“INICIATIVAS CHILENAS PARA UNA ALIANZA ESTRATÉGICA CON BOLIVIA” (1879-1899)

Prologo  y presentación del libro del autor chileno  JOSE MIGUEL CONCHA  historiador, diplomático y académico chileno, cónsul de Chile en La Paz.

Por JORGE SILES SALINAS

En la oportunidad en la que Chile acepta el reto ante La Haya, en medios de prensa  desafía que Bolivia demuestre si alguna vez Chile ofreció mar con soberanía a Bolivia.

Cochabamba, junio 2013. Aquí un diplomático chileno lo demuestra con corrección, justicia y ecuanimidad.

Importantes pensamientos de un gran diplomático en el prólogo del libro, José Siles Salinas, prominente varón en la intelectualidad de la Bolivia contemporánea, trascrito para la página virtual Mar de Bolivia, por Gastón Cornejo Bascopé. 

PROLOGO

Un intelectual sobresaliente chileno Oscar Pinochet de la Barra calificó la Guerra del Pacífico como  UNA MAHADADA GUERRA” “LAMENTABLE INFORTUNIO” “CONFLICTO DESGRACIADO” que envolvió a los tres países que participaron en ella, Significó una tragedia que pudo y debió ser evitada. 

El autor del libro “INICIATIVAS CHILENAS PARA UNA ALIANZA ESTRATÉGICA CON BOLIVIA” (1879-1899) Editorial Plural,  2011, La Paz Bolivia.  José Miguel Concha, la califica como una “GUERRA FRATRICIDA” CONTIENDA INSENSATA”

En lugar de ir a la supremacía continental fueron a la pelea para ganar terrenos, interés económico, o la ambición del poder. Mediante la violencia fueron arrastrados para definir su destino. Ganar supremacía sobre supuestos adversarios con los cuales se pensaba era imposible la convivencia o la solidaridad. 

EL AUTOR.

¿Quién es el autor? José Miguel Concha diplomático, fue Cónsul General de Chile en La Paz, antes de llegar a Bolivia publicó el libro que comento. 

El libro es un trabajo histórico en el que más bien debería buscarse la integración y no la confrontación. Comenta la intensión chilena de separar a Bolivia de la Alianza Defensiva con el Perú  contraído en 1873. Gracias a la iniciativa de Domingo Santa María canciller en tiempo del presidente Aníbal Pinto, a quien reemplazó tiempo después; siguieron la línea otros como Luis Barros Borgoño, Jorge Montt, Eusebio Lillo, Juan Gonzales Matta y otras personalidades.. 

HEGEMONÍA EN EL PACÍFICO.

Después de la Independencia de los países por el uti possidetis juris se demarcó fronteras, en el caso de los países de la costa marítima debía definirse a cuál de los países correspondía la hegemonía  naval en esa vasta zona. ¿Perú o Chile? 

Desde su independencia Chile llevaba clara hegemonía en el Pacífico en los primeros 50 años desde la emancipación, clara ventaja sobre Perú, gracias a períodos regulares de gobierno de cinco años, en cambio en Perú y Bolivia predominaba el caudillismo, la anarquía, la inestabilidad.

Diego Portales a raíz de estos hechos llegó a la conclusión que Chile tenía vocación hegemónica afirmando definiciones que llegaron a ser doctrina de Estado orientando la política chilena desde entonces. Por eso la oposición inequívoca a la conformación de la Confederación Perú Boliviana del Mariscal Andrés de Santa Cruz creada en 1836. Idea que se impuso en la guerra que Chile declaró a la Confederación,  la cual quedó disuelta en 1839. Cuarenta años después vino la desgracia sobre Bolivia cuya costa estaba entre Chile y Perú. La invasión chilena sobre territorio inerme, carente de guarnición sin defensa naval. Por otra parte, carece de fundamento que Bolivia hubiera desatendido su relación geográfica con su provincia marítima. 

Fernando Cajías de la Vega demuestra que Bolivia tenía presencia vital aún en lo

administrativo con el Litoral sobre todo en el tráfico comercial pese a que Arica estaba más cerca de La Paz y fue siempre la conexión directa al mar; aunque el flujo humano a través de la cordillera y el desierto era menos intenso que debiera haber sido. Factores adversos dificultaban la comunicación de Potosí con Antofagasta y Cobija, de ahí que el flujo humano y comercial se extendiera con mayor facilidad por Arica. 

En Chile, en cambio el transporte marítimo facilitaba sobre todo la migración chilena atraída por las riquezas descubiertas del salitre en las costas vecinas de Bolivia y Perú. 

La antigüedad de los derechos bolivianos en el Pacífico heredera de la Audiencia de Charcas, ha sido legítima y confirmada con vigor por  el chileno José Miguel Barros apoyado en documentación irrefutable. La falaz afirmación de que Bolivia nunca tuvo mar y que Bolívar le dio ese derecho, argumentos sostenidos extrañamente por escritores chilenos, es un planteamiento poco serio en la moderna historiografía que desecha esos planteamientos.  

Perú y Chile se prepararon para la guerra comprando barcos blindados porque el antagonismo debía resolverse en el mar. Chile ganó en las acciones navales de Angamos y Punta Gruesa. Perdido el Huáscar y la Independencia, muerto el heroico Miguel Grau, la guerra quedó expedito  para la Armada chilena a todo lo largo de la costa peruana, definitivamente ganada por Chile. 

La guerra pudo ser detenida el 22 de octubre de 1880 por iniciativa del Gob. de USA cuando se reunieron en un barco americano Lakawana los plenipotenciarios de los tres países. Tras la victoria chilena en el Alto de la Alianza (mayo del 80) la ocupación de Tacna y Arica la aspiración del vencedor pudo haber quedado colmada pero fracasó el intento norteamericano. Ahí Mariano Baptista brilló por su elocuencia y su espíritu de paz pero la postura de delegados tanto de Chile y de Perú fue inflexible. La guerra prosiguió hasta 1883. Lima fue ocupada, tras dos sangrientos combates, durante 3 años; con ese acuerdo se hubieran eliminado cuantos problemas y sufrimientos; sobre todo, la mediterraneidad de Bolivia. 

POLITICA BOLIVIANA

A juicio del autor, el verdadero enemigo de Chile era el Perú. Ocupado el Litoral de Bolivia, Chile no intentó ingresar al interior de Bolivia.

Ocupadas Tacna y Arica, eliminada la escuadra del Perú, la decisión chilena de continuar la guerra expresada en el Lakawana, el resto del ejército boliviano al mando del Gral. Campero se desplegó por la cordillera andina y la región fronteriza del Perú ante la eventualidad de un ataque chileno desde la costa o desde Puno o Arequipa. La caída de Lima fue un aviso de que la guerra estaba perdida para los Aliados. 

Domingo Santa María luego de la toma de todo el Litoral boliviano consideró injusto e irracional dejar a Bolivia mediterránea; además, mejor dejar a Bolivia entre Chile y Perú eliminando la situación fronteriza, ese espacio sería fijado en Arica para dar por esa zona la salida al mar a Bolivia. 

La causa que motivó la guerra fueron los intereses económicos el salitre y guano en el desierto de Atacama y Tarapacá. El primer paso lo dio Chile al ocupar Antofagasta. Segundo fue ocupar Perú, Tarapacá, Arica y Tacna. Luego Chile debía acercarse a Bolivia para disociarla de la alianza con Perú, eso se llamó “POLÍTICA BOLIVIANA”

Sotomayor Justiniano amigo de Bolivia propuso oficialmente que Chile ofreciera una alianza con Bolivia. Chile mediante dos personajes de prestigio en Chile, decidió que se trasladasen a Tacna para hablar con el presidente Daza, al mando de su ejército, una proposición de paz. Fue Gabriel René Moreno nacido en 1835  la figura cumbre de la literatura boliviana y al abogado joven Luis Salinas Vega. Abuelo del autor del libro.

Ambos obraron con rectitud intachable para que Bolivia no quedara mutilada de su condición marítima.
La propuesta era incitante: “si Chile obtenía la victoria sobre el Perú, cedería a Bolivia  (apartada ya de la guerra) Arica y Tacna como compensación de la pérdida de Atacama”. Esta proposición chilena fue rechazada por Bolivia en 1880 por Daza y siguió cuando Campero. Fueron decisiones honrosas con su aliado Perú aunque no pudo ya acudir a su ayuda guerrera. El escenario de la tragedia no podía convertirse en  deslealtad y carencia de ética que siempre habría creado un factor perdurable de irritación en las relaciones entre Perú y Bolivia.  

La intención de Chile era la siguiente: “No olvidemos que en ningún momento podemos ahogar a Bolivia privada de Antofagasta y de todo su Litoral que antes poseía, hasta el Loa, debemos proporcionarle por alguna parte un puerto suyo, una puerta de calle que le permita entrar sin zozobra, sin previa venia. No podemos ni debemos matar a Bolivia al contrario, debemos sustentar su personalidad como el más seguro arbitrio de mantener la debilidad del Perú.(p 12)  

Había gran diferencia entre proponer a Bolivia la suspensión de su participación en la guerra, reconociendo por su parte la derrota y otra muy distante, contraer una alianza con Chile traicionando al Perú al entrar en beligerancia con el aliado de ayer. 

Daza procedió según era su deber, rechazar la proposición del adversario y lo mismo hizo Campero después de la derrota del Alto de la Alianza. No les cupo a las fuerza bolivianas otra resolución que retirarse al territorio nacional limitando su ayuda a los restos del Ejército peruano internado en la sierra mediante suministro de pertrechos de guerra. 

INTENTOS DE ACERCAMIENTO DESPUES DE LA GUERRA: 

Se iniciaron relaciones entre Chile y Bolivia que estuvieron a punto de lograr una solución aceptable, acuerdo pleno debido sobre todo a la participación de Mariano Baptista y el canciller chileno Luis Barros Borgoño apoyados por los ministros plenipotenciarios Heriberto Gutiérrez y Gonzalo Matta. 

El autor del libro está de acuerdo en que la política diplomática chilena variaba según las circunstancias a veces aproximándose otras por la inminencia de conflicto según convenía la alianza y la amistad. Claro de advertir con la Argentina en 1899 después de un largo período de crisis en sus relaciones mutuas con aprestos de guerra de uno y otro lado. Al solucionar sus conflictos con Argentina, el acercamiento con Bolivia se vio disminuido y así fue grave el episodio de Koenig en 1900, violento y agresivo de forma y fondo. La carta de Koening demuestra  que a comienzos del Siglo XX la Cancillería chilena cayó en errores  y actitudes ofensivas que dañaron seriamente las relaciones mutuas.  

En Bolivia también hubo desaciertos, basta anotar recordar el hecho de no haber dado paso a la ratificación de los tratados de 1895. (OJO OJO OJO). 

Mientras siga sin resolverse el asunto clave de la salida al mar, se marca una distancia dolorosa entre los dos países hermanos, será inevitable que aparezcan incomprensiones y disidencias entre ellos. Nadie podrá negar sin embargo, que por encima de las diferencias existen vínculos estrechos a los que no podemos renunciar, nacen de la cultura, de la historia, del espíritu. 

El libro de José Miguel Concha cierra su análisis en 1899. El memorándum de Koening es del 13 de agosto de 1900. El Tratado de Paz entre Chile y Bolivia fue firmado en 1904. 

No terminaron ahí afortunadamente los intentos para alentar las esperanzas bolivianas de retornar al Pacífico. Los esfuerzos por revivir “LA POLÍTICA BOLIVIANA” prosiguieron en el nuevo siglo y en Chile continuaron manifestándose voces favorables a este designio. 

En 1920 cumplió su misión promisoria en La Paz el ministro Emilio Bello Codecido (quien suscribió el Tratado de 1904), se firmó el ACTA PROTOCOLIZADA convenida entre Codecido canciller chileno  y el de Bolivia Canciller Carlos Gutiérrez  en la que se declara que “Chile está dispuesta a que Bolivia adquiera una salida propia al mar, cediéndole una parte importante  de esa zona al norte de Arica…” La importancia de ese documento no ha sido realzada bien por los historiadores bolivianos que se ocupan del tema. 

Oscar Pinochet de la Barra, ya citado al inicio del prólogo, así como el diplomático Carlos Bustos, enumeran las frecuentes oportunidades en las que autoridades prominentes de Chile se pronunciaron a favor de una zona marítima libre cedida a Bolivia, sin contravenir los términos del Tratado de 1904.

Entre ellos figuran  hombres públicos como Arturo Alessandri Palma, Gabriel Gonzales Videla, Eduardo Frei Montalva, Carlos Morla Vicuña, Gustavo Ross Santa María, Horacio Walker Larraín, Agustín Edwards, Ismael Valdéz Alfonso, Gonzalo Vial, José Miguel Barros, Aquiles Vergara Vicuña, Beltrán Mathieu y otros destacados hombres públicos. 

En la década de 1920 tomó bastante consistencia la tesis de proceder a una partición del territorio de Tacna y Arica entre Perú (Tacna) y Chile (Arica) y Bolivia al norte de Arica, proposición que habría favorecido a los tres países en un nexo vivo de amistad y complementación. 

Un momento fundamental es aquel en que el secretario de Estado de USA Frank Kellog, en su calidad de arbitrio en el litigio chileno-peruano por la cuestión de Tacna y Arica, al ver que era imposible la realización del plebiscito previsto, propuso la entrega de ambos territorios a Bolivia.

Chile accedió en breve tiempo a esta propuesta. Perú, al cabo de varios meses, la rechazó. Era presidente de Bolivia en ese tiempo mi padre, el doctor Hernando Siles. La emoción y la alegría que se produjo en el primer tiempo quedaron fulminadas por la negativa de Lima que echó por tierra esta solución. 

TRATADO DE CHILE CON PERÚ. 1929.
¿Para qué hablar de Tratado de Lima de 1929, entre Chile y Perú, en un prólogo que está destinado a resaltar los méritos de un libro escrito con el ánimo de contribuir y afirmar una relación inteligente y fraterna entre Chile y Bolivia? 

Quisiera mencionar en este punto tres realidades precisas derivadas de ese acuerdo nefasto para Bolivia, que no puedo eludir en conciencia en esta ocasión.

1.-Desde que se conoció dicho acuerdo hasta ahora, los bolivianos sentimos que  el mismo pesa como una clausura geográfica que nos agobia, o mejor, como una condena tiránica que no merecemos. 

2.- El enclaustramiento a que estamos sometidos ha impedido a Bolivia, en gran manera, a recibirlas corrientes de inmigración que tanto han beneficiado a los países  vecinos. 

3.- Al ver cerrada la salida al Pacífico, la atención pública se volcó hacia el Atlántico buscando por allí el acceso a las comunicaciones mundiales que por el oeste se nos negaban; Bolivia buscaba su soberanía a la que tenía derecho, en el río Paraguay en lo que no se pudo llegar a un acuerdo con el país vecino. En 1932, sobrevino la guerra con el Paraguay, atroz y desatinada entre sus pueblos 

En la Cancillería de Santiago se abrió paso a desde los años 20 del Siglo pasado, a una nueva tendencia: la política pro boliviana fue reemplazada  por la “Políticas Peruana”  

No me es dable omitir aquí una precisión necesaria: el gestor principal del ominoso Tratado de 1929, fue, como se sabe, el canciller chileno Conrado Ríos Gallardo situado en la misma línea de Abraham Koening. 

Sin embargo, a los largo del Siglo XX, pese a las cláusulas del Tratado de Chile/Perú de 1929, no desaparecieron los intentos para lograr la meta ansiada por nuestro país.  

Los años 1950, 1975, 1986 marcan fechas positivas aunque finalmente fracasadas para encontrar el arreglo buscado. 
Dos hombres se destacan por el nuevo giro que tomaron las relaciones boliviano-chilenas al abrirse la probabilidad de una negociación encaminada a ”satisfacer  la fundamental necesidad boliviana de obtener una salida al mar con soberanía”: Alberto Ostria Gutiérrez embajador de Bolivia en Chile y Horacio Walker Larraín, canciller chileno. Tras una bien acordada gestión, ellos intercambiaron notas de notable precisión diplomática en junio de 1950. 

En su respuesta Walker Larraín expresa que su Gobierno “animado de una fraternal amistad hacia Bolivia,  está llano a entrar en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico” 

La Biblioteca Nacional de Bolivia tuvo el acierto de publicar en 1998 un libro inédito de Alberto Ostria Gutiérrez con el título de “APUNTACIONES SOBRE NEGOCIACIONES PORTUARIAS CON CHILE” en el que se recoge  fielmente la historia de esa negociación. 

Es injusto afirmar que Chile se ha negado siempre a buscar una fórmula satisfactoria a nuestra demanda.   

En Bolivia jamás cesará el clamor  de justicia ante nuestros vecinos del Pacífico hasta que se le abran las puertas del mar. 

Y en Chile, como lo prueba nuestro amigo José Miguel  Concha,  existen firmes elementos de comprensión para acabar con este amargo y prolongado desentendimiento. 

JORGE SILES SALINAS ES MIEMBRO DE NÚMERO  DE LAS ACADEMIAS DE LA LENGUA Y DE HISTORIA DE BOLIVIA.