Mar para Bolivia

ANTOFAGASTA, PISAGUA Y LA RETIRADA DE CAMARONES

 

Guido R. Peredo Montaño
http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2010032506

 

El 14 de Febrero de 1879 la logia chilena "Sociedad de Socorros de la Patria" dirigida por su maestro Evaristo Soublete coordinó la toma y la ejecución de bolivianos en Antofagasta. Ya con el puerto en su poder Chile, dice haber descubierto un tratado secreto entre Perú y Bolivia; además nos acusa de violar el tratado de 1874, por el incremento mísero de 10 centavos por quintal de salitre extraído de nuestro territorio, que debía ser empleado para reconstruir los pueblos en nuestras costas, tras un terrible terremoto.

Isaac Tamayo en base a información de Vicente Ochoa, quien llevo el diario de campaña del Ejército boliviano, publicó en 1884 un libro titulado "Habla Melgarejo"; en el que se afirma que a pocas semanas de haberse firmado el tratado "secreto" el diplomático chileno Carlos Walker Martínez consiguió copia del documento. Pero en Noviembre de 1873 el embajador de Chile en Argentina, Blest Gana, gracias a su colega brasileño el Barón de Cotegipe recibe otra copia del tratado. Entonces Chile conocía la existencia del tratado 6 años antes de tomar Antofagasta.

Una nota editorial publicada por el diario chileno Ley, en noviembre de 1896, que transcribo textualmente, sostiene: "El gobierno esquiva confirmar la existencia del tratado i el riesgo de ello para Chile. Pero que si el tratado fue conocido mucho antes de la guerra, el gobierno había engañado a su pueblo llevándolo a una guerra injusta y abominable".

El lucido Edgar Oblitas Fernández en su libro "Historia Secreta de la Guerra del Pacifico" sostiene que cuando el prefecto Zeverino Zapata ordenó arrestar al ciudadano chileno José Hicks, la masonería chileno-boliviana defendió su honorabilidad. Hicks y Soublete eran amigos; este último fue quien propuso y garantizó al gobierno chileno que una "acción rápida" solucionaría los problemas de las compañías en territorio boliviano y que ello serviría como plataforma para tomar puertos peruanos. Oblitas Fernández, en base a datos extraídos de archivos chilenos, sostiene que desde el inicio de la campaña la oficialidad peruana menospreció el valor del combatiente boliviano. Además, el presidente del Perú Manuel Ignacio Prado, propuso a Daza firmar un pacto por el cual en caso de que los aliados ganaran la guerra los territorios en disputa se quedaría con Perú, "hasta compensar gastos la guerra".

La caída de Pisagua fue el inicio de nuestro lamento. El 2 de noviembre de 1879 Chile desplazó 6 navíos de guerra y casi 10 mil soldados bien armados para tomar este poblado; el tren y el agua eran el objetivo de la maniobra. Los batallones bolivianos Victoria e Independencia custodiaban el Puerto comandados por los coroneles Juan Granier y Pedro Vargas. Disponían de 1000 hombres y algunos refuerzos peruanos. Por cada 100 soldados bolivianos había 1.000 chilenos.

Las fallas estratégicas cometidas por el general Ignacio Prado ocasionaron sin duda la dispersión en el morro de San Francisco y la retirada de Camarones, de la cual hasta hoy historiadores desafortunados achacan a Daza. El general Prado y su general Juan Buendía no planificaron la defensa; además su táctica suicida violó toda lógica militar; pues dividieron un numeroso ejército en fracciones frente a las cañoneras chilenas.

Sobre el episodio, el historiador Benjamin Vicuna Mackena dice: "Habían centenares de cadáveres de soldados bolivianos quemados por el sol y cubiertos por arena: los bolivianos vendieron cara su derrota. Se lanzaban como suicidas contra un ejército superior, mientras los soldados peruanos escaparon a las montañas. Fue una muestra de heroísmo y valor que dejo pasmados a nuestros combatientes". Recordemos; Mackena, escribió el diario de campaña del ejército chileno, por ello su versión de los hechos es determinante para esclarecer este y otros episodios de la guerra.

Con el tren en su poder, el enemigo ocupo posiciones estratégicas. El general Buendia observó desde las alturas la arremetida chilena contra nuestros soldados y escapó dejando intacta la línea férrea, bombas de agua, y alimentos, con los que el enemigo sació la sed. Luego se instala en Agua Santa donde llegan los batallones bolivianos Aroma y Vengadores.

 

Los mandos medios exigían un contra-ataque inmediato; pero extrañamente Buendía ordena quemar provisiones y marcha hasta Pozo Almonte. Tomas Gaivano y Mariano Vargas, reconocen, indirectamente, que la dispersión de San Francisco se dio en ese contexto.

Los textos de Diego Barros Arana y Vicuna Mackena, coinciden con que el 8 de noviembre el general Daza sale de Arica hacia Camarones; al día siguiente Prado comunica a Buendía que Daza se acercaba al morro de San Francisco con dos divisiones y que luego llegarían 15 piezas de artillería, pertrechos y agua. En realidad las tropas de Daza carecían de apoyo logístico y en el camino, muchos soldados perecieron por falta de agua y alimentos.

Pero el 11 y 14 de noviembre Buendía recibe otro telegrama del presidente Prado, con la contra-orden de: "Atacar sin trepidar" (de inmediato). Pero este no acata la orden por cobardía, muy a pesar de la superioridad de sus fuerzas. En ese lapso el enemigo reunió una ponderosa fuerza gracias al tren, que él dejó intacto días atrás. Este episodio está documentado en las memorias del ejército chileno, pues en Pisagua el enemigo encontró agua, alimentos almacenados y municiones. El parte oficial del comando chileno dice: "Ejercito a salvo encontramos agua y alimentos".

Por datos de Barros Arana, en su libro "Historia de la Guerra del Pacifico 1879-1880", se confirma que Daza comunicó a Prado con anterioridad su retirada de Camarones y la imposibilidad de continuar con toda su tropa. Daza avanzó, rumbo a camarones, con un pequeño grupo hasta encontrarse con soldados que escapaban ya de aquel sanguinario episodio. Barros Arana, dice en su libro, (paginas 160 - 169) que hay telegramas y partes oficiales del ejército chileno, que dicen (...) El presidente Prado en una junta de Guerra realizada el día 11 de noviembre ordenó a Buendía atacar solo el 15 de noviembre a sabiendas de que Daza ya no venía. (...) Barros Arana nos recuerda que un grupo de avanzada chileno tomó el telégrafo en Iquique y por ello sabían con precisión los movimientos de Prado y Buendía. Así el invasor se anticipó a la toma del morro de San Francisco.

Barros Arana va más lejos y dice: "Muy variado comentario hacen los historiadores peruanos y bolivianos sobre Daza en episodios de la Guerra; pero en nuestro concepto, en Camarones, hizo lo más lógico. Como se enfrentaría con sus infantes hambrientos y fatigados, contra un ejército descansado y bien armado".

Entonces Daza llegó a Camarones sacrificando al máximo sus hombres; sin municiones, sin agua y cientos de combatientes descalzos. A la luz de estos datos fue abandonado en el desierto. Hay más. A finales de 1880 el ex presidente peruano Ignacio Prado y Juan Buendía ante un Consejo de Guerra admiten su responsabilidad sobre este episodio. ¡No culpan Daza por la retirada de Camarones! Admiten que fue grave error dejar alimentos y las vías del tren intactas. Los "historiadores" peruanos nos achacan una traición que nunca existió. Bolivia por el contrario, actúo en la medida de sus posibilidades con valentía y nobleza.

Chile bajo la presidencia de Federico Errázuriz, tras verificar el "acuerdo secreto" Perú-Bolivia, ordena la compra dos acorazados; El Cochrane y el Blanco Escalada. En cambio el congreso peruano, sabiendo que esta compra generaría desequilibrio, prefirió incrementar salarios de militares y de su ejecutivo; cuando sectores tradicionales limeños, proponían adquirir armamento, ya que el conflicto armado era inminente. Chile había planificado la guerra y su objetivo no era Bolivia; los socios ingleses querían el control del comercio de minerales que generaba millones libras esterlinas al Perú.

Bolivia era un escollo que Chile debía sortear. La prueba de nuestra nobleza radica en que el gobierno de Daza no dudo, en reenviar al Perú las cartas que el gobierno chileno envío al General Daza y en las cuales nos "invitaban a unirnos al ejército chileno para tomar el Perú".

Prado, por el contrario, se refería en tono burlón a los militares y soldados bolivianos, por la forma en que habían llegado a Tacna. Los generales peruanos se mofaban de nuestra apariencia en momentos en que debíamos estar unidos para defender la "hermandad" ¡Recorrimos mil kilómetros por el desierto, poca agua y alimento escaso!

Luego del desastre Perú firmó el Tratado de 1929; que en realidad es un candado a nuestras legítimas aspiraciones marítimas. Este tratado fue firmado y debatido en secreto. Bolivia se anotició del contenido vía cónsul chileno. En la última reunión de UNASUR (2009), Alan García hizo "referencia" a ese tratado y denunció al mundo que "habían tratativas secretas entre La Paz y Santiago para solucionar nuestra mediterraneidad".

Lima, sabiendo que existía un dialogo sincero y franco entre La Moneda y el Palacio Quemado no dudó en acudir a la Haya, con la argucia de "zanjar el conflicto de su límite marítimo" con Chile para frenar nuestro acercamiento.

Desde 1879 hasta hoy los gobiernos peruanos se han opuesto a cualquier arreglo entre Chile y Bolivia. Perú nos empujo, detestablemente, a polarizarnos con Chile, mientras ellos recibieron más 15 mil millones de dólares en inversiones privadas en la última década.

La diplomacia boliviana, con todas sus miserias, fue y es coherente con el sentir de su sociedad civil. Bolivia deberá re-definir sus relaciones con Perú, y además, urge una alianza estratégica con Chile, que abarque intercambio tecnológico, económico y cultural; ¡no para olvidar la historia!...para construir un mejor futuro.