Mar para Bolivia

SILALA : ¿BOFEDALES  O  RIO INTERNACIONAL?

Autor:"Periódico' el  CIUDADANO’,de la República de Chile. Recopilación del Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez,  Bolivia

El periodista de “El Ciudadano” viajó hasta la frontera con Bolivia e hizo la constatación de que : ‘Las aguas que brotan de los bofedales del Silala fluyen artificialmente hacia el territorio chileno por las obras de canalización clandestinas realizadas en el siglo pasado’.

SOBRE LA NATURALEZA DE LAS AGUAS
Parado sobre lo que se llama Bofedal Norte pude apreciar claramente que las Aguas del Silala son BOFEDALES en suelo boliviano y drenados artificialmente por Chile. Corresponden exactamente a cerca de un centenar de “ojos de agua” , bofedales que brotan desde las profundidades de la tierra. Se pueden apreciar los trazados hechos por las empresas mineras de Atacama, los que dirigen cada pequeño BOFEDAL hasta un canal artificial de cemento que después se conecta a cañerías que internan el agua hasta perderse en suelo chileno.

En la foto se puede apreciar la bandera de Chile, pintada clandestinamente en pleno suelo de Bolivia, justo en el lugar de los bofedales canalizados fraudulenta y prepotentemente, para robarlos. Este recurso hídrico que nuestro país ha canalizado clandestinamente, y convendría decir que primero lo hizo Edwards y luego continuó Luksic, corresponde a aguas fósiles atrapadas bajo las montañas con una edad que se estima entre 4 y 14 mil años. Vale decir: es un recurso no renovable y desde albores del siglo XX está siendo robado por la empresa minera de nuestro país Chile. Primero el agua servía para alimentar a los trenes de vapor del ferrocarril Antofagasta-Oruro que los Edwards ofrecieron a los bolivianos para sacar hasta el mar su producción de minerales desde Bolivia, enclaustrada después de la Invasión militar del Pacífico en 1879.

En resumen, la solución era la siguiente: Los Edwards ponían un tren para sacar la plata y el estaño desde Potosí, y Bolivia ponía el agua para la alimentación de las locomotoras.
El gobierno altiplánico aceptó a regañadientes la propuesta, porque no podía rechazarla. Estaba en una situación desesperada sin salida al mar y los empresarios chilenos supieron sacar provecho de éso. Así son los negocios o las guerras, podrán pensar muchos, y las aguas de los bofedales comenzaron a ser drenadas desde hace más de un siglo hasta la fecha, sin ninguna clase de control, razón por la cual muchas partes del humedal ya se encuentran completamente secas. Quizás si alguien tiene la culpa del deterioro ambiental, no son otros más que los bolivianos, porque si bien los chilenos han drenado el agua a su regalado gusto nuestros vecinos de Bolivia nunca se preocuparon de supervisar la extracción, ni de siquiera colonizar la zona fronteriza,

por lo que tanto Edwards como Luksic siguieron sacando agua aún después de que las locomotoras a vapor dejaran de existir a mediados de los años ‘50, ya sin ninguna justificación más que la fuerza de las malas costumbres del robo. Duele constatar empíricamente que nuestros empresarios chilenos no respetaron el mismo acuerdo que propusieron, utilizando a nuestro país para ello.
Pero, luego de constatar la naturaleza de las aguas del Silala, llegamos a la conclusión de que este recurso, que se ha transformado en un asunto de Estado, solo beneficia a la mega minería y los bolsillos de unos pocos. Es una ecuación donde ni siquiera los ciudadanos chilenos y bolivianos tienen arte ni parte.
Seguí recorriendo la frontera, y cuál no sería mi sorpresa al encontrar cañerías diseñadas para llevar clandestinamente agua desde el lado boliviano al chileno.

Algunas de estas cañerías nacen en el lecho completamente seco de charcos de bofedales muertos quizás hace decenas de años, probablemente sin que los mismos bolivianos tengan idea siquiera de que alguna vez nuestros empresarios se robaron esa agua.
Le pregunté a un campesino del lugar si sabía alguna cosa respecto de aquellas cañerías y me dijo que desde que él tiene memoria, las empresas chilenas han enviado trabajadores, tanto para la instalación de tubos como para la mantención de los mismos, así como para construir los canales del Silala, los cuales se limpian
periódicamente para evitar que la vegetación que allí crece pudiese disminuir el flujo del caudal. Todo, a vista y paciencia de los inútiles militares acantonados en su gran cuartel de Miraflores en La Paz, mientras las fronteras bolivianas permanecen abandonadas.

Para más abundancia sobre los bofedales Silala, se puede ver los siguientes videos :
https://www.youtube.com/watch?v=Cn6HZffgP40
https://www.youtube.com/watch?v=olbSOMMdpU8

Cuando las aguas brotan de los bofedales, se quedan allí en charcos, y no fluyen más si es que no se las canaliza artificialmente. Posiblemente escurren subterráneamente aguas abajo y llegan a territorio chileno.
Tampoco hay estudios que muestren cómo se llenan los bofedales, ya que se evidencia que en el lugar casi nunca llueve, y en cambio hay evaporación.

Posiblemente son aguas fósiles atrapadas desde hace unos diez mil años aguas arriba en las montañas, y que fluían lenta y subterráneamente hasta que hoy con la canalización fraudulenta chilena fluyen superficialmente con velocidad, y no se sabe cuando se acabarán. Lo que tiene que hacer la Corte Internacional de Justicia es
1. Determinar PERICIALMENTE si esas aguas subterráneas llegan también en parte hasta Chile, y si éstas son binacionales, todo según el actual derecho internacional. Si no traspasan subterráneamente la actual frontera, entonces Chile no tiene ningún derecho. 2. Si traspasan subterráneamente, y si la Corte determina que las aguas subterráneas son binacionales, entonces qué se va a hacer con las canalizaciones clandestinas que ha hecho Chile. Si se las mantiene, cuánto caudal puede Chile captar por ellas.
3. Ahora bien, si se determina, con el permiso boliviano, que Chile continúe consumiendo todo el caudal actual, entonces cuánto debe ser el pago a Bolivia de ahora en adelante, y también cuál es la indemnización chilena a Bolivia por el uso unilateral histórico que ha hecho del agua.

Según el investigador chileno Cástulo Martínez las aguas del bofedal Silala se canalizan de la siguiente forma: 94 brotes de agua que son colectados por medio de canaletas clandestinas construidas de cal y piedra que vacían el agua a un canal central, que haciendo un recorrido de 2.500 metros, se reúne con otro canal similar que lleva las aguas de otras vertientes que se hallan próximas a la frontera dentro del territorio boliviano. Por tanto, los dos canales provenientes de ambas zonas de las vertientes se reúnen en un canal central formando un caudal de consideración que se conecta a una caja de agua llamada la Primera Toma o Desarenador, la cual está ubicada en Bolivia, en la quebrada del cerrito Silala, a 600 metros de la línea fronteriza.

CANALIZACIONES CHILENAS ARTIFICIALES EN QUETENA, Y QUE HACEN FLUIR EL AGUA DE LOS BOFEDALES, ROBÁNDOLA Y BAUTIZÁNDOLA CON EL FALSO NOMBRE DE RIO SILALA

Dicho canal que alimenta esa caja de agua tiene una profundidad de 1.30 metros y un ancho de 1.20 metros con capacidad de transportar más de 500 litros por segundo, según datos del ingeniero Antonio Bazoberry, uno de los expertos bolivianos en el tema.
De esta primera toma sale una cañería central de 12 pulgadas que cruza la frontera y se interna 10 kilómetros en territorio chileno hasta una Segunda Toma donde se almacenan las aguas y son luego llevadas mediante cañerías distribuidoras para surtir del preciado elemento a las ciudades y pueblos de Calama, Antofagasta, Mejillones y Tocopilla, y también a la mina de Chuquicamata para que Chile pueda seguir explotando el cobre que ha usurpado a Bolivia.
NUNCA SE HA VISTO EN EL MUNDO QUE EXISTA UN RIO EN CAÑERIAS, Y QUIEREN HACERLE CREER ESO A LA CORTE DE LA HAYA.
Diariamente personal de carabineros chilenos ingresa prepotentemente a territorio boliviano con la finalidad de cumplir tareas de limpieza y mantenimiento de los canales artificiales; nadie dice algo en el ejército boliviano ante este atentado a la soberanía de Bolivia.
Las empresas oligarcas de Chile, como es su costumbre de apropiarse de lo ajeno, comercializan como propias las aguas del bofedal QUETENA boliviano vendiendo a las poblaciones invadidas y usurpadas de Antofagasta, Calama, Tocopilla, Mejillones, así como al centro minero de cobre Chuquicamata.
En julio de 2009, la comisión binacional que trataba este conflicto comunicó que existía un preacuerdo que partía de la base de que el curso de agua debía ser de beneficio compartido. En esa ocasión el vicecanciller chileno, Alberto Van Klaveren, dijo del conflicto del Silala “se trata de aguas que ambos países estamos compartiendo y que parece absolutamente lógico que ambos países también pueden beneficiarse”.

El acuerdo señalaba que cada país podía hacer uso libremente del 50% de las aguas y que deberá pagar en caso que quisiera utilizar más allá de esa cuota, costo que se cobraría a partir de la firma del acuerdo final y no era retroactivo. El borrador del acuerdo fue rechazado de inmediato por organizaciones cívicas y populares de Potosí, ya que no incluía el pago de la “deuda histórica”, es decir la obligación que se debía imponer a Chile para que cancele por el uso indiscriminado de las aguas del Silala desde inicios del siglo XX.
En octubre de 2010 el documento final debía ser firmado. La delegación de Bolivia planteó incluir en el preacuerdo, alcanzado un año antes entre ambos países, un apartado para “definir el monto y la forma de erogación por parte de la República de Chile respecto del uso pasado de las aguas del Silala”.
La comisión chilena expresó su “disconformidad” con esta propuesta y “no se mostró dispuesta” a firmar el acta de la reunión, con el argumento de que “carece de la autorización por parte de sus autoridades superiores, respecto a los planteamientos bolivianos”.
No se ha vuelto a entablar una negociación respecto al bofedal Quetena, rebautizado con el nombre chileno de ‘Siloli’, cambiado hoy a ‘Silala”. Ahora, el asunto está en manos de la Corte Internacional de Justicia, quien, como es su costumbre, va a dar una solución que deje “satisfechos a medias” a las partes. Pero, es necesario dejar claro que el monto que Chile le debe a Bolivia hasta la fecha, por el uso arbitrario de las aguas del bofedal Silala, asciende a la suma de mil millones de dólares, considerando que toda el agua es de Bolivia. En caso de que la CIJ determine que el agua es binacional, dicho monto sería quinientos millones de dólares.

Lo paradójico de esta situación, es que mientras Chile comercializa clandestina, fraudulenta y prepotentemente con las aguas del bofedal Silala Boliviano, el legitimo propietario de esas aguas, el Departamento de Potosi, adolece trágicamente de la falta del liquido elemento, soportando la sed en pleno siglo XXI.