Mar para Bolivia

Historia de la Guerra del Pacifico

Dr. Antonio Dubravcic Luksic
Sucre - Bolivia

La Guerra del Pacífico, mas precisamente llamada Guerra del Guano y Salitre, fue un conflicto armado que enfrentó a Chile contra Perú y Bolivia entre 1879 y 1884. Bolivia perdió su salida al océano Pacífico y parte de su territorio. Chile resultó limitando, por el norte, con el Perú y usurpó Tarapacá y Arica.
El 13 de octubre de 1842, Chile promulga una ley que declara suyas todas las guaneras hasta la península de Mejillones, con la intención de detener faenas de extracción ilegal por parte de buques extranjeros. Bolivia reclamó inmediatamente contra esta ley, alegando que el territorio les pertenecía. Desde 1831, se habían establecido formalmente en la caleta de Cobija, al norte de Mejillones.

Las discusiones se prolongaron por más de 20 años, en los que, a pesar de la seguridad que intentaba demostrar Bolivia sobre sus títulos, se mostró varias veces amedrentada por las notas del ministro Tocornal y los trabajos de Amunátegui en favor de Chile, publicados en 1863 y se negó a continuar con las negociaciones. Ese mismo año, el Congreso de Bolivia facultó al presidente a declarar la guerra a Chile
Entre 1865 y 1866 se produjo la alianza de los países del Pacífico en favor del Perú, cuyas islas guaneras chinchas habían sido tomadas por España. Esto alimenta una serie de febriles sentimientos americanistas en este continente. Chile decide llegar a un acuerdo con Bolivia para terminar con aquel problema que los dividía, en donde Bolivia crearía las bases de tal acuerdo. Para aliviar la tensión, Chile y Bolivia pactan un límite en el paralelo 24° y establecen una zona económica compartida entre los paralelos 23° y 25°, con el Tratado de Límites de 1866, según lo acordaron los presidentes J. J. Pérez de Chile y Mariano Melgarejo de Bolivia. Al termino de la guerra contra España, Chile queda mal parado debido al bombardeo de Valparaiso, principal puerto chileno y a la apresurada creación del tratado con Bolivia, que lejos de ser una solución al conflicto y de satisfacer las necesidades del Gobierno Boliviano, alimentaría aún más aquella ilusión de poseer derechos soberanos sobre todo Atacama. Pero el auge del salitre y la aparición de ricos yacimientos minerales como el de Caracoles dentro de la zona compartida, hicieron imposible mantener los acuerdos y Bolivia se empeñó en desconocer el Tratado de 1866.

Tras un nuevo golpe militar, llega al poder en Bolivia el caudillo Hilarión Daza. Considera que tratados firmados por un gobernante anterior no tienen validez. En febrero de 1878 decreta un alza de los impuestos a las empresas chilenas e inglesas en Antofagasta, violando por completo el Tratado de 1874, al subir 10 centavos por cada quintal de salitre, pensando que estas estarían desprotegidas por el Gobierno Chileno. Amenazó con confiscar la totalidad de las infraestructuras de las compañías si éstas no cancelaban su deuda. En febrero de 1879, el Gobierno de Chile como reaccion al aumento de los impuestos por cada quintal de salitre exportado, decide apoderarse por la fuerza de las armas del litoral boliviano

La madrugada del 13 de febrero arriban a la costa de Antofagasta dos naves chilenas, el “Cochrane” y la corbeta “O’Higgins”, la amenaza de una invasión militar era inminente. La mañana del 14 de febrero de 1879, se vio desprenderse del “Cochrane”, un bote con algunos tripulantes, simultáneamente, desembarcan dos compañías, una de artillería de marina y otra de tierra, a cargo del coronel Emilio Sotomayor y mandadas ambas, por el capitán Exequiel Fuentes.

Ya en tierra, el capitán Borgoño se encamina resueltamente a la Prefectura del litoral para conferenciar con el Prefecto, el coronel boliviano Severino Zapata, a quien entrega los pliegos de que era portador, o sea la nota que dirigía al representante oficial de Bolivia, el jefe de la expedición chilena coronel Emilio Sotomayor.

El texto de dicha comunicación decía:
Antofagasta, 14 de febrero de 1879.– Señor Prefecto: Considerando el Gobierno de Chile, roto por parte de Bolivia el tratado de 1874, me ordena tomar posesión con las fuerzas de mi mando, del territorio comprendido en la grado 23”.

Cumplida la comisión por el capitán Borgoño, ponen pie a tierra las fuerza invasoras, 100 hombres de artillería de marina; igual número de soldados del regimiento No 1 de artillería, comandados por el coronel Emilio Sotomayor, se inicia la ocupación de Antofagasta y paulatinamente de otros puertos y caletas bolivianos.
En tal crítica situación, el Prefecto, coronel Zapata, se apresura en enviar su nota de respuesta al requerimiento del jefe de las fuerzas chilenas:
“Prefectura del Departamento de Cobija.
 Antofagasta, febrero 14 de 1879, Señor, mandado por mi gobierno a ocupar la Prefectura de este departamento, sólo podré salir a la fuerza. Puede usted emplear ésta, que encontrará ciudadanos de Bolivia desarmados, pero dispuestos al sacrificio y al martirio. No hay fuerzas con qué poder contrarrestar a tres vapores blindados de Chile; pero, no abandonaremos este puerto, sino cuando se consuma la invasión armada.
Desde ahora, y para cuando haya motivo protesto a nombre de Bolivia y de mi Gobierno contra el incalificable atentado que se realiza. Dios guarde a Ud."
– (Fdo.) Severino Zapata.

Inmediatamente, las fuerzas invasora ocuparon la plaza de armas y colocaron en las esquinas las ametralladoras y cañones. El populacho compuesto en su mayoría por chilenos y de otras nacionalidades se plegaron a las fuerzas invasoras, tomaron la Prefectura, el cuartel y demás oficinas, arrastrando por las calles el escudo y bandera bolivianos. Zapata no tuvo otro recurso que abandonar el puerto, se había ejecutado a la perfección los planes chilenos de apoderarse de las riquezas guaneras y salitreras tanto de Bolivia como del Perú, ejecutando a la vez sus planes de expansión territorial y sentar hegemonía en las costas del Pacífico.

Eduardo Abaroa no fue militar en vida y su título de coronel fue otorgado post mortem por el estado de Bolivia y en reconocimiento de su entrega y valor demostrada en defensa de territorio patrio. En ese entonces, San Pedro de Atacama, era un cabildo o departamento de Bolivia. Se lanzó a la lucha con inquebrantable decisión. No le bastó quedarse en una de las trincheras del Topáter. Cruzó el río encabezando al mayor Patiño, el oficial Burgos y los ocho fusileros. Patiño, Burgos y los soldados cayeron prisioneros. Él permaneció en una zanja armado con su Winchester —que llevaba desde el principio— y junto a otros dos recogidos de compañeros caídos a su lado. El peón que vino con él desde San Pedro de Atacama lo ayudaba a cargarlos.
El coronel Villagrán consideró la acción de Abaroa como temeraria, pero patriótica, por lo cual al principio dio órdenes de no abatirlo. Sin embargo, luego de pasadas las horas y con soldados chilenos heridos, conminó a la rendición a Abaroa. El coronel Villagrán no podía esperar más, y lanzó un grito a su oponente:
"¡Ríndase y le concedo la vida!"
El conminarte grito resonó en el Paso Topáter, y la respuesta, plena de orgullo y llena de la sinrazón de los hombres que combaten, tiro su rifle al suelo y tronó en el aire: ¿Rendirme yo ?... cobardes...¡Qué se rinda su abuela, carajo!"
Terminada la batalla, el cuerpo de Abaroa fue enterrado con honores militares por el Ejército chileno, el día 23 de marzo en el cementerio de Calama. Su entierro fue hecho con honores de héroe: se efectuaron veintiún disparos en su honor y fue envuelto en la bandera chilena, a falta de una bandera boliviana para este póstumo homenaje.
 

Tras la imposición de un impuesto de 10 centavos por 100 kg de nitrato exportado a la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta (CSFA) a pesar de la expresa​ prohibición de nuevos o aumentos de impuestos a empresas y personas chilenas en el Tratado de 1874 entre Bolivia y Chile, la CSFA se negó a pagar y, tras un año de fracasados intentos de solución, el gobierno boliviano de Hilarión Daza rescindió las licencias de explotación, confiscó los bienes de la compañía y los puso a remate para el 14 de febrero de 1879. Al conocer esta medida el 11 de febrero, el gobierno chileno de Aníbal Pinto Garmendia consideró terminadas las negociaciones y roto el tratado limítrofe y ordenó ese mismo día desde Valparaíso la reivindicación de los territorios al sur del paralelo 23°S, a cuyos derechos Chile había renunciado en los tratados de 1866 y 1874 a cambio de ciertos derechos económicos.
La ocupación del puerto de Antofagasta se realizó el 14 de febrero de 1879 y en pocos días los poblados de Mejillones y Caracoles, ambos al sur del paralelo 23°S, quedaron bajo control chileno sin resistencia y con el apoyo de la población que era mayoritariamente chilena.

Bolivia NO declaró la guerra a Chile

PERSONAJES QUE PARTICIARON EN LA GUERRA DEL PACIFICO

El coronel Ildefonso Murguía Anze, el comandante casi olvidado por la historia de Bolivia, fue el que guió a los soldados del Batallón Colorados de Bolivia, en la batalla de Alto de la Alianza. La escritora María Luisa Zeballos elaboró y entregó el 2003 una investigación sobre el militar orureño, donde especifica que nació el 23 de enero de 1838, creció en la ciudad de Pagador y de joven se dedicó a la explotación de minas, pero luego participó de la revolución de 1857 y peleó a favor de José María Linares, quien lo nombró capitán e ingresó al Ejército. La escritora relata que fueron los intereses políticos de la época los que condenaron a ocho sobrevivientes del Batallón Colorados de Bolivia a sufrir la muerte con ignominia por fusilamiento y a su comandante a condenarlo al olvido, y es así como murió, marginado por el Estado.

EL SÍMBOLO
Genoveva Ríos salvó una bandera

Era hija del comisario de la Policía Marítima boliviana. Aquel 14 de febrero de 1879 el ejército chileno había desembarcado en la población de Antofagasta. Entre la confusión y el baleo, los incendios de barracas y almacenes, entre el pánico desconcertante... la admirable niña fijó sus ojos en el edificio de la Policía, donde aún flameaba la Enseña tricolor... Genoveva volvió al sitio, se encaramó por una ventanilla y desatando las piolas se apoderó de la bandera como si en ese estrujo estuviera protegiendo la misma imagen de la Patria”. Litoral, 1971

SALVADORA
Doña Ignacia Zeballos

Esta cruceña marchó acompañando al Batallón Colorados de Bolivia hacia la ciudad de Tacna con el cargo de sanitaria. Colaboró con el cuerpo médico de campaña. Asistió al combate del Campo de la Alianza, destacándose por su valentía; fue llamada Madre del Soldado.

EL CORAJE
El tamborilero Juancito Pinto

Con sólo 13 años de edad, Juan Pinto Cabrera ocupaba el cargo de tambor de órdenes del Batallón Colorados de Bolivia. El Museo del Litoral de La Paz y otros archivos no tienen más datos sobre su procedencia. En la batalla del Campo de la Alianza, el 26 de mayo de 1880, cambió su tambor por un fusil. Cuentan que cuando los colorados eran castigados por el intenso fuego de la artillería enemiga, arrebató a un herido de su batallón su arma para enfrentar al enemigo junto a sus camaradas y cayó de cara al sol, como el resto de su batallón

LA ESPERANZA
El corneta Mamani

El orureño Pascual Mariano Mamani participó de la guerra como el corneta de dos batallones, en noviembre de 1879. En esa batalla los bolivianos lograron escalar un cerro y tomar cañones chilenos, pero el numeroso ejército enemigo causó bajas a los aliados, por lo que el corneta Mamani se montó sobre un cañón, con la pierna fracturada y tocó su corneta pidiendo refuerzos hasta que murió.

LOS PERSONAJES
EDUARDO ABAROA • Nació en San Pedro de Atacama en 1838 y murió a los 41 años, el 23 de marzo de 1879, en Calama, adonde había llegado unos días antes en viaje de negocios relacionados con una mina. Contador de profesión, casado y padre de cuatro hijos, una niña y tres varones, no dubitó en quedarse para defender el suelo patrio. Abaroa, a quien los historiadores retratan como un hombre alto, delgado, de ojos claros y cabello prematuramente cano, se ha convertido, tras su inmolación en el puente Topáter, en un héroe nacional.


LADISLAO CABRERA • Periodista, abogado, profesor y político, Cabrera nació en Cochabamba hacia 1830, aunque gran parte de su juventud residió en Arequipa. Había llegado, a sus 49 años, a Calama donde ejercía el cargo de forense cuando se produjo la ocupación chilena. Junto al subprefecto Fidel Lara y a Eduardo Abaroa, Cabrera organizó y comandó la defensa de Calama. Ante la superioridad del enemigo dispuso el repliegue de sus hombres. Más tarde, Cabrera trabajó en La Paz con Narciso Campero.

HILARIÓN DAZA• Fue el ególatra boliviano y así se refleja en el largo programa de festejos de casi dos semanas por su cumpleaños, el 14 de enero. Derrocó al presidente Frías en 1876 y una Asamblea lo proclamó Jefe de Estado ese mismo año. Fue destituido en plena campaña militar por el mando militar boliviano, después de su papel desde el comienzo de la guerra hasta su retirada de Camarones. Fue asesinado en 1894 cuando regresaba de Europa a Bolivia para defenderse de los cargos de traición a la Patria.

NARCISO CAMPERO • Se contaba entre los pocos con estudios militares en Europa, y su figura despertó esperanzas entre los aliados en la campaña militar. Comandó la V División, de “los israelitas” decían, porque recorrieron 2.075 kilómetros por el desierto sin llegar a ninguna parte. Tuvo un papel destacado en el Campo de la Alianza. Una convención lo ratificó como Presidente y gobernó entre 1880 y 1884. Llamó a elecciones y transfirió el mando constitucional al elegido presidente Pacheco.

MIGUEL GRAU • El capitán de la Marina peruana Miguel Grau, comandante del monitor “Huáscar”, se constituyó en el mayor obstáculo de la Armada chilena que deseaba consagrar su supremacía en el Pacífico. Su leal caballerosidad le llevó a salvar al enemigo de ahogarse, mientras el adversario ultimaba en el agua a sus camaradas del “Independencia”. Casi en solitario libró su propia batalla bombardeando puertos y hundiendo barcos enemigos, hasta que, en una celada, seis buques de guerra le dieron fin.

COMANDANTE GONZÁLEZ • Su nombre quedó relegado por aquel otro labrado en la guerra. “Pachacha” González. Este coronel, de contextura delgada y de abanicado bigote, fue comandante del Batallón “Illimani” de Bolivia y, junto con sus camaradas peruanos del “Zepita”, al mando de Ladislao Espinar, condujo a sus soldados al asalto de baterías chilenas en lo alto del cerro San Francisco, en el que se registraron heroicos actos desde que ascendieron por la ladera del cerro, esquivando las balas enemigas.

TOMÁS FRÍAS • Distinguido abogado potosino (1804-1880), fue Presidente de Bolivia en dos ocasiones, de noviembre de 1872 a mayo de 1873 y de enero de 1874 a mayo de 1876, cuando fue derrocado por Hilarión Daza. Frías tenía una clara concepción de los fines chilenos una década antes, cuando en 1864 estuvo en Santiago para conciliar una crítica situación derivada de la ocupación chilena de Mejillones. Ésta fue una de las razones por las que, en su gestión, se preocupó de suscribir formalmente el tratado de alianza con el Gobierno de Perú.

MARIANO MELGAREJO • Es el personaje político más controvertido de la historia boliviana. Nacido en Cochabamba (1820-1871) se dedicó a la vida militar y llegó al poder mediante un golpe de Estado. Su temperamento bipolar lo convertía en un ser feroz y, un segundo después, rebosaba de generosidad. Ese momento generoso le hizo anular la secreta declaración de guerra a Chile y dar todo su apoyo al vecino que enfrentaba a la Armada española. Perdió una oportunidad de oro para fijar límites con Chile.

SEVERINO ZAPATA • Coronel del Ejército boliviano y muy amigo del presidente Hilarión Daza, ejercía como Prefecto del departamento de Litoral y se encontraba en Antofagasta el día 14 de febrero de 1879 para proceder al remate de bienes de la empresa salitrera chilena, que se negó a pagar tributos. Ese mismo día fue notificado de la ocupación chilena del puerto por el comandante del acorazado Lord Cochrane. Zapata participó en la defensa de Calama con Abaroa y Cabrera y otros 130 combatientes.

ADOLFO BALLIVIÁN • Hijo del vencedor de Ingavi, el general Adolfo Ballivián retornaba de Europa cuando, a su paso por Lima, le pidieron que fuera quien negocie y suscriba el tratado de alianza con Perú, que fue rubricado por su sucesor el presidente Tomás Frías. Nacido en La Paz en 1831, Adolfo Ballivián asumió la presidencia constitucional de Bolivia en mayo de 1873, pero renunció nueve meses más tarde, por motivo de enfermedad. Murió en La Paz en febrero de 1874 víctima de un cáncer.

Consecuencias de la Guerra del Pacífico
Las consecuencias de la Guerra del Pacífico fueron muchas, sin embargo, 
las cuatro más significativa al firmarse el Tratado Ancón en el 1883 fueron:
Perú cedía a Chile el territorio de Tarapacá para siempre. Y, por un tiempo cedía los territorios de Arica y Tacna.
Se fijaron disposiciones en la que se dejaba claro que la venta de un millón de toneladas de guano, en la cual el producto líquido debía ser dividido entre la nación de Chile y de Perú.
Se hizo un pacto de tregua con Bolivia, en la que se fijaron disposiciones comerciales y aduaneras sobre los territorios de Antofagasta donde Chile tendría total soberanía.
Se acentuó la influencia capital Inglés.

Para poner final a la guerra Chile firmó un tratado con cada país
En el caso de Bolivia, esta se negó a firmar un tratado de paz con Chile, por lo que solo se pudo suscribir un pacto de tregua, en la que se estipuló que Chile mantendría el territorio de Antofagasta. Para el 20 de octubre del año 1904 la entrega de territorio se hizo legal con el tratado que se firmó en el que se establece la construcción Arica-La Paz financiada por el gobierno de Chile. Con el pueblo peruano se firmó el Tratado de Ancón el 20 de octubre de 1883. En este acuerdo Perú se comprometía a ceder a Chile de manera permanente los territorio de Arica, Tacna y Tarapacá.
Tras años de disputas, el histórico reclamo de Bolivia a Chile para conseguir una salida al mar vivió  un episodio decisivo.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, en Holanda, decidió que Chile no tiene obligación de negociar con Bolivia acceso con soberanía al océano Pacífico.
Bolivia reclama que existe una obligación de negociar la salida al mar que perdió hace más de un siglo.
Chile, sin embargo, afirma que si dialogó en el pasado fue por un acto de buena voluntad y no como el reconocimiento de una obligación pendiente, que en su opinión quedó zanjada tras la firma de un acuerdo en 1904.