Mar para Bolivia

EL SILALA DE BOLIVIA

Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez
Ingeniero Civil

Bolivia está mucho más afectada que China en estos días de Coronavirus. Soporta, además, la epidemia chilena.  Nuevamente está siendo invadida militarmente, esta vez para ROBAR el agua.
Cada 23 de Marzo se recuerda al héroe máximo de Bolivia : Dn. Eduardo Abaroa Hidalgo, contador y empresario que trabajaba en una mina de plata localizada en el Departamento del Litoral, territorio perteneciente  a Bolivia, hoy usurpado por Chile.  Rindo homenaje a Eduardo Abaroa, el ciudadano que, asumiendo el desafío que la realidad le lanzaba, murió defendiendo la soberanía nacional cuando las tropas militares chilenas invadieron Calama, y nos usurparon nuestros cuatro  puertos soberanos al mar con los que hemos nacido como República de Bolivia.  Nos separan de ese hito 141 años, y el profundo sentimiento cívico que nos genera es una muestra contundente del recuerdo de la injusta pérdida de nuestro acceso al mar en una guerra desigual y artera.  Más allá del rechazo a nuestra obligada mediterraneidad, es la figura y actitud del Héroe del Topáter lo que inspira a todos los bolivianos. Bolivia tiene el derecho irrenunciable a recuperar su Departamento del Litoral. Mientras, todavía el Pueblo espera y espera que los “militares” bolivianos se dignen visitar la zona del Quetena, mal llamada Silala, y expulsar a los rotos rateros.
EL SILALA HA SIDO Y ES UN CERRO. JAMÁS FUE UN RÍO TRANSFRONTERIZO. ES UNA COLINA EN CUYA BASE ESTÁN LOS DEPÓSITOS HIDRICOS QUETENA CANALIZADOS ARTIFICIAL Y CLANDESTINAMENTE POR LOS INGENIEROS DE LA EMPRESA CHILENA ‘BOLIVIAN RAILWAY’ PARA ROBAR Y DAR EL RECURSO HIDRICO A TODO EL NORTE DE CHILE, A SUS EMPRESAS MINERAS DEL COBRE (CHUQUICAMATA), SALITRERAS, Y POBLACIÓN CONSUMIDORA, A PRECIO COMERCIAL PARA BENEFICIO DE EMPRESARIOS CHILENOS QUIENES SON RESPALDADOS POR LA INTERVENCIÓN DEL GOBIERNO DE CHILE.
JAMÁS HA EXISTIDO UN  RÍO NATURAL EN ESA DESÉRTICA ZONA.  Las aguas brotan, se encharcan y se evaporan.  NO FLUYEN A CHILE NI POR ARRIBA NI SUBTERRÁNEAMENTE. NUNCA LLUEVE EN EL SITIO;
 
por lo tanto no hay posibilidades de formación de acuíferos subterráneos de recarga de la zona. No hay filtración de agua desde la superficie del terreno que genere el movimiento descendente del agua. Por lo tanto, en la región del Quetena no hay agua para formar aguas subterráneas recargables; solamente existen aguas inmovilizadas desde hace diez mil años dentro de las cumbres. Esa agua aflora a 4300 metros en la superficie del bofedal, en terrenos exclusivamente en suelo boliviano, que sólo se pueden utilizar una sola vez por no contar con agua de recarga. Más temprano que tarde, se van a agotar completamente. Los bofedales del Quetena, localizados a distintas alturas y en varios sitios de la zona, muestran el agua que aflora que no es suficiente para discurrir naturalmente por la superficie, y más tarda en aflorar que en evaporarse. 
Ahora bien, los chilenos argumentan mañudamente que las aguas llegan hasta la costa chilena por via superficial y por flujo subterráneo. En cambio, los geólogos calculan que un flujo subterráneo es en promedio de 0.6 metros por día; entonces, se necesitarían unos 450 años para que una gota de agua llegue a Chuquicamata desde Quetena subterráneamente. Es por ello que en el lado chileno no han encontrado ni rastro de agua en el subsuelo para extraer, lo que les ha conducido a robar, mediante canales y tuberías artificiales, nuestra agua pura y limpia del Quetena, invadiendo impunemente la zona, y haciendo creer a todo el mundo, incluso a los delegados nuestros en La Haya, que existe un “rio transfronterizo” llamado por ellos “rio Silala”.

 

Para más abundamiento de la no existencia de un inventado rio natural llamado Silala por los chilenos, se puede consultar el informe completo del Ingeniero boliviano Antonio Bazoberry : ‘El mito del Silala’, donde se prueba científicamente que tal rio nunca ha existido. Además, el libro ‘El Silala no es un río’ de la Unión Nacional de Defensores de los Recursos Naturales de Bolivia, ha demostrado ampliamente que el Silala es un bofedal, y nunca ha existido el tal rio inventado por Chile. Por otra parte, el ilustre investigador chileno Dr. Cástulo Martínez ha escrito su libro ‘Las Aguas del Silala’, en el que relata la historia de cómo dos empresas chilenas, una estatal y la otra privada, atentan contra la soberanía de Bolivia al robar las aguas del bofedal Quetena, mal llamado Silala, y sin que aparezcan los militares bolivianos para cumplir su tarea de protección.

Las aguas del bofedal Quetena, mal llamado Silala, se canalizan de la siguiente forma: 94 brotes de agua que son colectados por medio de canaletas clandestinas construidas de cal y piedra que vacían el agua a un canal central, que haciendo un recorrido de 2.500 metros, se reúne con otro canal similar que lleva las aguas de otras vertientes que se hallan próximas a la frontera, dentro del territorio boliviano.
Por tanto, los dos canales provenientes de ambas zonas de las vertientes se reúnen en un canal central formando un caudal de consideración que se conecta a una caja de agua llamada la Primera Toma o Desarenador, la cual está ubicada en Bolivia, en la quebrada del cerrito Silala, a 600 metros de la línea fronteriza. Dicho canal que alimenta esa caja de agua tiene una profundidad de 1.30 metros y un ancho de 1.20 metros con capacidad máxima de transportar 4000 litros por segundo.
De esta primera toma sale una cañería central de 12 pulgadas que cruza la frontera y se interna 10 kilómetros en territorio chileno hasta una Segunda Toma donde se almacenan las aguas y son luego llevadas mediante cañerías distribuidoras para surtir del preciado elemento a las ciudades y pueblos de Calama, Antofagasta, Mejillones y Tocopilla, y principalmente a la mina Chuquicamata para que Chile pueda seguir explotando el cobre que ha usurpado a Bolivia.
NUNCA SE HA VISTO EN EL MUNDO QUE EXISTA UN RIO EN CAÑERIAS, Y QUIEREN HACERLE CREER ESO A LA CORTE DE LA HAYA.

Autor:"Periódico' el  CIUDADANO’,de la República de Chile. Recopilación del Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez,  Bolivia

El periodista de “El Ciudadano” viajó hasta la frontera con Bolivia e hizo la constatación de que : ‘Las aguas que brotan de los bofedales del Silala fluyen artificialmente hacia el territorio chileno por las obras de canalización clandestinas realizadas en el siglo pasado’.

SOBRE LA NATURALEZA DE LAS AGUAS
Parado sobre lo que se llama Bofedal Norte pude apreciar claramente que las Aguas del Silala son BOFEDALES en suelo boliviano y drenados artificialmente por Chile. Corresponden exactamente a cerca de un centenar de “ojos de agua” , bofedales que brotan desde las profundidades de la tierra. Se pueden apreciar los trazados hechos por las empresas mineras de Atacama, los que dirigen cada pequeño BOFEDAL hasta un canal artificial de cemento que después se conecta a cañerías que internan el agua hasta perderse en suelo chileno.

En la foto se puede apreciar la bandera de Chile, pintada clandestinamente en pleno suelo de Bolivia, justo en el lugar de los bofedales canalizados fraudulenta y prepotentemente, para robarlos. Este recurso hídrico que nuestro país ha canalizado clandestinamente, y convendría decir que primero lo hizo Edwards y luego continuó Luksic, corresponde a aguas fósiles atrapadas bajo las montañas con una edad que se estima entre 4 y 14 mil años. Vale decir: es un recurso no renovable y desde albores del siglo XX está siendo robado por la empresa minera de nuestro país Chile. Primero el agua servía para alimentar a los trenes de vapor del ferrocarril Antofagasta-Oruro que los Edwards ofrecieron a los bolivianos para sacar hasta el mar su producción de minerales desde Bolivia, enclaustrada después de la Invasión militar del Pacífico en 1879.

 

En resumen, la solución era la siguiente: Los Edwards ponían un tren para sacar la plata y el estaño desde Potosí, y Bolivia ponía el agua para la alimentación de las locomotoras.
El gobierno altiplánico aceptó a regañadientes la propuesta, porque no podía rechazarla. Estaba en una situación desesperada sin salida al mar y los empresarios chilenos supieron sacar provecho de éso. Así son los negocios o las guerras, podrán pensar muchos, y las aguas de los bofedales comenzaron a ser drenadas desde hace más de un siglo hasta la fecha, sin ninguna clase de control, razón por la cual muchas partes del humedal ya se encuentran completamente secas. Quizás si alguien tiene la culpa del deterioro ambiental, no son otros más que los bolivianos, porque si bien los chilenos han drenado el agua a su regalado gusto nuestros vecinos de Bolivia nunca se preocuparon de supervisar la extracción, ni de siquiera colonizar la zona fronteriza,

por lo que tanto Edwards como Luksic siguieron sacando agua aún después de que las locomotoras a vapor dejaran de existir a mediados de los años ‘50, ya sin ninguna justificación más que la fuerza de las malas costumbres del robo. Duele constatar empíricamente que nuestros empresarios chilenos no respetaron el mismo acuerdo que propusieron, utilizando a nuestro país para ello.
Pero, luego de constatar la naturaleza de las aguas del Silala, llegamos a la conclusión de que este recurso, que se ha transformado en un asunto de Estado, solo beneficia a la mega minería y los bolsillos de unos pocos. Es una ecuación donde ni siquiera los ciudadanos chilenos y bolivianos tienen arte ni parte.
Seguí recorriendo la frontera, y cuál no sería mi sorpresa al encontrar cañerías diseñadas para llevar clandestinamente agua desde el lado boliviano al chileno.

Algunas de estas cañerías nacen en el lecho completamente seco de charcos de bofedales muertos quizás hace decenas de años, probablemente sin que los mismos bolivianos tengan idea siquiera de que alguna vez nuestros empresarios se robaron esa agua.
Le pregunté a un campesino del lugar si sabía alguna cosa respecto de aquellas cañerías y me dijo que desde que él tiene memoria, las empresas chilenas han enviado trabajadores, tanto para la instalación de tubos como para la mantención de los mismos, así como para construir los canales del Silala, los cuales se limpian
 periódicamente para evitar que la vegetación que allí crece pudiese disminuir el flujo del caudal. Todo, a vista y paciencia de los inútiles militares acantonados en su gran cuartel de Miraflores en La Paz, mientras las fronteras bolivianas permanecen abandonadas.

Para más abundancia sobre los bofedales Silala, se puede ver los siguientes videos :
https://www.youtube.com/watch?v=Cn6HZffgP40
https://www.youtube.com/watch?v=olbSOMMdpU8

 

Cuando las aguas brotan de los bofedales, se quedan allí en charcos, y no fluyen más si es que no se las canaliza artificialmente. Posiblemente escurren subterráneamente aguas abajo y llegan a territorio chileno.
Tampoco hay estudios que muestren cómo se llenan los bofedales, ya que se evidencia que en el lugar casi nunca llueve, y en cambio hay evaporación.
Posiblemente son aguas fósiles atrapadas desde hace unos diez mil años aguas arriba en las montañas, y que fluían lenta y subterráneamente hasta que hoy con la canalización fraudulenta chilena fluyen superficialmente con velocidad, y no se sabe cuando se acabarán. Lo que tiene que hacer la Corte Internacional de Justicia es

1. Determinar PERICIALMENTE si esas aguas subterráneas llegan también en parte hasta Chile, y si éstas son binacionales, todo según el actual derecho internacional. Si no traspasan subterráneamente la actual frontera, entonces Chile no tiene ningún derecho. 2. Si traspasan subterráneamente, y si la Corte determina que las aguas subterráneas son binacionales, entonces qué se va a hacer con las canalizaciones clandestinas que ha hecho Chile. Si se las mantiene, cuánto caudal puede Chile captar por ellas.
3. Ahora bien, si se determina, con el permiso boliviano, que Chile continúe consumiendo todo el caudal actual, entonces cuánto debe ser el pago a Bolivia de ahora en adelante, y también cuál es la indemnización chilena a Bolivia por el uso unilateral histórico que ha hecho del agua.

Según el investigador chileno Cástulo Martínez las aguas del bofedal Silala se canalizan de la siguiente forma: 94 brotes de agua que son colectados por medio de canaletas clandestinas construidas de cal y piedra que vacían el agua a un canal central, que haciendo un recorrido de 2.500 metros, se reúne con otro canal similar que lleva las aguas de otras vertientes que se hallan próximas a la frontera dentro del territorio boliviano. Por tanto, los dos canales provenientes de ambas zonas de las vertientes se reúnen en un canal central formando un caudal de consideración que se conecta a una caja de agua llamada la Primera Toma o Desarenador, la cual está ubicada en Bolivia, en la quebrada del cerrito Silala, a 600 metros de la línea fronteriza.

 

CANALIZACIONES CHILENAS ARTIFICIALES EN QUETENA, Y QUE HACEN FLUIR EL AGUA DE LOS BOFEDALES, ROBÁNDOLA Y BAUTIZÁNDOLA CON EL FALSO NOMBRE DE RIO SILALA

Dicho canal que alimenta esa caja de agua tiene una profundidad de 1.30 metros y un ancho de 1.20 metros con capacidad de transportar más de 500 litros por segundo, según datos del ingeniero Antonio Bazoberry, uno de los expertos bolivianos en el tema.
De esta primera toma sale una cañería central de 12 pulgadas que cruza la frontera y se interna 10 kilómetros en territorio chileno hasta una Segunda Toma donde se almacenan las aguas y son luego llevadas mediante cañerías distribuidoras para surtir del preciado elemento a las ciudades y pueblos de Calama, Antofagasta, Mejillones y Tocopilla, y también a la mina de Chuquicamata para que Chile pueda seguir explotando el cobre que ha usurpado a Bolivia.
NUNCA SE HA VISTO EN EL MUNDO QUE EXISTA UN RIO EN CAÑERIAS, Y QUIEREN HACERLE CREER ESO A LA CORTE DE LA HAYA.
Diariamente personal de carabineros chilenos ingresa prepotentemente a territorio boliviano con la finalidad de cumplir tareas de limpieza y mantenimiento de los canales artificiales; nadie dice algo en el ejército boliviano ante este atentado a la soberanía de Bolivia.
Las empresas oligarcas de Chile, como es su costumbre de apropiarse de lo ajeno, comercializan como propias las aguas del bofedal QUETENA boliviano vendiendo a las poblaciones invadidas y usurpadas de Antofagasta, Calama, Tocopilla, Mejillones, así como al centro minero de cobre Chuquicamata.
En julio de 2009, la comisión binacional que trataba este conflicto comunicó que existía un preacuerdo que partía de la base de que el curso de agua debía ser de beneficio compartido. En esa ocasión el vicecanciller chileno, Alberto Van Klaveren, dijo del conflicto del Silala “se trata de aguas que ambos países estamos compartiendo y que parece absolutamente lógico que ambos países también pueden beneficiarse”.

El acuerdo señalaba que cada país podía hacer uso libremente del 50% de las aguas y que deberá pagar en caso que quisiera utilizar más allá de esa cuota, costo que se cobraría a partir de la firma del acuerdo final y no era retroactivo. El borrador del acuerdo fue rechazado de inmediato por organizaciones cívicas y populares de Potosí, ya que no incluía el pago de la “deuda histórica”, es decir la obligación que se debía imponer a Chile para que cancele por el uso indiscriminado de las aguas del Silala desde inicios del siglo XX.
En octubre de 2010 el documento final debía ser firmado. La delegación de Bolivia planteó incluir en el preacuerdo, alcanzado un año antes entre ambos países, un apartado para “definir el monto y la forma de erogación por parte de la República de Chile respecto del uso pasado de las aguas del Silala”.
La comisión chilena expresó su “disconformidad” con esta propuesta y “no se mostró dispuesta” a firmar el acta de la reunión, con el argumento de que “carece de la autorización por parte de sus autoridades superiores, respecto a los planteamientos bolivianos”.
No se ha vuelto a entablar una negociación respecto al bofedal Quetena, rebautizado con el nombre chileno de ‘Siloli’, cambiado hoy a ‘Silala”. Ahora, el asunto está en manos de la Corte Internacional de Justicia, quien, como es su costumbre, va a dar una solución que deje “satisfechos a medias” a las partes. Pero, es necesario dejar claro que el monto que Chile le debe a Bolivia hasta la fecha, por el uso arbitrario de las aguas del bofedal Silala, asciende a la suma de mil millones de dólares, considerando que toda el agua es de Bolivia. En caso de que la CIJ determine que el agua es binacional, dicho monto sería quinientos millones de dólares.

Lo paradójico de esta situación, es que mientras Chile comercializa clandestina, fraudulenta y prepotentemente con las aguas del bofedal Silala Boliviano, el legitimo propietario de esas aguas, el Departamento de Potosi, adolece trágicamente de la falta del liquido elemento, soportando la sed en pleno siglo XXI.

Este recurso hídrico que nuestro país Chile ha canalizado clandestinamente, y convendría decir que primero lo hizo Edwards y luego continuó Luksic, corresponde a aguas fósiles atrapadas bajo las montañas con una edad que se estima entre 4 y 14 mil años. Vale decir: es un recurso no renovable y desde albores del siglo XX está siendo robado por la empresa minera Chuquicamata de nuestro país Chile. Primero el agua servía para alimentar a los trenes de vapor del ferrocarril Antofagasta-Oruro que los Edwards utilizaban luego que Chile usurpó el litoral boliviano y, por el tratado impuesto, lo construyeron y entregaron a los bolivianos para sacar hasta el mar su producción de minerales desde Bolivia enclaustrada después de la invasión del Pacífico. En resumen, la solución era la siguiente: Los Edwards manejaban el tren para sacar la plata y el estaño desde Potosí, a través de dicha línea férrea, y Bolivia ponía el agua para la alimentación de las locomotoras.El gobierno altiplánico aceptó a regañadientes la propuesta, porque no podía rechazarla. Estaba en una situación desesperada sin salida al mar y los empresarios chilenos supieron sacar provecho de éso. Así son los negocios o las guerras, podrán pensar muchos, y las aguas de los bofedales comenzaron a ser drenadas desde hace más de un siglo hasta la fecha sin ninguna clase de control, razón por la cual muchas partes del humedal ya se encuentran completamente secas.Quizás si alguien tiene la culpa del deterioro ambiental, no son otros más que los bolivianos, porque si bien los chilenos han drenado el agua a su regalado gusto, nuestros vecinos de Bolivia nunca se preocuparon de supervisar la extracción, ni de siquiera colonizar la zona fronteriza, ni poner guarniciones militares.
Por lo que tanto Edwards como Luksic siguieron sacando agua aún después de que las locomotoras a vapor dejaran de existir a mediados de los años ´50, ya sin ninguna justificación más que la fuerza de las malas costumbres del robo.

Le pregunté a un campesino del lugar si sabía alguna cosa respecto de aquellas cañerías y me dijo que desde que él tiene memoria, las empresas chilenas han invadido la zona y enviado trabajadores, tanto para la instalación de tubos como para la mantención de los mismos, así como para construir los canales del Silala los cuales se limpian periódicamente para evitar que la vegetación que allí crece pudiese disminuir el flujo del caudal robado.

Actualmente, en la prensa boliviana se denuncia que el gobierno del expresidente Evo Morales y el exagente boliviano ante la Corte de La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé, admitieron falsamente ante la Corte, que una parte de las aguas de Quetena fluyen de manera natural hacia Chile. Ello constituiría una flagrante traición a la Patria boliviana. La pregunta surge : ¿Qué van a hacer ahora los nuevos Gobiernos bolivianos, a través de su Cancilleria? ¿Van a ser cómplices?.
La Corte Internacional, ¿va a hacer estudios científicos, para mostrar cuál es la verdad?; o va emitir un decreto prevaricador en contra de Bolivia, tal como ya lo ha hecho en el caso del tema del mar?
El gobierno ha nombrado un nuevo agente ante la Corte de La Haya, el cual ha asumido la posición chilenófila del anterior gobierno de Evo Morales de que las aguas del bofedal serán compartidas “amigablemente” por Bolivia con Chile. El agente de Bolivia ante la CIJ, Jaime Aparicio, ha señalado que la discusión que queda ahora es sobre aguas compartidas, y que “Bolivia no tiene la soberanía sobre el 100% de esas aguas”, según él.
La Canciller del Estado boliviano, Dra. Karen Longaric, ha expresado ante la Prensa que no hay aportes nuevos, en la investigación por el caso Silala, para ser expuestos en la fase de alegatos orales, por lo que los argumentos anteriores serán refrendados ante la CIJ de La Haya. "No hay innovación alguna, no hay aportes nuevos. Simplemente es refrendar los argumentos que ya están incorporados en la fase escrita", “El Gobierno de Evo Morales ha expresado ante la CIJ que una parte de las aguas del bofedal fluyen de manera natural hacia Chile”, añadió la ignorante Autoridad, quien más parece canciller chilena.
No obstante, el presente documento del Ing. Civil Jorge Edgar Zambrana Jiménez, es un aporte nuevo para ser tomado en cuenta por el nuevo Agente en La Haya, junto con la Cancilleria y los Jueces de la CIJ.
Periódicamente, personal de carabineros chilenos ingresa prepotentemente a territorio boliviano con la finalidad de cumplir tareas de limpieza y mantenimiento de los canales artificiales; nadie dice ni hace algo en el ejército boliviano ante este atentado a la soberanía de Bolivia. Las empresas oligarcas de Chile, como es su costumbre de apropiarse de lo ajeno, comercializan como propias las aguas del bofedal QUETENA boliviano vendiendo a las poblaciones invadidas y usurpadas : Antofagasta, Calama, Tocopilla, Mejillones, así como al centro minero Chuquicamata, todo para producir y exportar cobre, del cual también se han apropiado en 1879.
El uso de las aguas del Silala por parte de Chile es abusivo y arbitrario; le asiste a Bolivia el derecho de exigir cobro de derechos y resarcimientos, de acuerdo al ordenamiento jurídico nacional e internacional. El monto que Chile le debe a Bolivia hasta la fecha, por el uso de las aguas del bofedal Silala, asciende a la suma de 1400 millones de dólares .
 

A continuación, se observa el mapa del bofedal :
En color azúl están los canales de tierra que han excavado los chilenos, y en color rojo los canales en mampostería de piedra, todos utilizados para robar y llevarse el agua, sin que los militares bolivianos lo impidan.

Y ahora se puede ver otro siguiente mapa :

Se muestra la frontera de Bolivia y Chile. El bofedal Silala está ubicado a 4 kilómetros dentro del territorio de Bolivia. Chile, a 70 kilómetros, tiene la mina más grande de cobre, Chuquicamata, riqueza que hasta antes de 1879 era de Bolivia . La inversión productiva bruta de esa mina es de 20 millones de dólares al año, y ello es únicamente posible gracias a las aguas bolivianas robadas del bofedal
Silala o Quetena. Una tonelada de cobre se produce con 215 mil litros de agua dulce. A 40 Km del bofedal pasa el ferrocarril que viene desde Antofagasta hasta Uyuni, con un ramal intermedio a la mina Chuquicamata, y siguiendo luego hacia Oruro . Se observan las lagunas bolivianas Colorada y Verde, donde el gobierno chileno periódicamente organiza visitas de turistas argumentándoles que están en suelo chileno; en dichos alejados sitios no se ve ni por asomo alguna patrulla militar boliviana.
 

CERRO SILALA
MAPA DE 1926 ENCONTRADO, POR EL DR. GASTÓN CORNEJO BASCOPÉ, EN EL ARCHIVO DEL GENERAL CARLOS BLANCO GALINDO, PRESIDENTE DE LA JUNTA MILITAR DE 1930

La cancillería boliviana, en fecha 9 de mayo 1997, contrató a la firma consultora René Gómez – García Palau, para estudiar y verificar si existe un rio en la región del Quetena. El informe final de dicha consultora indica la INEXISTENCIA de un rio en esa zona y verifica la presencia de obras artificiales clandestinas para recolectar aguas de los bofedales.
En la actualidad, Chile se ha propuesto quedarse con el Litoral boliviano a titulo de conquista, privando a Bolivia de sus puertos marítimos, y haciendo prevalecer el prepotente tratado de 1904, que incluye un mapa de ese año donde se dibuja un rio inexistente en la realidad, inventado con el falso nombre de “rio Silala”. La política chilena muestra un total rechazo a negociar con Bolivia la devolución de un puerto soberano en el mar, y se niega a pagar por el uso de aguas bolivianas del Quetena desde hace 141 años en provecho exclusivo de las empresas mineras chilenas. El potencial económico y bélico chileno es el resultado de la explotación intensiva de cobre, otros minerales, salitre, guano y agua, usurpados a Bolivia. El tratado de 1904 debe terminar como un instrumento de dominio colonizador, y Bolivia debe acabar con ese fraude. Chile insiste en su intangibilidad con amenazas militares. Esa es la naturaleza de la “paz” del tratado en que se hallan actualmente las relaciones de vecindad.
Se ha llegado a la conclusión que el “rio Silala” es un invento, y que Chile recolecta artificialmente las aguas de los bofedales Quetena, con el único propósito de incrementar su fructífero negocio del cobre con la venta del agua boliviana a la mina de Chuquicamata. La gestión del gobierno de Chile propende a convertir un rio ficticio en un litigio internacional, engañando a la misma Corte Internacional de Justicia. El supuesto rio “Silala” es una ficción, por el hecho de haber ellos dibujado una línea ilegal en el mapa de limites del prepotente tratado de 1904. Actualmente, las empresas chilenas CODELCO y GRUPO LUKSIC siguen vendiendo el agua boliviana del QUETENA, con utilidades liquidas calculadas en 10 millones de dólares anuales.

Lo paradógico de esta situación, es que mientras Chile comercializa clandestina, fraudulenta y prepotentemente con las aguas del bofedal Silala boliviano, el legitimo propietario de esas aguas, el Departamento de Potosi de Bolivia, adolece trágicamente de la falta del liquido elemento, soportando la sed en pleno siglo XXI , mientras Chile roba 350 millones de litros de agua pura del bofedal Silala AL DÍA, de acuerdo a aforos in situ, produciendo 1628 toneladas de cobre cada día . Cada tonelada vale en el mercado 5715 dólares.
Por lo tanto, descontando unos 60000 dólares operativos diarios, Chile gana CADA DÍA alrededor de nueve millones de dólares, LIQUIDOS, gracias al agua robada del bofedal ‘Silala’ boliviano, y principalmente utilizada en la mina de cobre Chuquicamata, la cual ha sido usurpada a Bolivia en 1879 .
Aparte de ello, Chile tiene un ingreso liquido anual de 300 mil millones de dólares por concepto de grandes exportaciones de cobre de otras minas importantes (aparte de Chuquicamata), de carbonato de litio, yodo, potasio, molibdeno, Todo producido y extraido del suelo del ex-litoral de Bolivia.
En suma, Chile gana, en ingresos liquidos, unos 800 millones de dólares CADA DIA. Esa es la riqueza milyunochesca que ha usurpado a Bolivia desde 1879. Y, no contentos con ello, de lo cual ni siquiera agradecen, ahora han vuelto a invadir suelo boliviano y están robando impunemente el agua pura del bofedal Quetena, mal llamado por ellos “SILALA” .
 

Los chilenos han robado a Bolivia, 2400 (DOS MIL CUATROCIENTAS) VECES esa cantidad de dinero, durante 141 años, por concepto de todo lo usurpado del Departamento del Litoral boliviano.  De rotos mendigos han pasado a ser bandidescos multimillonarios

Como comparación, Bolivia ha ganado, por la venta de gas y minerales a Brasil, Argentina y otros paises, entre 2006 a 2019, la suma promedio líquida de 22 millones de dólares CADA DÍA. Como consecuencia, la economía de Bolivia ha crecido un 4,9 % anual, como promedio. Según el Banco Mundial, la pobreza ha caído del 63 al 35% y la riqueza también ha llegado a la población a través de muchos programas sociales.
Hay que notar que durante el siglo XX hasta antes de 2006, los recursos generados en Bolivia, principalmente el estaño, el petróleo y el gas, han beneficiado solamente a potencias extranjeras, mediante la entrega delictiva que han hecho personajes y gobiernos antibolivianos como Simón Patiño, René Barrientos, Garcia Meza, Hugo Bánzer, Sánchez de Losada (quien vendió a precio de gallina muerta las empresas estatales), entre otros .

La prosperidad chilena está en las inmensas milyunochescas riquezas que Chile ha usurpado a Bolivia en la invasión de 1879 ( guano, salitre, plata, bórax, oro, azufre, zinc, plomo, calizas, cuarzo, yodo, litio, molibdeno, cobre, riquezas marinas ), que han hecho de Chile una potencia económica y bélica,  y que ya se les está terminando, quedándoles hoy casi solamente el cobre en las minas Chuquicamata, La Escondida y otras importantes, y el litio y el molibdeno, tres productos ampliamente utilizados en las industrias de electricidad, aceros, construcción, transporte, motores, lubricantes, pigmentos, cerámica, vidrio, electrónica, computación, instrumentos musicales, química, utensilios de cocina, y farmacia.
La invasión de 1879 ha sido un asalto con fines de saqueo y pillaje. El embajador de Chile en La Paz, Abraham Koenig, el 13 de agosto de 1900 nos escupió su célebre brulote sin parangón en los anales diplomáticos de América, manifestando: “El antiguo Litoral boliviano es y será para siempre de Chile, quien lo ha ocupado y se ha apoderado del mismo con el mismo título con que Alemania se anexó las provincias francesas de Alsacia y Lorena, con el mismo título con que los EEUU han tomado Puerto Rico. Nuestros “derechos” nacen de la fuerza y la victoria, la ley suprema de las naciones. El Litoral es rico y vale muchos millones; eso ya lo sabíamos; lo guardamos porque vale; que si no valiera no habría interés en su conservación. Chile no debe nada, ni está obligado a nada, mucho menos a devolver un puerto”.
Hay que observar que la geopolítica del gobierno de Chile es de una continua expansión territorial y potenciamiento bélico, siguiendo el lema del ejército mapochino “Por la razón o por la fuerza” .
En 1929 Chile y Perú han firmado el Tratado de Amistad y Límites en el cual especifican que sus gobiernos no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a Bolivia la totalidad o parte de los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías. De esta manera el país del que Bolivia fue aliada durante la invasión chilena, se ha confabulado con el agresor para encerrar a los bolivianos detrás de Los Andes, quedando ellos como centinelas de dicha prisión, con el compromiso de que ninguno puede abrir la salida sin el consentimiento del otro.
Bolivia, la «hija predilecta» de Bolívar, no puede vivir eternamente mutilada, clausurada y encadenada con el dogal mediante el que se la ha reducido con implacable injusticia bajo los tratados de 1904 y 1929, vulnerando la geografía y la historia. Es un problema con características coloniales, existiendo agresión y usurpación territorial por la fuerza, robo intensivo de recursos, agua y riquezas ajenas, en una continua ocupación y dominio ilegales que ya duran 141 años.
Algunos chilenófilos ignorantes están insinuando reanudación de relaciones con el enemigo. Ello sería otra muestra de la imbecilidad de la diplomacia boliviana. Nos preguntamos : ¿Para qué se arma Chile? ¿Para qué compra aviones, tanques y misiles? ¿Para qué hacen maniobras en nuestra frontera? No es, sin duda, para disuadir a la Argentina o al Perú. El espíritu de montaña del militarismo roto apunta sin disimulos al Altiplano. De la condición de país libre quieren que pasemos a la de país sometido, para gloria y disfrute de una casta gobernante boliviana de menguado proyecto y mezquinas codicias, para la cual primero son los negocios y después nuestra nación. Y todo ello ya no es ingenuidad, ni candor, ni inocencia, ni siquiera tontería, sino cinismo procaz que nos vende al eterno enemigo.