Mar para Bolivia

Bolivia recuerda 138 años de la invasión chilena

No hay fecha tan hiriente para los bolivianos, como el 14 de febrero de 1879, porque representa una herida abierta que todavía no cicatriza, un dolor que después de haber transcurrido 138 años lo siente todo un pueblo, al encarnar la injusta e indigna invasión militar chilena al puerto boliviano de Antofagasta, que dio inicio a la denominada Guerra del Pacífico, que ocasionó la pérdida del litoral boliviano.

Bolivia recuerda 138 años de la invasión chilena
14 de febrero de 1879.

De la resignación de recordar una fecha fatídica, los últimos años los bolivianos pasaron a exigir los varios compromisos asumidos por gobiernos chilenos a lo largo de la historia después de la irrupción violenta a territorio nacional
La columna encomendada a Eduardo Abaroa para la defensa del Topater. El héroe al centro del grupo con sombrero y poncho al hombro. Todos murieron en combate.
Invasión y agresión violenta, así se define el cruento ataque a mansalva que protagonizaron tropas chilenas un 14 de febrero de 1879 cuando irrumpieron en el puerto boliviano de Antofagasta sin previa declaratoria de guerra, Bolivia tuvo que defender su territorio. Hoy se conmemoran 138 años de esa fatídica fecha que abrió entre ambos estados una historia con heridas abiertas pero con el reclamo, ahora presente ante los ojos del mundo, que conoce que Bolivia nació a la vida independiente con salida al mar, acceso que se reclama en un proceso histórico ante la Corte de La Haya. La historia cambió.

HISTORIA
Sin recurrir al mecanismo de arbitraje previamente acordado, Chile invadió militarmente el puerto boliviano de Antofagasta el 14 de febrero de 1879, sin previa declaratoria de guerra. Bolivia fue arrastrada a una conflagración que no buscó ni deseó, razón por la cual tuvo que defender su soberanía y, en aplicación del Tratado de Alianza Defensiva suscrito con el Perú en 1873, intentó detener, junto a su aliado, el avance de las tropas chilenas que llegaron a ocupar todo el Litoral boliviano, las provincias peruanas de Tarapacá, Tacna y Arica, e incluso la capital peruana, Lima, recuerda el Libro del Mar.
 


Batallón chileno 3º de línea desfilando en la Plaza Colón, Antofagasta, luego de la invasión, 1879.

Transcurrieron 138 años cuando alrededor de 1.500 hombres armados desembarcaron en el lugar provocando el miedo de la población, en especial de las mujeres, que fueron sometidas a todo tipo de hechos que quedaron impunes.
El periódico El Comercio, del 28 de febrero de 1879 informó a la ciudadanía de las acciones asumidas por los chilenos.
“El Viernes 14 de Febrero, echan sus anclas con la primera claridad del día, afuera de la angosta rada del puerto boliviano de Antofagasta, el acorazado chileno almirante Cochrane y la corbeta O’higgins de la misma nacionalidad. Llegaba esa flotilla del Puerto Chileno de Caldera, cuya bahía había dejado el día de la antevíspera por la tarde, conduciendo una expedición que desembarcó de 1500 hombres”.



INCOMUNICACIÓN
Según el libro Historia de Bolivia, de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert, la invasión inició unilateralmente el conflicto bélico. Al no existir líneas telegráficas en nuestro territorio, la noticia llegó a La Paz, por la vía de Tacna. El vapor Amazonas llegó al atardecer del 19 de febrero a Tacna, con la noticia, en tanto, el cónsul boliviano Manuel Granier escribió una carta al Presidente y la envió con el chasqui Gregorio Collque (Goyo) que hizo el máximo esfuerzo y cubrió la distancia a La Paz en cinco días. El 25 de ese mes le entregó la carta a Hilarión Daza y el 26, el Gobierno boliviano hizo una proclama a la nación comunicando la agresión y estableciendo los aprestos para la defensa.
El ataque llegaba en un pésimo momento para Bolivia, porque una inclemente sequía en 1878 había generado desabastecimiento en los mercados, hambruna, peste y gran mortandad.
Una débil defensa se organizó en Calama al mando de Ladislao Cabrera, con 150 hombres, la mayoría civiles, entre los que luego destacaría Eduardo Avaroa, un comerciante de San Pedro de Atacama que combatió en el puente Topáter. Murió peleando como un valiente a los 41 años de edad, y cuya frase hasta el día de hoy se ha convertido en inmortal para el pueblo boliviano cuando arengó a las tropas chilenas que pedían su rendición: “Rendirme yo, que se rinda su abuela c….!!!”.

ANTECEDENTES
Según la obra de la familia Mesa Gisbert, previa a esta acción inicial a la conflagración, sin declaración de guerra y que terminaría con la apropiación de 400 km de costa y 120 mil km2 de territorio, se registraron varias acciones chilenas años antes, fruto de la ambición y expansión chilena.
Atacama, una región boliviana inhóspita, se convirtió en el motivo del conflicto en el siglo XIX porque guardaba la mayor riqueza del mundo de guano y salitre y con ambos productos se podían fecundar otras tierras.
La historia difundida en el contexto internacional refleja que en 1857, fuerzas navales chilenas desembarcaron en Mejillones para consolidar la toma del citado territorio. El Congreso boliviano, entonces, hizo una declaración de guerra que no pasó de ser un acto simbólico dada la incapacidad bélica del país. Tampoco funcionó la diplomacia y Chile se hizo de las riquezas del Litoral boliviano.
En 1866, Chile logró que Melgarejo le cediera la mitad del Litoral y, según el tratado suscrito, la otra mitad sería sometida a una medianería, es decir, Bolivia y Chile compartirían las riquezas en partes iguales.

MOTIVOS PARA LA INVASIÓN CHILENA
En 1878, un año antes de la invasión, una ley boliviana había dispuesto cobrar 10 centavos por cada quintal de salitre exportado, lo que de plano fue rechazado por la Compañía de Salitres Antofagasta, consorcio chileno–británico.
Ese fue el motivo que Chile encontró para invadir el puerto de Antofagasta. Las tropas se apoderaron de las minas de plata de Caracoles y los depósitos de guano de Mejillones.
De acuerdo con Mesa, hacia 1870, la gran riqueza argentífera despertó una verdadera fiebre en la zona, por entonces se producían 53.000 toneladas de guano anuales y el vecino Perú, 100 mil toneladas.
En esa línea, el entonces presidente Andrés de Santa Cruz decidió conformar una confederación entre Bolivia y Perú (1836) que puso en evidencia las tensiones regionales y evidenció la desesperación de Chile, que tiene un territorio pobre y escaso en recursos naturales. Esa realidad en la que convivía el pueblo chileno fue la que “iluminó la mente” del nefasto chileno Diego Portales, que en una célebre carta al general Blanco Encalada, que marchaba a combatir a Santa Cruz: “Unidos estos dos Estados serán siempre más que Chile”, señala Mesa.
De inmediato, Chile creó confusión en torno a los límites con Bolivia: en 1842 tomó el morro de Mejillones en el paralelo 23°, dos más arriba que la frontera real.
Un año después el presidente chileno Manuel Bulnes creó la provincia chilena de Atacama, que colindaba con el desierto boliviano de Atacama, con el propósito de confundir nombres y soberanías. El Gobierno de Bolivia reclamó sin éxito.

EXPLOTACIÓN CHILENA CLANDESTINA
Entre 1846 y 1847, empresas chilenas se instalaron en alrededores de Mejillones y explotaron guano clandestinamente. En 1857, la corbeta chilena Esmeralda se apoderó de Mejillones, lo que obligó a Bolivia a pedir explicaciones e incluso arbitraje internacional, sin éxito.
Para 1863 –dice Mesa– Bolivia obtuvo la autorización del Parlamento para declarar la guerra a Chile, en caso de necesidad, ante la agresión permanente de ese país, que la rechazó. Al poco tiempo el canciller trasandino Antonio Tocornal propuso a Bolivia la compra de Mejillones, que no fue aceptada.

TRATADO SECRETO BOLIVIA-PERU
Las intenciones expansionistas chilenas cada vez más abiertas llevaron a Bolivia y Perú a la firma de un tratado secreto el 6 de febrero de 1873, mediante el cual ambos países se comprometían a aliarse en caso de un ataque de Chile. Seis años antes del conflicto bélico, el presidente Adolfo Ballivián propuso al Congreso boliviano la autorización de un empréstito para la compra de dos barcos blindados. La petición fue negada.

EL DIARIO / LA PAZ 14 de febrero2017