“BASES” Y “MEMORANDUM” 1881.

TRABAJADAS POR DIREMAR. AGOSTO 2013.
Gabriel René Moreno en Daza y las Bases Chilenas de 1879 (Ed. Universo, La Paz, 1938) y Luis Salinas Vega en Mi Defensa (Tip. Andrés Freyre, Tacna, 1881).

 

En éste corren los dos siguientes documentos, sobre el tenebroso plan de rectificación de fronteras en las costas del Pacífico que -fuera del camino del honor y la dignidad- le diese a Bolivia territorios peruanos más accesibles al mar desde la altiplanicie y a Chile todo el territorio boliviano comprendido entre los paralelos 23 y 24, que le entregó el canciller de Chile Domingo Santa María a Gabriel René Moreno, en el entendido de que para Chile la mejor manera de asegurar la tenencia de Tarapacá contra una futura acción reivindicatoria del Perú era colocar a Bolivia como “país parachoque” en Tacna y Arica:

“BASES”
“CREDENCIAL. Santiago, 29 de mayo de 1879. Al señor Gabriel René Moreno. Interesado el Gobierno de Chile en poner término a la guerra que sostiene contra Bolivia, mira con placer la buena disposición de usted para coadyuvar a la consecución de este deseo.- En consecuencia, el Gobierno de Chile verá con satisfacción que usted se acerque al excelentísimo presidente de Bolivia y le signifique nuestros sentimientos a este respecto.- Mi Gobierno espera que el de Bolivia, escuchará con benevolencia cuanto usted le exponga en este sentido, y en conformidad con lo que usted ha expresado en nuestras conferencias verbales.- La palabra de usted contará en su abono con sus antecedentes personales y la presente nota.- Dando a usted mis agradecimientos por el noble espíritu que lo anima, me ofrezco de usted atento servidor. Domingo Santa María.

DOCUMENTO I.- “Bases:

1.- Se reanudan las amistosas relaciones que siempre han existido entre Chile y Bolivia y que sólo se han interrumpido desde febrero de este año. En consecuencia, cesa la guerra entre las dos repúblicas y los ejércitos de ambas se considerarán en adelante como aliados en la guerra contra el Perú.

2.- En testimonio de que desaparecen, desde luego, todos los motivos de desavenencia entre Chile y Bolivia, se declara por ésta última que reconoce como de la exclusiva propiedad de Chile todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, que ha sido el que mutuamente se han disputado.

3.- Como la República de Bolivia a menester de una parte del territorio peruano para regularizar el suyo y proporcionarse una comunicación fácil en el Pacífico, de que carece al presente, sin quedar sometida a las trabas que le ha impuesto siempre el gobierno peruano, Chile no embarazará la adquisición de esa parte de territorio, ni se opondrá a su ocupación definitiva por parte de Bolivia, sino que, por el contrario, le prestará la más eficaz ayuda.

4.- La ayuda de Chile a Bolivia consistirá, mientras dure la guerra actual con el Perú, en proporcionar armas, dinero y demás elementos necesarios para la mejor organización y servicio de su ejército.

 5.- Vencido el Perú y llegado el momento de estipular la paz, no podrá ella efectuarse por parte de Chile mientras que el Perú no la celebre, igualmente con Bolivia, en cuyo caso Chile respetará todas las concesiones territoriales que el Perú haga a Bolivia o ésta imponga a aquél. Tampoco podrá Bolivia celebrar la paz sin la anuencia y la intervención de Chile.

6.- Celebrada la paz, Chile dejará a Bolivia todo el armamento que estime necesario para el servicio de su ejército y para mantener en seguridad el territorio que le haya cedido el Perú o que haya obtenido de éste por la ocupación, sin que le haga cargo alguno por las cantidades de dinero que haya podido facilitarse durante la guerra, las que jamás excederán de seiscientos mil pesos.

Queda desde ahora establecido que la indemnización de guerra que el Perú haya podido pagar a Chile habrá de garantizarse, precisamente, atenta a la situación financiera del Perú y su informalidad en los compromisos, con la explotación de los salitres del departamento de Tarapacá y los guanos y demás sustancias que en el mismo puedan encontrarse. Una convención especial arreglará este asunto. Iguales convenciones se celebrarán sobre los demás puntos que sea necesario esclarecer y completar”.

No fue éste el único documento.
DOCUMENTO II.- Otro fue el “Memorándum” que Eusebio Lillo le entregó a Mariano Baptista, en los primeros días de diciembre de 1881, en la misión secreta que lo llevó a Tacna y en el que en 1884 se inspiraron las fracasadas misiones de Belisario Salinas y Eliodoro Camacho al Perú, orientadas a convencer a los generales Cáceres e Iglesias de que finalizaran la guerra civil en que se hallaban enfrentados y aceptasen la modificación del Tratado de Ancón a fin de que, con compensación pecuniaria, Tacna y Arica pasasen al dominio de Bolivia; y, en enero del año siguiente, la misión diplomática de Aniceto Arce en Santiago, como enviado especial del Gobierno de Bolivia presidido por Gregorio Pacheco, para “procurar una solución definitiva en la cuestión territorial que viene sustentando la política chilena, bajo la faz de rectificación de fronteras” y, en desahuciada proposición como es de verse en las Páginas Diplomáticas de Javier Vial Solar publicadas en 1900 en Santiago, celebrar “un tratado de paz y amistad que comprenda la condición esencial del canje de territorio del departamento del litoral boliviano por el de Tacna y Arica”.
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Dicho “Memorándum”, que según Querejazu en su ob. cit. se conserva en el legajo de papeles del entonces ministro de RR.EE. de Bolivia Pedro José Zilveti en la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre, dice así:

MEMORANDUM DE BASES PARA UN ARREGLO DE PAZ DEFINITIVO CON CHILE 1881.
(Página 655)

Ocupando Chile los territorios de Tacna y Arica, hallándose en situación de ampliar esa ocupación inmediatamente y sin inconveniente alguno hasta la quebrada de Ilo, la base de arreglo con Bolivia sería una rectificación de fronteras que satisfaga la antigua aspiración de la nación boliviana, de extender su dominio a esos territorios, teniendo en Arica su puerto de salida al Pacífico”.

“Si la seguridad de Bolivia exigiese mayor ocupación de territorio hacia el norte y oriente, Chile se obligaría a operar, en unión de fuerzas bolivianas, sobre esos territorios, estableciéndose en ellos el dominio de Bolivia. De esta manera, Bolivia podrá navegar en aguas propias toda la parte traficada del lago Titicaca”.
“La cesión a Bolivia de los territorios de Tacna, Arica y Moquegua, sería en compensación de la cesión que para continuar su territorio hasta Camarones, necesita Chile del litoral boliviano que se extiende al sur del Loa, sin que figure en la tal operación ninguna compensación por gastos de guerra”.
“Chile se obliga a dar libre tránsito, a perpetuidad, por todos sus puertos desde Camarones hasta el grado 24, al comercio boliviano, tanto de internación como de exportación. En los puertos bolivianos y en los chilenos, se internarán libres de todo gravamen los productos de uno y otro país”.
“Chile se comprometería a establecer una línea férrea que, partiendo de Iquique, Mejillones o Antofagasta, busque la altiplanicie boliviana, para servir los intereses comerciales e industriales del sur de Bolivia. Prestaría igualmente el apoyo de su crédito al establecimiento de otra línea férrea que, partiendo de Arica, fuese a servir los intereses de los departamentos bolivianos del norte”.

“El tratado de paz que se celebrase ligaría de tal manera a uno y otro país, en el presente y en el porvenir, que podrían unificarse no solamente sus intereses comerciales e industriales, sino, también, en lo que fuera posible, sus intereses políticos, para prestarse apoyo en cualquier emergencia internacional”.
Como paso previo para discutir y arribar al tratado definitivo podría estipularse entre ambos países una tregua que, en caso de no pactarse la paz, no podría suspenderse sino después de cuatro meses de rotas las conferencias”.
“Hay otros puntos de detalle y cuestiones accesorias de un tratado de paz que sería muy fácil resolver sin tropiezo alguno por los plenipotenciarios debidamente autorizados por los respectivos gobiernos”.

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RELATO HISTÓRICO Y CRITERIO DE UN ESCRITOR PERUANO
Parece innecesario agregar:
1) que la política de Santa María respecto a la cesión a Bolivia de los territorios de Moquegua, Tacna y Arica fue variada radicalmente al asumir la presidencia de Chile José Manuel Balmaceda para quien, repitiendo palabras de Querejazu en la p. 709 de su ob. cit., “Tacna y Arica no debían servir de anzuelo destinado a pescar una dudosa amistad boliviana sino como puntos avanzados del territorio chileno, en los cuales se afianzase y fortificase su soberanía, a fin de hacerlos servir de baluarte contra propósitos revanchistas del Perú”

2) que después, en mayo de 1895, cuando Bolivia y Chile firmaron los pactos secretos de Paz y Amistad y de Transferencia de Territorios, el Congreso boliviano no hizo oposición a los tratados sino al hecho que, siendo separados, Chile pudiera conferirle validez a uno, para apoderarse del litoral boliviano, y negársela al otro más adelante para frustrar la transferencia de Tacna y Arica a Bolivia;

3) que el Congreso de Chile no le brindó su aprobación al Protocolo Cano-Matta de 9 de diciembre de 1895 que, con la aprobación del Congreso de Bolivia, aprobó en conjunto, como estipulaciones recíprocas e integrantes las unas de las otras, los tratados de Paz y de Transferencia de Territorios concertados en Santiago el 18 de mayo de 1895.

 4) que más adelante se ajustó el Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904, con su Acta Secreta Complementaria, poco después del abrazo en el Estrecho de Magallanes, el 12 de febrero de 1899, entre los presidentes de Argentina Julio A. Roca y de Chile Federico Errázuriz Echaurren así como de la estocada de Abraham Koning al canciller Eliodoro Villazón el 13 de agosto de 1900 en que fue preciso al expresarle que, siendo cosa sabida y entendida que Bolivia no pretende zona ni puerto en el territorio de su antiguo litoral”, “que una salida al Pacífico que produjera una solución de continuidad en el mismo territorio chileno es inaceptable por su propia naturaleza” y que tampoco Chile podría ceder Tacna y Arica a Bolivia, como se ofreció en los tratados de 1895, porque no había podido obtener todavía dominio permanente sobre esos territorios, “menester es declarar que Bolivia no debe contar con la transferencia de los territorios de Tacna y Arica, aunque el plebiscito sea favorable a Chile”; y

5) que el mismo 20 de octubre de 1904, se suscribió y protocolizó un Acta Secreta Complementaria del Tratado que, sin ninguna promesa chilena de puerto para Bolivia, fue redactada en los siguientes términos:
“En Santiago, a 20 días del mes de octubre de 1904, reunidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile don Alberto Gutiérrez, y el ministro del ramo, don Emilio Bello Codesido, con el objeto principal de suscribir el Tratado de Paz y Amistad, concluido en esa misma fecha, el representante de Bolivia expuso: Que, de acuerdo con el espíritu que ha guiado a los gobiernos de Bolivia y Chile a celebrar el referido pacto, e interpretando los propósitos de cordialidad y de armonía manifestados por sus gobiernos en el curso de las negociaciones que acaban de terminar, Bolivia empeñará todos sus esfuerzos, ya sea conjunta o separadamente con Chile, para que los territorios de Tacna y Arica se incorporen definitivamente al territorio chileno.- Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores expresó que, de acuerdo con su gobierno, consideraba que los intereses comunes de Chile y de Bolivia establecían entre ambas repúblicas el compromiso de unir su acción y sus esfuerzos en el sentido de hacer definitivo el dominio de Chile en los territorios de Tacna y Arica.- Agregó que, en reciprocidad, Chile presentaría a Bolivia su apoyo diplomático en favor de los derechos de Bolivia sobre el territorio que actualmente ocupa, si llegase a serle disputado por otra nación vecina, ofreciendo su mediación, los buenos oficios u otro recurso amistoso”.

El Acta Secreta no fue sometida a la consideración del Congreso de Bolivia. Como “un deber doloroso y sin gloria”, según palabras del presidente Ismael Montes, el Tratado sí que, al cabo de varias semanas de ardoroso debate, con 30 votos en contra, fue aprobado por 42, mereciendo de Daniel Sánchez Bustamante la siguiente apreciación en su libro Bolivia, su estructura y sus derechos en el Pacífico, que vio la luz en La Paz el año 1919: “El tratado de 1904 no fue la obra de un negociador aislado, ni de un momento infeliz de nuestra diplomacia. Fue el nudo en que se recogieron sucesos adversos, desengaños repetidos, precipitaciones angustiosas, necesidades urgentes, ilusiones muertas”.
Alfonso Benavides Correa
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RELATO HISTÓRICO Y CRITERIO DE HISTORIADOR ROBERTO QUEREJAZU CALVO (Guano Salitre y Sangre Páginas 666)

El documento transcrito, así como los demás que informan sobre la misión secreta del señor Baptista en Tacna, ignorados por otros historiadores de la guerra del Pacífico, se encuentran en el legado de papeles del entonces ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, señor Pedro José Zilveti que se conservan en la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre”.

Chile ofrecía a Bolivia, a cambio de su amistad y del derecho de internar libremente sus productos en los mercados bolivianos, sustituir su lejano y desértico litoral por los territorios tan favorables de Arica, Tacna y Moquegua; un ferrocarril de la costa a sus departamentos del sur; crédito para la construcción de otro ferrocarril de la costa a sus departamentos del norte; libre tránsito, a perpetuidad por puertos chilenos ; perdón de la compensación pecuniaria que estaría obligada a pagar como vencida en la guerra; y una alianza política con la nación que estaba estableciendo su hegemonía en el Pacífico Sur.

Era mucho más que los ofrecimientos anteriores para separar a Bolivia del Perú.
Baptista mandó de inmediato el memorándum a La Paz y pidió plenos poderes para pactar la tregua, que le parecía una sugerencia muy conveniente. Una vez suspendido el estado de guerra, ambos países podrían discutir con tranquilidad y disponiendo de todo el tiempo que les fueses necesario, las condiciones de un tratado de paz. Lillo pidió también plenos poderes a Santiago con el mismo objeto.
Mientras se esperaban los títulos, el señor Baptista planteó las objeciones que tenía Bolivia para suscribir un pacto de tregua o tratado de paz, sin intervención del Perú.
El señor Lillo le repuso que no se podía tomar en cuenta a una nación “que carecía de unidad de gobierno con autoridad nacional y de instituciones estables” “Prescinda Bolivia de una vez por todas de su aliado, declaró; mire, al fin , sus propios intereses, sin amarrarse más tiempo a las diversas formas de putrefacción que está viviendo su vecino”.
Lillo recibió los plenos poderes pedidos a Santiago. Como Baptista no le llegaban los suyos, escribió a Campero y Salinas: “Yo he creído siempre , y lo he expuesto en nuestros congresos que el Perú buscó con su diplomacia predominio sobre nosotros; porque el tratado de alianza fue en sus manos arma de guerra; porque la misión Latorre fue encargada únicamente para lanzarnos contra Chile… He juzgado además, que la alianza está rota de facto y de jure. Terminó en la batalla de Tacna, no siendo la de Chorrillos y Miraflores sino una confirmación estéril y sangrienta de la disolución de aquel contrato; porque así lo entendió Piérola con su prescindencia desdeñosa de Bolivia, llevada al punto de evitar oficialmente hasta la simple mención de su repudiado vecino; porque, en fin, no hay alianza que llegue al grado de comprometer la vida misma del Estado…Hasta ahora hemos obrado bajo la consigna peruana. Nuestra alianza ha tenido de obligado y de extraño, que nunca hayamos indicado medidas, ni iniciado opinión ninguna. Toda orden la hemos recibido de Lima, sin exceptuar las que versaban sobre a procedimientos de su campaña. Llega el caso de que Bolivia exprese alguna vez su opinión propia, inicie un procedimiento deliberado y resuelto por su parte. Dígale al Perú que conviene la tregua; declárele que ha dispuesto celebrarla e invítelo a entrar en ella. Si el Perú rechaza la proposición queda asegurada nuestra libertad”.

En el diálogo epistolar que siguió, se cambiaron las siguientes expresiones:
Gobierno: “Tenemos legítima esperanza de que el poder americano salve nuestra integridad territorial… El armisticio es peligroso. Su único propósito sería consumar la usurpación. Chile aprovechará el armisticio para conspirar… La tregua sólo favorecería el comercio boliviano. Eso importaría sacrificar al aliado. Debemos consultarle previamente…

Baptista: “¿Habremos de subordinarnos siempre al veto peruano? ¿Hasta dónde tiene derecho el gobierno para envolver en las convulsiones vecinas la vida y los intereses de nuestra colectividad viviente? Frente a sus intereses, en Estado debe a otro justicia seca, en derecho estricto. La generosidad caballeresca y sentimental no tiene límite asignable en las relaciones de un individuo con otro, pero la lealtad internacional queda suficientemente salvada en nuestro caso con no aprovecharse de ella para usurpar el bien del aliado, con invitarle a que acepte una tregua que la considera necesaria... El dilema gubernativo se presenta con toda sencillez; sacrificarnos a la situación peruana, con la perspectiva de estrechar cada día más ambas nacionalidades y de reunir sus fuerzas en lo porvenir para obtener un desquite contra Chile; u obrar con independencia, aprovechando de toda ocasión de ser útil al aliado, pero sin ligar nuestro destino al suyo, antes bien, manteniendo libre nuestra elección, a fin de decidirnos en el sentido que nos lo indiquen nuestros intereses. ..la oportunidad es de días. Lo que es posible hoy no lo será mañana. El momento del interés mutuo, pasa rápido”

Es posible que el peso de los argumentos del señor Baptista hubiesen logrado convencer al gobierno, peros e frustraron por una nueva actuación de la diplomacia norteamericana.

El Canciller Zilveti instruyo a don Mariano Baptista que suspendiese sus tratos con Lillo.
Don Eusebio Lillo fue llamado a Santiago. Hacía dos meses que esperaba en Tacna con sus plenos poderes en la mano, que su amigo Baptista recibiese los suyos. Era una situación que se había prolongado demasiado y que debía concluir en resguardo a la dignidad de Chile.

El señor Baptista hasta el último momento mantuvo viva la esperanza de que “surgiría lo imprevisto” sin poder ocultar su amargura escribió al general Campero pidiéndole autorización para regresar directamente a Cochabamba sin ir a verlo a Oruro ni a ninguno de los otros miembros a La Paz.
Don Domingo Santa María quiso hacer un último esfuerzo para determinar la amistad de Bolivia a Chile y su separación del Perú.
 
El General Eliodoro Camacho, aunque en condición de prisionero de guerra gozaba de libertad de movimiento en Santiago bajo su palabra de honor de que no escaparía y recibía especiales atenciones e muchas personas. Se le presentaron las mismas proposiciones que Lillo planteo a Baptista.
Se confiaba en que siendo militar y con mejores relaciones que aquel con el General Campero tendría más influencia.
Camacho escuchó las ofertas pero las trasmitió a La Paz .
Don Pedro Zilveti le escribió: La Paz 9 marzo 1882. Mi muy estimado compadre y amigo:
 He leído con mucho agrado la muy estimada de usted de fecha 22 de febrero y me he impuesto de la que le dirige al señor Belisario Salinas con igual fecha. Veo con satisfacción que en sus conferencias privadas con los señores que componen el gobierno de esa república, se mantiene usted firme en el terreno de la honradez y de la moral política. No importa que esto se llame sentimentalismo u otra cosa por el estilo; la moral es siempre moral cualquiera sea el nombre que se le ponga. Resignados con nuestra suerte y dispuestos a perderlo todo en aras al honor nacional, no por eso somos intransigentes como se cree.
Ahora mismo procuramos salvar honorablemente los compromisos contraído con el Perú, a fin de poder entendernos con Chile y dar solución definitiva o transitoria al prolongado conflicto en que nos hallamos; pero si aún para esto se nos cierran las puertas aceptaremos las consecuencias de nuestra honradez y sea cual fuese el último resultado, quedaremos con la conciencia del deber cumplido. Han querido dar más importancia de la que tiene a lo ocurrido en Tacna entre los señores Lillo y Baptista. Éste marcho como plenipotenciario al Congreso de Panamá y llevó cartas de crédito privadas del General Campero, señor Salinas y de mí, para hacer uso de ellas ante personas que creyese competentes, sean de Chile o del Perú, a fin de explorar opiniones y preparar las bases de la paz a que todos aspiramos. Encontrándose en Tacna con el señor Lillo, se convino en algunos artículos de tregua indefinida. Conocidos ellos por el gobierno, no creímos conveniente ni decoroso aceptarlos o rechazarlos inmediatamente, porque nos habíamos comprometido oficialmente a no tomar determinación alguna hasta que no nos fueses comunicado el resultado de las negociaciones de Mister Trescot en Santiago y porque no nos es dable ni lícito hacer esa estipulación sin el acuerdo del aliado, con quien nos ligan los vínculos de un contrato internacional. Esto es todo lo que ha ocurrido”.
El gobierno de Chile dio libertad a Camacho permitiéndole volver a Bolivia. Creyó que su intransigencia cambiaría al encontrarse en su patria. Se equivocó, mantuvo su lealtad al Perú toda su vida….
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Trascripción de documentos históricos para la página virtual Mar de Bolivia. www.cochabamba-historica.com
Gastón Cornejo B
Antonio Dubravcic L.
Agosto 2013.