promesas, más aún, remarcando la ominosa conducta de Chile cuando cierra con el Perú y a perpetuidad, en 1929, la enorme necesidad de una posible salida soberana al mar.

Consiguientemente,  el Tratado de 1904 del que Chile ahora hace su bandera inconmovible, debe ser eternamente impugnado por su falsedad ideológica y ética, pues carece al sentir del ilustre escritor boliviano, don Fernando Diez de Medina, los siguientes principios:

1.     Conciencia y sentimiento íntimo de la justicia.

2.     Orientación moral y el ideal de la solidaridad entre los pueblos.

3.     El derecho libre que para la existencia de ese tratado tienen los pueblos.

Chile no se cansa de hablar del respeto a dicho tratado, empero al no contener ni contemplar nada de lo anterior, es nulo en razón a un derecho humano universal, porque además  norma “Tratado de Paz y Amistad”, fue más bien consecuencia de una guerra usurpadora  y del miedo que nos impuso para firmarlo.

 Bolivia siente  profundo y amargo dolor ante la existencia de ese tratado y aunque para Chile constituyó la fuente de su prosperidad y la panacea indigna de su inconducta cargada de tempestad nada fraterna americanista, sigue hasta hoy resistiéndose a toda norma de entendimiento al proclamar  de dicho instrumento jurídico e inalterable como los Diez Mandamientos dictados por Dios, lo considera su máxima conquista y por ello, lo defiende más allá de todos los principios internacionales.