Mar para Bolivia

DESDE LA PROFUNDA SOLEDAD

FERNANDO DIEZ DE MEDINA
Conferencia sobre el Mar para Bolivia. enero de 1966

(La Paz, 1908 - 1990) Escritor boliviano. Durante muchos años representó a su país como agregado comercial en Washington y fue miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, cargos a los que llegó después de una fructífera trayectoria como escritor, pensador y analista de la sociedad hispanoamericana de su tiempo. Fue también una de las voces más autorizadas de la prensa boliviana contemporánea y colaboró en rotativos y revistas como El Diario, La Razón, Última Hora y La Noche. En estos medios de comunicación se destacó también por su agudeza y lucidez en el ejercicio de la crítica literaria y artística, a la que aportó monografías de interés

Estas son las palabras de uno para todos: con lengua de verdad entremos al tema primordial y sempiterno. Este es nuestro destino, norte y brújula a la vez, el más noble sentimiento. La tarea de la cual no podemos dimitir: reintegrar el Mar con la Montaña, ahondar en el sentido profundo de la construcción nacional.
Amurallados detrás de la insigne cordillera, no podemos postergar ni olvidar este problema mayor, este deber capital que nos manda honrar a Bolivia, materna y grave. Reconstituirla en su heredad fundacional. Devolverla en su heredad fundacional. Devolverla a la plenitud de la soberanía., hoy restringida, o prestada, apenas consentida, limitada por el ominoso Tratado de 1904. Darle puerta ancha y no trastienda para la comunicación con el mudo exterior. Recuperar con el trabajo inteligente lo que perdimos con honor en los campos de batalla.

Es tiempo de vigilia. Nadie duerme tranquilo porque turban los sueños las voces de los hombres del 79 y del 80.
-¡No olvidéis el Mar! Él es vuestra sangre, vuestro decoro. El atributo de los pueblos viriles. La llama tremulante de toda sabiduría. La conciencia geográfica para la integración nacional e internacional. Es la honra que se nos debe ser restituida, o que sabremos ganar con esfuerzo y sacrificio.

A memoria de las generaciones. Llave maestra de las grandes aventuras populares. Es el dolor fecundo que llevará a la dicha rescatada. Es el deber fecundo que llevará a la dicha rescatada. Y al cabo es la fuerza próxima, el símbolo distante, todo cuanto nutre y mueve el organismo andino. Es el futuro que anuncia; ningún tratado es eterno, ni habrá cautiverio indefinido. Los pueblos fuertes luchan, caen, suf5rem, se levantan por sí mismos.
Y ésta es la consigna permanente: ¡Hacia el Mar para siempre y sin descanso!
Sucede, a veces, que extranjeros y turistas, y aún entre nosotros mismos las mentes prácticas, frías, que solo piensan en términos de lógica y de cálculo, argumentan así: _ ¿Por qué Bolivia sigue pensando en el Mar, si es tan grande, rica y debe afrontar problemas más inmediatos? (*1)
Esta crítica incomprensiva estima que podemos subsistir sin Litoral en el Pacífico. Nos compare con Suiza olvidando que el caso es distinto y a circunstancia diferente. Se habla de romanticismo trasnochado. Se aconseja mirar el futuro y no anclar en el pasado. La salida oceánica – ha dicho alguien – no es una necesidad biológica, sino un señuelo paralizador de la voluntad colectiva.

Un día malaventurado sentí, como un latigazo en la cara, este juicio desaprensivo que traduce la ligereza de los malos juzgadores. Dijeron: “Ustedes los bolivianos, son idealistas, soñadores en exceso. Lamentan lo irremediable, carecen de sentido práctico - La semana del Mar es una explosión de histerismo colectivo”.
No es así: hay que desvirtuar ese parecer mal fundado. La reintegración, mejor, la reivindicación marítima es parte esencial de nuestro ser. En tanto Bolivia exista, habrá una Semana del Mar hasta que volvamos tranquilos al Océano Pacífico, porque la constituye la más alta y noble expresión del sentir de nuestro pueblo. Si sufrimos, sui nos desgarramos por el mar perdido, esa purificación por el dolor nos lleva a la palingenesia futura. No es lamento, queja, imploración; es actitud viril de pueblo indómito. Pensar en lo que se ama, volver al bien perdido, potenciar alma y cuerpo para recuperar cuanto se tuvo, insistir en el legítimo derecho y en la justa soberanía, son los atributos más elevados del ser social. Desde 1880 nuestro drama colectivo se sublima y se condensa en el problema marítimo; la Patria mutilada pide justicia, exige reparación. ¿Delirio general, explosión nerviosa, psicosis de añoranza? Nada de ello, más bien la serena convicción de las multitudes nacionales que despojadas antaño por la fuerza, saben que sólo replegándose hacía su propio centro tomarán la energía y el impulso necesario para dispararse hacia el límite marítimo.

Como lo ha definido el poeta: la Semana del Mar es un coral sagrado que nos asedia y transfigura.
Y a Chile repetiremos, en los días de la rememoración anual, mientras haya voz en las gargantas agraviadas:
¡Aquí está Bolivia fuerte en su derecho, grande en su infortunio, tenaz en su demanda! ¡Nunca olvidará!
Cómo será de justa nuestra causa, que entre la propia gente chilena hubieron y hay espíritus nobles que la reconocen y justifican.

 Basten cuatro ejemplos:
Balmaceda, ex Canciller de Chile, confesó en palabras lapidarias: “El territorio salitrero de Antofagasta y el territorio de Tarapacá fueron la causa real de la guerra de 1879”
En 1880, el diario “La Patria” de Valparaíso, expresaba valiente y justicieramente estos conceptos: “La guerra que hace Chile al Perú y Bolivia, no es en defensa de derechos desconocidos, ni de algún ideal; es guerra de mercaderes y de banqueros que tratan de atentar contra las riquezas de aquellas naciones; es guerra de banqueros cuyos intereses andan mal”
Gonzalo Bulnes, el mayor historiador chileno de la guerra del Pacífico, emite este juicio que honra a su autor: “Bolivia aceptó la situación con dignidad. Campero dijo a su país que había sido vencido. Bolivia se mantuvo tranquila. Dio un ejemplo de civismo como pocos pueblos latinos lo darían en una caso análogo; no se oyó un reproche contra el ejército vencido ni contra su general en jefe, ni salieron los tácticos a ganar la batalla después de perdida, sino que noblemente la Convención renovó su confianza a Campero eligiéndolo Presidente de la República. Una nación que da tan altos ejemplos de patriotismo, es digna de respeto”
Producido el conflicto del río Lauca, en 1961, el senador chileno González Madariaga, con admirable entereza, produjo revuelo en el continente admitiendo el derecho boliviano en el litigio mencionado, pidiendo, además, que se termine con nuestro enclaustramiento.

No fueron voces aisladas, repetidamente chilenos representativos, periodistas, políticos, economistas admitieron la urgencia de nuestro retorno al Pacífico. No se trata, ciertamente, del gobierno ni del pueblo chileno mayoritario, pero sí de una noble minoría merecedora de la gratitud continental. (*2)

Se arguye que cuando los bolivianos padeceremos una crisis interna, acudimos al fácil recurso del pretexto portuario para solucionarla. No es evidente. Nosotros sabemos perfectamente que primero son nuestros deberes humanos y sociales; nada gana prioridad a la ley fundamental de organizar la casa por dentro. Asegurar la estabilidad interna y la paz social con medidas prácticas que mantengan el equilibrio de la moderna sociedad pluralista, integrar geografía y espiritualmente esta Nación dispersa: estos son nuestros deberes esenciales. Mas todo ello, con ser primordial, no puede postergar la realización del sueño mayor: volver al Mar.

¿Por qué al pueblo privado de libre acceso al océano se le habría de prohibir, también, el derecho de acordarse de lo que fue suyo, de fortificarse en la tensión de un reencuentro inevitable? ¡No! Nada de quijoterías ni romanticismos locos. Histeria no la hay. Persistencia en el pasado tampoco. Ni la cadena del sueño imposible nos ata. Nos mal comprenden quienes juzgan por la exterior apariencia. Bolivia no subsiste por el recuerdo de la guerra funesta, ni piensa que el retorno marino la curará de todos sus males. No es así. Resisten, persisten las naciones que son fieles a su propio destino: las que insisten en hacer, un rehacer el perímetro físico y el contorno espiritual. Porque alma y territorio son, al cabo, tesoros naturales del hombre, conformadores del la psique colectiva. Si añoramos, si trabajamos, si persistimos por reconstruir el antiguo patrimonio, tenemos derecho a la intimidad de una Patria laboriosamente padecida y sustentada. Véase en el viejo anhelo marino nuestra vocación fidedigna de país libre y entero, la lealtad consigo mismo, el deber que manda y atenaza, la conciencia de la “civitas” romana en su más alto sentido.

Cada boliviano dirá a otro boliviano: “Si te legaron patria libre, patria grande, es por ella y en ella que te realizarás como hombre y ciudadano. Beberás su amargura y sus desastres. Te nutrirán sus vuelos y victorias. Le harás ofrenda de tu vida y tu prestigio. No temerás, al servirla, ni a las sierpes de la envidia ni al lobezno del ridículo. Hacia donde ella vaya se encaminarán tus pasos. Verás con sus ojos y escucharás por sus oídos, porque eres sangre de su sangre, arquitectura de sus huesos. Y si la Patria pide puerto, por él fatigarás tus nervios, templarás tu carácter y tus ansias, te harás digno del Mar que espera y desespera”

Porque el Mar también nos llama y nos aguarda. Padece nostalgia de montaña, vuelo de cumbre. Y una sola línea melódica enlaza desde el 79 la ternura india del Ande milenario con la quieta majestad del Pacífico distante. El puerto propio, más amado cuanto más lejano. Esa lejana estrella fulgurante en la noche boliviana.
Todo cuanto atañe a Bolivia – pasado, presente, futuro – mira al Mar; porque el Mar es el centro inductor de Bolivia en un doble sentido territorial y espiritual. Por esto diremos que mientras haya mundo y exista América, persistirá la necesidad de un puerto boliviano en el Pacífico. Examen de conciencia para los bolivianos y para nuestros hermanos americanos.

Cuando Bolivia nacía a la vida independiente en 1825, son datos del historiador Díaz Arguedas - sus fronteras circundaban 2.343.768 Kms2. En poco más de un siglo perdió por tratados diplomáticos arrancados de mala fe 671.738 Kms2; y por guerras internacionales 540.000Kms2. Hoy sólo tiene 1.098.031 Kms2. Prácticamente ha perdido más de la mitad de su heredad nacional.

Tocante a Chile. La guerra del Pacífico, guerra de agresión y de conquista-empresa, de rapiña, significó para Bolivia un balance desastroso. Perdimos el departamento de Atacama, además del territorio perdimos 400 kilómetros lineales de costa que comprendían cuatro puertos: Tocopilla, Mejillones, Antofagasta y Cobija. Además numerosas y pequeñas caletas. Perdimos la salida al Mar, el contacto directo con el mundo, la plenitud de la soberanía política, la libertad del comercio y de aduanas. Perdimos inmensas riquezas minerales: cobre, salitre, bórax, potasio, azufre, yodo, plata, oro, sal, mármoles. No se olvide que todo este proceso de surgimiento industrial de Chile arranca del cobre y del salitre, arrebatados a nuestro país.

Y en esto de Atacama se hace preciso rectificar, una vez más, la falacia del argumento chileno. El territorio y el litoral atacameños pertenecían desde tiempos inmemoriales a los primitivos habitantes del Ande boliviano. Lo señoreaban los aymaras como se puede comprobar todavía con ayuda de la toponimia y la semántica: fueron kollas o aymaras que nombraron montes, ríos, llanos y quebradas. Durante la dominación quéchua, el Inca Tupac Yupanki conquistó Atacama. En la Colonia esas tierras formaron parte, con su litoral, de la jurisdicción de la Audiencia de Charcas; integraron pues el llamado alto Perú.

Al fundarse la república de Bolivia, la provincia de Atacama designó sus representantes a la Asamblea Constituyente de 1825, incorporándose posteriormente al departamento de Potosí. Fue después erigida en departamento por el Mariscal Santa Cruz.
Chile, con propósitos avieso, creó, recién en 1842, una provincia chilena del mismo nombre porque ya servía así a sus móviles de conquista y expoliación sobre todo el territorio comprendido entre el Loa y el Paposo, incluyendo naturalmente el respectivo litoral.

Los daños económicos por el inicuo despojo son incalculables. Durante los 85 años Chile explotó, en propio beneficio, las ingentes riquezas de atacama. En un sólo año 1961 la minería atacameña produjo 285. Millones de dólares; mientras Bolivia obtenía en toda su producción minera 68 millones de dólares. ¿Se puede calcular lo ganado por Chile en todo el tiempo de usurpación y lo perdido por Bolivia en otros tantos años de despojo? Serían cifras espantables. La política chilena de “compensación” es inadmisible: los ferrocarriles de Arica y de Antofagasta y un derecho de libre tránsito, en los hechos restringido y controlado. No se puede compensar lo más por lo menos, El daño inferido por la apropiación indebida y el usufructo ilícito de las riquezas de Atacama constituyen deuda externa. (*3)

Fuimos grandes, poderosos. En la época del Mariscal Andrés de Santa Cruz y del Gral. José Ballivián tuvimos gravitación continental. Hoy, subsistimos mutilados, retrasados, en una aparente impotencia para resolver los problemas internos y recuperar jerarquía internacional. En 1880, la desgracia nos unió, abrió el horizonte de la revolución moral que no supimos realizar. La Convención de aquel año fue un enclave de ilustres bolivianos absorbidos en la tarea de reconstituir la nacionalidad quebrantada. (Del cual fue miembro nato un ascendiente de quien transcribe este profundo y trascendente escrito Gastón Conejo Bascopé, el Rdo, Daniel Quiroga, diputado por Ayopaya). Frente al Tratado de 1904, el país se dividió.

Durante la guerra del Chaco, mientras los regimientos marchaban al sud-este lejano, latía la conspiración en las ciudades. Y en esta crisis dramática de 1965, todos ofician de agoreros, de críticos facilones, de salvadores providenciales, de azuzadores de discordia, mientras la Patria gime despedazada por sus hijos.
Bolivia nunca aceptó el nefasto Tratado de 1904, (*4) contra el cual se levantó airado el pueblo. Es oportuno reproducir la viril reacción de los potosinos que el 14 de febrero de 1905, al conocer los términos del pacto, se manifestaron en estos duros conceptos:
“Es un tratado inicuo, vergonzoso, y deshonroso para Bolivia. Ningún poder tiene facultad para enajenar el territorio nacional. Es un pacto desastroso para la Patria; una ventana simulada a vil precio, con una miserable parte de los ingentes productos del mismo territorio sagrado de la Patria. Además del Litoral cautivo, ha agregado el Congreso Boliviano a la avidez chilena, la riquísima región del Chilcaya, con parte de las provincias de Pacajes, Carangas y Lípez, desmembrando con imprudencia el territorio que estaba fuera de la conquista y del Pacto de Tregua. Es el Tratado más lesivo de la soberanía nacional, el más humillante que hasta hoy se hubiese proyectado”

Se produjeron muchas otras protestas de pueblos y entidades civiles.-Un fuerte sector parlamentario combatió el Tratado. Nuestros mejores publicistas defendieron los derechos de Bolivia sobre Atacama y su extenso litoral: Baste recordar aquella famosa y luminosa circular de 25 de enero de 1901, en la cual, a poco de asumir el cargo de Canciller, don Federico Diez de Medicina instruía a nuestras legaciones en el exterior cómo debían refutar los capciosos argumentos de la cancillería chilena y sobre qué bases jurídicas, históricas, geográficas reposa el derecho boliviano.

La nación andina fue persistente en proponer a revisión del Tratado de 1904; en los años de 1920, 1921, 1923, 1929, 1945, 1948, y 1950. (*5) En 1961, la Cámara de Diputados de Bolivia acusó a Chile, con motivo de la desviación de las aguas del río Lauca, por “agresión geográfica y usurpación territorial”. (*6)

Y digno de señalar que en todo tiempo, asamblea o congreso internacional, Bolivia deja oír siempre su voz reclamando la salida al Mar.
Desde los años de mi mocedad he visto a Bolivia dividida en dos mitades. Entonces se llamaban liberales y republicanos, separados no en la contienda democrática sino en el odio y la violencia. Cuando éstos subieron al poder se enfrentaron entre sí, divididos saavedristas y genuinos. Durante la guerra del Chaco, militares y civiles andaban en gresca. Constituidos los partidos de tendencia revolucionaria, se reanudó la pugna en las fuerzas más antiguas. El nacionalismo en el poder cometió el trágico error de aplicar la consigna malhadada: “El que no está conmigo está frente a mí como enemigo”

Los partidos florecen como hongos, se odian, se combaten, se descalifican sañudamente debilitando sus propias filas. Nadie acuerda con nadie; cada cual es dueño de su propia fórmula salvadora.
¿Qué es la Patria, sino la suma de sus hijos? Tenemos sentimiento de Patria pero no estilo de nación. Somos luchadores, disociadores, no podemos construir en armonía. Nos falta la conciencia geográfica, la moral comunitaria, ese grave sentido de responsabilidad frente al destino adverso. La patria la llevamos en el corazón pero no en la voluntad.

Es hora de preguntarse; ¡Qué puerto, cuál litoral demandaremos a Chile si no hemos unificado aun el criterio boliviano! Para volver al océano, es fundamental curar las heridas de Bolivia. La reintegración marítima comienza con el entendimiento entre bolivianos. Al Mar sólo se llega por la generosidad fraterna que anuda y fortalece.
¿Qué entendemos por reintegración marítima? ¿Se trata de volver al Mar por cualquier medio y en cualquier forma? ¿Pediremos la restitución de todo lo usurpado, solamente un puerto propio, o nos resignaremos al corredor o a la caleta tantas veces propuestos? ¿Una solución provisional que satisfaga el orgullo nacional? ¿O la formula salvadora que responda a las necesidades del país? (*7)

Se ha propuesto que nuestra salida al Pacífico se convierta en precepto constitucional. Unos piensan que se debe pedir la devolución de todo el departamento de Atacama. Otros opinan que podríamos contentarnos con cualquiera de los puertos de Arica, Pisagua, Mejillones o Cobija.- Hay partidarios de recuperar Antofagasta. Algunos estiman que al sur del valle de Azapa o en la caleta Vitor se podría erigir un puerto para Bolivia.

En 1922 el Ingeniero chileno Luis Lagarrigue con un estudio técnico sugería desviar las aguas del río Desaguadero para irrigar las pampas desérticas del Tamarugal en Atacama.
En 1926 la proposición Kellog para transferir Arica y Tacna a Bolivia fue aceptada por Chile. También se habló del corredor o callejón, una franja de 20 Km de ancho que desembocaría en un punto determinado de la costa pacífica.

Finalmente, en los últimos años de analiza la solución por el “enclave”: un puerto que contorneando un mínimo de 200 hectáreas se enclavaría en territorio chileno sin interrumpir su continuidad; solución efímera –sostiene Escobari Cusicanqui - porque Bolivia aislada y rodeada por Chile no podría ejercer plena soberanía en el enclave. El libre tránsito estaría regulado siempre y al capricho por el gobierno del Mapocho.
Existen varias soluciones para resolver éste o cualquier diferendo internacional; lo más grave es que no nos hemos decidido por una determinada. Esto atenta contra el buen derecho boliviano sembrando la confusión en Chile, en América, y en nuestro propio interior.

Recuérdese el triste caso del Lauca. (*8) Río de curso internacional. Para fortalecer la posición de Chile – endeble en el campo jurídico – el canciller chileno en 1961, Martínez Sotomayor, invitó a todos los jefes de los partidos políticos de su país; todos ellos, sin discrepancia alguna, incluyendo el jefe del partido comunista, dieron respaldo a la Cancillería chilena. En Bolivia, en contraste, gobierno y oposición iniciaron la disputa múltiple de responsabilidades reales o supuestas. El país se unió en la protesta contra Chile. ¡Es preciso unificar el criterio nacional en la cuestión portuaria!

Volvemos al planteamiento de fondo: definir, decidirse, ponerse de acuerdo y empujar en una sola dirección. ¡Este es el primer paso para regresar al mar!
Decía el gran Salamanca que Chile tiene decretada la absorción de Bolivia. Tamayo, el republicano insigne aconsejaba guardarse del usurpador. Debido a la fuerza inexorable de los hechos, la mayoría de los estadistas, políticos e internacionalistas bolivianos coincide en la natural desconfianza hacia el vecino codicioso. He aquí la opinión de dos hombres públicos versados en la materia: Walter Guevara Arze, ex Canciller sostiene que el Litoral boliviano tuvo, para Chile, doble objeto: el aprovechamiento de sus riquezas minerales e impedir el desarrollo de Bolivia. Jorge Escobari Cusicanqui, ex Subsecretario de RR.EE., afirma que nuestro país vive desde hace 85 años, por obra de Chile, con soberanía limitada, independencia reducida, y autonomía restringida.

El atropello cometido en el Lauca corrobora plenamente la desconfianza boliviana frente a la reiterada prepotencia chilena. Desconfiamos de Chile sin odiarlo. Le pedimos que vuelva a la justicia y admita la necesidad de reparación. La aparición de la Democracia cristiana o bien el Socialismo democrático en el continente, abren esa posibilidad conciliadora. La democracia cristiana o el Socialismo democrático de Bolivia y de Chile pueden encontrar la fórmula jurídica que restituya el equilibrio en el Pacífico.

La unidad del género humano obliga y vincula a los pueblos. El orden internacional está sujeto al derecho natural, se rige por la idea de la justicia. Es uno de sus principios: “la equitativa, concorde y prudente revisión de los Tratados”. La conciliación sustituye al antiguo precepto de las guerras de agresión. La preconizada solidaridad jurídica y económica en la conformación de los territorios nacionales: nadie puede vivir embotellado ni asfixiándose. La mentalidad cristiana o socialista no admite división entre fuertes y débiles, sino la común armonía entre mayores y menores. “El derecho de cada pueblo de ejercer su actividad no puede ser limitado ni yugulado por medios opresivos”.
Entre naciones sólo deben regir la verdad, la justicia, Siendo la ley natural el fundamento de todo derecho y de todo deber, su lenguaje ecuménico alcanza a todos los hombres. La Iglesia, en su inmensa sabiduría, considera hermanos a todos los pueblos y naciones, y busca la paz, entendimiento perdurable por encima de las discordias transitorias. (*9 )

¿Vamos a vivir en el continente como buenos cristianos, verdaderos demócratas, hermanos en la justicia y en América? ¡Pues a resolver el caso del enclaustramiento de Bolivia, que según decía el segundo Roosvelt en 1943, “es un problema de opinión continental y hasta mundial!
Para honra del Derecho Americano, en las conferencias internacionales se condenaron las ocupaciones o conquistas territoriales por la fuerza. La Convención aprobada en Lima Perú el 22 de diciembre de 1928, sostiene que las naciones americanas “Reiteran como principio fundamental del Derecho Público de América, que no tendrán validez ni producirán efecto jurídico la ocupación ni la adquisición de territorios, ni ninguna forma de arreglo territorial o de fronteras, mediante la conquista por la fuerza o que no sean obtenidas por medios pacíficos”

Grocio, insigne tratadista holandés, enseña que la recta razón humana nutricia del derecho natural, aconseja “La abstención de los bienes ajenos y la restitución de lo que se posea o se haya tomado a ellos”
Hay una máxima sapientísima, cimiento de toda religión, de todo código social, aun de la ética familiar, que manda: “NADIE DAÑE A LOS DEMÁS”
La doctrina del más fuerte que arranca de Calicles, discípulo de Georgias, ha caducado. Su endeble argumentación no pudo oscurecer las enseñanzas centelleantes de Platón o de Aristóteles, padres-ríos que generan todo el saber occidental. Hombres y naciones no son únicamente seres biológicos dotados de aptitud de fuerza, sino que se integran y realizan por su naturaleza social y espiritual. “El derecho ajeno es el límite del propio derecho de cada individuo”.

Estos principios los conocen los estadistas chilenos. Veamos cómo los afrontarán en el futuro, sus deberes de cristianos, demócratas y buenos americanos. (Y actualmente socialistas demócratas)
Y debemos recordarles también al Perú, al cual si nada tenemos que reclamar en lo territorial, podemos reprocharle la cláusula-tapón del Tratado con Chile de 1929 por la que Chile y Perú se dan la mano para mantener la asfixia de Bolivia.

Subsiste la gran causa inducente. Sólo faltan los granes varones conducentes.
Bolivia no implora, no se lamenta. Hemos superado el tiempo furioso del antiguo rencor, para ingresar a la marcha serena y constante del que sabe la validez de su derecho. Y esa marcha lleva, inexorablemente, a los líquidos reinos del pacífico, parte integrante de la patria natural de la progenie andina.
Sugiere el pensador helénico, en la sapiente Ética a Nicómaco: “Seamos con nuestras vidas, como arqueros que tienen un blanco”. Juicio que reza para hombres y pueblos. Saber qué se quiere, conocer dónde se va. Porque esto es lo que enaltece la condición humana: la certidumbre de una acción bien encaminada.
En el problema portuario hasta hoy padecimos de un vicio óptico: enfocar el asunto como si todo estuviera situado en Chile. Pensar que de allí vendrá la solución total. Grave error: el problema nace en Bolivia y sólo a nosotros corresponde encaminar el buen final. (*10)

Será perentorio invertir los términos del caso: ya no la antigua relación de víctimas y victimarios; más bien una paridad entre iguales. Nosotros tomaremos la iniciativa y ellos, usurpadores, soportarán las consecuencias del despojo del 79. Traslademos la cuestión a un plano de realidad continental: no es sólo que Bolivia reclame a Chile el Litoral del que fue privada; es que nuestra mediterraneidad resulta drama y espina para el equilibrio del hemisferio. Sin la reintegración del macizo andino a su natural conformación socio-económica, no habrá sustentación justa entre las naciones de América. Ha llegado la hora de un derecho nacional que se convierte en razón y necesidad del bloque americano.
Toda la ciencia del mundo civilizado nos respalda. Veamos algunas manifestaciones.
La teoría Platónica el Derecho Internacional establece que los Estados no deben cometer injusticias en sus relaciones externas. Inventa la teoría feliz de la guerra justa: “Bellum Justum”. San Agustín pregunta: “¿Qué otra denominación puede sufrir sino la de rapiña grande, el conducir una guerra contra los vecinos?”

La doctrina del Bien Común, preconizada por los griegos, sistematizada por Tomás de Aquino, afirma la equidad, el mutuo bienestar entre hombres y naciones. El Padre Vitoria, español, a quien se considera el fundador legítimo fundador del Derecho Internacional moderno, es el primero en aplicar el término de “jus inter gentes•” a las normas del derecho natural que regulan las relaciones entre pueblos. Vitoria estampa este juicio definitivo: “Existen algunos bienes como el mar, los ríos y los puertos que son comunes a todos los pueblos por derecho natural”.

Todos los esfuerzos de la sociedad contemporánea, inteligente y civilizada, oponen reparo al uso de la fuerza y al abuso de la mayoría organizada. No se inventa la moral, no se improvisa el derecho, no se puede infringir, impunemente, la ley internacional. Quien tiene de su parte la buena causa, ha ganado ya la mitad de la lucha; la otra mitad depende de la sagacidad de su movimiento y de la perseverancia de su acción.
Hemos vividos 85 años en órbita cerrada, como engrillados por la idea del nefasto enclaustramiento. Hipnotismo artificioso. Bolivia debe disponer de su destino. No esperar nada de Chile si Chile no cambia de conducta. Plantear una política exterior enérgica, dinámica, capaz de suscitar centros de inquietud y de acicate por todo el continente.
El eje del asunto está el La Paz y no en Santiago. La heurística enseña que los pueblos con imaginación se sobreviven a toda desdicha; y es llegada la hora de inventar caminos, métodos nuevos, que nos devuelvan jerarquía hemisférica conduciéndonos al acuerdo de equidad que la Nación reclama. Chile se equivoca; no estamos vencidos ni asustados. Ni solidarios: nos acompaña la conciencia mundial. Bolivia debe pilotear su propia causa. (*11)
Una severa revisión del caso en materia de libre tránsito, lleva a la desoladora conclusión de que Chile nunca cumplió con lealtad el Tratado de 1904 que pretendía compensar, siquiera en parte, los males del encierro. Enunciar sus deliberadas y reiteras violaciones del aquel pacto, sería materia de otra conferencia; las han señalado además muchos publicistas nacionales. Baste mencionar la cuestión del Toco, las dificultades opuestas al tránsito de armas durante la guerra del Chaco, las continuas fricciones por la carga que pasa por los puertos de Arica y de Antofagasta, las restricciones aduaneras y las discrepancias de tarifas de transporte, los entorpecimientos aún no solucionados con motivo del oleoducto Sica Sica–Oruro; y cien casos más que comprueban la mala fe de las autoridades vecinas, empecinadas en aplicar a su capricho las disposiciones del Tratado de 1904 y en fiscalizar indebidamente a nuestro país.
El pacto nefando nunca fue aceptado por los bolivianos. Fue repudiado mil veces. He aquí dos opiniones magistrales. Entre muchas: Dice don José Carrazco, estadista y jurisconsulto. “El tratado de 1904 es revisable porque es el fruto de la victoria y del abuso de la fuerza. Es un pacto que constituye un peligro para la paz continental”. Don Eduardo Diez de Medina, internacionalista y diplomático, agrega: “Un individuo al que se obliga a vivir en prisión celular, suscribe un pacto-nulo. Un país al cual su gobierno mediante un tratado le priva de su soberanía marítima, tiene perfecto derecho para desahuciarlo y demandar una parte legítima en los beneficios de que goza la comunidad internacional”

En los últimos años, sobre todo después del agravio del Lauca, ha crecido en Bolivia la conciencia del desahucio o revisión de aquel tratado. Queda por establecer si esa revisión se hará en acuerdo directo con Chile y Perú, a nivel continental, o por acción de organismos mundiales. Se debe dilucidar, así mismo hasta qué punto conviene o no utilizar las aguas del Titikaka y su cuenca hidrográfica como instrumento para negociar la salida al mar.
Estamos en la encrucijada del destino que es también piedra de toque para el mal vecino. Y la alternativa es ésta: “Chile modifica radicalmente su conducta de abuso y hostilidades contra Bolivia, evolucionando hacia un entendimiento que comience con la reparación jurídica del Lauca y termine con la concesión de un puerto en el pacífico; o cambiamos nosotros y damos, para siempre, la espalda a Chile.

La negociación directa con Chile y Perú podría ser el camino más adecuado, si las tres partes ponen buena fe. Así le aconsejan la sana razón, la experiencia jurídica, la práctica internacional. Pero si el país del sur se aferra a su vieja política de avasallamiento y dilaciones, tendremos que adoptar una línea inflexible en defensa de nuestros derechos. Ese camino, no buscado por Bolivia, que le será impuesto por el peso de las circunstancias, por la incomprensión y la errada política araucana, tendría que recorrerse así: cortar toda relación, todo contacto con los chilenos. En lo político, económico, social, comercial, cultural. O se podrá realizar de inmediato ciertamente; mas preparemos las cosas para que en tiempo no muy largo no venga ni salga un kilo de carga boliviana por Arica Antofagasta, O esas ferrovías nos devuelven al Mar o las clausuramos voluntariamente. Disponemos que ni una sola gota del caudal hidrográfico de nuestros Andes descienda al desierto atacameño. No exportemos un solo gramos de procedencia nacional a territorio chileno. Desviemos todo nuestro comercio de exportación e importación hacia puertos peruanos, Prohibamos la adquisición de productos o manufacturas e Chile. Cerremos el mercado nacional a capitales de aquel país. Nada que tenga el sello del usurpador.
Si Chile no se aviene a reparar la injusticia, Bolivia le dará la espalda y buscará mejores amigos en el continente. (*12)
Llegó la hora de la decisión: Bolivia no puede seguir esperando detrás de sus montañas. Si Chile no cambia lo cambiaremos nosotros. Verdad que careceremos del peso aritmético del número, del potencial demográfico, de la fuerza económica e industrial, y haya de los recursos militares para enfrentar a un adversario más desarrollado en el orden material; pero no todas las batallas las gana la fuerza bruta ni toda la conquista es permanente. Existe también un valor inteligente, rayo de Dios, hijo del espíritu, que es la defensa y la probanza de los pueblos infortunados para alzarse a mejores destinos.
A los chilenos podemos recordarles que Alejandro, el Magno, el mayor conquistador que el mundo ha conocido, recomendaba después de una guerra, la “homonoia”, la concordia que hace felices a los pueblos. Así pensaron también nuestros Incas sagacísimos, maestros en el arte de gobernar y aproximar naciones. Y Napoleón, primer guerrero y político de la época moderna, dejó escrita esta sentencia que yo quisiera grabar en todo pecho chileno: “¡La espada y el espíritu se disputan el dominio del mundo; y al final siempre el espíritu vence a la espada!”
Yo sé que hay quienes piensan que el Mar es una piedra en el camino de Bolivia. Otros que aconsejan ocuparse de objetivos más útiles. ¡Utilidad, signo de los tiempos! (*13) Esos ignoran la constitucional estructura de la nación andina, su historia dramática, su gravitación geográfica, los problemas de su desarrollo económico y social; olvidan, además, que no hay Nación sin tradición, ni pueblo digno sin continuidad en la tierra y en el alma. Ni recogen el clamor persistente de la Patria encadenada.
¿Piedra el Mar que acicatea? ¿El Mar que aun lejano da vida y ennoblece? ¿El Mar de los abuelos desdichados, de los padres que se consumieron en desvelo, de los hijos que aguardan la reparación inaplazable? ¿El anhelo de las mujeres que no conocieron la música de la espuma y de las olas? ¿El sueño estremecido de la juventud que ve combarse su dorso formidable en el ámbito nocturno? ¿El que está volviendo siempre en el dolor y en los júbilos del pueblo, en las ondas y en las rondas del sentimiento boliviano? ¿Piedra el Mar que nos asedia y transfigura? ¿Ese soberbio coral que unifica todas las voces de la Patria en un ímpetu de recuperación y de victoria?
¡Piedra no! Saeta de Dios, fuerza invencible, puñal sangriento que llevamos clavado en el corazón para recordarnos que pueblo sin memoria es indigno de supervivencia.
¡El Mar! Motor primero. El fuego que nos legaron los antepasados. Mandato de la historia y del destino. Altar, cumbre y lábaro a la vez. La estrella para un renacimiento nacional. En nuestras bocas, himno. En los brazos, impulso creador. Música para el sentimiento. Delirio de la voluntad. Portento de la naturaleza. Maravilla de las imaginaciones. Misterio primordial y sempiterno. Flecha de luz. Ideal sin término. Paz iracunda. Guerra de los días. Ciudad del viento. Meteoro del ensueño. ¡Daga sublime! Y el sueño más hermoso de la vida porque brota del seno del noble, heroico y tempestuoso pueblo de los bolivianos.
Debemos responder por el divisionismo secular que nos costó la mitad del territorio y amenaza desmembrar lo que aún nos queda. Quisiera que los bolivianos mediten en esta sencilla idea: ni las armas, ni el potencial económico, ni la astucia diplomática harán más por nuestra reintegración marítima que su regreso a la norma cristiana. Evitemos la desunión que debilita, el rencor que aniquila, la molicie desintegradora. Porque hay tiempo para destruir y otro para edificar.
Como centella misteriosa es nuestra causa. El navío que dirigen las estrellas. Y conducen más lejos los brazos fraternos del justo y del tranquilo. Y el pueblo que sabe mantenerse recto en su fe, varonil en su esperanza, constante en su tarea, alcanza finalmente sus metas por inaccesibles que aparenten. Hubo una hora de Chile. Habrá también, una hora de Bolivia.

Y a Chile sea dicha la última palabra, la oferta final: “Paz con dignidad, restitución del libre acceso al Pacífico, amistad duradera en el acuerdo recíproco de intereses. O una larga preparación de Bolivia, en concentrada soledad, esa maduración heroica que incuba las supremas rebeldías, y que un día futuro ha de darnos la fuerza para rasgar las páginas del Tratado Inicuo y arrojarlas al galope de las olas del Mar recuperado.

FUENTE: Diez de Medina Fernando. Desde la profunda soledad. Quinta Conferencia sobre el Mar. Pág. 111- 143. Editorial Novedades Ltda. Calle Cisneros Nº 1852. La Paz. Bolivia.

COMENTARIO GASTON CORNEJO BASCOPÉ

Terminamos la lectura de un hermoso escrito cuya autoría la tiene el gran pensador e intelectual boliviano, Don Fernando Diez de Medina, además de escritor, diplomático de experiencia, estadista e ideólogo, el mismo que sublimó la cultura andina en su más delicada y selecta cosmogonía.

La conferencia fue presentada en 1965, e impresa un año más tarde en La Paz como parte de numerosos capítulos de profunda meditación. “Desde la Profunda Soledad” es otro libro que enriquece la bibliografía nacional de todos los textos consagrados reveladores, con altura, del alma boliviana.
Ha transcurrido medio siglo desde el escrito, de contenido y prosa sublimes, continúa vigente en todos sus párrafos; además, cumple con la orientación diplomática actual a inicios del nuevo año 2015. Por ello justamente, debe llegar a la lectura y estudio, el mensaje que guarda hoy en día, mayor significación cuando Bolivia inició la demanda de justicia ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, como sugirió el autor hace cincuenta años.
La lectura de la bella prosa sublimiza todo el escrito, lo llena de artilugios poéticos a la vez que históricos de argumentación irrefutable.
Debe difundirse entero e inmediatamente a todo el continente y a toda intelectualidad para ganar conocimiento y sentimiento sobre la demanda marítima de Bolivia. Ahí están los hechos y los argumentos expuestos con maestría y musicalidad poética.
Hago muy breves acotaciones a algunas ideas de vigencia contemporánea.

(*1) Pág 2. Un solo vocablo llena y cumple con pasión la pregunta enunciada: ¡El enclaustramiento!
(*2 Pág 4. Numerosas voces chilenas hablan en favor del ¡Mar con soberanía para Bolivia! Desde hace pocos años la “Agenda de los 13 puntos” ya inscribe en el punto 6º el tema. Los Humanistas de Tomás Hirsch en Chile, los Socialistas de Allende con su dirigente Esteban Silva y otras voces dignas como Marco Henríquez Ominami; finalmente, el pueblo congregado reiterativamente en el Estadio para recibir al Presidente de Bolivia y en la Universidad Católica de Santiago, al suscrito Senador de Bolivia - 2005-2009 - manifestaron al unísono el grito chileno: ¡MAR PARA BOLIVIA!

(*3) Pág 7 El Tratado de 1904 no fue cumplido por parte de Chile. Está la denuncia formal en 1932-1933-1934 cuando Chile se opuso al libre ingreso de armas durante la guerra del Chaco. Están otros temas tan graves como el desmantelamiento privatizador de los FFCC bolivianos, la parálisis de los FC Arica-La Paz; Antofagasta-Oruro. Toda la Red Occidental adjudicada por Chile en el proceso privatizador neoliberal, luego destruida levándose rieles y la memoria institucional fuera de Bolivia. Está el minado criminal en toda la frontera boliviana hasta el presente. Están los obstáculos al libre tránsito y al transporte de carga boliviana con huelgas y paros agresivos. Está la privatización unilateral de los puertos de Antofagasta y Arica y toda la costa chilena que transforma en privados la relación del Tratado.

(*4) Pág 7. El Tratado de 1904 firmado por Bolivia bajo presión y amenaza de invasión al resto del territorio nacional; en tiempo de grandes desastres naturales, sequía incontrolable, pestes epidémicas graves, indefensión militar, presión diplomática nefasta (Abraham Koenik). Etc.

(*5-6) Pág. 8. Siete pedido de revisión del Tratado de 1904 en ocho oportunidades; luego el tema de la desviación del Río Internacional Lauca en forma arbitraria e inconsulta en 1961, tema pendiente hasta el presente al que además se suma el aprovechamiento inconsulto y delictivo de las aguas del manantial del Silala.
 
(*7) Pág. 9. ¿Reintegración o Reivindicación? Cuando se abrió la Agenda de los 13 puntos, la Cancillería boliviana pidió a los Senadores que no utilicemos la palabra “Reivindicación” para no herir los sentimientos de los senadores chilenos y diputados-. En los diversos encuentros parlamentarios se utilizó solamente el de “Reintegración”. A pesar de ello, el diálogo fue quebrado por parte de Chile el año 2010-2011, cuando se insistió en encontrar una fórmula para la solución del problema más que centenario, y dar vigencia al concepto de Mar para Bolivia con Soberanía. Se trataba de un diálogo teatralizado y aparente de dilación continua; finalmente, quedó en claro el de manifestar, con el silencio y el retiro, una posición clásica de petulancia ante el derecho boliviano de reivindicar el enclaustramiento.

(*8) Pág. 10. Lauca. El desvío del Lauca. Mereció un tratado de escritos importantes reclamando el acto delictivo internacional.
 
(*9) Pág 11. Iglesia. En enero del 2015 Chile pone en tela de duda la legitimidad de la Iglesia para que el Santo Padre Francisco, Padre de la Iglesia Católica y Americana, medie en el conflicto internacional ante La Haya; después de poner también en tela de juicio, la competencia del alto Tribunal Internacional para que ordene a Chile se abra a la solución, de buena fe, para solucionar mediante el diálogo, y cumplir la oferta ofrecida muchas veces por sus autoridades a otorgar salida al Pacífico y con ello llegar a la integración americana.

(*10) Pág 13. Pedido de Bolivia ante la Haya. Cuando en 1961, Chile quiso que Bolivia pida a La Haya, una mediación por el desvío de las aguas del río Lauca. Actualmente, 2014-2015, el proceso sugerido y exigido por el escritor Diez de Medina se encuentra en curso y Chile niega competencia al tribunal Internacional, al Papa Francisco, a otros países que intentan la mediación.

(*11) Pág 14. Bolivia debe pilotear su propia causa. Se trata de un gesto postergado pidiendo justicia ante La Haya, actualmente en curso finalmente.

(*12) Geopolítica necesaria. Si Chile no se aviene a una solución amistosa a nuestro enclaustramiento y olvida la guerra de conquista del 79, Bolivia debe mirar geopolíticamente hacia el Atlántico, y mediante el Perú, lograr su salida soberana al Pacífico. La integración americana está forzando la palabra “soberanía” hacia un dinamismo dialéctico moderno y transformador. Por tanto, Bolivia no puede quedar inerme, desgarrada de su integridad y de su futuro, debe luchar civilizadamente como Nación soberana y libre.

(*13) Prosa maravillosa de un gran escritor que canta las endechas nacionales y es la voz profunda del sentimiento nacional. Sus frases poéticas y trascendentes llegan al meollo del tema ¡Mar para Bolivia con soberanía! y enriquece el espíritu de los bolivianos de todos los tiempos.
Personalmente creo que estas páginas, plenas de intelecto y sentimiento, deben estar grabadas en el corazón de todos los habitantes de la Patria, debe ingresar como una página candente de impronta al fuego en los registros históricos de la nación, en la página virtual www.cochabambna-historica.com y en el alma de la juventud boliviana que espera que los actuales ciudadanos y autoridades, cumplamos con el destino nacional.

Gastón Cornejo Bascopé
Presidente de la Sociedad de Geografía, Historia y Estudios Geopolíticos Cochabamba.
Miembro Correspondiente de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre.
Cochabamba, enero de 2015.