Muy al margen de la guerra
que nos inició el chileno
hoy es preciso decir
-a ver si nos entendemos-
que fueron los liberales,
-no los neo, lo aclaremos-
los que vendieron el mar
en un maldito momento.
 
Fueron esos liberales,
políticos de los nuestros,
con las taras heredadas
que hasta el presente tenemos.

Es bueno reconocer
que hartos se les opusieron
cuando firmaron el pacto
que formalizó el encierro.

La historia registra que,
sólo dos departamentos,
aprobaron el tratado
con el enemigo artero.

Memorable el “Anatema”
que Potosí, todo entero,
en mil novecientos cinco
echó en cara al desgobierno
de Montes, puesto por Pando
que luego murió en el Kenko.

El Gobierno de ese entonces
cobró libras esterlinas
por el Litoral inmenso,
hizo como Melgarejo
que le cedió al “bandeirante”
el Acre por unos pesos.

Fueron los federalistas
de la Guerra del Crucero
los que entregaron al mar,
bueno es que lo recordemos,
los mismos que en Ayo Ayo
se comieron a los nuestros.

No tenemos que llorar
sino cambiar de libreto,
es hora de preparar
entre todos un proyecto
que no le dé de comer
al usurpador chileno.

Lo que llegue y lo que salga
desde o para el extranjero,
debe hacerlo prescindiendo
de los malhadados puertos.

No importa que sea más caro,
nada importe lo que tardemos,
será la mejor jugada
para burlar el encierro.

Nada ganamos llorando
ni maldiciendo al chileno,
busquemos alternativas
ahora que estamos a tiempo;

¡Ojalá tenga cojones
para hacerlo este Gobierno!