Mar para Bolivia

Chile recurre al ilusionismo diplomático para mostrar un río donde no hay

Javier Murillo de la Rocha
Excanciller de Bolivia

 Cree que el país vecino pierde  importantes oportunidades económicas, debido a su inflexibilidad para atender la demanda marítima boliviana. El excanciller de Bolivia Javier Murillo de la Rocha considera que la alternativa más factible para que Bolivia recupere su acceso al mar pasa porque Chile le transfiera un territorio soberano al norte de Arica. Sin embargo, antes de avanzar en la negociación de esta posibilidad, cree que es necesario unificar los criterios de la opinión pública boliviana respecto al camino que debería seguir la centenaria demanda marítima.
 Murillo lamenta que, de 1879 a la fecha, Chile no haya cambiado su política ante la reivindicación de Bolivia, en sentido de seguir perpetuando su total enclaustramiento. De ahí que plantee la necesidad de que el actual y los siguientes gobiernos nacionales apunten a promover una reflexión en Chile sobre la conveniencia de hacer viable el pedido boliviano

"Chile está recurriendo, otra vez, al ilusionismo diplomático para hacer ver un río donde no existe”, dice el excanciller Javier Murillo de la Rocha, al comentar la demanda interpuesta por Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en torno al diferendo sobre el Silala.

Según el diplomático y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Boliviana (UCB), "está claro que la urgencia con la que actuó Chile se debe a la proximidad de la fecha en que deberá presentar su contramemoria sobre la cuestión marítima y está consciente de que sus argumentos no podrán convencer a los magistrados de la CIJ de que nunca asumió compromiso alguno con Bolivia para resolver nuestro enclaustramiento”.

"La demanda sobre el Silala busca desviar la atención de la opinión pública chilena y amortiguar así las críticas internas, que pudieran ser despiadadas, por la debilidad de la argumentación chilena en su contramemoria”, sostiene Murillo de la Rocha.

Tras recordar que Chile ha tenido problemas con todos sus vecinos, afirma que ahora pretende aparecer como víctima, cuando "es el vecino que nadie querría tener al lado de sus fronteras”.

¿Qué es el Silala: un bofedal, un río o un "curso de agua” internacional?

Es un acuífero. Son aguas subterráneas que afloran a la superficie y crean bofedales. Esos bofedales no escurren de manera natural. Para lograr un escurrimiento hay que hacer obras de ingeniería muy complejas, canales colectores, de tal manera que permitan generar una corriente de agua que vaya por gravedad hacia el territorio chileno. Eso no existía antes de 1908. Chile se equivoca en su demanda cuando sostiene que antes de 1908 ya existía un curso de agua internacional natural. Eso tiene que probarlo. Si no puede, entonces se va a imponer la tesis boliviana de que no se trata de un río. Los ríos tienen una naciente que tiene que estar identificada técnicamente. Esa naciente puede ser de fuentes pluviales o de una mezcla de lluvia y deshielos. También puede tener origen en afloraciones importantes de aguas subterráneas, pero se tiene que demostrar que esas aguas fluyen naturalmente, que forman un cauce, que tienen un lecho y riberas, que tienen desembocadura. Eso es fundamental para definir lo que es un río.

¿A qué atribuye la urgencia de Chile con su demanda?

Hay que analizar la demanda sobre el acuífero del Silala desde tres enfoques: el político, el jurídico y el técnico. Está claro que la urgencia con la que actuó Chile se debe a la proximidad de la fecha en que deberá presentar su contramemoria sobre la  cuestión marítima, fijada para el 25 de julio próximo, y está consciente de que sus argumentos no podrán convencer a los magistrados de la CIJ de que nunca asumió compromiso alguno con Bolivia para resolver nuestro enclaustramiento mediante un acceso soberano al océano Pacífico. Aparte de las innumerables declaraciones unilaterales están las notas de 1950 y los documentos intercambiados en agosto y diciembre de 1975, dentro de las negociaciones iniciadas en Charaña, los mismos que  cumplen con los requisitos para que los compromisos asumidos sean jurídicamente exigibles. Es decir, fueron formuladas por autoridades con capacidad para comprometer la fe del Estado, se refieren a una materia específica, los destinatarios son los  representantes de la parte en la negociación y tienen carácter público.

La demanda sobre el Silala busca, en consecuencia, desviar la atención de la opinión pública chilena y amortiguar así las críticas internas, que pudieran ser despiadadas, por la debilidad de la argumentación  chilena en su contramemoria. Por otra parte, Chile quiere mostrar ante la comunidad internacional que no es el único país que siempre es demandado, a pesar de que todo el mundo lo sabe que –como lo dije en más de una oportunidad– es el vecino que nadie querría tener al lado de sus fronteras. Esa es la visión política.

¿Cuál es el enfoque jurídico?

En cuanto a lo jurídico, apela a dos argumentos centrales: algunos mapas que muestran flagrantes equivocaciones y a declaraciones de ciertos personeros bolivianos, como si aquellas pudieran modificar realidades geográficas. Alguien por error, podría decir la "laguna” Titicaca y no por importante que fuera el que cometió ese lapsus linguae  el lago se convertirá en laguna. En segundo lugar, la demanda apela  a las definiciones de la Convención sobre el Derecho de los Usos de los Cursos de Agua con fines distintos a la

Navegación, de 1997. En tal caso, Chile tendrá que probar que se trata de  un curso de agua internacional, que "fluye de manera natural desde Bolivia hacia el interior de Chile”, con anterioridad a 1908, cuando es de público conocimiento que tuvieron que hacerse complejas obras de ingeniería para producir ese flujo, lo que se refuerza con la aseveración, en el punto 18, de que el ferrocarril Antofagasta-Bolivia solicitó "permiso para hacer obras de captación  y canalización en territorio boliviano”, con lo cual reafirma la tesis boliviana de que sin tales obras no existiría río alguno.

Luego el texto tiene aseveraciones que favorecerán a la argumentación de Bolivia. Por ejemplo, en el punto 11, Chile admite que utilizó "históricamente” estas aguas, se entiende en su exclusivo beneficio y "para distintos propósitos”, lo que invalida  el argumento que invoca Chile en sentido de que debe aplicarse el uso razonable y equitativo, a menos que, según su tradición en estos casos, considere razonable y equitativo apropiarse  del cien por ciento de éstos y de  otros  recursos, según nuestra experiencia histórica.

¿Y el técnico?

En cuanto a la parte técnica, la demanda soslaya datos geomorfológicos, hidrológicos e hidrogeológicos, que son fundamentales, seguramente porque no respaldarían su petición. Si bien no es nuestra materia, hay algunos criterios que resultan interesantes. Está establecido que las aguas subterráneas y/o acuíferos  están íntegramente en territorio boliviano. La evaporación en el área es de 15 veces más que la precipitación. Por lo tanto, no existían aguas de escurrimiento superficial. El afloramiento de los manantiales ha dado lugar a bofedales, ojos de agua, que no pueden generar un cauce de manera natural. Los expertos coinciden en que los manantiales provenientes de aguas subterráneas solo pueden dar origen, de manera natural, a un río cuando están concentrados en un área reducida y no dispersas, a distancias considerables. Esto es lógico porque solo así pueden generar un volumen natural de escurrimiento, no cuando tales manantiales están alejados unos de otros. En el caso del Silala, están dispersos en un área de 145 mil metros cuadrados, lo que obligó a la captación de cada uno de ellos y su consiguiente aducción mediante canales que suman más de 3.690 metros, utilizándose, además, una tubería que cubre varios kilómetros.

En suma, antes de las obras de ingeniería de 1908, no existía ningún curso de agua que fluya naturalmente hacia Chile. Se tuvieron que construir, como se sabe, extensos canales de recolección, cubiertos con piedra y mampostería, sin los cuales, probablemente, hubieran existido, captaciones rudimentarias, simples  acequias, como las que se hicieron clandestinamente a fines del siglo XIX, para sacar subrepticiamente pequeños flujos de agua; obras que, seguramente, sirvieron para que se incluyeran con diversos nombres, menciones a supuestos ríos en los mapas a los que se refiere la memoria.

Entonces, ¿qué pretende Chile?

Chile está recurriendo, otra vez, al ilusionismo diplomático, para hacer ver un río donde no existe, y, en el caso de fondo, hacer desaparecer evidencias que están avaladas por infinidad de documentos solemnemente intercambiados. Es por eso que el Gobierno de Santiago ha optado por una pretensión de tipo declarativa; vale decir, como no puede pedir la reparación de ningún daño, opta por solicitarle a la Corte que "juzgue y declare que el sistema  de aguas del Silala es de hecho y derecho  un curso de agua internacional”. 

Lo que causa indignación es la desvergüenza que manifiesta en el punto 39, en el que acusa a Bolivia como el país que niega y limita  "los derechos de Chile como país ribereño” de supuestos cursos de agua compartidos… "como lo ha hecho con un segundo río, el río Lauca”.  ¿Cómo puede tolerarse semejante desfachatez?, cuando toda  la comunidad internacional sabe que, en 1962, vulnerando todos los principios del derecho se apropió arbitrariamente de dicho río, causando daños más que sensibles a Bolivia; desertificó el área que era bañada por el Lauca, expulsando a sus pobladores y ocasionando un grave atentado a los derechos humanos.

Al ver las obras de canalización, cualquiera diría que todo está  demostrado. Si las cosas están claras a favor de Bolivia, ¿por qué la demanda chilena?

Chile se empeña en que los manantiales del Silala sean reconocidos como río internacional de curso sucesivo porque todo río internacional tiene dos propietarios: uno del curso superior y uno del curso inferior, que dan derechos equitativos. Bolivia tiene reservorios muy grandes aguas arriba. Si reconocemos que el Silala es un río internacional, Chile se haría inmediatamente propietario del 50% de todos los recursos que se originan en el curso superior y el día de mañana, cuando nosotros queramos explotar esos recursos, Chile utilizaría el precedente y para decir: ustedes solo pueden utilizar el 50% porque,  como Estados ribereños, nosotros somos dueños del curso inferior. Ese es el afán de Chile, crear un precedente.

¿En qué puede impactar la nueva demanda en la decisión de la Corte sobre el tema marítimo?

No va a perjudicar. Los magistrados de la Corte tienen muy claro cuáles son los argumentos en el tema central. Más bien puede volverse en contra de Chile porque los magistrados se van a dar cuenta de que hay una actitud agresiva por parte de Chile hacia  Bolivia. La verdad es que Chile quiere demostrar hacia afuera que es un país que puede demandar y no sólo ser demandado. Como dije, Chile es el vecino que nadie querría tener a lado de sus fronteras. Ha tenido problemas con Argentina, con Perú y con Bolivia. Es un vecino difícil. Entonces, es el vecino que quiere demostrar ante la comunidad internacional que también ha sido afectado en sus intereses.

Chile trata de confundir a la opinión internacional  al presentarse como víctima. A Chile le molesta el problema porque querría tener reconocimiento de un cierto liderazgo a  nivel sudamericano. Chile es un país que ha crecido en cuanto a su inserción competitiva en un mundo globalizado, pero el liderazgo es siempre el resultado del prestigio y no del poder ni de los avasallamientos. Chile quisiera un poco de reconocimiento de un liderazgo que no puede ejercer porque todo el mundo desconfía. Hay que recordar lo difícil que fue la elección de José Miguel Insulza como secretario general de la Organización de Estados Americanos. Fue un caso muy triste. Bolivia y Perú mostraron su desconfianza y el resto de los países, con tolerancia diplomática, aceptaron que no era la mejor elección. Eso es falta de liderazgo.

¿Bolivia fue sorprendida con la demanda del Silala?

Yo creo que la precipitación de Chile no le favorece a Chile ni le perjudica a Bolivia, porque, además, Chile no se ha atrevido a exigir un pronunciamiento de la Corte sobre una eventual reparación de daños porque no puede demostrar nada. Técnicamente, lo que le exige es una interpretación, una sentencia meramente declarativa, una especie de arbitraje, una opinión consultiva: digan ustedes si el Silala realmente es un curso de agua internacional o no es un curso de agua internacional, y para eso se basa en la convención de 1947 de las Naciones Unidas, pero tendría que demostrar que es un curso de agua internacional. ¿Cómo lo va a hacer? Ahí tienen que entrar los técnicos, la geología, la hidrología, la geología hidráulica, y Bolivia va a apelar a todos esos estudios que ya existen, porque se han hecho estudios muy serios. En el peor de los escenarios, la Corte puede decir: es un río internacional de curso sucesivo, pero si es así Chile tiene que pagar el 50% de todo lo que utilice y tendría que hacerlo con carácter retroactivo, a partir del momento en que se extinguió el sujeto de la concesión, más o menos en los años 60, porque Chile estuvo utilizando el 100% de ese recurso. Entonces, incluso en el peor de los casos, no tenemos un escenario verdaderamente negativo.