Mar para Bolivia

SOBERANO PREVARICATO

Jorge Edgar Zambrana Jiménez

CORTE INTERNACIONAL DE INJUSTICIA


 

MAPA DE LAS FRONTERAS DE BOLIVIA, CHILE Y EL PERÚ, ANTES DEL AÑO 1866, DONDE EL PAÍS CHARQUINO POSEÍA 4 PUERTOS.  HOY, BOLIVIA ESTÁ ENCLAUSTRADA, A CONSECUENCIA DE LA INVASIÓN MILITAR CHILENA EN 1879, MIENTRAS QUE CHILE GOZA DE 100 PUERTOS, Y PERÚ POSEE 50.

En 1879, Chile tenía una superficie de 576 mil kilómetros cuadrados, pero en la mal llamada Guerra del Pacífico que se inició ese año y finalizó en 1883 creció al apoderarse de 180.000 km2 pertenecientes a Bolivia y Perú. Este último perdió las extensas provincias de Tarapacá y Arica y el primero la del Departamento del Litoral cuyo territorio limitaba con el mar Pacífico. Esa guerra de conquista propiciada por una pujante y agresiva burguesía chilena y que contó con el respaldo económico de Inglaterra, potencia imperial de la época, es la causa primaria del enclaustramiento boliviano. Algo que pasa, del sofisma al cinismo, es el "argumento" invocado, entre otros, por Augusto Pinochet, de que Bolivia nunca tuvo mar. Hechos históricos, léase confirmados, contradicen de plano tal planteamiento. Bolivia se independizó en 1825 y  el Dr. Abdón S. Ondarza fundó la ciudad-puerto de Antofagasta, en fecha 22 de octubre de 1868. Hasta la mencionada guerra, Chile limitaba al norte con Bolivia en el río Salado en 24ᴼ28’, de acuerdo al Uti Posidetis Juri, y ambos países se disputaban el desierto de Atacama (132.000 km2), debido a que Chile argumentaba, falsamente, que el Mariscal Sucre les había usurpado territorio marítimo para entregárselo a Bolivia. Es por ello que en 1866 se firma entre ambos países un tratado de límites por el cual Bolivia otorgó a Chile medio litoral y los rotos reconocen por fin la soberanía boliviana en la región de Antofagasta, y se fija el límite septentrional (para Chile) en el paralelo 24, regalando Bolivia, de ese modo, la mitad de su propio y legítimo Litoral, a Chile.

El conflicto que estalló un siglo y cuarto atrás, debió, en puridad, llamarse Guerra del Salitre y del Guano (estiércol de aves), ya que fueron empresas chilenas las que comenzaron la explotación de ambos productos (apreciados fertilizantes) en territorios bolivianos y peruanos. Fue la imposición de impuestos y el peligro de una expropiación de las industrias chilenas, lo que desató realmente las acciones bélicas. Se trató, entonces, de un ataque invasor que en Chile se convertiría, por obra y gracia de la propaganda, en una "guerra patriótica". Al margen de que Chile incrementó su territorio, el gran beneficiado con la explotación del nitrato de sodio (salitre) fue el imperialismo inglés. Después de la guerra, los capitalistas británicos compraron depreciados bonos emitidos por el gobierno de Perú y adquirieron así nuevos yacimientos. John Thomas North fue motejado como el "rey del salitre", y lo era, ya que en 1886 controlaba el 70 por ciento de esa riqueza, teóricamente ahora chilena. En 1904 Bolivia y Chile firmaron el denominado Tratado de paz, por el cual Chile se quedó con el Departamento del Litoral de Bolivia. Es claro que, Bolivia vencida, ese tratado le fue impuesto con el poderoso argumento de las armas. Chile pudo de esa manera limitar al Norte con el Perú. Esos son los factores históricos que le dan poderosa fuerza moral a Bolivia para deshacer algo que se impuso por la fuerza. Algunos expresan que tampoco se puede satanizar del todo a Chile si rememoramos que en la segunda mitad del siglo XIX la mayoría de las naciones europeas tenía colonias en todos los continentes luego de haber agredido y ocupado a centenares de naciones sin ninguna justificación ética, como no fuera la falsedad mayor de "civilizar" y cristianizar. Es asimismo el tiempo en que Estados Unidos se ha apoderado de la mitad del territorio de México restándole nada menos que dos millones de km2. La guerra era admitida como un método normal de apropiarse de lo ajeno en aquella suerte de desorden internacional. En Shangay, China, ocho naciones habían construido instalaciones en el puerto y en la entrada del recinto habían colocado un letrero ominoso: "Prohibido el ingreso de chinos y perros"... Todo aquello era practicado por naciones que se decían "democráticas" y los nacientes países latinoamericanos procuraban imitarlas. Aún permanece en los medios políticos y periodísticos chilenos la tempestad que desató el presidente venezolano Hugo Chávez cuando dijo "sueño con bañarme en una playa de Bolivia", frase de corte metafórico que fue un claro respaldo a la reivindicación boliviana de recuperar su litoral en el Pacífico. Como Chávez habló en la Cumbre Iberoamericana efectuada en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y en presencia del presidente chileno Ricardo Lagos, el gobierno de este último, se molestó de tal manera que llamó a su embajador en Caracas e insinuó hasta un congelamiento de las relaciones diplomáticas. Chávez, empero, mantuvo la calma y en diciembre en su programa radial "Aló Presidente", recordó en dos ocasiones que Chile le quitó el mar a Bolivia mediante una guerra. "Bolivia tuvo mar y tiene derecho al mar y Chile no debe desfigurar una verdad histórica", afirmó. Después de Chávez, la demanda boliviana ha recibido el respaldo del ex presidente yanqui Jimmy Carter, del propio secretario general de la ONU, Kofi Annan y del canciller de Brasil, Celso Amorim quien adujo que si bien es un problema bilateral, lo es también de interés regional. "Bolivia y Venezuela complican a nuestro canciller" escribió el diario chileno "El Mercurio", el cual reconoce que la tesis oficial de Santiago de que "no hay problemas pendientes con Bolivia" se ha desmoronado. Aunque tozuda, la postura chilena es de extrema debilidad y por ello teme que el problema se internacionalice, sobre todo en una etapa como la actual en que Chile es observado como un país que sólo mira hacia Estados Unidos. No se olvida la cancillería chilena que hay antecedentes favorables a Bolivia. En 1979 -al cumplirse el centenario de la guerra- la Organización de Estados Americanos (OEA) respaldó la salida al mar para Bolivia. En 1983, los cancilleres de los Movimientos No Alineados apoyaron, de nuevo, sin vacilaciones la petición de La Paz. Como es sabido, las relaciones diplomáticas entre Santiago y La Paz están rotas desde 1962 (con una reanudación breve durante las dictaduras de Pinochet y Bánzer).

En 1926, El gobierno de Estados Unidos propuso que los territorios de Tacna y Arica, que se encontraban en poder de Chile, sean entregados en propiedad soberana a Bolivia, para evitar que quede enclaustrada. Perú, como perro del hortelano, se opuso, y en 1929 procedió a firmar un tratado con Chile, en el cual se ha estipulado que Tacna se queda con Perú y Arica con Chile.
Hoy, en el siglo XXI, Bolivia ha presentado una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, para obligar a Chile a resolver su enclaustramiento. Recordemos que el ‘vocero de la causa marítima’ Lic. Carlos Mesa decía, con respecto a la demanda en La Haya : “Bolivia ha escogido el único camino posible para romper este punto muerto y lo ha hecho de un modo novedoso. Chile, que inicialmente reaccionó con un cierto tono de displicencia, ha comprendido que el Juicio va en serio, que está fundamentado, y que Bolivia está poniendo sobre el tablero a sus mejores representantes para lograr el éxito que espera y que merece”.

Ahora, luego de la sentencia emitida por la Corte, podemos concluir, después del “fallo”, que Bolivia ha acudido ante la CIJ, precisamente porque Chile dilata y dilata, y nunca entabla negociaciones, haciéndose la burla. Entonces, no se entiende por qué la Corte no ha obligado a Chile a negociar, y, en cambio, como si se hiciera también la burla, ha emitido su declaración haciendo un llamado a la buena voluntad de Chile, sabiendo que es un país que no quiere escuchar ni negociar. Vemos que la Corte realmente ha “fallado”, es decir, HA PREVARICADO.
El fallo de la Corte, ante la demanda de Bolivia, peca por tener una visión atiborrada, demasiado preocupada por tecnicismos intrascendentes, reduciéndose a examinar con lupa la letra de tratados e instrumentos diplomáticos para determinar si existía o no una obligación chilena de negociar un acceso soberano de Bolivia al mar. Fuera de foco, la Corte pierde de vista el bosque por contemplar los árboles y es incapaz de tomar en cuenta todos los aspectos involucrados en el diferendo Bolivia-Chile y, por ende, de encontrar una solución JUSTA, objetiva y racional al conflicto.

Propiamente hablando, lo que ha habido es un RECHAZO a la demanda boliviana, sin piedad ni misericordia. Por 12 votos contra 3, la Corte se ha visto obligada a parcializarse a favor de Chile, porque no quiere levantar un verdadero AVISPERO mundial de demandas que reclamarían que la Corte les solucione de la misma manera como lo hubiera hecho si fallaba a favor de Bolivia, que era realmente lo justo. Además, hay que criticar al gobierno boliviano y a sus abogados, quienes se han limpiado la boca antes de comer al contestar al juez Owada de que van a definir totalmente, que y dónde es el “acceso soberano” recién durante las “negociaciones con Chile”, como si estuvieran seguros de que La Haya iba a fallar en su favor.

Finalmente, este 1 de Octubre de 2018, esta Corte ha dictaminado, arteramete, que : Chile no tiene obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al mar. Ha rechazado los alegatos bolivianos, al respecto.  “La obligación de negociar,  no implica la obligación de llegar a un acuerdo”, alegó Abdulqawi Ahmed Yusuf, presidente de la CIJ, al leer la sentencia a la demanda marítima este lunes, 1 de octubre.  “La Corte recuerda que los elementos de prueba que prueben la existencia de acuerdo tácito deben ser de naturaleza convincente”, dijo el juez somalí, quien asegura que, en su interpretación, “Bolivia no ha probado que Chile deba negociar con los bolivianos una salida soberana al mar”. “Los acuerdos bilaterales anteriores, entre Bolivia y Chile, no representan un argumento jurídico, no enumeran ningún compromiso, ni resumen siquiera los puntos de  acuerdo y de desacuerdo entre las partes. Asimismo, los intercambios de notas diplomáticas, con la mera mención de la cuestión marítima, no pueden dar lugar a una obligación de las partes de negociar y menos un acceso soberano. Bolivia no ha proporcionado pruebas suficientes a esta Corte”, sentenció el Juez.

1 de Octubre de 2018, el segundo día más nefasto en la historia de Bolivia. El primero ha sido el 14 de Febrero de 1879 cuando, hace exactamente 139 años, el buque chileno Blanco Encalada desembarcó en la ciudad boliviana de Antofagasta. Luego, las tropas militares chilenas invadieron hasta Calama y terminaron apropiándose del Departamento del Litoral boliviano, desde el paralelo 24º hasta la desembocadura del río Loa, donde permanecen hasta hoy

Todo el mundo ha notado lo contradictorio del “fallo”; no sólo por cuanto la Corte no puede justificar el mismo señalando que en los compromisos no está demostrada tajantemente la obligación de negociar; sino que en los alegatos bolivianos presentados, se observa que existen, en varios de dichos compromisos anteriores de Chile, abundantes evidencias en que proponen negociar un acceso propio y soberano para solucionar el enclaustramiento que le han ocasionado a Bolivia. Y en algunos de los compromisos, evidentemente, los chilenos se obligan, ellos mismos, a entablar negociaciones para llegar a acuerdos y resolver la clausura marítima que han ocasionado con su invasión militar y su tratado de 1904.

El FALLO consta de 3 puntos :
1. Chile no tiene obligación de negociar la solución a la mediterraneidad de Bolivia.
2. La Corte rechaza los alegatos de Bolivia.
3. Chile no está obligado a entregar ningún territorio con soberanía a Bolivia.
La CIJ indica que ambas partes deben continuar dialogando, para resolver la mediterraneidad boliviana ocasionada por Chile contra Bolivia. Y ello deben hacerlo de acuerdo a la buena voluntad de Chile, en una negociación bilateral pacífica, indicó la CIJ. Expresaron los Jueces que el dictamen de la CIJ no impide nuevas negociaciones entre ambas partes, ya que la Corte considera y reconoce que existen una injusticia y un problema pendiente ocasionados por la invasión militar de 1879. Argumentaron los Jueces que el equipo jurídico boliviano dizqué no ha sabido reclamar adecuada ni contundentemente, y por ésto se han rechazado los alegatos bolivianos.
No obstante, dictaminaron que persiste la injusticia contra Bolivia, ocasionada por Chile
.

Este Analista, Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez, junto con mi pueblo boliviano, declaro que : Bolivia nunca va a renunciar a reclamar multilateralmente su puerto soberano usurpado en 1879 mediante la invasión militar de Chile. Con ello, seguiremos cumpliendo lo que estipula la Constitución Política del Estado Boliviano. En este sentido, nunca daremos ni regalaremos más territorio a cambio de un acceso, ya sea soberano ó no. Y tampoco debe volver a ocurrir que los gobiernos se limpien la boca antes de comer, como lo han hecho en el pasado cuando declaraban en el aeropuerto de El Alto, luego de ‘negociar’ en Santiago de Chile, que traían el mar en el maletín, o en una botellita.

 

ACCESO SOBERANO PARA BOLIVIA

por  Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez
28 de Septiembre 2018

He descubierto que dos de los jueces de esta Corte de La Haya son : Mr. Donald M. McRae, de nacionalidad chilena y Mr. Yves Daudet, de nacionalidad boliviana.
Ambos, juntamente con sus demás quince colegas, miembros de la Corte, están redactando un FALLO atentatorio a los intereses de nuestra amada Patria Bolivia, y prácticamente van a dictaminar que ambas partes, Bolivia y Chile, se sienten a negociar un acceso marítimo SIN soberanía.

Huanacuni cree que el concepto de soberanía cambió
El diálogo con Chile debe lograr avances para ambos países, dijo el exCanciller boliviano.
lunes, 10 de septiembre de 2018
ERBOL / La Paz

El exCanciller del Estado Boliviano, Fernando Huanacuni, considera que si Bolivia se mantiene en el concepto clásico de soberanía territorial en la demanda marítima, no logrará avances en la negociación para lograr acceso al Océano Pacífico, según ERBOL.
“Es que aquí si no somos visionarios, si vamos a estar en ese pensamiento clásico, no vamos a avanzar. Hoy día es una realidad distinta”, señaló Huanacuni.
Consultado si es posible negociar el concepto de soberanía y sus alcances, el exCanciller dijo que el pensamiento global ya cambió la idea antigua de soberanía.“¿Hoy día qué es soberanía? El concepto moderno del mercado, del pensamiento global ya ha vulnerado la soberanía. Por ejemplo, a través de las redes sociales ¿Qué es soberanía? Hay una invasión absoluta de la soberanía, cambió el concepto”, dijo Huanacuni, sin que nadie pueda entender qué brutalidad estaría pensando la exautoridad.
Seguramente quiere convencer al ingenuo pueblo boliviano para que acepte un fallo de La Haya atentatorio a nuestros legítimos intereses, ya que lo más probable es que dicho dictamen de la CIJ especifique que ambas partes, Bolivia y Chile, se sienten a negociar un acceso SIN soberanía
Considera el ex canciller que la negociación con Chile tiene que tener la premisa de lograr beneficio para ambos países.  “Hay que tener posibilidades de resultados en esta nueva coyuntura, para que beneficien a ambos, pero también que se resuelva nuestra deuda histórica”, indicó. Huanacuni está convencido de que es necesario crear las condiciones para tener un espacio de diálogo favorable con Chile. “Tenemos que empezar a generar ese espacio de diálogo. Chile está al lado nuestro, somos vecinos, somos hermanos, ahí va a estar siempre”, declaró.

Pero, este excanciller no quiere ver que el objetivo político de Chile ha sido siempre el de mantenernos en estado de impotencia, porque tienen miedo de que nos fortalezcamos, lo cual va a suceder de todos modos, y que les llamemos a rendir cuentas de todos sus actos de usurpación territorial.
Ningún boliviano va a aceptar un trueque de nuestro Departamento del Litoral por un callejón al norte de Arica, sin puerto propio ni soberano. Tal dádiva merecería el repudio internacional.
El país vecino trata de engatusarnos con vueltas y engaños cada vez que se busca reparar la injusticia. Con falsas promesas, cuentos y fábulas, ofrecen corredores sin puerto y enclaves inservibles y sin soberanía marítima.  

Y encima, existen traidores a la Patria, como Ramiro Prudencio Lizón, exdiplomático del gobierno de Bánzer, abogado egresado en Chile, ex asesor general de la cancillería boliviana, ex director de la Academia Diplomática Boliviana, primer secretario de la embajada boliviana en Chile durante el gobierno de Bánzer, que están ofreciendo entregar todo el manantial Silala a cambio del inservible callejón al norte de Arica, y con el agravante que dicho callejón sea sin soberanía, lo cual es contrario al reclamo boliviano en La Haya.
Con el Tratado de 1904 Chile ha usurpado los territorios arrebatados, a sabiendas, por el derecho internacional, de que ningún Estado puede imponer a otro la renuncia a perpetuidad de su territorio e independencia.

Bolivia reclama lo que es suyo propio, a pesar del dominio “absoluto y perpetuo” que Chile le impone con un despojo armado. El Departamento del Litoral, por derecho y por ley es territorio del Estado Boliviano, aunque hoy bajo dominación ilegítima y de facto.
No existe hoy la intangibilidad de los tratados en el derecho internacional público; tampoco la eternidad del despojo impuesto por un país sobre otro.

Debemos darnos cuenta de que el trato bilateral nunca ha encontrado ni la más remota intención de reparación por parte de Chile al daño causado con su asalto invasor. Los alcances de un fallo de la Corte, para una obligación a negociar, seguramente no serán bien establecidos, y menos esa negociación será necesariamente favorable a la parte demandante, ya que tanto La Haya como chilenos e incluso muchos ingenuos bolivianos aspiran a dar una supuesta solución al tema con el imaginario y falso puerto acordado en Charaña.
Bolivia no renuncia a sus derechos sobre el Departamento del Litoral, y no considera un canje territorial, puesto que ésto último constituiría un error de lesa Patria.
Es necesario tener en mente que el brazo fuerte de Bolivia son sus fuerzas armadas, y es el mismo brazo que se extiende para estrechar la mano de Chile; y como el brazo es escuálido, frente al chileno que es el segundo más fuerte de Sudamérica, después de Brasil, es probable que no será posible esperar cerrar algún trato.
Chile va a querer imponernos abusivamente el callejón sin puerto al norte de Arica a cambio de sacarnos más territorio, y Bolivia débilmente va a reclamar la devolución de sus ancestrales puertos, ó en su defecto, va a mendigar el puerto completo y soberano de Arica, a cambio de entregar algo a Chile que no sea territorio, como por ejemplo que ya no se les va a cobrar por el agua que ya han robado del manantial Silala, ó que ya no nos devuelvan el río Lauca usurpado.
Las fuerzas armadas deberían ser el garante de la soberanía de Bolivia y el músculo de la diplomacia boliviana, y no servir solamente para masacrar mineros y campesinos inocentes. No volvamos a cometer los tremendos errores de Melgarejo y Bánzer.

Durante los alegatos de ambos contendientes en La Haya, la Corte preguntó a ambos qué es lo que entienden por “acceso soberano al mar”.

“Tengo una pregunta sencilla que hacerle al solicitante y también al equipo chileno. En el transcurso de los procedimientos orales y los documentos presentados por ambas partes, tanto la solicitante como la respondiente han referido o utilizado la expresión – y cito- ‘acceso soberano al mar’, fin de cita. Este no es un término reconocido en el derecho internacional, y ambas partes sin embargo han utilizado esta expresión cuando describían o bien su propia posición o se referían a la posición de la parte contraria. Yo le agradecería mucho a ambas partes que tengan a bien definir el sentido de ese término tal como ellas lo entienden, y también que tengan a bien explicarnos el contenido específico de ese término tal como ellas lo utilizan para determinar sus posiciones sobre la cuestión de competencia de la corte”, es la pregunta realizada por el juez japonés Hidashi Owada.

Respuesta ambigua de Bolivia .- “Bolivia respetuosamente expone que es claramente una materia que no se puede determinar en la etapa preliminar del procedimiento, y debe ser, en cambio, determinada en la etapa de negociación que aborda el fondo del asunto. El entendimiento común de las partes sobre la definición de "acceso soberano al mar", tal como se refleja en sus sucesivos acuerdos por negociar, más los diferentes ofrecimientos de Chile para solucionar el enclaustramiento boliviano, y las varias propuestas para hallar una solución, es que Chile debe conceder a Bolivia un propio acceso al mar con soberanía, en conformidad al derecho y la ley internacionales", cierra el documento boliviano.

Claramente se observa que los bolivianos no tienen claro qué es lo que quieren. Están pidiendo que la CIJ declare que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia con el fin de alcanzar un acuerdo que otorgue a este país un acceso plenamente soberano al Océano Pacífico, y, sin embargo, es sumamente extraño y sospechoso que no puedan contestar <ACCESO SOBERANO SIGNIFICA QUE BOLIVIA QUIERE QUE CHILE LE OTORGUE UN PUERTO SOBERANO, EL MISMO QUE SERÁ DEFINIDO EN NEGOCIACIONES PERTINENTES, SIN CAMBIAR EL FONDO DEL TRATADO DE 1904>.

De todos modos, Bolivia precisó a la Corte que para que haya tal acceso soberano, Chile debe asegurar…un acceso al mar que sea propio de los bolivianos y que contenga soberanía, en conformidad con el derecho internacional. Bolivia ha complementado que para que un Estado tenga acceso soberano, no debe depender de nada ni de nadie para gozar de tal acceso, y el acceso soberano es un régimen que debe garantizar la continuidad territorial boliviana hasta el mar; las condiciones de este acceso, sea puerto ó enclave útil, en cuanto a su administración y su control, tanto jurídica como físicamente, deben ser de exclusividad boliviana.

Respuesta de Chile.- "En el contexto de explicar su demanda de un derecho a acceso soberano al Océano Pacífico, Bolivia se refiere a la cesión a Bolivia de costa soberana, cesión de territorio y modificación del estatus territorial entre los dos países, modificando el Tratado de 1904”.

Posteriores declaraciones altaneras chilenas enfatizaron : “Mantenemos la convicción de que la demanda boliviana carece de toda base, pues confunde derechos con aspiraciones; las diversas negociaciones que ocurrieron a lo largo de la historia no nos comprometen a entregar territorio a nuestro vecino. Si hemos dialogado en el pasado, fue como un acto de buena voluntad, y no debido a que reconocemos una obligación pendiente. No hay ni un centímetro cuadrado del territorio chileno, de soberanía chilena, que esté en juego. Nosotros siempre hemos estado abiertos a negociar, pero no a que nos impongan una cesión de soberanía como pretende Evo Morales. O sea, nuestro problema con la demanda de Bolivia no es que diga que Chile debe negociar con ellos, sino que la Corte diga que esa negociación debe terminar necesariamente con cesión de territorio. Ahora, éso sería contra derecho, porque los tratados de límites no pueden ser modificados por ninguna sentencia. Eso no ha ocurrido jamás. Sería una cosa sin precedentes.", expresaron.

Cuando faltan tres días para que la Corte Internacional de Justicia dé a conocer su fallo sobre la Demanda Marítima, el gobierno de Chile ha optado por lanzar una campaña para desinformar y para manipular a la población del vecino país con el falso mensaje de que Bolivia ha pedido al Tribunal que obligue a Chile a entregar su propio territorio.  “Bolivia pidió que la Corte obligue a Chile a entregar su propio territorio para darle un acceso plenamente soberano al Océano Pacífico; A días del fallo de la CIJ, Bolivia sabe que no podrá darle a su pueblo lo que prometió: territorio chileno”, dice el spot publicado por la cuenta de la Cancillería chilena en Twitter.

Sin embargo, la Demanda Marítima presentada por Bolivia el año 2013 apunta a que la Corte Internacional de Justicia emita un fallo EN DERECHO, que obligue a Chile a sentarse en la mesa de negociaciones, con Bolivia, para que hallen una salida soberana favorable a Bolivia, en base a los propios ofrecimientos de anteriores gobiernos chilenos. Lógicamente, el resultado de dichas negociaciones deberá ser la entrega a Bolivia de un puerto soberano ó de un enclave soberano en el que se pueda construir un puerto útil propio; de otra manera, las negociaciones serian un fracaso, y no cumplirían con los ofrecimientos chilenos, ni con el resultado que demanda Bolivia, el mismo que respaldaría la Corte en el caso de favorecer su fallo, del 1 de Octubre 2018, a los bolivianos.

Nuestro país pide que la Corte Internacional de Justicia declare:
a) Que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia un acuerdo concediendo a nuestro país un acceso plenamente soberano al Océano Pacífico.
b) Que Chile ha incumplido esta obligación, y
c) Que Chile debe cumplir dicha obligación de buena fe, pronta, formal y efectivamente, en un tiempo razonable, concediendo a Bolivia un acceso plenamente soberano al Océano Pacífico.
Satisfacer esta demanda, por cierto, implica que Chile ceda a Bolivia una porción de territorio soberano, apto para construir un puerto útil, que tenga un corredor soberano de acceso al mismo desde la frontera boliviana (El callejón de la reunión de Charaña no cumple con la condición de ser apto para construir un puerto, según han comprobado expertos). También podría ser un enclave soberano apto, asimismo, para poder contruirse un puerto útil, acompañado de un arreglo de libre e irrestricto tránsito desde Bolivia. Se trata, en efecto, de la transferencia de un territorio, dado que diferentes gobernantes de La Moneda se comprometieron a hacerlo varias veces.

VOLVAMOS AHORA AL ANÁLISIS DEL NEFASTO “FALLO” :

En Noviembre 1879, el Canciller de Chile Domingo Santa Maria declaró públicamente : “No olvidemos ni por un momento que no podemos sofocar a Bolivia; debemos proveerle de su propio puerto”. Cuatro años más tarde, se convirtió en Presidente de Chile, y entonces reiteró: “Bolivia no puede quedar como está. Ningún país puede vivir y desarrollarse en esas condiciones; debemos garantizarle un acceso propio al mar”.

El 20 de junio de 1950, durante la presidencia en Chile de Gabriel Gonzáles Videla, el canciller de Chile Horacio Walker Larrain dirigió una nota escrita al embajador boliviano Alberto Ostria Gutiérrez, donde expresó lo siguiente: “El gobierno de Chile, junto con resguardar la situación de derecho establecida en el Tratado de Paz de 1904, ha estado dispuesto a estudiar, en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones del Gobierno de Vuestra Excelencia y los intereses de Chile. En la presente oportunidad, tengo el honor de expresar a vuestra Excelencia que mi Gobierno será consecuente con esa posición y que, animado de un espíritu de fraternal amistad hacia Bolivia, está llano a entrar, formalmente, en una negociación destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.

Al analizar esas notas de junio de 1950, los Jueces de la CIJ, por 12 votos contra 3, han rechazado el alegato boliviano, con el ridículo argumento de que para que dicho intercambio alcance el rango de un tratado internacional (lo que implica la obligación de negociar) las notas deben seguir una cierta tradición: “según esa práctica, un Estado propone, en una nota dirigida a otro Estado, que se concluya un acuerdo siguiendo cierto método, y luego el segundo Estado responde con otra nota que reproduce de manera idéntica el texto de la primera nota, indicando que acepta estos términos; pero las notas intercambiadas entre Bolivia y Chile en junio de 1950 no están redactadas de la misma manera ni tampoco reflejan posiciones idénticas”, indicaron los Jueces prevaricadores.

En cambio, los Jueces disidentes, Robinson y Salam, comparten que “el texto de las notas intercambiadas, las de 1950, no tiene que necesariamente ser idéntico, como dice el fallo, para generar efectos jurídicos, sino que basta con que el objeto del intercambio esté claro. En el actual caso, el objeto es claramente ingresar a una negociación directa para darle a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico y éso se puede demostrar al comparar lo que dicen esas notas. Pues mientras la de Bolivia señala: ‘Tengo a honra proponer a Vuestra Excelencia que los gobiernos de Bolivia y Chile ingresen formalmente a una negociación directa para satisfacer la fundamental necesidad boliviana de obtener una salida propia y soberana al océano Pacífico’, la de Chile manifiesta: ‘Mi gobierno está llano a entrar, formalmente, en una negociación destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico’. Aquí las diferencias son insignificantes”, destacan los jueces disidentes Robinson y Salam, con toda razón.

Resolución No. 426 de la Asamblea General de la OEA. Octubre 31, 1979

AG/RES.426 (IX-0/79)
ACCESO DE BOLIVIA AL OCÉANO PACÍFICO

(Resolución aprobada en la duodécima sesión plenaria el 31 de octubre de 1979)
LA ASAMBLEA GENERAL,
DECLARA:
Que es de interés hemisférico permanente encontrar una solución equitativa por la cual Bolivia obtenga acceso soberano y útil al Océano Pacifico,
CONSIDERANDO:
Que es necesario conseguir, con espíritu de fraternidad y integración americana, el objetivo señalado en el punto anterior y consolidar una paz estable, que estimule el progreso económico y social en el área de América directamente afectada por las consecuencias del enclaustramiento de Bolivia,
RESUELVE:
1. Recomendar a los Estados a los que este problema concierne directamente, que inicien negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una conexión territorial libre y soberana con el Océano Pacífico. Tales negociaciones deberán tener en cuenta los derechos e intereses de las Partes involucradas y podrían considerar, entre otros elementos, la inclusión de una zona portuaria de desarrollo multinacional integrado y, asimismo, tener en cuenta el planteamiento boliviano de no incluir compensaciones territoriales.
2. Continuar la consideración del tema “Informe sobre el problema marítimo de Bolivia” en el próximo período de sesiones de la Asamblea General.

Lo que Bolivia está pidiendo a la Corte es que obligue a Chile a negociar el cumplimiento de esos compromisos, que Chile los ha soslayado, obligando militarmente a Bolivia a firmar el nefasto tratado de 1904.
Como la Corte, de acuerdo a la respuesta de Bolivia al juez Owada, no ha establecido obligación predeterminada de resultado, es decir no indica cuál sería el acceso soberano, dejando su definición para la etapa de la negociación, entonces nos preguntamos ¿cuál será el nuevo regalito que chile le exigirá a Bolivia a cambio de un callejón inservible sin puerto al norte de Arica?

Hay que estar prevenidos porque los activistas chilenos han estado difundiendo amenazas, como la siguiente :
El día 2 de Octubre 2018 desplazamos nuestros tanques PanzerGruppe Leopard hasta la frontera con Bolivia y un escuadrón de F16 efectúa un ataque preventivo al palacio quemado, ojalá con el indio Evo adentro, y lo dejamos como su nombre lo indica. En dos semanas estamos en la Paz, nos quedamos con el gas y petróleo, agregamos esa republiqueta como una región más de nuestro querido Chile por unos 100 años más. He dicho. Carlos Lautaro Correa Cortés.

Dn. Cástulo Martinez, ilustre y digno historiador chileno, indica
El cobre que se halla en Chuquicamata (y en otros sitios recientemente descubiertos), dentro del litoral que Bolivia poseía soberanamente, y que tuvo que traspasar a  Chile, vencedor de la Guerra Invasora del Pacífico Sur, hace un considerable aporte al Estado chileno. Por encima del Tratado de 1904, y de gabelas burocráticas, por encima de sentimientos patrioteros, tomando en cuenta los inmensos beneficios que ha obtenido el Estado chileno por más de 139 años, ¿no podrían nuestras autoridades trabajar en una agenda de negociaciones con representantes bolivianos para que ese país pueda volver a tener al menos una porción  del litoral que poseyó alguna vez?
Ese sería un gesto noble que pondría fin a una más que centenaria injusticia que  nuestro país cometió en contra de Bolivia hace más de un siglo. Una solución así sería también beneficiosa para el pueblo chileno, sobre todo en la zona norte del país.
 

Los pueblos no pueden contemplar impasibles la asfixia de uno de sus hermanos en un enclaustramiento desesperante. Chile tiene la obligación moral, política y ética de restituir a Bolivia su acceso propio y soberano al mar, terminando con el indignante tutelaje que ha imperado hasta hoy.
Bolivia no puede vivir aislada del mar. Ahora y siempre, los bolivianos haremos cuanto nos sea posible para recuperar un puerto soberano al Océano Pacifico

Como indica Carlos Guevara Rodríguez, analista con una maestría en Relaciones Internacionales : “la opción que tienen los chilenos para no ceder soberanía es de lejos la mejor, para ellos, desde su punto de vista. Esta opción significa darle a Bolivia algún tipo de arreglo que no ceda soberanía y que sea aceptado por los bolivianos. Esta solución no sólo evita que Chile entregue parte de su territorio, sino que probablemente sepulte para siempre la demanda de Bolivia de un acceso soberano al mar; justo lo que ese país quiere.

La tentación del lado boliviano de declarar la negociación un éxito sin haber obtenido soberanía será inmensa. Chile dirá que Bolivia aceptó, de buena fe, un arreglo que no incluía una cesión territorial. Volver atrás después de un solemne compromiso de este tipo, sin que Bolivia haya sufrido presión o coerción externa alguna para consumarlo, nos mostraría como un país poco serio. Esa corriente de pensamiento es comprensible en cuanto a pensar que es imposible obtener de Chile un territorio soberano que nos permita llegar al mar. Si se va a encarar la negociación convencidos de que es así, se debe ser transparente con Bolivia y decirlo, y dejar que el pueblo boliviano, a través de un referéndum de un acuerdo post-Haya con Chile, ratifique o deseche esa posición.
Parece que Chile, pase lo que pase o hagamos lo que hagamos, nunca cederá soberanía. Lo que sería imperdonable sin el beneficio de un referéndum que apruebe o no un eventual acuerdo, es querer vender la noción de que lo que se obtuvo de Chile, sin soberanía, en una negociación post-Haya, es equiparable, o de algún modo suficientemente igual a soberanía, o es el logro de la mitad de un camino que eventualmente desembocará en soberanía.
 

Algo así alcanzaría el rango de traición a la patria porque un acuerdo de esas características haría virtualmente imposible más adelante lograr obtener un acceso soberano al mar. El único modo en que Bolivia podría vislumbrar una posibilidad razonable de obtener una salida soberana al mar, si es que la Corte de La Haya nos juega sucio, sería que las élites gobernantes en Santiago cambien el cálculo que actualmente hacen sobre los costos y beneficios de no dar la solución que Bolivia demanda. El único modo en que concebiblemente cambien este cálculo es que Bolivia logre que aumenten los costos a Chile de no considerar seriamente un puerto soberano al mar para Bolivia y, más bien aumenten los beneficios para los chilenos, de hacerlo”.

La decisión de la CIJ, en caso de sentenciar que Chile debe negociar un acceso plenamente soberano, enmarcará un precedente histórico en el derecho boliviano de recuperar un puerto al mar con soberanía.  Caso contrario, si rechaza los alegatos bolivianos, ó solamente indica ‘acceso’ ó ‘acceso sin soberania’,  ello representará un atentado contra el pueblo boliviano.  

Evidentemente Chile le ha robado su litoral a Bolivia, PERO no son 400 Km. ni 120.000 Km², como dice el ‘libro del mar’, como propagandea el gobierno boliviano, y como la misma CIJ cae en el mismo error, además de todos los portales internacionales, sino son 297 kilómetros y 90.000 km² de territorio, ya que los gobiernos de Melgarejo y Frias regalaron, escandalosa y falazmente a Chile 183 kilómetros de costa mediante los fraudulentos tratados de 1866 y 1874 que fijaron el nuevo límite en el paralelo 24°, obsequiando sin ningún motivo a Chile un grado y medio geográficos entre dicho paralelo y el río Salado, 25°28’, que era el límite cuando Bolivia nació a la vida, de acuerdo al Uti Possidetis Juris.
La cancillería boliviana, el “libro del mar” y la misma CIJ están difundiendo que Bolivia ha perdido una costa de 400 kilómetros, lo que es erróneo. Los bolivianos jamás olvidaremos que al nacer a la vida poseíamos nuestra extensa costa de 480 Km. con legítimos derechos desde el río Salado en 25°28’ hasta la desembocadura del río Loa en 21°25’, lo cual ningún “tratado” podrá negarlo graciosamente. Los máximos responsables de la donación gratuita del territorio entre los paralelos 25°28’ al 24° han sido los corruptos mandatarios Mariano Melgarejo y Mariano Donato Muñoz, representantes de los latifundistas bolivianos que gobernaron hasta 1952 y que mantuvieron la falta de una fuerte estructura nacional, que fue aprovechado por Chile para mantener desde 1857 ocupados los puertos del litoral boliviano por la marina de guerra chilena e invadirnos militarmente en 1879 y arrebatarnos el resto de nuestro litoral, con la venia de la ideología boliviana señorial y racista anti-indio más la participación a favor de Chile del imperio británico. Los hacendados bolivianos preferían mantener a toda costa sus feudos comunales viviendo montados en sus esclavos pongos, en vez de explotar los ricos yacimientos de guano, salitre, cobre y plata del litoral boliviano que eran usurpados por la oligarquía chilena, ante la mirada de palco de los inútiles militares bolivianos.

La oligarquía boliviana de ese entonces creó el bárbaro y dictatorial tributo indigenal de modo de arbitrar fondos para un fisco continuamente paupérrimo por la necesidad de mantener al ejército y tenerlo contento, de modo de perpetuar en el poder a la clase dominante. El presupuesto nacional de Bolivia, y del cual no le tocaba nada al campesino, se generaba en gran parte del tributo extraído al mismo pobre comunario, quien carecía del derecho a opinar, aunque era el único que pagaba impuestos, además de ser el principal productor cultivando la tierra y laborando las minas gratuitamente, además de servir como esclavo en las haciendas terratenientes sin recibir ningún salario, mientras los chilenos aprovechaban nuestra riqueza sin impedimento, ante la negligencia de la oligarquía gobernante boliviana que contemplaba de palco el despojo. Toda la nación boliviana vivía del tributo de las familias “indias”, mientras los chilenos invadían nuestro litoral y usurpaban impunemente nuestros recursos exportándolos a Europa y EEUU con lo que llenaban el 85% de su presupuesto estatal.
Los chilenos, además de enclaustrarnos, también se han anexado territorios sin justo título ( basta consultar el libro ‘El tratado de 1904 : la gran estafa’ de Rodolfo Becerra de la Roca y la tesis de ingreso a la Academia Boliviana de la Historia ‘El tratado de 1904 con Chile’, de Manuel Frontaura Argandoña).
El Dr. Becerra indica que « mediante el Tratado de Ancón, el Perú al ceder perpetuamente a Chile la provincia litoral de Tarapacá, claramente señala el límite ancestral oriental con la República de Bolivia. Entonces, ¿por qué Chile al imponer militarmente a Bolivia el Tratado de 1904, no respetó este lindero y se internó en territorios bolivianos que en ningún instrumento fueron objeto de cesión o transferencia a su favor? ¿Por qué Bolivia permitió esta alteración de límites? Son territorios y ríos, como el total de la longitud del Lauca, CON SUS NACIENTES, que legítima y jurídicamente ingresan en el derecho de reivindicación; y, sin embargo de todos estos despojos perpetrados ¡Chile se permite arrostrar que no cede, ni regala ni un centímetro de “su” territorio! ¡Existe un paralelo entre esta postura y la de un ladrón que escupe a su víctima que lo que le robó no puede devolverle ni transferirle bajo ningún título! .
El Tratado de 1904 es injusto porque ha sido impuesto después de una invasión militar de conquista, ávida de expansiones territoriales, y afecta vitalmente al pueblo boliviano al haberlo enclaustrado geográficamente, atropellando sus derechos obligándolo a vivir sin sus ancestrales puertos de acceso soberano al mar, perjudicando de ese modo su progreso.
Chile ha obtenido nuestra riqueza mediante el despojo y la ley filibustera de que la agresión y la victoria da derechos, y los bolivianos seguimos embaucados con la fraseología de la confianza mutua y esperando la limosna de la “cualidad marítima” que el soberbio agresor tenga a bien concedernos en una negociación por un corredor inservible sin puerto al norte de Arica. »
Bolivia debe proceder a buscar aliados en su justa demanda, ya que cualquier negociación con Chile siempre será un fracaso, porque debemos darnos cuenta que el trato bilateral NUNCA ha encontrado ni la más remota intención de reparación por parte de Chile al daño causado con su asalto invasor. Sin embargo, como de costumbre, se manifiesta la deficiente e ingenua diplomacia boliviana, al escuchar al desubicado exministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, quien expresó que “En el caso de Bolivia y Chile tenemos que resolver nuestros problemas sin acogernos, sin buscar un protector imperial, tenemos que ser capaces de resolver entre los pueblos, sin buscar a alguien que nos proteja, a alguien que nos de una fuerza externa, a alguien que proyecte una señal de poder, de fuerza” .
En cambio, el exministro de defensa de Chile, Jaime Ravinet, ha declarado : “Lo más conveniente para Chile es retirarnos de este juicio en La Haya, que no tiene sentido ya que aunque el fallo final sea favorable a Bolivia y La Haya diga que estamos obligados a negociar un acceso soberano, nosotros no lo vamos a acatar porque el pueblo chileno no quiere ni tiene la intención de devolverle soberanía a Bolivia. Si quieren mar que vengan a buscarlo, aquí los esperamos” .
Asimismo, Juan Sebastián Piñera Echenique, Presidente de Chile, ha hecho conocer su mayor descaro al mentir diciendo de que entre Bolivia y Chile no existe ningún tema pendiente, según él.
La oligarquía chilena desea terminar con los reclamos, dándonos un plato de lentejas, y esta vez con la ayuda de los jueces de la Corte de La Haya, quienes seguramente van a fallar que ambos países negocien un corredor al norte de Arica, sin puerto, y con la ingenua aquiescencia de los incautos negociadores bolivianos, ó, de repente, nos van a sorprender con un “fallo” favorable a Chile.
La actual demanda marítima ante la Haya, se basa en compromisos y ofrecimientos unilaterales de Chile. Pero, habida cuenta de lo debido por el usurpador, tenemos fundamentos de mucha fuerza para plantear una negociación que persiga la reparación de tanto latrocinio. Lo robado no se puede convertir en soberanía intangible. Las apropiaciones chilenas han sido completamente gratuitas, aprovechando la traición de tantos coludados con la oligarquía chilena.

Recordemos las palabras de Gaby de la Reza :“Asi como la firmeza de nuestras eternas montañas, jamás renunciaremos a nuestro derecho sobre nuestro mar cautivo”. No hay que olvidar que una de la potencias que siempre ha apoyado a Bolivia en su demanda para desenclaustrarse, ha sido EE.UU. En 1926, el gobierno de dicho país obligó a Chile a salir de Lima, donde estaban cometiendo atrocidades, y retroceder hasta Tacna, y les pidió que entregaran los territorios de Tacna y Arica a Bolivia. En un primer momento, Chile estaba dispuesto a obedecer, pero saltó ladrando el perro del hortelano, Perú, y negoció un tratado con Chile, el mismo que sigue vigente, y en 1929 firmaron entre los dos, que Tacna se queda con Perú y Arica se queda con Chile. Entonces, obligaron los chilenos a Bolivia a firmar el nefasto tratado de 1904, donde la victima se ha quedado sin puertos, mientras que los chilenos tienen 100, y los peruanos 50.

Chile preparó de muy antiguo la tan ansiada conquista, y nos sorprendió con la invasión al puerto de Antofagasta el 14 de febrero de 1879. Un año antes, Bolivia acababa de sufrir de la más grande sequía que recuerda la historia boliviana. El país se vió en situación de hambre, y los campesinos, esclavos de la oligarquía, sometidos además al bárbaro tributo indigenal, desesperados, invadían las ciudades en búsqueda de alimentos. A este drama se sumó la peste que asotó a la población; por centenares se recogían los cadáveres en las calles. En esas terribles condiciones, Bolivia tuvo que enfrentar al invasor.
Es urgente que el pueblo boliviano se dé cuenta que la diplomacia de los gobiernos bolivianos, herederos de la sombra siniestra de Melgarejo, es una verdadera desgracia nacional. En este aspecto, siempre se ha demostrado la chilenofilia de dicha diplomacia, y, por el contrario, la astucia descarada y abusiva de los mapochinos. Basta dar un solo ejemplo : en el tren de Charaña, la desfachatez de Pinochet se atrevió a burlarse de Bánzer, al espetarle en su propia cara las palabras
General, si esta negociación llega a buen término, a Ud. lo colgarán y a mi me harán un monumento En otras palabras, le estaba diciendo <eres un burro, ya que el callejón que pides no les sirve para nada a Uds., y nosotros, a cambio, les vamos a usurpar, con vuestra venia, más territorio, además de trancar para siempre cualquier nuevo reclamo por el Litoral robado>.
Leamos ahora, lo que ha sentenciado el ilustre patriota boliviano Dr. Juan Albarracin Millán, antes de que el gobierno presentara la demanda a la CIJ, Corte Internacional de Justicia :

Chile y la “salida” de Bolivia al mar
Juan Albarracin Millán

Abraham Köenig, mentor del ultimátum de guerra que le fue entregado al canciller de Bolivia, Eliodoro Villazón, emplazó al gobierno liberal de José Manuel Pando a entregarle el mar boliviano mediante un tratado a suscribirse, ó sino enfrentar, en caso de resistencia, la reanudación de la guerra. En respuesta a este ucase, el canciller Villazón por toda aceptación le pedía a Köenig, inconcebiblemente, reservarle en el tratado a firmarse un puerto de salida al mar como única condición de la aceptación boliviana del ultimátum. Explicándole al Gobierno boliviano la imposibilidad de atender a Bolivia en su petición de reservarle un puerto en el norte de Chile, Köenig le hizo conocer al canciller Villazón su excusa con esta disculpa: “Al norte de Arica no hay puerto, ni siquiera una caleta mediana; desde Arica hasta Sama la costa es brava y casi inabordable”. “Al norte de Arica la vista se pierde siguiendo las sinuosidades de una costa inhospitalaria”. “....en conclusión, se impone la fuerza, Chile no acepta la cesión”.
El expresidente Piñera conocía dicho antecedente, tal vez lo olvidó muy a propósito para reincidir en la misma postura de Köenig, al declarar recientemente que su opinión es negociar con Bolivia sobre la base de una “salida” al mar por el norte de Chile, sobre la frontera del Perú. Maliciosamente o no, al adelantar una propuesta de solución al pedido boliviano de obtener una salida al mar, ha incurrido nuevamente en burla contra los justos derechos que tenemos para recuperar soberanía marítima. Ofrecerle a Bolivia una “faja territorial” de 10 kilómetros de ancho, en una región inhóspita, “falto de seguridad y abrigo”, no constituye un principio serio de entendimiento sino de consumación de una humillación a la dignidad boliviana. Una estrecha franja de territorio situada entre las extensas costas de Chile y Perú, no toca ni por asomo al desenclaustramiento de Bolivia, que es la esencia del arreglo pedido.

Al contrario, la negación a dicho arreglo empeorará la situación precaria de Bolivia, ilimitadamente, hasta llegar a un punto histórico de inanición nacional, porque Chile está trabajando para llegar a ese momento. El error de Bolivia es sentirse desamparada por la comunidad de naciones y la ley internacional, y soñar con llegar a un acuerdo a nivel político con Chile, de Estado a Estado, sabiendo que este país agresor nos está sumiendo con su dominio implacable bajo el despotismo de un régimen colonial, cuando el problema del “tratado de 1904” es una cuestión esencialmente jurídica y de dominación. Chile ha invadido el territorio nacional con su ejército y se ha apoderado del mar por la fuerza.

El “Tratado chileno de dominio” es la imagen exacta de los fines perseguidos por la invasión y la guerra, la imposición de su dominio político y la implantación de feroces castigos como el enclaustramiento que reduce nuestro status a una situación de paria internacional.

Pero Chile no ha de festejar para siempre su victoria actual sobre Bolivia. A la luz de la historia real, el país vecino no ha adquirido ningún derecho definitivo de propiedad del mar con el “tratado”. Conoce la comunidad internacional de naciones que Bolivia nunca le ha transferido a Chile sus legítimos derechos al mar y nunca ha renunciado a su soberanía marítima.

El agresor, empecinado, no quiere entender que con el “Tratado de dominio” no puede en derecho obtener de Bolivia ninguna cesión territorial o transferencia de derechos de propiedad del mar boliviano.

Para resolver esta situación anómala creada por Chile, se pretende sustituir el “derecho” por el “dominio” de las armas; pero, existe el derecho civil internacional y la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Hasta ahora, Bolivia no ha recurrido a la justicia internacional, pero debe hacerlo y obligar a Chile a respetar el orden internacional vigente entre los Estados democráticos y un procedimiento civil que norme, legalmente, las relaciones entre los Estados, conforme a derecho, para no fiarse de los “acercamientos” rapaces y de las mentidas “confianzas mutuas” aparentes.
A más de un siglo de las patrañas ya conocidas, como son los falsos “diálogos”, se sigue sonsacando los derechos de Bolivia debilitados por el Tratado de Guerra.

Después de haberse firmado el “Tratado de Paz y Amistad”, Bolivia no ha dejado de ser víctima de más despojos y agresiones, instigados por las triquiñuelas del “tratado” opresor chileno. Hoy continúan las asechanzas geopolíticas sobre las materias primas bolivianas inventariadas por Chile en la agenda sin exclusiones del año 2006, como gas, agua, petróleo, minerales, territorio amazónico, etc., como se ve en la agenda de la penetración expansionista chilena sobre las riquezas naturales de la nación boliviana.
La “salida” de Bolivia de su actual prisión, al mar, por una inhóspita “faja” de territorio a trabajarse en el norte chileno, nunca dejaría de ser otra cosa que una ventana de salida a un mar ajeno y a una costa “inhospitalaria”, convirtiendo a Bolivia en tierra interior de Chile. ¿Qué haría Bolivia con una costa de 10 Km. de ancho en una región “bravía, feroz, indómita, salvaje”? Bolivia acabaría sus últimos días de aislamiento en un lugar de confinamiento en la región costera desértica de Chile, país que, por amarga ironía, ha sido dotado por Bolivia de varias carreteras dirigidas hacia los puertos que nos ha usurpado, de dos ferrocarriles al servicio de sus intereses y de un paraíso del masivo negocio negro moviéndose en gigantescas caravanas hacia los puertos secos del contrabando.

Bolivia, en el siglo anterior, como muestra la historia, ha sido derrotada por una invasión largamente preparada para rendirla, y ha sido sometida a un régimen de dominio colonial por la traición del Partido Liberal que aceptó el “tratado” chileno.
Sin embargo de tan infaustas catástrofes sufridas, Bolivia se mantiene hoy en pie, altiva, a pesar de tener amputado el Departamento del Litoral y usurpado el mar invadido, sus ríos y manantiales despojados, privada de soberanía marítima, enclaustrada por el dominio absoluto y perpetuo del “tratado” chileno, impuesto a perpetuidad, sometida su economía a un régimen tributario y esquilmada por el incumplido libre tránsito.
Esa “salida” de Bolivia de su cautiverio actual al mar universal, por un corredor, sería permitida por Chile sólo para exportar minerales.
Esta receta prescrita por el presidente Piñera a la nación, retrotraería a Bolivia al antiguo status de colonia española y a la minería de enclave de Potosí para trasplantarla en nuestros días al país, en aplicación del dominio chileno. Este es el destino de Bolivia por el que trabajan los Gobiernos de Chile, cuando para asombro de todos los pueblos, en forma abierta se niega a devolver un puerto soberano a Bolivia al mar, en ejercicio de un dominio que no puede ser más que colonial, implantado sobre Bolivia con el “tratado” de 1904, rotulado por Ismael Montes y Germán Riesco, presidentes de Bolivia y Chile, con el membrete humorístico de un tratado de “paz y amistad” inexistentes.

Veamos, enseguida, las conclusiones a las que se ha llegado, después de este nefasto y parcializado RECHAZO de la CIJ :
 


ANTES DEL CACAREADO FALLO DE LA CIJ-CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA

DESPUÉS DEL NEFASTO RECHAZO DE LA CII-CORTE INTERNACIONAL DE INJUSTICIA

Es la misma Corte CIJ SOLAMENTE, LA CULPABLE DE LA DERROTA EN LA HAYA : Se ha parcializado, a favor de Chile.
Y es condenable que el gobierno boliviano se haya limpiado la boca antes de comer, con sus alharacas.

RECOMENDACIÓN FINAL : Bolivia no debe reanudar relaciones diplomáticas con Chile. Los futuros reclamos y negociaciones deben ser hechas en forma multilateral, asesorados por gente preparada e idónea, y con el intermedio de los organismos internacionales, asi como potencias amigas, quienes no solamente se deben limitar a hacer llamados y recomendaciones, imitando a la CIJ, sino que deben presionar efectivamente a Chile a moralmente enmendar y resolver la injusticia que persiste y que ha sido provocada por su invasión militar y consiguiente usurpación del Departamento del Litoral de Bolivia.
Aquí tal vez se puede conjeturar que la Corte no ha querido, con su rechazo, levantar un avispero mundial, ya que existen muchos países que podrían también presentar demandas y reclamos, basados en compromisos, ofrecimientos y declaraciones de sus demandados. De todos modos, la bilateralidad no funciona ni nunca ha funcionado con Chile, porque es un país que nunca nos ha escuchado, y su meta es mantenernos siempre débiles, porque tiene miedo que nos fortalezcamos y les llamemos a rendir cuentas de su agresión de 1879. En cambio, siempre nos siguen agrediendo, esta vez al desviar los ríos Lauca y el Silala, espetándonos que el caso se ha cerrado con el tratado de 1904, y restringiéndonos el libre tránsito por los puertos usurpados.

Antes de la invasión a Antofagasta y de la Guerra del Pacífico, hacia 1876, la economía chilena era paupérrima, casi miserable, según el informe Chile and Peru: The London Bond Market 1876-1880. Tenía una deuda externa que superaba los 3.9 millones de libras esterlinas, que se triplicó a 9.5 millones para finales de 1878, Chile estaba obligado a impulsar el ‘negocio de la guerra’. Asfixiados por acreedores ingleses y la crisis, decenas de empresarios europeos migraron a zonas peruano-bolivianas, ricas en minerales (Fuente: Recuele des Sentences Arbitrales-The Alsop Chaim, Chile vs Usa, July 5, 1911). La migración de capitales desde Europa hacia Bolivia y Perú, sembró terror en la oligarquía chilena, que además sufría en su intento de conquistar tierras mapuches. (Fuente: Ministerio de Hacienda y Ministerios de Guerra de Chile, 1876-1892-The Alsop Claim, Pág. 345-360).
Aquí, es necesario hacer notar que los chilenos no se habían dado cuenta de que su propio territorio, desde el estrecho de Magallanes, hasta el río Salado, estaba y sigue plagado de ORO, siendo sus yacimientos tan importantes como los de Sudáfrica ó California.

La Corte Internacional de Justicia es el órgano judicial principal de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y desempeña una doble misión: el arreglo conforme al Derecho Internacional de controversias que le sean sometidas por los Estados, y la emisión de dictámenes sobre cuestiones jurídicas que le sometan los órganos u organismos de Naciones Unidas que hayan sido autorizados al respecto. El 1 de Octubre 2018, La CIJ se ha limitado a considerar la geopolítica mundial, y la no contundencia de los documentos alegatorios bolivianos, donde, según la Corte, Chile se ofreció, pero no se obligó a solucionar el enclaustramiento. En ese aspecto, los Jueces no han cumplido su rol principal de hacer justicia, y meramente han hecho una interpretación jurídica de textos. En ello, se han contradicho olímpicamente con su propio primer fallo, cuando rechazaron su supuesta incompetencia que alegaba Chile, y en el cual estos mismos Jueces reconocieron tres cosas : uno, que Bolivia nació y siempre tuvo sus puertos al mar; dos, los cuales han sido usurpados por Chile; y tres, que el tratado de 1904 no ha resuelto el problema del enclaustramiento.
Aquí debemos notar que, en ese primer fallo, la Corte dió al traste con la falsa historia colonial que se han inventado los pseudohistoriadores chilenos, quienes engañan al mundo y a su propio pueblo chileno con el cuento de que los libertadores Simón Bolivar y José Antonio de Sucre usurparon el litoral chileno para entregárselo a Bolivia en 1825.
Debido a esta contingencia adversa en La Haya, los bolivianos, sin renunciar a la recuperación de nuestra cualidad marítima soberana sobre el Pacífico- debemos mirar no sólo a Ilo en Perú, sino a la salida soberana hacia el Atlántico por la Hidrovía Paraguay-Paraná. Tenemos tres puertos allí -Gravetal, Aguirre y Jennefer, este último certificado ya como Puerto Internacional. ¿Por qué no acabar de construir Puerto Busch, para así no depender de terceros?. Asimismo, ya debíamos haber materializado el ferrocarril Motacucito – Mutún – Puerto Busch. Dado que un 75% de la carga marítima del país depende de los puertos chilenos para su salida a ultramar o importación hacia Bolivia, hay que buscar alternativas urgentes, máxime si -según un estudio de CAINCO- entre el 2013 y 2017 los operadores económicos bolivianos sufrieron daños por más de 300 millones de dólares por causa de más de 60 paros en aquellos puertos.
Igualmente, existen ventajas de una salida por el puerto de Montevideo, en el cual Bolivia tiene otorgada desde hace años una zona de carga sin costo para sus productos.

Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez

Leamos algunas repercusiones que ha generado el parcializado fallo de La Haya, en la ciudad de La Paz, Bolivia
Rolando Prudencio Briancon indica :
¿ Puede el Tribunal de Justicia dar la razón a quien invadió militarmente, violó la paz y robó ?

No nos vayamos tanto al fallo, como a la naturaleza, la razón de ser que tiene la Corte Internacional de La Haya (llamado también Tribunal de Paz), pues nos estaríamos yendo por las ramas y no por el tronco de un árbol enfermo, ya que después del fallo emitido el día de ayer a favor de Chile, en el litigio planteado por el Estado boliviano para que “honre” los compromisos asumidos de otorgar una salida soberana al Pacífico; el máximo tribunal de justicia no ha hecho más que actuar de acuerdo a la crisis estructural en el que se encuentra el Sistema Internacional de Justicia.
Y no me refiero sólo al fallo que ha emitido ayer la Corte el que ha dado la “razón” a quien ha estado anecdóticamente amenazando a su demandante -quien recurrió ante La Haya-que en caso de ser contrario el fallo, usaría todas las la fuerzas del mundo para no cumplir la existencia de una obligación de conceder un acceso soberano. Vale decir que la Corte se puso en favor del agresor como es Chile; y en contra de quien en todo caso fue víctima de una agresión y robo de sus territorios como es Bolivia; y que aún sigue sometida a un sempiterno enclaustramiento que le ha privado por más de 139 años acceder al mar.
Decía que no nos vayamos tanto a las ramas (el fallo), como al tronco (crisis estructural del Sistema Internacional de Justicia), para entender que las dimensiones de esta crisis están tan envilecidamente vigentes que ante violaciones de los derechos humanos tan flagrantes, no ha logrado por ejemplo llevar al banquillo de los acusados a genocidas como George Bush, hijo, quien después de admitir que la acusación sobre la existencia de “Armas de Destrucción Masiva” contra Irak, el 2003 y que cobró la vida de más de ¡1 millón de personas!, “admitió”eufemísticamente que fue una“equivocación”, pero por la que hasta el día de hoy no hay poder alguno que lo lleve ante el banquillo de los acusados. Es más, la crisis de la inversión de valores es tal, que George Bush fue distinguido el 2011 en el salón oval de la Casa Blanca, a tiempo de presentar su libro sobre la invasión a Irak: “Decision Points”.
No es el único caso en el que la Corte Internacional mira para el otro lado, ante crímenes que habiendo cometido los “poderosos” de siempre; quienes en vez de que respondan por sus genocidas actos, estos se han solazado socarronamente. Vale decir que la Corte Internacionales tan complaciente ante ésta inversión de valores,que a lo que teatralmente apela es a los tecnicismos,como lo hizo con la demanda planteada por Bolivia para dictar su fallo.
No quisiera especular sobre la reunión que mantuvieron dos días antes del fallo, Trump (el poderoso presidente de EE.UU., ante quienes la Corte se hace al de la vista gorda), y Piñera (beneficiario del fallo), para suponer que influyera en la Corte, pero lo que sí es incontrastable es que ¡inauditamente!, en vez de que el fallo de alguna manera repare una agresión y latrocinio cometido por Chile lo que hace es premiar al agresor y al ladrón, y dejar a la víctima en la indefensión.
Me inspiro en el tango cambalache compuesto por Enrique Santos Discepolo para decir que: “La justicia fue y será una porquería, ya lo sé…en el quinientos seis y en el dos mil también…

Un ladrón ¿por qué no podría sobornar al árbitro?
Rolando Prudencio Briancon

De un ladrón, de un ratero que alevosamente se apropia de lo ajeno, se puede esperar lo peor. Es más, quien vive de lo ajeno es porque tiene la condición de un parásito, que no tiene escrúpulos de apropiarse de lo ajeno; aún a costa de agredir a quien pueda, con tal de salirse con su gusto.
Esa es la radiografía de la calidad de rateros que han sido las oligarquías -no sus pueblos- chilenas que hace más de 130 años, valiéndose del apoyo de los ingleses invadieron territorio boliviano para apropiarse de nuestras costas y territorio del litoral.
Pero los gobernantes chilenos no sólo que se apropiaron de nuestro territorio en una alevosa agresión, sino que ejercieron sobre el Estado boliviano un artero acoso para obligar a que acepte un ignominioso tratado que por la dependencia de nuestro libre tránsito; ha hecho además que los bolivianos lo suscribamos, pero además que sufraguemos el costo de la subsistencia de las poblaciones anexadas, en base a un interdependiente intercambio comercial; tan necesario para nosotros como para los pobladores de las provincias del norte chileno.
Ésta ruin condición de quienes han robado, y vivido a costa del trabajo ajeno, no puede sino entrañar que cuando deban dar cuenta por sus actos, sobre lo que no podrán éticamente justificarse nunca, a lo que recurren arteramente es a poner de su lado al árbitro, al juez quien será quien deberá juzgar los actos de quien rompió las reglas de convivencia, como el respeto de lo ajeno.
“Para cada roto -sin agraviar a los chilenos- hay un descocido”,reza un viejo dicho, y en el caso de los jueces de La Haya, al parecer no sé si realmente han sido comprados, sobornados, o qué por la parte demandada, pero que el fallo del día de ayer ha dejado la sensación que ha habido un vuelco de 180 grados en la consideración de las pruebas, como son los compromisos del Estado chileno asumió como ley entre partes, en base a la infinidad de documentos en los la fe del Estado chileno estuvo en juego; es una verdad incontrastable.
Vale decir son varios los datos que hacen dudar del porqué, para la Corte en primer lugar los compromisos asumidos como ESTADO por parte Chile se constituyen de golpe en simples cartas de buenas intenciones. O porque -algo que personalmente me despierta sospecha- se dio lectura de la sentencia sin entrar a considerar, valorar las pruebas como tales -que demostraban la validez demanda como tal, y directamente se pasó a la parte considerativa y resolutiva, que abstracta y anecdóticamente concluye que no ha quedado demostrada la obligación de negociar.
En fin, son varios los argumentos que dan lugar a pensar que la Corte le hizo el juego al delincuencial currículo de los gobernantes chilenos; por lo que hoy la lucha -no podemos llorar sobre la leche derramada- no sólo será por seguir insistiendo en nuestro acceso al mar, sino que será también una lucha porque las injusticias que cometen quienes a nombre de la Justicia debería defender la legalidad, nunca sean sobornables.
Como decía el Che, será una lucha contra quienes cometan injusticias contra quien sea, en cualquier parte del mundo.

Sin haber siquiera regresado al mar, y las ratas ya están saltando del barco

Rolando Prudencio Briancon
Llegó la hora de saber cuán valientes somos para asumir los resultados de algo en lo que nos embarcamos ¡todos los bolivianos!, sin cálculo, ni miedo -supongo- alguno. Llegó la hora de por lo menos tener el coraje de decir: ¿Rendirnos? ¡Que se rinda su abuela carajo!
Tanto ensalzamos el coraje de nuestro héroe nacional Eduardo Abaroa, que hoy sin que medie un pinche tiro siquiera, y ya estamos orinándonos de miedo por lo que vendrá. Pero además, buscando culpables para descargar nuestra frustración.
Retomando la valentía de Eduardo Abaroa, tengan por seguro que a los primero que les hubiera llenado de plomo (fusilado), por ser unos consumados cobardes, es a quienes hoy buscan un chivo expiatorio por no tener el valor de asimilar el fallo.
Ahí están los cobardes analistas de: Ricardo Paz, Julio Alvarado, Ricardo Calla, Víctor Hugo Cárdenas, Jaime Paz quien saltó mucho antes del barco, o el sidático de Gualberto Cusi, quien ya se desbocado pidiendo el “colgamiento” del presidente Evo Morales, como ha publicado el periódico El Día de Santa Cruz; y toda la corte de cobardones, que nunca tuvieron el valor de hacer lo que hizo el presidente.
Lo más irónico e indignante a la vez es que nuestra causa marítima sea indignamente instrumentalizada por quienes quieren quitarse electoralmente de encima a Evo, sin haber tenido el valor -era de esperarse- ni de enjuiciar a Chile -Jaime Paz, Cárdenas y todos los demás- ni derrotarlo en las urnas a Evo Morales, por lo que ahora están intrigantemente indicando que el culpable es Evo Morales, como Ricardo Paz y Ricardo Calla, quienes a su turno han escrito: De héroe a villano o que: Renuncie, en sendos artículos en chilenófilo periódico página Siete, que insidiosamente ha titulado: “Evo desata su furia contra la CIJ y anuncia una queja ante la NN.UU”. Vale decir que a estas alturas ya podría tratarse de una cruzada de estos cobardes contra el presidente Evo Morales
Y es que estos son los típicos políticos de coctel de la Democracia Pactada, que se llevaban bien con los gobiernos de La Moneda, porque de acuerdo a su ruin espíritu podrían vender a su madre por unas cuantas monedas. Jamás han tenido la convicción de retornar al mar, ya que usaban ésta causa para hacerse del poder; ya sea cruzando ríos de sangre, o siendo el Felipillo de gobernantes agringados, o como en el caso de los “analistas”, siendo sus serviles segundones.
Tal vez lo único favorable del fallo de La Haya en nuestra demanda marítima es que está mostrándonos quienes son las ratas que están saltando del barco antes de seguir dando peleas; pero en enhorabuena pues nuestra causa no está hecha a la medida de los maricas.

Saber perder con dignidad : el otro enclaustramiento ético del pillo de Piñera


Rolando Prudencio Briancon
Por más que la Corte de La Haya, haya -valga la redundancia- fallado en contra nuestra; por más que Chile sea militarmente superior a nosotros, o por más que ya no haya otra opción de hacer valer nuestro derecho de regresar al Pacífico; algo que no podemos permitir los bolivianos es que nos enajenen éticamente el espíritu, aceptando que el pillo de Piñera y todo el establishment chileno, todavía pretendan darnos lecciones de ética y moral.
Y es que ni bien se pronunció la Corte de La Haya, fallando a favor del Estado chileno, y su presidente ha salido exigiendo que los bolivianos sepamos “perder con dignidad”, ante lo que ha sido un fallo que legaliza el latrocinio del que fuimos objeto hace más de 130 años atrás.
¿Se imaginan si los bolivianos nos resignáramos ante este requerimiento del pillo de Piñera? Sería como si TODOS -ojo que no ha individualizado esta intimación en la persona del presidente Evo Morales, únicamente, como quiere la derecha boliviana mostrar- los bolivianos, daríamos por bien hecho éste funesto fallo, que nos despojó de nuestra cualidad marítima.
Así que aquellos cobardes connacionales que están recriminando el resultado del fallo, es mejor que renuncien hasta de sus propias raíces, pues lo que el pillo de Piñera pide es que ahora seamos los bolivianos quienes legitimemos el robo, que la Corte de La Haya legalizó con su fallo el día lunes, y además que lo hagamos de buena gana por ser “digno y verdadero”.
Y es que si bien los bolivianos perdimos, lo que no podemos perder hoy es la dignidad y la ética, aceptando sumisamente el fallo que legaliza un latrocinio. Sí, ésa es la razón por la que el presidente Evo cuestionó el fallo y representó un reclamo de inmediato ante la ONU, por lo infelizmente inesperado que fue el rechazo. Es en ese sentido que a estas alturas ya no podemos permitir otro enclaustramiento más, como es ésta vez el ético y moral que pretende imponernos el pillo de Piñera, convalidando lo fallado por la Corte.
 
Sé que puede considerarse el criterio de no aceptar el fallo, como un Derecho -en el sentido jurídico del término- al pataleo el que la Corte ha provocado después dictar su fallo, y que Piñera exige que lo aceptemos por “dignidad”, pues puede hacer uso de la fuerza para ese propósito; pero de que los bolivianos todavía nos hagamos contagiar, o conminar a que aceptemos como algo es enajenar nuestra ética espiritual, algo ante lo que nunca capitularemos.
¿Qué le queda entonces al país después de ésta derrota en La Haya? ¿Ponernos a llorar? ¿Aceptar con “dignidad” como nos exige Piñera? No, nada por el estilo. Lo que nos toca ante éste intento fallido de obligar a que Chile cumpla sus compromisos, como se demandó en La Haya, es que también nos exijamos los bolivianos a la vez a no claudicar por ningún motivo de dar pelea en este nuestro histórico derecho; ya que si logran conseguir ese propósito quienes hoy se han alzado con esa victoria, nos habrán condenado a ser ya no el lamento boliviano, sino un valle de lágrimas para siempre.

Canciller Pary indica que Bolivia no tiene por qué acatar el fallo de la CIJ :
El Ministro de Relaciones Exteriores boliviano explicó que fue el Estado Plurinacional que demandó a Chile ante el Tribunal de las Naciones Unidas; el objetivo era obligarlo a negociar un acceso soberano al océano Pacífico; al ser contrario el veredicto, es Bolivia que no tiene por qué obedecer la sentencia estúpida, mañosa, parcializada con Chile, y que se atreve a recomendar a Bolivia que se acerque a la “buena voluntad de Chile” para dialogar.

Martes 2 de Octubre de 2018 La Paz .-
Tras que el canciller de Chile, Roberto Ampuero, le pidiera tres veces al presidente Evo Morales, acatar el fallo de la Corte Internacional de Injusticia (CIJ) de La Haya, hoy el Ministro de Relaciones Exteriores, Diego Pary, dijo que Bolivia no tiene ninguna obligación jurídica impuesta por la Corte.
Explicó que fue el Estado Plurinacional que demandó a Chile ante el Tribunal de las Naciones Unidas para obligarlo a negociar un acceso soberano al océano Pacífico, y al ser contrario el veredicto, Bolivia no tiene por qué acatar la sentencia.
“En realidad la demanda marítima la presentó Bolivia para que la Corte obligue a Chile a negociar una salida al océano Pacífico; era un pedido para que Chile lo cumpliera. Bolivia no tiene por qué cumplir (acatar) el fallo (...)”, declaró el jefe de la diplomacia boliviana, a radio Panamericana.
Desde Santiago, Ampuero envió tres mensajes a Evo Morales, le dijo: “señor presidente Evo Morales primero acate el fallo de la Corte Internacional de Justicia. Segunda petición señor presidente Evo Morales: acate el fallo de la máxima instancia de justicia internacional. Y el tercer mensaje, es lo mismo: acate el fallo". Todo el mundo no atina a entender a qué se refiere el ignorante canciller chileno, con su amenaza a Bolivia. Parece que cree que los bolivianos son unos retrasados, a los que quiere someter a más dilaciones con “diálogos” insulsos.

“Nosotros no tenemos ninguna obligación impuesta por parte de la Corte, queriamos avanzar en el tema que nos interesa, pero hay que reencaminar las estrategias y el trabajo respecto al tema”, insistió Diego Pary.
Chile reveló que gastó $us 22,9 millones en todo el proceso del litigio marítimo. Consultado sobre cuánto gastó Bolivia en cinco años, el canciller boliviano respondió: “más allá de los gastado, lo que importa es que hemos dado presencia mundial a nuestra demanda histórica”.
El 1 de octubre, la Corte de La Haya dictaminó que Chile no tiene obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al mar, pero sí planteó que, en el ámbito de la buena vecindad entre ambos países, pueden buscar un diálogo para resolver el enclaustramiento de los bolivianos. Parece que a ello se refiere el agresivo canciller chileno, quien no quiere aceptar y reconocer que Chile tiene la obligación moral de enmendar la INJUSTICIA de mantener encerrado a su hermano y vecino Bolivia, al que ha enclaustrado con su agresión militar hace 139 años, robándole sus valiosos recursos naturales, como el cobre, la plata, el molibdeno, el yodo, el salitre y el guano, que han proporcionado el actual bienestar chileno, y de lo cual los gobiernos mapochinos ni siquiera se muestran agradecidos. Al contrario, continúan agrediendo, de múltiples maneras, a su hermano benefactor

Bolivia cree en el derecho internacional y respetará el fallo de la CIJ aunque no lo comparte, indica ahora el voluble Canciller boliviano
El jefe de la diplomacia boliviana, dijo que el camino que asumió Bolivia el 24 de abril el 2013 fue el correcto, pese a que al Tribunal de las Naciones Unidas haya dictaminado lo contrario a las aspiraciones bolivianas.

Miércoles 3 de Octubre de 2018 La Paz.-
El canciller de Bolivia, Diego Pary, sostuvo este miércoles que el Estado Plurinacional de Bolivia es respetuoso del derecho internacional y que, en consecuencia, acatará el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya que el 1 de octubre dictaminó que Chile no tiene la obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al océano Pacífico.
“Bolivia respeta la decisión de la Corte Internacional de Justicia; Bolivia es un país que cree en el derecho internacional, y es en ese marco que Bolivia respeta la decisión de la Corte, aunque no la compartimos”, indicó Pary en declaraciones con este medio.
Pary recordó que el presidente Evo Morales enviará una nota de protesta al presidente de la Corte de La Haya, Abdulqawi Ahmed Yusuf, donde le hará notar las contradicciones que cometió en el fallo.
Explicó que la Corte reconoció que Bolivia nació con 480 kilómetros de Costa en el Pacífico, echando de una vez por tierra las falsedades históricas que se han inventado los seudohistoriadores chilenos, elemento esencial que no fue tomado en cuenta; un segundo elemento que identificó, es que la CIJ evidenció que el Tratado de 1904 no ha sido suficiente para resolver el enclaustramiento marítimo. Un tercero, dijo, es que la Corte, en el párrafo 176 de la sentencia, establece que su decisión no debe entenderse como un candado para que ambos países puedan sentarse otra vez en la mesa del diálogo, más aún cuando son vecinos.
“Nosotros respetamos la decisión de la Corte, sin embargo no nace una obligación jurídica que tengamos que cumplir. Bolivia es el demandante y se ha pedido (a la CIJ) que les obligue a negociar; han decretado que no hay obligación de Chile, pero tampoco hay obligación jurídica de Bolivia para soportar más diálogos insulsos”, resaltó el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia.
Indicó que el término de “invocación”, que está en la sentencia de la Corte, es la fórmula de los Jueces para, todavía, resolver el enclaustramiento marítimo de Bolivia.

Evo Morales enviará protesta ante la ONU por rechazo de la CIJ :
Cree que la Corte ha beneficiado a los invasores, y se mostró visiblemente contrariado y asume toda la responsabilidad. El presidente Evo Morales ofreció su primera conferencia de prensa tras la derrota de Bolivia frente a Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dentro del litigio marítimo.
Anticipó una nota de protesta a la ONU sobre la labor de los tribunos, al considerar que se "parcializaron" emitiendo un veredicto que a su juicio favorece a las "transnacionales" y los "invasores". Leyó algunos párrafos del veredicto y advirtió ciertas contradicciones. "Voy a enviar una carta demostrando las contradicciones y su decisión de no acompañar para que se haga justicia con Bolivia Cómo la Corte puede parcializarse con algún grupo, ustedes saben de dónde viene esta injusticia, de una invasión militar a territorio boliviano" afirmó  el jefe de Estado desde la Casa Grande del Pueblo.
Morales expresó su desazón sobre el accionar de la CIJ.
"
Tal vez entendí mal, quizá tenía un mal concepto de la Corte, pero ahora la conozco Uno conoce con esta clase de resultados", admitió.
Anunció además dos acciones inmediatas: que se potencie el Corredor Bioceánico, para salir al Ócéano Atlántico por el Puerto Santos y al Pacífico por Ilo; y también acelerar las labores para consolidar Puerto Busch. Sin embargo, no se quedó ahí, e instruyó a la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar) hacer "una profunda investigación de los daños económicos después de la invasión chilena primero con el bloqueo de importación y exportación, y también investigar sobre los paros en los puertos chilenos, cuánto daño se ha causado a Bolivia".

"Reconocen en la CIJ que se ha agredido a Bolivia, pero no nos hacen respetar. ¿Para qué es la Corte Internacional de Justicia que ha creado la humanidad? Para hacer cumplir el derecho (...)
La Corte ha fallado, de verdad, se ha equivocado, hasta éso puedo entender" increpó Evo sobre la labor del tribunal Internacional. Preguntó si el Gobierno de Chile acatará o no la invocación a seguir con el diálogo sobre el tema marítimo . "No se ha terminado, si bien la Corte no acompaña, así como acompañaron todos los pueblos del mundo el multilateralismo, personalidades, expresidentes y la misma OEA. Esto va a continuar porque es un pedido clamoroso del pueblo boliviano", aseguró. Y, como para no creer, acatando la tradicional falta de criterio e ingenuidad melgarejista de la diplomacia internacional de Bolivia, el Presidente de los bolivianos ha caído en la trampa y acaba de enviar la siguiente nota al gobierno de Chile



Expertos ven que la CIJ tomó una posición principista y conservadora Los Tiempos

Ni los asesores y expresidentes más optimistas de Chile previeron una victoria tan contundente. La Corte de La Haya desechó todos los argumentos bolivianos y estableció que Santiago no tiene ninguna obligación jurídica de negociar un acceso al mar. En adelante, el escenario boliviano se complejiza y, además de buscar otras “vías” para la aspiración boliviana al mar, analistas jurídicos y políticos aseguran que este “durísimo golpe” tendrá efectos porque se debe analizar las razones que llevaron al fracaso y, por tanto, a los responsables de la caída.
Los expertos en derecho internacional Oscar Alba y Sergio Castro desentrañaron el fallo y vieron las perspectivas, mientras los abogados constitucionalistas Carlos Borth y William Bascopé hicieron el balance político y las opciones hacia adelante.

Razones del fallo
El especialista Óscar Alba explicó que la CIJ desechó el argumento boliviano porque los jueces toman posición y se alejan de pretensiones, hechos, actos, inferencias e inclusive de normas o reglas, cuando asumen algún principio de conocimiento que consideran importante para la preservación de su concepción del orden público al que representan, esto quiere decir que defienden el “orden geopolítico”, desde los pactos o tratados existentes o vigentes.
Los jueces “temen que el cambio de regla afecte los intereses que ellos consideran importantes en el régimen jurídico y de dispositivos del que son tributarios (…) pueden percibir que el cambio de reglas (como tener un fallo que obliga a negociar) pueden traer muchas solicitudes de revisión del orden establecido”, aseveró, a tiempo de mencionar que la decisión de la CIJ fue tomada desde una posición principista y conservadora.
Por su parte, el experto Sergio Castro explicó que, cuando se construyó la estrategia de la demanda, en 2012, se hizo en base a que la otra opción, la de denunciar el Tratado de 1904, era inviable por razones jurídicas, ya que el Pacto de Bogotá se constituía en un límite para esa competencia. El planteamiento original hecho por Ramiro Orías, basado en actos unilaterales, y trabajado por un equipo internacional liderado por Remiro Brotóns, fue ejecutado por el Estado boliviano, y si bien tenía una base doctrinal, planteaba también una nueva doctrina para el derecho internacional, lo que llevó a los jueces a buscar una decisión para mantener el “status quo” y no optar por una decisión creativa.
“La pretensión boliviana, si bien era solvente, era intrépida, atrevida, novedosa y conflictiva. Por tanto, las relaciones de los jueces con las instituciones no siempre son académicas precisamente y a veces están permeadas por el poder, y el poder en el derecho internacional es precisamente este ‘status quo’”, explicó.
En este sentido, dijo que a la luz de estos antecedentes y viendo el fallo de ayer, resulta natural pensar que la CIJ se haya mostrado conservadora al momento de emitir la sentencia.

Buscar a los responsables.-
Por otra parte, el jurista William Bascopé dijo que el fallo “debe ser uno de los tragos más amargos” para Bolivia y propuso tres acciones hacia adelante.
Primero, ver otros puertos alternos para Bolivia, “es decir hay que apuntar a Puerto Busch, a Ilo y otros puertos que tendríamos la oportunidad integrándonos con Perú, con Chile, Argentina y Paraguay”.
Segundo, “tenemos que repensar nuestras relaciones internacionales, porque no nos ha servido de nada los que nos están acompañando de la mano”, en relación a la posición del Gobierno con Venezuela.
Y, tercero, ver la posibilidad de demandar el Tratado de 1904 y las islas e los islotes porque no se ha respetado el libre tránsito que ha comprometido de nuestra carga y nuestro comercio.
Por su parte, el legista Carlos Borth aseguró que el fallo “es una lamentable y pésima acción jurisdiccional y diplomática del Gobierno” y que se hizo un trabajo jurídico “sin los debidos fundamentos, sin estudiar adecuadamente, sin preparar claramente líneas argumentativas”.
En este sentido, aseveró que el Gobierno no tiene previsto una línea de acción ante semejante revés y que “nos enfrentamos a las consecuencias políticas internas de este acto fallido, de este fracaso ante la CIJ y de sus terribles consecuencias: cinco años de un manejo publicitario con constantes agresiones verbales a las autoridades chilenas”.

3 jueces votaron por Bolivia.- Tres jueces de la CIJ, Patrick Robinson (Jamaica), Nawaf Salam (Libia) e Yves Daudet (Francia, ad hoc por Bolivia), votaron a favor de los argumentos bolivianos, pero no pudieron hacer nada frente a 12 que optaron por dar la razón a Chile, reportó Erbol.
El jurista jamaiquino afirmó que el Memorando de Trucco y el proceso de Charaña, de los años 70, dan lugar a una obligación legal por parte de Chile para negociar acceso soberano para Bolivia. El juez agregó que la obligación de Chile todavía existe hoy.
El juez libio señaló que los hechos que siguieron del intercambio de Notas de 1950, y en particular, el Memorando Trucco, la Declaración de Charaña, la carta de 18 de enero de 1978 y la participación de Chile en rondas posteriores de negociaciones constituyen un conjunto de acciones de las cuales se puede deducir razonablemente que Chile tiene la obligación de negociar.
Por su parte, para el francés Daudet, no sólo las Notas de 1950 eran argumento para sustentar la obligación, sino también el Acta Protocolizada de 1920 y el proceso de Charaña son fundamentos que comprueban la posición boliviana. Para el francés, los jueces que votaron a favor de Chile no tomaron en cuenta “el efecto acumulativo de los sucesivos elementos invocados por Bolivia”.

CARLOS BORTH: “EVO YA NO ES INTERLOCUTOR

Para el legista Carlos Borth, es altamente probable que Chile se tome todo el tiempo que le parezca para aceptar una nueva mesa de diálogo o convenir otra vía para arreglar el conflicto que está pendiente con Bolivia, porque está pendiente el conflicto pero el fallo le dio toda la razón sobre la obligación de negociar.
“Está clarísimo que Evo Morales no es el interlocutor válido ni para Chile ni para la comunidad internacional, ya no es el interlocutor para conducir este tema. Evo Morales debe dejar el Gobierno en el país para que sea otro equipo de gobernantes que reponga esto, que se diseñen nuevas vías, nuevas mesas para intentar resolver”, dijo.

ES UNA DERROTA TOTAL Y DIFÍCIL”
Los analistas Gonzalo Chávez y Franklin Pareja consideraron que el veredicto de la Corte Internacional de Justicia de La Haya fue una “derrota total y dura” para Bolivia, reportó la ANF.
“Hoy es un día desolador para el país y el Estado (…) porque la derrota ha sido total”, dijo Pareja. “Tenemos que aceptar que ha sido una derrota dura y difícil, que va a tener consecuencias políticas en la búsqueda de responsables”, agregó Chávez.
Sin embargo, también coincidieron en que es el momento oportuno para pensar en nuevas estrategias de desarrollo económico para el país, que no dependan exclusivamente de un acceso al mar.

¿QUÉ OPCIONES TIENE AHORA BOLIVIA TRAS EL FALLO?
El jurista Sergio Castro explicó que lo serio es analizar las razones de nuestra pérdida y crear una oficina especializada en la Cancillería. Recomendó acciones en lo económico. Castro dijo que se podría ver la alternativa de otros puertos de modo que Chile se vea en la necesidad de aceptar las condiciones del Estado boliviano. Debemos aprender de nuestros errores. No politizar estos temas, primero, y, segundo, no cantar victoria antes de tiempo, aseguró.

JORGE EDGAR ZAMBRANA CRITICA LA POSICIÓN CHILENA
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El presidente de Chile, Sebastián Piñera, respondió al mandatario boliviano, Evo Morales, quien le ha propuesto reiniciar el diálogo. El Jefe de Estado del vecino país dijo que es posible volver a la mesa de negociaciones, bajo ciertas condiciones, entre las cuales pide que Bolivia abandone su ‘absurda’, según él, pretensión de soberanía, y asimismo que no intente demandar la revisión del tratado de 1904.
Se nota inmediatamente la posición troglodita chilena La CIJ, al invocar a ambas partes a seguir dialogando, aunque no haya obligación de Chile a negociar, está reconociendo que el país agresor tiene la obligación moral de desenclaustrar a Bolivia. Por tanto, la parte que tiene que acatar la citada invocación es Chile, pero sin más diálogos insulsos. La Corte ha reconocido que Bolivia nació con mar, el mismo que le fue usurpado por Chile en una invasión militar, y que el tratado de 1904 no ha resuelto el problema del enclaustramiento que sigue pendiente, y por lo tanto el caso NO ESTÁ CERRADO, Sr. Piñera. Bolivia necesita urgentemente un puerto propio, independiente y soberano, y Chile DEBE devolverle esa cualidad, sin exigir a Bolivia ninguna compensación, ni trueque, ya que las enormes riquezas usurpadas han hecho la prosperidad de Chile, bandidesco mendigo, protagonista del robo, enriquecido a puñaladas desde 1879.
En este sentido, las aseveraciones de algún analista catastrofista que pide la reforma de la Constitución Política del Estado boliviano, para eliminar, del artículo 267 inciso II, la palabra SOBERANÍA, son pedidos que ingenuamente caen en la trampa de aceptar el soberano prevaricato de la CIJ, que ha cometido una INJUSTICIA, y nos pueden hacer retroceder a una posición melgarejista.
El tratado de 1904 no ha resuelto el enclaustramiento, que ha sido reconocido, por la Corte, como una INJUSTICIA, y por ello la CIJ aceptó tener competencia para considerar la demanda de Bolivia de obligar a Chile a negociar la solución al enclaustramiento.
Sin embargo, para fallar, la Corte se limitó a mirar solo textos, haciendo abstracción absoluta del contexto del problema pendiente con Chile, y no ha fallado en JUSTICIA, contrariando así sus propios principios.
No obstante, en su sentencia la CIJ ha invocado y recomienda, sin obligar, a las partes a seguir negociando para resolver el enclaustramiento y devolver a los bolivianos su cualidad marítima SOBERANA.
De todos modos, no hay que olvidar que existen otros caminos y otros organismos internacionales para reclamar que Chile se obligue moralmente a resolver el problema de la SOBERANIA, si es que va a seguir sin funcionar la bilateralidad.
El fallo de la Haya no descarta ni deslegitima la demanda histórica, política y ética boliviana de reclamar sus territorios perdidos en una invasión militar. Sino que dice claramente que, considerando la argumentación boliviana, ninguna de las comunicaciones e interacciones mencionadas en el documento de Bolivia implica una “obligación”, de parte del Estado de Chile, de negociar un acceso soberano con el Estado boliviano. Lo que la CIJ ha rechazado es la argumentación de los abogados, nó la demanda boliviana de soberanía en el Pacifico.

Bolivia vs. Chile : La geopolítica del fallo de la Haya
por Rafael Bautista S.
Esta lectura no es geopolítica a secas sino que constituye una aplicación analítico-coyuntural de lo que hemos denominado una “geopolítica de la liberación”. La geopolítica ya no puede ser más patrimonio de los imperios de turno sino que ahora se nos presenta como el ineludible desmontaje des-colonial al sistema de categorías que sustenta la cosmogonía del sistema-mundo moderno y su cosmovisión imperial centro-periferia. Lo que ponemos a consideración es una lectura crítica de lo que ya habíamos indicado el 2013 (https://www.alainet.org/es/active/63317), acorde ahora a la situación en que nos deja el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, CIJ. Porque la crítica no trata de la degeneración que ha adquirido la palabra en el circo mediático, no se trata de emitir juicios y sentencias o calumnias o buscar culpables o iniciar las endechas del lamento boliviano; la crítica sirve para dar razón de los hechos, para poner luz en la incertidumbre y serenidad en el conflicto. No se hace crítica para oponerse sino para restaurar desencuentros. Lo otro es pura criticonería del chisme y la calumnia.

La situación en la que nos deja la CIJ requiere de la evaluación crítica de nuestras propias expectativas y ahora de las opciones que nos quedan (tampoco el triunfalismo chileno les otorga sabiduría, porque fue un triunfo regalado). Porque la cuestión es siempre no ganar sino qué haces con el triunfo o, en el caso contrario, perder significa si la derrota te derrota. Entonces, de lo que se trata, es de mostrar los límites de la sustentación de derecho débil que tenía la posición boliviana ante la CIJ; debida no sólo a un cándido optimismo legalista que es ciego de los supuestos liberales del derecho internacional, sino también a lo que habíamos señalado (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=164053) como la ausencia imperdonable de lectura geopolítica en la demanda de reivindicación marítima.

Vayamos por partes. Generalmente se olvida que el neoliberalismo no es sino una radicalización del liberalismo mismo, esto quiere decir que, si el neoliberalismo puede no sólo redefinir la economía sino la política y hasta el derecho, esto puede hacerlo porque esto no va en contra de los credos liberales sino que, lo que hace, es adecuarlos a las exigencias exponenciales del capital financiero transnacional. Por eso, con el derecho neoliberal, los Estados dejan de ser sujetos del derecho internacional y son las transnacionales las que usurpan esa condición, dejando a los pueblos y a la humanidad privados de todo derecho. Ese diagnóstico podía tasar de mejor modo los compromisos que implicaba un fallo jurídico de semejante magnitud; sobre todo cuando la actual institucionalidad global en decadencia, de la cual la CIJ forma parte, está diseñada desde la provinciana visión unipolar anglosajona, como garante de un orden geopolítico centro-periferia, en crisis terminal.

Recurrir a una instancia anacrónica al orden tripolar actual (con un equilibrio global en disputa), tenía que constituirse en táctica pero nunca en la estrategia misma. El exitismo gubernamental replicó la tragedia de nuestro futbol: metemos un gol y ya nos creemos con la copa (aunque ese exitismo, hay que decirlo, tenía sobradas razones para festejar anteladamente, eso los chilenos lo sabían muy bien).

Pero veamos primero el proceder de la CIJ. En primer lugar, resulta contraproducente que la Corte admita competencia en el tema que plantea Bolivia, para después ya ni siquiera proponer una solución salomónica sino desentenderse del asunto mismo. Porque si la CIJ no cumple con sus prerrogativas de contribuir a la solución de diferendos entre países, entonces es la propia Corte la que se excusa de su propia responsabilidad de administrar justicia, dejando a la parte más afectada en la incómoda situación de quedarse con la verdad histórica, pero no saber qué hacer con ella. Moraleja: lo que pasa con los pobres pasa también con los Estados débiles. La ley no sólo es ciega (¿a quién le conviene esa ceguera?) sino que resulta ahora sorda, porque ya no escucha razones.

¿Qué proceder muestra la CIJ con su fallo? El mismo que funda las expectativas de todo derecho liberal: la interpretación formalista de los hechos; esto significa legalismo, donde la letra muerta decide el proceder legal del dictamen, porque ¿dónde se ha visto que el usurpador admita, por escrito, sus obligaciones de reparación histórica? Si los jueces querían ver la obligatoriedad como admisión rubricada del propio Estado chileno, jamás iban a encontrar aquello en ningún documento. Lo que hace el fallo es típico derecho positivo. En tal caso, si la víctima –aunque moribunda– no demuestra con “papeles” las pruebas suficientes entonces resulta que no hay causa procesal; si es así, ¿para qué hay jueces? ¿Juzgan hechos o procedimientos?

Si primero admiten competencia es porque encuentran materia procesal y, si es así, entonces su tarea consiste en develar lo que la letra muerta no dice pero asume: el tema pendiente, o sea, la reparación obligada de una usurpación de hecho, o sea, la obligatoriedad que se asume implícitamente al sentarse a una mesa de negociación; cosa que Chile siempre hizo, no para reparar nada sino para aprovecharse siempre de las necesidades nuestras.

Si los jueces de La Haya no saben leer entre líneas entonces era mejor acudir a una computadora de última generación (al menos la máquina no presume tener criterios éticos ni aboga voluntariamente por la justicia, así que podíamos imaginar un juicio a-moral, por no decir inmoral). Porque los jueces no son capaces ni siquiera de ver en el tratado de 1904 (al cual en su ceguera persisten en llamar “tratado de paz”, cuando se trataba de la continuidad de la guerra por otros medios, “legales”) una imposición legalista que confirma en los papeles lo que, por beligerancia, fue usurpado fácticamente.

Por eso no es raro que, en las universidades neoliberales ya no les interese tener, en sus facultades de derecho, ni a la filosofía ni a la ética. De ese modo de-forman juristas que aplican ciegamente dogmas jurídicos y juzgan sólo procedimientos formales. Esa es la clase de “meritocracia” académica que reclutan las transnacionales del derecho internacional.

Toda la institucionalidad jurídica global es parida por el dólar y está diseñada para darle forma legal a todo el despojo que pretende siempre el capital transnacional. Entrar a ese juego significa constituirse en deudor de ese culto. Por eso los poderosos se valen de ese derecho internacional para imponer tratados a los Estados débiles. En ese sentido, puede que hasta sea mejor que la CIJ haya fallado a favor de Chile (recordemos, no sólo se nos arrebató territorio por las armas, también se hizo en los “papeles”, con procedimientos legales; eso sucede, por ejemplo, en la guerra del Chaco, con la mediación de la Argentina). En tal caso, el fallo de la Corte nos otorga, sin proponérselo, una ganancia nada despreciable: la estatura moral para denunciar ante el mundo el irracional uso del derecho internacional, porque consagra el derecho del vencedor, un derecho que sólo puede otorgarlo la fuerza, no la razón.

La sustancia del derecho moderno-liberal guarda esa maldición. Si nos preguntamos dónde nace el derecho liberal, nuestra mirada debe dirigirse a la conquista del Nuevo Mundo. En las Conferencias de Valladolid, de 1550, Ginés de Sepúlveda aduce argumentos de “derecho natural” para declarar que el indio no es víctima sino “inferior”; es decir, el argumento para beatificar la conquista es de derecho y funda jurisprudencia. El derecho que concede la conquista funda el factum que admite el derecho liberal como su propia sustancia jurídica. Por eso el factum del derecho liberal no es sino la conculcación del derecho mismo; porque si, ante el derecho del vencedor, la víctima ya no posee derecho alguno, porque se ha inferiorizado su humanidad, entonces resulta que el derecho liberal administra esta clasificación racializada, naturalizándola por medio de la ley. La injusticia misma se hace legal.

Por eso la ley está podrida, aquí y en todo lado. Esta historia es lo que precisamente encubre la formalización del derecho moderno-liberal. Por eso se entendía la amonestación chilena: la Corte, en el caso de un fallo favorable a Bolivia sentaba un “peligroso antecedente” y esto significaba, ni más ni menos, que los jueces no podían ir en contra del fundamento del derecho liberal. Desde Locke y Hobbes, el estado de guerra que declara Europa a los indios del Nuevo Mundo, funda al Estado de derecho moderno-liberal; con ese derecho se legaliza el exterminio de los indios del Nuevo Mundo. Se trata siempre del derecho que impone el derecho del vencedor. La historia de las categorías jurídicas modernas, como el ius gentium (derecho de gentes) y el ius peregrinandi (derecho internacional), desde Francisco de Vitoria, son la formalización de una jurisprudencia que admite la apropiación ilegitima como sustancia legal que legitima al orden moderno-liberal instituido.

Por eso la ley moderna sirve al rico y al poderoso y funda una jurisprudencia que hace del despojo lo que, desde Hegel, se conoce como determinación positiva de la libertad individual en cuanto apropiación; es decir, en el mundo moderno, la propiedad privada (de individuos y hasta naciones) es la sustancia del derecho. De ese modo, el derecho consagra esa libertad, porque es la base del derecho y esta libertad consiste en la apropiación o privación de algo común en algo que aparece, por mediación del derecho, como “algo con dueño”; este proceso es el factum del derecho, por eso la apropiación, que es en realidad una privación (de allí el concepto de propiedad “privada”), sienta base jurídica y, a la luz del derecho internacional, eso es lo que aparece como legal.

Por eso se comprenderá que Bolivia siempre perdió y siempre iría a perder por esas vías ante Chile, porque la letra muerta, que es la única materia jurídica que admite la Corte, es la legitimación jurídica de una cesión hecha, en su origen, por la fuerza. De tal modo que acudir a los tribunales es ya una aceptación de facto del derecho que impone el vencedor y que se debe, por esa aceptación, obedecer. La propia ley produce esta trampa.

Ahora bien, ¿qué hay detrás de ese fallo que no cabía ni en el más pesimista de los escenarios? La crítica jurídica que hemos hecho es geopolítica, porque el fundamento del derecho internacional responde a equilibrios de poder que delimitan la materia misma de la cosa juzgada; los fallos, así como no son a-políticos, tampoco son indiferentes a cartografías conceptuales que contienen jerarquías naturalizadas y, si se presentan de modo abstracto, en cuanto derecho positivo, es sólo para no delatar una connivencia hasta acostumbrada con los poderes fácticos. La figura del contrato es claro ejemplo de ello, porque ante el contrato todos aparecemos formalmente iguales ante la ley, pero esta igualación formal es una argucia jurídica que oculta desigualdades de hecho, antropológico-históricas que, por medio de la ley, fundan, mantienen y hacen estables, relaciones de poder injustas. En ese contexto, ingresemos en la geopolítica implícita en el fallo de La Haya.
Esta nuestra interpretación parte de un principio: los propósitos de la invasión al litoral no fueron meramente comerciales o económicos; fueron en realidad razones geopolíticas las que sostienen la política de Estado chilena, en lo referente al Litoral boliviano. El Estado chileno sólo podía apostar a la invasión de 1879 –no como mero garante de los intereses británicos– si aquello significaba a largo plazo asegurar su importancia estratégica. Por eso señalábamos el 2013 que, si una apelación a instancias jurídicas como la CIJ, adolece del componente geopolítico –urgente y necesario en esta nueva época de dislocación del tablero global y rediseño de las áreas de influencia y corredores estratégicos–, estaba condenada al fracaso.

Exponer la geopolítica implícita en el fallo de la CIJ quiere decir, dejar al descubierto las razones ocultas que priman en el giro que da la supuesta consabida decisión de la Corte, después de asumirse como tribunal mundial en una controversia histórica bilateral.

En un orden mundial en decadencia, sucede que sus instituciones se vuelven anacrónicas, esto significa que las razones que pesan en todos sus fallos pasan necesariamente por calcular las consecuencias de estos y no comprometer su propia sobrevivencia. El Estado chileno, con su usual prepotencia, ya había advertido con desconocer el fallo, pues de principio sostuvo la no competencia de la Corte en este asunto (cosa que la CIJ sospechosamente no tuvo en cuenta en su fallo). La amenaza posterior que hace la delegación chilena al señalar el “nefasto precedente que iría a marcar en adelante la decisión de la Corte en asuntos bilaterales”, no fue debidamente examinada por la parte boliviana.

Porque esa amenaza marcaba el principio realidad para una Corte cuya decisión, de ser contravenida, generaba la posibilidad de ser burlada y esto significaba ratificar su propia incompetencia en asuntos de controversia bilateral. Entonces la CIJ se lava las manos como Poncio Pilato, porque sabe que no tiene, en los hechos, potestad vinculante. Implicarse –que esa es su razón de ser– en tales asuntos, ya no tiene sentido en un mundo donde, por ejemplo, USA se burla del derecho internacional y las potencias occidentales lo usan para destruir países enteros. En tal caso, los fallos de la CIJ sólo tendrían competencia moral pero, las consecuencias de esos fallos, en medio de un dramático des-orden mundial, no pueden socavar su propia institucionalidad; porque además su garante real no es la justicia sino los poderes fácticos (a los cuales debe su permanencia), aunque  se hallen en decadencia. Si las potencias occidentales defienden al actual orden mundial decadente, porque sólo en ese mundo son “centro” civilizatorio, lo que hacen sus instituciones es defender los valores de ese mundo.

En tal contexto, el conflicto marítimo Chile-Bolivia, se inscribía en la disputa de hegemonía global entre USA y China, es decir, entre Occidente y el Club de Shanghái, donde también está la nueva potencia militar y energética: Rusia. El tren bioceánico no le conviene a la geoeconomía del dólar, que está representado en Sudamérica por la “Alianza del Pacífico”, del cual Chile forma parte. Así como en Nicaragua estalla el conflicto para impedir una futura penetración de la hegemonía china con el nuevo canal de Nicaragua, así el fallo de La Haya se constituye en una advertencia del dólar contra los Estados que se atrevan a escoger nuevos socios con otras monedas.

La cosmogonía del dólar hace que la CIJ se incline por el universo de los prejuicios occidentales que representa Chile en estos lados. Porque los capitales globales se encuentran en plena guerra financiera contra toda otra moneda que pretenda rediseñar la imagen del mundo que tenemos (la pelea de aranceles entre China y USA es apenas la punta del iceberg de algo parecido a lo que originó la segunda guerra mundial). La diplomacia chilena no es tonta y sabe adónde arrimarse y sabe el poder de los lobbies, además que representa a una burguesía aliada al más espurio capital transnacional (para el mundo neoliberal Chile siempre fue su niña mimada, su primogénita, parida en la destrucción de una democracia popular, presentada como “milagro económico”, cuando la dictadura nunca produjo un crecimiento económico superior al periodo incluso de Allende).

Ese contexto ponía en aprietos a la CIJ que, como toda institución global, es sensible al equilibrio de poderes y, en ello, optó, como siempre, en sacrificar al débil antes de enfrentarse a sus garantes: los poderos fácticos.

En consecuencia, el sustento histórico-político que fundamentaba jurídicamente la apelación boliviana, sin esta contextualización que le podía brindar una lectura geopolítica de la coyuntura global, se quedaba con la verdad discursiva pero sin posibilidades de persuasión estratégica actual. Sin lectura geopolítica, la demanda boliviana no sabía en qué mundo se encontraba ni a quién arrimarse para equilibrar una situación adversa. Por eso, no se trata sólo de querellarse contra el Imperio, sino de plantearse una política de liberación de la dependencia estructural, para actuar en la arena global de modo soberano.

En ese sentido, la demanda marítima fue desaprovechada y ya no se nos presentaba como la mejor forma de diseñar ya no una lectura geopolítica clásica sino de redefinir la geopolítica misma a la hora de fundamentar, por ejemplo, una diplomacia de los pueblos (apuntando a una nueva institucionalidad global). De eso trataría una “geopolítica de la liberación”: de tematizar, de modo multidimensional e hipercomplejo, las posibilidades de irradiación estratégica del poder popular. Sólo de ese modo una lectura geopolítica des-colonial estaría en condiciones de dar razón ya no solo de un mundo multipolar sino, lo que más interesaría a los pueblos: de un nuevo orden mundial basado en la cero-polaridad (donde ninguna potencia tenga poder de decisión al margen de los pueblos).

En la invasión al Litoral boliviano Chile también se jugaba su sobrevivencia como Estado. Y su sobrevivencia pasaba por reducirnos a garantes de su desarrollo. Por eso se proponen vivir a costa nuestra y todos los tratados que hizo firmar a la oligarquía antinacional boliviana no hicieron más que ratificar ese propósito geopolítico del Estado chileno. Nos tenían que encerrar, enclaustrar, para que Chile, o sea, su burguesía, las 7 familias, se abran al mundo. ¿Cómo podemos revertir aquello?

Nuestra propuesta ha sido siempre responder geopolíticamente al enclaustramiento marítimo. Sin necesidad de disparar un solo tiro o de insultarnos mediáticamente, una política de Estado debiera consolidar, a largo plazo, un corredor geoeconómico de irradiación al pacífico (donde se está desplazando la economía del siglo XXI, con la nueva “Ruta de la Seda”), basado en la conexión geocultural entre el sur del Perú, el occidente boliviano y el norte de la Argentina. Porque en toda reconfiguración del tablero geopolítico, de lo que se trata es de ingresar, en las mejores condiciones, en la nueva cartografía global. Entonces, el tren bioceánico, por ejemplo, debiera ser visto como un recurso geoestratégico que nos libere definitivamente de la dependencia de los puertos chilenos.

El norte chileno vive gracias al comercio boliviano. La política arancelaria con Chile debe redefinirse para promover la industria nacional y desplazar las mercancías chilenas del mercado boliviano. Con el Perú (sobre todo el sur) nos une la cultura y la lengua, y una estrategia integradora conviene tanto al Perú como a Bolivia, antes que el capital chileno se entre otra vez a saquear hasta Lima.

¿Por qué el pacífico? Porque es nuestra conexión natural. Somos culturas que miran al Oriente, no al Occidente. Éste tiene apenas 5 siglos. Nuestra conexión al pacífico tiene milenios. ¿Por qué sucede el enclaustramiento en nuestra propia idiosincrasia, es decir, en nuestra propia subjetividad?, porque se cierra nuestra apertura natural al mundo. Eso merma nuestra propia realidad, porque ningún pueblo posee realidad sin su propio espacio vital, y si algo de éste le es arrebatado, su propia existencia sufre la falta de un complemento necesario para afirmar su consistencia como pueblo. Por eso ningún robo es impune, altera todo el orden natural, porque siembra dolor y llanto en el hombre y la tierra.

¿Cómo hacer que el exitismo chileno se convierta en su triunfo pírrico? Si las instancias jurídicas no pueden siquiera persuadir al Estado chileno a actuar de buena fe con nuestra demanda marítima, entonces geopolíticamente debemos liberarnos de toda prerrogativa chilena, comenzando con mermar su importancia en nuestro comercio, dejando de alimentar a la economía chilena y apostar definitivamente a salir al pacifico vía Perú.

Esto no significa renunciar al Litoral sino sentar las condiciones para que sea Chile quien requiera de nuestro comercio para no deprimir su economía y sean ellos quienes toquen nuestras puertas y nos pidan nuevos tratados. Entonces podríamos negociar soberanamente. Esto ya lo hemos expuesto en nuestro libro “La geopolítica y el derecho al mar”: “si toda apuesta boliviana fracasa, es porque nunca se generó las condiciones para remontar la dependencia, de modo que se pueda tener márgenes soberanos de negociación. No es lo mismo negociar suplicando favores que reclamando deudas”. Suplicar es lo que siempre hizo la oligarquía boliviana, hasta la presidencia de Carlos Mesa.

Pero sólo se reclama soberanamente una deuda cuando ya no hay dependencia de por medio. El óptimo nacional, ahora plurinacional, sólo sería decisivo si asume que nuestro consumo no puede significar nuestro despotenciamiento nacional, favoreciendo siempre al enemigo. Por eso la salida al enclaustramiento es, más que todo, subjetiva, porque se trata de nuestra propia dignificación como pueblo y como nación. Y esto empieza por empezar a consumir lo nuestro, impulsando la producción nacional para potenciar nuestra cultura. Un pueblo es libre y soberano cuando produce con dignidad su propio pan, porque, como decía Marx, la verdadera forma universal de la riqueza no es el capital sino la producción del alimento.

Salir del enclaustramiento marítimo es, en realidad, salir del enclaustramiento mental (por eso, el consumo, o dignifica o deshumaniza, o sea, el consumo puede liberar). Gran parte de la diplomacia boliviana se “formó” en universidades chilenas, por eso siempre patrocinó acuerdos a favor del enemigo; no le quedaba otra porque, una vez naturalizada la dependencia, la dominación constituye una religiosidad donde el enemigo se hace dios y puede imponer su derecho como mandato divino. Ese es su triunfo acabado. El señorialismo boliviano padece de esa tragedia. Por eso es antinacional y ahora se constituye en oposición y festeja el fallo de La Haya haciendo coro a la arrogancia chilena.

Un escenario post-Haya no puede establecerse sino por una lectura geopolítica. Sólo de ese modo podemos hacer de la derrota una, como decía Coco Manto, “victoria postergada”. Pero eso requiere recuperar el horizonte plurinacional y eso es lo que los socialistas anacrónicos del gobierno no entienden. Ya rifaron al líder en el referéndum pasado; y eso no fue promovido por el CONALCAM, o las Bartolinas o los interculturales o la CSUTCB; eso tenía otra fuente. No vaya a ser que sea la misma que promovió ese exitismo con la demanda marítima, instrumentalizado para legitimar una continuidad forzada. Esperemos que haya sabiduría para asumir esta derrota de modo esperanzado, sin cálculos políticos coyunturales.

Sólo nos restaría decirles a los jueces de La Haya, lo que otra víctima de la injusticia de la ley, vejado, torturado, crucificado acorde al derecho (romano en ese tiempo), dijo en pleno martirio: “perdónalos Dios mío, porque no saben lo que hacen”.

CONCLUSIÓN FINAL : La Santa Biblia enseña en Eclesiastés 11:3 .- …..si el árbol cayere al sur, ó al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.
Quiere decir que  “No se puede determinar la dirección en que caerá un árbol durante un violento huracán. Hay que aprender a prepararse para la tormenta de la mejor manera que se pueda, y luego ir en la dirección de ella y no tratar de dominarla”. “Cualquiera sea la adversidad que sobrevenga, no se debe renunciar a la lucha, sino tomar las cosas como son y proseguir con valor. Pero es necesario recordar que algunos sucesos están más allá de los límites de nuestra capacidad. La vida abunda en eventos imprevistos, pero éstos no tienen por qué desalentarnos ni hacernos perder nuestra determinación”.
Por otro lado, hay que tomar también en cuenta lo que indica Eclesiastés 11:4 .- El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.
Quiere decir que
No siempre podemos esperar que todo sea perfecto o que haya condiciones ideales antes de correr algún riesgo. Habrá que trabajar y aventurar algo”.

ASI QUE, PUEBLO BOLIVIANO : DÉ VUELTA A LA PÁGINA, Y…. ADELANTE !! “Hay que pensar cómo fortalecemos el país entre todos”

Jorge Edgar Zambrana Jiménez
Autorizo a los medios a difundir el presente documento, sin recortar nada, ni cambiar ningún párrafo, y manteniendo mi autoria.
La Paz, Bolivia, 15 de Octubre 2018