Mar para Bolivia

DECLARACION BOLIVIANA

 

Jorge Edgar Zambrana Jiménez
Ingeniero Civil analista de historia

Los gobiernos bolivianos de Mariano Melgarejo y Tomás Frías regalaron escandalosa y falazmente a Chile 183 kilómetros de costa, mediante los fraudulentos tratados de 1866 y 1874 que fijaron el nuevo límite en el paralelo 24°, obsequiando sin ningún motivo a Chile un grado y medio geográficos entre dicho paralelo y el río Salado, 25°28’, que era el límite cuando Bolivia nació a la vida, de acuerdo con el Uti Possidetis Juris.
Los bolivianos jamás olvidaremos que al nacer a la vida poseíamos nuestra extensa costa de 480 Km. con legítimos derechos desde el río Salado ( ex río Santa Clara ) en 25°28’, hasta la desembocadura del río Loa en 21°25’.

El mundo no olvida que el 14 de febrero de 1879 dos blindados y una corbeta chilenos invadieron el puerto boliviano de Antofagasta, desembarcaron soldados y días después tomaron por la fuerza asaltando el restante territorio marítimo boliviano, irrumpiendo en nuestro suelo con un ejército pertrechado con financiamiento de Inglaterra, portando los mejores fusiles, ametralladoras y cañones de la época, en buques blindados, los más perfectos de su clase, nunca construidos hasta entonces, salidos de los astilleros ingleses para la marina chilena.

El pueblo boliviano sería inmerecedor de existir si abdicase de su derecho a la reivindicación marítima. Hoy, Bolivia, por la agresión chilena, está enclaustrada sin un puerto propio que le permita la libre comunicación con los mares del mundo. No podrá mantenerse indefinidamente con su soberanía restringida, y con la condena de una lamentable inferioridad económica y social, por ser ello incompatible con su condición de país libre. Nuestro anhelo de recuperar al menos un puerto soberano constituye no sólo un imperativo geográfico sino un problema sudamericano. Algunos han planteado soluciones a base de enclaves y callejones con costas no aptas para construir puertos; otros predican polos de desarrollo y zonas internacionalizadas. Dichas soluciones no garantizan las verdaderas necesidades presentes y futuras de Bolivia y sus derechos históricos y libertad de acción. Bolivia quedaría en situación subalterna y dependiente de los intereses chilenos. Tales “soluciones” deben ser consideradas en forma separada e independiente del problema marítimo boliviano cual es la reivindicación de sus territorios marítimos detentados al presente por Chile el usurpador, enemigo peligroso y recalcitrante, capáz de toda perfidia y atrocidad contra nuestra patria.

Ningún boliviano puede aceptar, en perjuicio de nuestros legítimos derechos, un canje o trueque, y menos por callejones u otras zonas que impliquen renunciamiento a nuestras justas demandas de puerto soberano. Al aceptar limosnas, mereceríamos el repudio de todos los pueblos de América. No existe hoy la intangibilidad de los tratados en el derecho internacional público; tampoco la eternidad del dominio impuesto por un país sobre otro.
La defensa chilena de su tratado de 1904, como un “derecho de victoria” ganado por las armas, no es propio de un tratado de amistad; es un despojo insano contra la democracia, contra la soberanía y la libertad. La fuerza de la causa boliviana de reivindicación tiene en estos fundamentos la justicia que debe primar. La fuerza militar no da derechos. Chile se ampara en su poder bélico y económico, alcanzados con la riqueza usurpada a Bolivia, para manejar la cantaleta de que Bolivia solo tiene “aspiración” y no derecho al mar. Cuidemos a Bolivia de la agresión armada, rapiña, dobléz e impudor del bandidesco mendigo, protagonista del robo, pleitista y usurpador a todos los vientos, enriquecido a puñaladas desde 1879. Esa es la política permanente de Chile, peligro latente en Sudamérica.

El Tratado de 1904 fue arrancado con violencia contra Bolivia sometida a presiones y amenazas, lo cual anula e invalida el tratado. El embajador chileno Koenig descaradamente dijo que Chile se apoderaba del litoral boliviano por la ley de la fuerza y de la codicia, que, según él, eran la ley suprema de las naciones. Cualquier especialista en derecho internacional puede descalificar este Tratado que careció de libre consentimiento y fue firmado bajo intimidación dolosa. El experto mundial en derecho internacional público, Dr. Julio Diena, indica que un tratado no tiene valor obligatorio cuando pone en peligro la existencia de uno de los firmantes, y mucho menos cuando no el pueblo sino los gobernantes son los que traman el tratado.

Las negociaciones fueron hechas por individuos bolivianos que tenían negocios en común con el estado chileno, y eran industriales y políticos sin escrúpulos y cegados por la obsesión partidista, además de que eran personajes improvisados y sin ninguna capacidad ni conocimiento en derecho internacional.
Si el tratado se hubiese sometido a un plebiscito, es seguro que el 100% del pueblo boliviano hubiera votado en contra. Este tratado, además de despojar a Bolivia de ingentes riquezas que han hecho la prosperidad de Chile, ha enclaustrado a Bolivia impidiéndole ingresar al comercio marítimo mundial. El derecho internacional no consagra la expoliación y depredación. Este nefasto tratado fue llevado a cabo por un pequeño grupo de bandidos que no eran los verdaderos representantes de la nación boliviana.

Cada vez que llega un nuevo cónsul chileno a presentar cartas credenciales a La Paz, la ingenua prensa boliviana le pregunta: “¿Qué piensa del reclamo boliviano de un puerto soberano?”; y el nuevo escupitajo chileno no se hace esperar: “¡Bolivia puede tener todas las aspiraciones que quiera, pero no tiene ningún derecho al mar!”.
Bolivia nació a la vida de Estado independiente “con el atributo del mar”, con cuatro puertos útiles, y no es concebible que el irracional estatus impuesto por la agresión y el predominio de la fuerza bruta militar perpetúe el encierro de todo un pueblo que siente la desventaja de no poder desarrollarse libremente como las demás naciones americanas, a tono con los requerimientos de la vida del Siglo XXI. Se trata, por cierto, en su cualidad, de la pérdida territorial más indiscutible como pérdida, la más grave de modo terminante para el destino de Bolivia, que nos ha condenado a un porvenir dependiente del tutelaje portuario chileno desterrándonos detrás de la cordillera para convertirnos en país minusválido, cohibido, aislado y atrasado bajo la carga del agresivo y perverso Tratado de 1904, firmado bajo coacción y que nos obliga a ser un país tributario.

Valoramos los siguientes conceptos del ilustre historiador Dr. Rodolfo Becerra de la Roca :
El pueblo boliviano necesita respirar nuevamente el aire vivificador de la brisa marina, y recibir directamente las corrientes civilizadoras del mundo, a través de un puerto soberano. No es la improvisación ni la ilusión de recuperar mar a como dé lugar lo que nos haga apurar cualquier solución por volver a la orilla del océano Pacífico. Hay tanta falsía y embuste emergente de la invasión chilena y tanto territorio y mar bolivianos que Chile detenta sin título legítimo, que Bolivia no debe conformarse con un simple plato de lentejas como el inservible callejón que pretendía el abrazo de Charaña. Lo robado por Chile no puede convertirse en soberanía intangible. La actual demanda ante la Corte de Justicia de La Haya tiene sabor a poco.

Ha declarado públicamente el Sr. José Miguel Insulza, alto funcionario chileno al decir que “ A nosotros nadie nos puede obligar a acatar un fallo y Evo Morales sabe éso” . Asimismo, el exministro de defensa de Chile, Jaime Ravinet, ha declarado: “ Lo más conveniente para Chile es retirarnos de este juicio en La Haya, que no tiene sentido ya que aunque el fallo final sea favorable a Bolivia y La Haya diga que estamos obligados a negociar un acceso soberano, nosotros no lo vamos a acatar porque el pueblo chileno no quiere ni tiene la intención de devolverle soberanía a Bolivia. Si quieren mar que vengan a buscarlo, aquí los esperamos”.

¿Qué se puede esperar de chilenófilos como Ramiro Prudencio Lizón que sostiene: “Bolivia no tiene derecho jurídico al mar, sino solamente tiene derecho histórico y moral, y éste último no es aceptado en la corte de La Haya”?. ¿Qué se puede esperar cuando el gobierno de Hugo Bánzer Suárez declaró el 29 diciembre 1975 que “los internacionalistas, los pacifistas, en eventos internacionales dicen que la victoria no da derechos; pero, Bolivia tiene que ser realista, es que la victoria da derechos, y por éso estoy pidiendo a Chile, como una limosna, una franja sin puerto al norte de Arica”?. ¿Qué se puede esperar cuando el excanciller David Choquehuanca declara que “la demanda en La Haya pide al hermano Estado de Chile sentarse a dialogar para eliminar las heridas de la guerra del Pacífico”? O sea que la cancillería boliviana quiere borrar de la mente de los bolivianos la historia de la usurpación de nuestro litoral, y que no pensemos más en nuestros derechos marítimos. ¿Qué se puede pensar cuando Carlos Mesa Gisbert declara públicamente que “Bolivia debe comprender que Chile no puede dividir en dos su territorio y que la única solución viable es el corredor sin puerto al norte de Arica? En otras palabras, el citado funcionario no quiere demandar la devolución del litoral arrebatado. ¿Qué se puede decir de las declaraciones de Evo Morales Ayma en la 69° asamblea de la ONU el 24 octubre 2014, cuando dijo: “nuestra demanda no busca amenazar los tratados internacionales”?. Es decir, el presidente de Bolivia quiere olear y sacramentar definitivamente la usurpación del litoral boliviano, de modo que el asaltante y ladrón no devuelva lo arrebatado ni reciba castigo.

El Dr Rodolfo Becerra ha denunciado : Mediante el Tratado de Ancón, el Perú al ceder perpetuamente a Chile la provincia litoral de Tarapacá, claramente señala el límite ancestral oriental con la República de Bolivia. Entonces, ¿por qué Chile, al imponer a Bolivia el Tratado de 1904, no respetó este lindero y se internó en territorios bolivianos que en ningún instrumento fueron objeto de cesión o transferencia a su favor? ¿Por qué Bolivia permitió esta alteración de límites? Son territorios que legítima y jurídicamente ingresan en el derecho de reivindicación; y, sin embargo de todos estos despojos perpetrados ¡Chile se permite arrostrar que no cede, ni regala ni un centímetro de “su” territorio! ¡Existe un paralelo entre esta postura y la de un ladrón que escupe a su víctima que lo que le robó no puede devolverle ni transferirle bajo ningún título!

Tenemos que rechazar la política de “confianza mutua” y “mar a como dé lugar”, y debemos exigir la reparación del atropello de 1879, y ésto sin claudicaciones ni compensaciones a Chile. No queremos tomaduras de pelo como el ridículo callejón sin puerto al norte de Arica. Nuestro Departamento del Litoral, actualmente ocupado y usurpado de facto, no puede convertirse en soberanía intangible chilena, con los argumentos de que la Corte de La Haya no trata revisiones de tratados y de que Chile no devolverá el litoral porque no puede dividir en dos partes separadas su territorio. Bolivia debe esperar la coyuntura internacional, así tengan que pasar 100 años más, para poder reivindicar su propio litoral, y no contentarse con un plato de lentejas. Si llega a imponerse la justicia, Chile tendrá que aceptar nuestra reivindicación del territorio usurpado, como punto de negociación.