Mar para Bolivia

EL “LIBRO DEL MAR”

Jorge Edgar Zambrana Jiménez
 

Evidentemente Chile le ha robado su litoral a Bolivia, pero no son 400 Km. ni 120.000 Km2, como miente el “libro del mar”, sino son 297 kilómetros y 90.000 Km2 de territorio, ya que los gobiernos de Mariano Melgarejo y Tomás Frías regalaron, escandalosa y falazmente a Chile 183 kilómetros de costa mediante los fraudulentos tratados de 1866 y 1874 que fijaron el nuevo límite en el paralelo 24°, obsequiando sin ningún motivo a Chile un grado y medio geográficos entre dicho paralelo y el río Salado, 25°28’, que era el límite cuando Bolivia nació a la vida, de acuerdo con el Uti Possidetis Juris.
La cancillería boliviana y el “Libro del mar” están difundiendo que Bolivia ha perdido una costa de 400 kilómetros, lo que es erróneo. Los bolivianos jamás olvidaremos que al nacer a la vida poseíamos nuestra extensa costa de 480 Km. con legítimos derechos desde el río Salado en 25°28’ hasta la desembocadura del río Loa en 21°25’, lo cual ningún “tratado” podrá negarlo graciosamente.

Los máximos responsables de la donación gratuita del territorio entre los paralelos 25°28’ al 24° son los corruptos mandatarios Mariano Melgarejo y Mariano Donato Muñoz, representantes de los latifundistas bolivianos que gobernaron hasta 1952 y que mantuvieron la falta de una fuerte estructura nacional, que fue aprovechado por Chile para mantener desde 1857 ocupados los puertos del litoral boliviano por la marina de guerra chilena e invadirnos militarmente en 1879 y arrebatarnos el resto de nuestro litoral, con la venia de la ideología boliviana señorial y racista anti-indio más la participación a favor de Chile del imperio británico.Los hacendados bolivianos preferían mantener a toda costa sus feudos comunales viviendo montados en sus esclavos pongos, en vez de explotar los ricos yacimientos de guano, salitre, cobre y plata del litoral boliviano que eran usurpados por la oligarquía chilena, ante la mirada de palco de los militares bolivianos.

 
La oligarquía boliviana de ese entonces creó el bárbaro y dictatorial tributo indigenal de modo de arbitrar fondos para un Fisco continuamente paupérrimo por la necesidad de mantener al ejército y tenerlo contento, de modo de perpetuar en el poder a la clase dominante. 

 El presupuesto nacional de Bolivia, y del cual no le tocaba nada al campesino, se generaba en gran parte del tributo extraído al mismo pobre comunario, quien carecía del derecho a opinar, aunque era el único que pagaba impuestos, además de ser el principal productor cultivando la tierra y laborando las minas gratuitamente, además de servir como esclavo en las haciendas terratenientes sin recibir ningún salario, mientras los chilenos aprovechaban nuestra riqueza sin impedimento, ante la negligencia de la oligarquía gobernante boliviana que contemplaba de palco el despojo. Toda la nación boliviana vivía del tributo de las familias “indias”, mientras los chilenos invadían nuestro litoral y usurpaban impunemente nuestros recursos exportándolos a Europa y EEUU con lo que llenaban el 85% de su presupuesto estatal.

Chile ha obtenido nuestra riqueza mediante el despojo y la ley filibustera de que la agresión y la victoria da derechos, y los bolivianos seguimos embaucados con la fraseología de la “confianza mutua” y esperando la limosna de la “cualidad marítima” que el soberbio agresor tenga a bien concedernos en una negociación por un corredor inservible sin puerto al norte de Arica.

Bolivia debe esperar la coyuntura internacional, y buscar aliados, así tengan que pasar 100 años más, para poder reivindicar su propio litoral, y no contentarse con un plato de lentejas.

Debemos darnos cuenta de que el trato bilateral nunca ha encontrado ni la más remota intención de reparación por parte de Chile al daño causado con su asalto invasor.

No existe hoy el derecho de eternidad (intangibilidad) en el derecho público internacional. Tampoco la inmortalidad del despojo, ni los castigos de guerra sin fin, impuestos por un país sobre otro, como sucede actualmente con Chile sobre Bolivia.

El susodicho corredor, que, repetimos, no es otra cosa que un plato de lentejas, a cambio de más usurpación de territorio, es el destino de Bolivia por el que trabajan los gobiernos chilenos, cuando, para asombro de todos los pueblos, en forma abierta se niega la devolución de un puerto para el acceso soberano de Bolivia al mar.  Es urgente olvidarse de los abrazos de Charaña, en los cuales solamente reivindicamos el “derecho” de la victoria de la agresión. Caemos en la trampa de renunciar al derecho propio, consintiendo el “derecho” que impone el agresor.

No supliquemos favores, ya que Chile tiene deudas pendientes que pagar a Bolivia. 

El órgano de prensa más autorizado de Chile, EL MERCURIO, estampaba en sus ediciones de 1904 las siguientes frases vergonzosas, que demuestran que el tratado de 1904 ha sido el resultado de la imposición :

 “Al tratado con Bolivia ha precedido un estudio de la frontera, hecha por una comisión de ingenieros chilenos presidida por un distinguido geógrafo, de suerte que cada uno de los hitos está perfectamente caracterizado, y sabemos qué se deja de un lado y del otro. Las cláusulas del tratado incorporan a nuestro lado grandes riquezas y los más valiosos yacimientos de bórax, yodo, litio, plata, guano, salitre y cobre, asi como las nacientes de los ríos Lauca, Caquena, Uchusuma, Putaní, Todos Santos, Isluga, Curicauma, Cancosa y Sacaya, los que podrán en el futuro ser desviados y aprovechados”.

El tan publicitado callejón al norte de Arica ya ha sido declarado inservible por los connotados especialistas bolivianos Walter Guevara Arze, Amado Canellas Orellana, Juan Albarracin Millán y Rodolfo Becerra de la Roca. 

Hay países hermanos solidarios con Bolivia; El canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, dijo que su país tiene listos los puertos Nueva Palmira y Montevideo para que Bolivia exporte su carga ultramarina por el océano Atlántico.
 
“Uruguay ya tiene dispuesto dos enclaves, una en Punta del Arenal en Nueva Palmira, donde hay un amarradero que sirve como depósito para los productos bolivianos, y hay una zona aduanera en el puerto de Montevideo, que también sirve para esos fines”, dijo el canciller uruguayo.
 
El puerto de Nueva Palmira, está ubicado en la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, a 270 kilómetros de Montevideo. Moviliza exportaciones de Uruguay y otras- como carga en tránsito proveniente del centro del continente- especialmente de Paraguay, a través de la Hidrovía Paraná-Paraguay-Uruguay. Tiene una longitud de muelles oceánicos en puertos multipropósito de 810 metros. Cuenta con una capacidad de almacenamiento para 632 toneladas de productos. Las ventajas del puerto son su ubicación en el punto de salida al exterior de la Hidrovía Paraná-Paraguay-Uruguay y su régimen aduanero y fiscal de Puerto Libre o de Zona Franca. Es el segundo en importancia del país. Se caracteriza por el transporte de granos y celulosa, con un movimiento anual de cerca de 11 millones de toneladas.
 
El puerto Montevideo está ubicado sobre el Río de la Plata. Se perfila geográficamente como una de las rutas principales de movilización de cargas del Mercosur. El régimen de Puerto Libre lo ha convertido en la primera terminal de la costa atlántica de América del Sur con un régimen logístico atractivo y competitivo para el tránsito de mercaderías. Es el principal puerto comercial del país, con una movilización anual aproximada de 10 millones de toneladas, 500.000 pasajeros (servicios entre Buenos Aires y Montevideo) y 120 cruceros. Tiene un área portuaria de 13 hectáreas. La longitud de muelles en puertos multipropósito y contenedores es de 4.1 metros. 

No obstante, por otro lado, se ha seguido comprobando la influencia calamitosa del enclaustramiento, durante la segunda mitad del siglo XX, porque, en gran parte debido a esta cárcel, ha seguido cundiendo en Bolivia el desempleo, la desnutrición, la prostitución, los salarios de hambre, la falta de democracia participativa, la exclusión de los pueblos autóctonos, la deuda externa, el debilitamiento del Estado, la falta de planificación geopolítica, la desigualdad en la repartición de la riqueza, la corrupción, el tráfico de tierras en los llanos, el minifundio en los valles y el altiplano, el centralismo gubernativo inoperante, el saqueo de los hidrocarburos por las transnacionales, el contrabando desde Chile, Argentina, Perú y Brasil, y la total dependencia económica, con el peligro, además, de la división del país. Y, hoy, en el siglo XXI, seguimos presenciando la actitud de mendigos de los bolivianos, que echan a perder la oportunidad que brindan los organismos internacionales, al presentar su pedido de limosna en la CIJ de La Haya, capitaneados por los “voceros” Carlos Mesa, Javier Murillo de la Rocha, y otros, más sus perdidosos abogados como Remiro Brotons, mendigando el inservible callejón, sin puerto y sin soberanía, al norte de Arica.

Es urgente que el pueblo boliviano se dé cuenta que la “diplomacia” de los gobiernos bolivianos, herederos de la sombra siniestra de Melgarejo, es una verdadera desgracia nacional.