Mar para Bolivia

ALEGATO POR SOBERANIA EN EL MAR

JORGE EDGAR ZAMBRANA JIMÉNEZ

El 22 de octubre de 1868 se fundó, en la caleta denominada La Chimba, el cuarto puerto boliviano que se denominó Antofagasta, por el Prefecto del Departamento del Litoral, Dr. José Raymundo Taborga, y el Dr. Abdón S. Ondarza, Fiscal de Partido de su capital el puerto de Cobija (el primero que ha tenido Bolivia en 1825; el segundo es Mejillones en 1840; el tercero ha sido Tocopilla fundado en 1843). Por tanto, las declaraciones del presidente de Chile Piñera son falsas, de que Antofagasta siempre fue chilena. Debería estudiar historia; ¿Acaso el 14 de febrero de 1879 Chile no invadió Antofagasta boliviana mediante su ejército militar?.
Después de fundarse el puerto boliviano de Cobija en 1825, en el año 1841 Domingo Latrille declaró los depósitos de guano en el lado norte de la península boliviana de Mejillones. 


 

 

 

 

 


Tropas chilenas: la invasión de Antofagasta

El gobierno de Bolivia le otorgó una concesión para explotar las covaderas bolivianas llamadas Angamos y Orejas de Mar hasta el año 1842.
Dominique Latrille Loustauneau fue un migrante francés, considerado como fundador del puerto de Tocopilla. Hijo de Francois Latrille y Marguerite Loustaunou. Antes fué vendedor de pinturas y vidrios en Pau, Francia. Todo está corroborado según la infinidad de documentación emanada desde el Estado Plurinacional de Bolivia[*].
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[*] Entre ellas, ver: Memoria Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia (1871) ‘Sobre la cuestión de Mejillones’. Presentada a la Asamblea Extraordinaria, reunida en Oruro en mayo de 1863. Imprenta del Siglo, Cochabamba.
Ver también: Copias de Documentaciones de López Gama y el gobierno boliviano (1871) ‘Expediente de reclamación hacia el gobierno de Bolivia’.
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Mejillones, o Mexillones en el castellano antiguo, adquirió su nombre de los primeros exploradores españoles, debido a la abundancia de estos moluscos hallados en sus costas. Sus litorales fueron recorridos por los pescadores y mariscadores changos, pero sólo comenzó a establecerse una población más numerosa en esa caleta pesquera después de la apertura de la explotación de las covaderas de guano en el lado norte de la península, descubiertas en 1841 por Domingo Latrille.
Tal descubrimiento del guano, además de la incipiente explotación de minas bolivianas de cobre, fue constituyendo la formación de un caserío, estableciendo las bases de una futura ciudad. Este sector constituía una de las bahías más amplias y seguras del litoral boliviano del Pacífico sur en 1840.
El prefecto de Cobija habilitó a Domingo Latrille y Mariano Benavides para mensurar los terrenos de la costa y levantar la ciudad de Tocopilla en reemplazo del campamento minero, elevándola a cantón (1843). Domingo Latrille es nombrado Corregidor (1849), el Gobierno de Bolivia le presta la atención necesaria e instruye la creación de la Aduanilla en la caleta de Tocopilla (1863) y la eleva a rango de Puerto Menor (1871). Los terremotos de 1868 y 1877 la aislaron por tierra, contexto en el que se desarrolló “una conflictividad que propició una sangrienta reyerta minera auspiciada por capitalistas chilenos y europeos”, sembrando el terreno para, con cualquier pretexto, proceder a la invasión militar chilena en 1879.

Domingo Latrille, defensor del litoral de Bolivia
Chile diseñó la estrategia para mover los límites a su favor bajo el argumento falso de que “la costa de Atacama desde Cobija hasta Paposo estaba inhabitada”, apoyado en su fuerza militar, con la toma del puerto de Mejillones (1844) y la incursión de la corbeta de guerra Esmeralda (1847), declarándolo arbitrariamente de propiedad de Chile (1857). El gobierno de Bolivia levantó un sumario con declaraciones de testigos que demuestren la propiedad de Mejillones por parte de Bolivia, “sin que ni remotamente se pretendiera por otro Estado derecho sobre ella”. Uno de los testigos fue Domingo Latrille, “considerado en primera instancia por ser un actor clave en los orígenes de la explotación de las covaderas de Mejillones”. Su testimonio ha sido concluyente: “dijo que le consta que Bolivia ha poseído siempre la bahía de Mejillones y los demás terrenos de su territorio al sur de ésta, hasta el Hueso parado”.

El conflicto entre Chile, Bolivia y Perú, que estalló hace más de un siglo y cuarto atrás, debe, en puridad, llamarse Guerra del Salitre y del Guano (estiércol de aves), ya que fueron empresas chilenas las que comenzaron la explotación de ambos productos (apreciados fertilizantes) en territorios bolivianos y peruanos. Fue un justo cobro de impuestos el pretexto que detonó las acciones bélicas de invasión militar chilena al puerto boliviano de Antofagasta
Es menester clarificar que el famoso impuesto de 10 centavos no era un “nuevo impuesto”, como ha hecho creer Chile incluso a los propios bolivianos, sino que el Gobierno de Bolivia firmó un contrato de concesión y explotación de salitre con la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta el año 1873, es decir un año antes de la firma del Tratado de 1874; dicho contrato según la Constitución boliviana vigente en esa época debía ser aprobado o ratificado por el Congreso Nacional; la mencionada ratificación solo se produjo el año 1878, mediante ley de fecha 14 de febrero, es decir cinco años después de su suscripción; sin embargo, ésto no fue óbice para que la mencionada Compañía formada por capitales ingleses y chilenos, comenzara a explotar los lugares salitrales otorgados en concesión dentro del territorio boliviano, sin el pago al Estado boliviano de ningún impuesto o tributo a su explotación y exportación.
Así es que, dada la ratificación de dicho contrato de concesión, el gobierno del general Hilarión Daza, en el marco de sus atribuciones, decretó el impuesto señalado de 10 centavos; es decir, se trataba del impuesto que lógicamente debía gravar la explotación del salitre boliviano desde 1873, pero que por cuestiones internas el contrato que regulaba dicha explotación solo fue ratificado en 1878, lo que quiere decir que era una obligación de la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta que provenía de 1873, cuando la firma del contrato de concesión, antes de la vigencia del Tratado de Límites de 1874 con Chile, lo que tampoco excluyó a dicha Compañía del pago de impuestos por su actividad comercial; vale decir, se trataba de una “obligación pre-existente” y en ningún caso de un nuevo impuesto arbitrariamente aplicado por Bolivia, pues no se ha dado el caso que pueblo alguno en el mundo consienta en la explotación de sus riquezas por extranjeros a cambio de nada.
En cualquier caso y tratándose de una cuestión a todas luces “comercial” (pues se trataba de la negativa de una empresa privada al pago de un impuesto ordenado por el Gobierno de Bolivia), dicha cuestión debía ser resuelta mediante la figura legal del Arbitraje, ya que el Artículo II del Tratado Complementario al Tratado de 1874 suscrito en julio de 1875 establece con claridad meridiana: “Todas las cuestiones a que diese lugar la inteligencia y ejecución del Tratado de 6 de agosto de 1874, deberán someterse al arbitraje”. Es lo que hoy llamaríamos un Arbitraje Ad-hoc es decir un tipo de arbitraje en el cual no se ha señalado una corte arbitral, autoridad o instancia específica determinada con antelación, a la cual las partes someterán sus diferencias en caso de existir, que es la distinción sustancial con el Arbitraje institucional. Para dicho Arbitraje Ad-hoc, Bolivia y Chile debieron ponerse de acuerdo en la forma y procedimientos para acudir a dicha figura de solución de conflictos en la ejecución del Tratado de Límites de 1874.

Pero la historia es harto conocida: Chile decidió no cumplir lo que había pactado solemnemente, y es curioso que en el presente sus autoridades se llenen la boca hablando de la intangibilidad de los Tratados, de que su país es estricto cumplidor del Derecho Internacional, cuando en la realidad quieren ocultar que no dieron cumplimiento al Artículo 3 del Tratado de 1874.

Aún más, el principio jurídico del Pacta sunt servanda que quiere decir “lo pactado obliga”, significa que en Derecho todo lo pactado debe ser cumplido fielmente por las partes y no solamente lo que nos sea más conveniente, como Chile ha procedido en los hechos al invocar el supuesto incumplimiento boliviano a no imponer nuevos impuestos a los capitales chilenos durante 25 años, aspecto ya aclarado líneas arriba. Por lo que cabe interrogar al Gobierno chileno: ¿efectivamente su país cumple lo pactado en sus tratados?, a lo que se puede añadir : que muestren las pruebas de que acudieron a un Árbitro o Corte Arbitral para resolver la cuestión de los 10 centavos al quintal de salitre exportado, entre la empresa privada Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta y el Gobierno de Bolivia, o el fallo favorable a su país de ese inexistente Arbitraje, que jamás se realizó porque Chile ocupó militarmente todo el Litoral boliviano, que no le pertenecía y no le pertenece, por lo que dicho país ha incumplido flagrantemente el Tratado de Límites de 1874, haciendo nulo de pleno derecho el Tratado posterior de 1904, porque éste legaliza lo que Chile no ha cumplido en un anterior Tratado y que fue su justificativo para su aleve y traicionera invasión.

Se trató, entonces, de un ataque invasor que en Chile se convertiría, por obra y gracia de la propaganda, en una "guerra patriótica".
Toda la prensa mundial explica que, como consecuencia de la invasión militar chilena, Bolivia no sólo perdió una superficie de 90 mil kilómetros cuadrados, sino que además fue privada de la posibilidad de explotar los recursos existentes en esa extensión territorial. El diario Página Siete de Bolivia explicó que los principales recursos usurpados han sido : cobre, plata, litio, guano, salitre, y los recursos ictiológicos de peces.
El salitre ha sido de gran trascendencia en la historia económica chilena. La usurpación de 1879 convirtió a ese país en el principal productor de salitre del mundo; pedestal en el que Chile monopolizó la explotación y comercialización, durante 40 años. Esa situación permitió a ese Estado multiplicar sus ingresos y sentar las bases de su desarrollo económico, y posterior consolidación política.
El cobre boliviano es otro recurso importante para Chile; le ha suministrado el ingreso de ingentes recursos económicos, de tal magnitud que el expresidente chileno Salvador Allende llamó a la renta de la explotación de ese mineral como "el sueldo de Chile”.
A principios del siglo XX se descubrieron las reservas más importantes de cobre a nivel mundial en lo que fue el Litoral boliviano. Por las exportaciones de cobre, Chile ha percibido, hasta ahora, más de 900 mil millones de dólares. 

Chuquicamata, en la región de Calama, es la mina a cielo abierto de cobre más grande del mundo. Su explotación se hizo masiva en el siglo pasado y continúa a ese ritmo en la actualidad. "Chile ha usufructuado de ese despojo”.

Otro recurso es el litio, que también se encuentra en el litoral que fue boliviano. En la actualidad, Chile es el primer productor de litio, y su producción representa casi el 50% de lo generado en el mundo. El precio de este recurso pasó de 1.760 dólares por tonelada en 1999 a a 6.000 dólares la tonelada en 2008.

La plata es otro mineral del que Chile sacó provecho en territorio que fue boliviano. Una mina importante para su explotación es Caracoles, cuyas riquezas argentíferas, a mediados del siglo XIX, eran 30% superiores a las del Cerro Rico de Potosí.

El guano es otro recurso que Bolivia perdió la oportunidad de explotar, por culpa de la usurpación chilena. Tuvo su auge hasta fines del siglo XIX, en Europa, que lo importaba desde Mejillones y Antofagasta.

En 1926, El gobierno de Estados Unidos propuso, en base a los propios deseos de los pobladores de ambas localidades, que los territorios de Tacna y Arica, que se encontraban en poder de Chile, sean entregados en propiedad soberana a Bolivia, para evitar que quede enclaustrada. Perú, como perro del hortelano, se opuso, y en 1929 procedió a firmar un tratado con Chile, en el cual se ha estipulado que Tacna se queda con Perú y Arica con Chile.

Ahora, luego de la sentencia emitida por la CIJ, podemos concluir, después del “fallo”, que Bolivia ha acudido ante la Corte precisamente porque Chile dilata y dilata, y nunca entabla negociaciones, haciéndose la burla. Entonces, no se entiende por qué la Corte no ha obligado a Chile a negociar, y, en cambio, como si se hiciera también la burla, ha emitido su declaración haciendo un llamado a la buena voluntad de Chile, sabiendo que es un país que no quiere escuchar ni negociar. Vemos que la Corte realmente ha “fallado”, es decir, HA PREVARICADO, vergonzosamente, ante el asombro mundial. 
El fallo de la Corte, ante la demanda de Bolivia, peca por tener una visión atiborrada, demasiado preocupada por tecnicismos intrascendentes, reduciéndose a examinar con lupa la letra de instrumentos diplomáticos para determinar si existía o no una obligación chilena de negociar un acceso soberano de Bolivia al mar.  Fuera de foco, la Corte pierde de vista el bosque por contemplar los árboles y es incapaz de tomar en cuenta todos los aspectos involucrados en el diferendo Bolivia-Chile y, por ende, de encontrar una solución JUSTA, objetiva y racional al conflicto.

 Propiamente hablando, lo que ha habido es un RECHAZO a la demanda boliviana, sin piedad ni misericordia. Por 12 votos contra 3, parece que la Corte se ha visto obligada a parcializarse a favor de Chile, porque no quiere levantar un verdadero AVISPERO mundial de demandas que reclamarían que la Corte les solucione de la misma manera como lo hubiera hecho si fallaba a favor de Bolivia, que era realmente lo justo. Además, hay que criticar al gobierno boliviano y a sus abogados, quienes se han limpiado la boca antes de comer, al contestar al juez Owada de que van a definir totalmente, que y dónde es el “acceso soberano” recién durante las “negociaciones con Chile”, como si estuvieran seguros de que La Haya iba a fallar en su favor.

El día más nefasto en la historia de Bolivia, ha sido el 14 de Febrero de 1879 cuando, hace 139 años, el buque chileno Blanco Encalada desembarcó en la ciudad boliviana de Antofagasta. Luego, las tropas militares chilenas invadieron hasta Calama y terminaron apropiándose del Departamento del Litoral boliviano, desde el paralelo 24º hasta la desembocadura   del río Loa, donde permanecen hasta hoy.

Todo el mundo ha notado lo contradictorio del “fallo” de la CIJ; no sólo por cuanto la Corte no puede justificar el mismo señalando que en los compromisos no está demostrada tajantemente la obligación de negociar; sino que en los alegatos bolivianos presentados, se observa que existen, en varios de dichos compromisos anteriores de Chile, abundantes evidencias en que proponen negociar un acceso propio y soberano para solucionar el enclaustramiento que le han ocasionado a Bolivia. Y en algunos de los compromisos, evidentemente, los chilenos se obligan, ellos mismos, a entablar negociaciones para llegar a acuerdos y resolver la clausura marítima que han ocasionado con su invasión militar y su tratado de 1904.
 
Este Analista, Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez, junto con mi pueblo boliviano, declaro que :
Bolivia nunca va a renunciar a reclamar multilateralmente su puerto soberano usurpado en 1879 mediante la invasión militar de Chile. Con ello, seguiremos cumpliendo lo que estipula la Constitución Política del Estado Boliviano. En este sentido, nunca daremos ni regalaremos más territorio a cambio de un acceso, ya sea soberano ó no. Y tampoco debe volver a ocurrir que los gobiernos se limpien la boca antes de comer, como lo han hecho en el pasado cuando declaraban en el aeropuerto de El Alto, luego de ‘negociar’ en Santiago de Chile, que traían el mar en el maletín, o en una botellita.
Con el Tratado de 1904 Chile ha usurpado los territorios arrebatados, a sabiendas, por el derecho internacional, de que ningún Estado puede imponer a otro la renuncia a perpetuidad de su territorio e independencia.
Bolivia reclama lo que es suyo propio, a pesar del dominio “absoluto y perpetuo” que Chile le impone con un despojo armado. El Departamento del Litoral, por derecho y por ley es territorio del Estado Boliviano, aunque hoy bajo dominación ilegítima y de facto.
No existe hoy la intangibilidad de los tratados en el derecho internacional publico; tampoco la eternidad del despojo impuesto por un país sobre otro.


MAPA DE LAS FRONTERAS DE BOLIVIA, CHILE Y EL PERÚ, ANTES DEL AÑO 1866, DONDE EL PAÍS CHARQUINO POSEÍA 4 PUERTOS. HOY, BOLIVIA ESTÁ ENCLAUSTRADA, A CONSECUENCIA DE LA INVASIÓN MILITAR CHILENA EN 1879, MIENTRAS QUE CHILE GOZA DE 100 PUERTOS, Y PERÚ POSEE 50.

En abril de 1950, el presidente chileno González Videla realizó una visita oficial a Estados Unidos, donde se entrevistó con el presidente Harry S. Truman, a quien le informó sobre las conversaciones preliminares mantenidas con Bolivia; le expuso el proyecto que había concebido, relacionado con la utilización de las caídas de las aguas del lago Titicaca para promover la transformación y el desarrollo económico del sector fronterizo de Bolivia, Chile y Perú, para cuya realización se requeriría del financiamiento y apoyo de Estados Unidos. De regreso a Chile, el ministro de Relaciones Exteriores, Horacio Walker Larraín, le informó al embajador boliviano Ostria de la entrevista y la favorable reacción del presidente Truman. El 1 de junio de 1950, Ostria dirigió una nota al canciller Walker, proponiendo que los gobiernos de Bolivia y Chile ingresen formalmente a una negociación directa para satisfacer la fundamental necesidad boliviana de obtener una salida propia y soberana al océano Pacífico, resolviendo así el problema del enclaustramiento de Bolivia sobre las bases que consulten las recíprocas conveniencias y los verdaderos intereses de ambos pueblos. La nota dice : ‘Tengo a honra proponer a Vuestra Excelencia que los gobiernos de Bolivia y Chile ingresen formalmente a una negociación directa para satisfacer la fundamental necesidad boliviana de obtener una salida propia y soberana al océano Pacífico’
El 20 de junio de 1950, Chile respondió con una nota, donde expresó que el gobierno de Chile, junto con resguardar la situación de derecho establecida en el Tratado de Paz de 1904, ha estado dispuesto a estudiar, en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones del Gobierno de Vuestra Excelencia y los intereses de Chile. En la presente oportunidad, ‘Mi gobierno está llano a entrar, formalmente, en una negociación destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico’.
Además, se confirmaba que habría que consultar oportunamente a Perú, en cumplimiento de los tratados que tiene celebrados con ese país.
Al analizar los Jueces de la CIJ, mañudamente, esas notas de junio de 1950, por 12 votos contra 3 han rechazado el alegato boliviano, con el ridículo argumento de que “para que dicho intercambio alcance el rango de un tratado internacional (lo que implica la obligación de negociar) las notas deben seguir una cierta tradición : según esa práctica, un Estado propone, en una nota dirigida a otro Estado, que se concluya un acuerdo siguiendo cierto método, y luego el segundo Estado responde con otra nota que reproduce de manera idéntica el texto de la primera nota, indicando que acepta estos términos; pero las notas intercambiadas entre Bolivia y Chile en junio de 1950 no están redactadas de la misma manera ni tampoco reflejan posiciones idénticas”, indicaron los Jueces prevaricadores.
En cambio, los Jueces disidentes, Robinson y Salam, comparten que “el texto de las notas intercambiadas, las de 1950, no tiene que necesariamente ser idéntico, como dice el fallo, para generar efectos jurídicos, sino que basta con que el objeto del intercambio esté claro. En el actual caso, el objeto es claramente ingresar a una negociación directa para darle a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico y éso se puede demostrar al comparar lo que dicen esas notas. Pues mientras la de Bolivia señala: ‘Tengo a honra proponer a Vuestra Excelencia que los gobiernos de Bolivia y Chile ingresen formalmente a una negociación directa para satisfacer la fundamental necesidad boliviana de obtener una salida propia y soberana al océano Pacífico’, la de Chile manifiesta: ‘Mi gobierno está llano a entrar, formalmente, en una negociación destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico’. Aquí las diferencias son insignificantes”, destacan los jueces disidentes Robinson y Salam, con toda razón

Por otro lado, en el ‘fallo’ de la Corte, se nota que los jueces han buscado y rebuscado en los documentos y notas intercambiadas por Bolivia y Chile, la existencia de la palabrita “obligación”. Los magistrados quieren ver algún párrafo en el que se indique que Chile está obligado a negociar. Pero, o se hacen los desentendidos, o no han caído en cuenta que lo que Bolivia está pidiendo es que la Corte declare, en base a los ofrecimientos y compromisos araucanos, que Chile tiene la “obligación” de negociar, al margen de que las citadas notas lo digan o no lo digan, o mencionen o no mencionen la mágica palabrita “obligación”. Como éstas no lo dicen, entonces los Jueces han fallado que Chile no está obligado a negociar. Se nota al tiro el prevaricato.

La periodista y escritora argentina, Stella Calloni, calificó el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que rechazó la demanda marítima contra Chile, como una "gran burla" a la lucha del pueblo boliviano para lograr un acceso soberano al océano Pacífico apelando a la justicia internacional. "... El reciente fallo de la Corte Internacional de La Haya representa una gran burla a todos estos años de lucha del pueblo boliviano, despojado de sus propios territorios en la despiadada invasión militar por el guano y el salitre del Pacífico", manifestó en un artículo publicado en el sitio web ‘Garganta de América Latina’.
 

POR OTRA PARTE, EN LA DEFENSA CHILENA SE OYE SIEMPRE LA CANTALETA DE QUE HAY QUE RESPETAR LOS TRATADOS Y EL DERECHO INTERNACIONAL. EMPERO, EL PUEBLO BOLIVIANO CONOCE QUE EL TRATADO DE 1904 HA SIDO IMPUESTO POR IMPOSICIÓN MILITAR, Y QUE EL DERECHO INTERNACIONAL NO PUEDE RESPALDAR UN TRATADO INJUSTO, PARCIALIZADO Y QUE CONCULCA, PRECISAMENTE, EL DERECHO DE BOLIVIA.

EL FALLO DE LA HAYA, EN ÚLTIMA INSTANCIA HA RESULTADO FAVORABLE A BOLIVIA, YA QUE SI SE SENTENCIABA QUE CHILE ESTABA OBLIGADO A NEGOCIAR, LOS ROTOS IBAN A CONDENARNOS A UN ETERNO MENDIGAR POR UN MISERABLE PLATO DE LENTEJAS COMO ES EL INSERVIBLE CALLEJONCITO SIN PUERTO Y SIN SOBERANÍA AL NORTE DE ARICA.

De todos modos, como la Corte, de acuerdo a la respuesta de Bolivia al juez Owada, no ha establecido obligación predeterminada de resultado, es decir no indica cuál sería el acceso soberano, dejando su definición para la etapa de la negociación, entonces nos preguntamos  ¿cuál será el nuevo regalito que chile le exigirá a Bolivia  a cambio de un callejón inservible sin puerto y sin soberanía al norte de Arica?; ésto notamos porque ya estamos presenciando la nueva arremetida de ruegos mendicantes del gobierno boliviano.

Vemos que, en pleno siglo XXI, sigue el entreguismo chilenófilo y melgarejista : "Al hermano presidente de Chile, Salvador Piñera, lo invito a que juntos encontremos formas de entendimiento para cerrar las heridas abiertas hace más de 100 años, cumpliendo el derecho internacional y honrando los valores de justicia, dignidad y buena fe que deben reinar entre nuestras naciones", ha dicho el INGENUO 
Evo Morales en una declaración a la prensa. El mandatario boliviano hizo su llamamiento dos semanas antes de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, le dé un soberano chasco con su sentencia en el juicio iniciado hace cinco años por Bolivia para obligar a Chile a cumplir sus compromisos de diálogo para resolver la demanda boliviana de recuperación de su acceso marítimo soberano.
La CINICA respuesta del roto ha sido
: Si Bolivia abandona su absurda pretensión sobre territorio, mar o soberanía chilena, en esas condiciones por supuesto que vamos a dialogar con Bolivia los temas del futuro, como el fortalecimiento de nuestra integración y desarrollo económico, el mejoramiento de la seguridad de nuestras fronteras, el combate con mayor eficacia del narcotráfico y otros males.
Y, como para no creer, acatando la tradicional falta de criterio e ingenuidad melgarejista de la diplomacia internacional de Bolivia, el Presidente de los bolivianos ha caído en la trampa del bilateralismo insulso, y acaba de enviar, luego del nefasto fallo de la CIJ, la siguiente nota al gobierno de Chile :

Y para asombrarse más, ha enviado un mes después un mensaje verbal al gobierno chileno, con el tenor impaciente siguiente :
 “Lamento mucho decir, en base a este fallo de la Corte Internacional de Justicia, hemos enviado una nota para reiniciar el diálogo, como recomienda, como insta, como invoca la Corte Internacional de Justicia; ha pasado ya casi un mes y no hay respuesta. Esperamos que podamos hacer una profunda reflexión a las autoridades de Chile para retomar el diálogo correspondiente”, dijo el ingenuo presidente Evo Morales durante el acto del 45º aniversario de la Escuela Naval Militar. Seguramente, la casta chilenófila que pulula en la cancilleria le está impulsando a rogar, DE NUEVO, por el miserable callejón al norte de Arica.

Para salir legítimamente al mar, Bolivia tiene que hacerlo por su propio territorio, NO por un callejón inservible abierto en territorio ajeno, que nunca dejaría de ser callejón ajeno. En la perspectiva de obtener de Chile esa infortunada “salida”, ésta dejaría a Bolivia automáticamente fuera de la Historia, sin derecho a reclamar el LITORAL, nunca más, como lo suyo.
Tenemos que rechazar la política de “confianza mutua” y “mar a como dé lugar”, y debemos exigir la reparación del atropello de 1879, y ésto sin claudicaciones ni compensaciones a Chile. No queremos tomaduras de pelo como el ridículo callejón sin puerto al norte de Arica. Nuestro Departamento del Litoral, actualmente ocupado y usurpado de facto, no puede convertirse en soberanía intangible chilena, con los argumentos de que La Haya ha dicho que Chile no tiene obligación de negociar, que la CIJ no trata revisiones de tratados y que Chile no devolverá el litoral porque no puede dividir en dos partes separadas su territorio. Bolivia debe esperar la coyuntura internacional y buscar aliados, así tengan que pasar 100 años más, para poder reivindicar su propio litoral, y no contentarse con un plato de lentejas.

Bolivia no renuncia a sus derechos sobre el Departamento del Litoral, y no considera un canje territorial, puesto que esto último constituiría un error de lesa Patria.
NO EXISTE HOY EL DERECHO DE ETERNIDAD (INTANGIBILIDAD) EN EL DERECHO PÚBLICO INTERNACIONAL. TAMPOCO LA INMORTALIDAD DEL DESPOJO, NI LOS CASTIGOS DE GUERRA SIN FIN, IMPUESTOS POR UN PAÍS SOBRE OTRO, COMO SUCEDE ACTUALMENTE CON CHILE SOBRE BOLIVIA.
LA ENTREGA, QUE SE HIZO A CHILE, DE NUESTROS PUERTOS, MEDIANTE EL TRATADO DE 1904, ES SUBSTANCIALMENTE NULA, PORQUE UN PUEBLO NO PUEDE PACTAR EL CERCENAMIENTO DE SU INTEGRIDAD VITAL, LO CUAL ES INADMISIBLE. EL TRATADO DE 1904 FUE PRODUCTO DE LA IMPOSICIÓN, RESPALDADA POR LA FUERZA Y LA CONQUISTA; FUE SUSCRITO CUANDO CHILE OCUPABA MILITARMENTE EL TERRITORIO BOLIVIANO. POR TANTO, HUBO VIOLENCIA Y VICIO EN EL CONSENTIMIENTO.
LA CONVENCIÓN DE VIENA DE 1969 DICE QUE ES NULO TODO TRATADO CUYA CELEBRACIÓN SE HAYA OBTENIDO POR LA FUERZA, EN VIOLACIÓN DE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO INTERNACIONAL INCORPORADOS EN LA CARTA DE LAS NACIONES UNIDAS.
 

EL EMBAJADOR DE CHILE EN LA PAZ , EL 13 DE AGOSTO DE 1900, NOS ESCUPIÓ EN LA CARA SU CÉLEBRE BRULOTE SIN PARANGÓN EN LOS ANALES DIPLOMÁTICOS DE AMÉRICA, MANIFESTANDO
<< EL ANTIGUO LITORAL BOLIVIANO ES Y SERÁ PARA SIEMPRE DE CHILE, QUIEN LO HA OCUPADO Y SE HA APODERADO DEL MISMO CON EL MISMO TÍTULO CON QUE ALEMANIA SE ANEXÓ LAS PROVINCIAS FRANCESAS DE ALSACIA Y LORENA, CON EL MISMO TÍTULO CON QUE LOS EE.UU. HAN TOMADO PUERTO RICO. NUESTROS “DERECHOS” NACEN DE LA FUERZA BRUTA AGRESORA Y VICTORIOSA, LA LEY SUPREMA DE LAS NACIONES. EL LITORAL ES RICO Y VALE MUCHOS MILLONES; ÉSO YA LO SABÍAMOS; LO GUARDAMOS PORQUE VALE; QUE SI NO VALIERA NO HABRÍA INTERÉS EN SU CONSERVACIÓN. CHILE NO DEBE NADA, NI ESTÁ OBLIGADO A NADA, MUCHO MENOS A DEVOLVER UN PUERTO. NO PODEMOS ESPERAR MÁS. TERMINADA LA GUERRA, LA NACIÓN VENCEDORA IMPONE SUS CONDICIONES Y EXIGE EL PAGO DE LOS GASTOS OCASIONADOS. BOLIVIA HA SIDO VENCIDA, NO TIENE CON QUÉ PAGAR Y ENTONCES DEBE ENTREGAR SU LITORAL>>.

NADA MÁS CLARO QUE LO ANTERIOR, QUE HISTÓRICAMENTE ES CIERTO; ES PRUEBA DE QUE LA USURPACIÓN SE CONSOLIDÓ BAJO AMENAZAS MILITARES CHILENAS PARA OBTENER LA SUSCRIPCIÓN DEL TRATADO.
ACTUALMENTE LOS DICHOS AMENAZANTES PROSIGUEN, COMO LAS DECLARACIONES DEL EXCANCILLER HERALDO MUÑOZ QUIEN SEÑALÓ QUE SU PAÍS NO CEDERÁ ANTE NINGUNA DE LAS DEMANDAS QUE HAGA BOLIVIA, Y MENOS DEVOLVERÁ TERRITORIO. EL EXCANCILLER ASEGURÓ QUE “LA DEMANDA BOLIVIANA, AL BUSCAR QUE CHILE SEA OBLIGADO A DEVOLVERLE UN PUERTO SOBERANO, LO QUE REALMENTE PERSIGUE ES MODIFICAR LOS LÍMITES PACTADOS EN EL TRATADO DE 1904, LO CUAL RECHAZAMOS”. ASÍ RESPONDIÓ A LAS DECLARACIONES DE EVO MORALES SOBRE LA NUEVA DEMANDA ANTE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA (CIJ) DE LA HAYA, POR LOS BOFEDALES QUETENA, TAMBIÉN LLAMADOS “SILALA”, USURPADOS POR CHILE.
LA POLÍTICA DE LA CORTE DE LA HAYA ES SIMPLEMENTE CONTEMPORIZADORA Y AMBIGUA AL INTENTAR DAR SOLUCIONES A LOS PROBLEMAS INTERNACIONALES. LO QUE DEBERÍA EXIGIR EL GOBIERNO BOLIVIANO ES QUE SE OBLIGUE A CHILE, BAJO EL ARBITRIO DE LAS NN.UU., QUE SOLUCIONEN EL ENCLAUSTRAMIENTO DE BOLIVIA REVISANDO EL OMINOSO TRATADO DE 1904, QUE NOS FUE IMPUESTO MILITARMENTE POR EL EJERCITO INVASOR CHILENO.
LA SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA, HISTORIA Y ESTUDIOS GEOPOLÍTICOS DE COCHABAMBA HA DECLARADO QUE
<En el presente siglo hay una nueva concepción de la justicia, el derecho y la moral, frente a un pretendido derecho de “intangibilidad de los Tratados”, que no es válido frente a la justicia y a la conciencia internacional, asi como frente a los valores universales, imponiéndose los derechos humanos de los pueblos, su dignidad y la hermandad entre las naciones. Se debe dejar en claro que el tratado de 1904 atenta a la dignidad y legítima propiedad de los bolivianos y al valor supremo de la justicia. Ese tratado no puede privar a todo un pueblo de su derecho a recuperar sus puertos en el mar.>

Los pueblos no pueden contemplar impasibles la asfixia de uno de sus hermanos en un enclaustramiento desesperante. Chile tiene la obligación moral, política y ética de restituir a Bolivia su acceso propio y soberano al mar, terminando con el indignante tutelaje que ha imperado hasta hoy. Bolivia no puede vivir aislada del mar. Ahora y siempre, los bolivianos haremos cuanto nos sea posible para recuperar un puerto soberano al Océano Pacifico.

Ahora bien, evidentemente Chile le ha robado su litoral a Bolivia, PERO no son 400 Km. ni 120.000 Km², como dice el ‘libro del mar’, como propaganda el gobierno boliviano, y como la misma CIJ cae en el mismo error, además de todos los portales internacionales, sino son 297 kilómetros y 90.000 km² de territorio, ya que los gobiernos de Melgarejo y Frias regalaron, escandalosa y falazmente a Chile 183 kilómetros de costa mediante los fraudulentos tratados de 1866 y 1874 que fijaron el nuevo límite en el paralelo 24°, obsequiando sin ningún motivo a Chile un grado y medio geográficos entre dicho paralelo y el río Salado, 25°28’, que era el límite cuando Bolivia nació a la vida, de acuerdo al Uti Possidetis Juris de 1810.
Asimismo, la cancillería boliviana, el “libro del mar” y la misma CIJ están difundiendo que Bolivia ha perdido una costa de 400 kilómetros, lo que es erróneo. Los bolivianos jamás olvidaremos que al nacer a la vida poseíamos nuestra extensa costa de 480 Km. con legítimos derechos desde el río Salado en 25°28’ hasta la desembocadura del río Loa en 21°25’, lo cual ningún “tratado” podrá negarlo graciosamente. Los máximos responsables de la donación gratuita del territorio entre los paralelos 25°28’ al 24° han sido los corruptos mandatarios Mariano Melgarejo y Mariano Donato Muñoz, representantes de los latifundistas bolivianos que gobernaron hasta 1952 y que mantuvieron la falta de una fuerte estructura nacional, que fue aprovechado por Chile para mantener desde 1857 ocupados los puertos del litoral boliviano por la marina de guerra chilena e invadirnos militarmente en 1879 y arrebatarnos el resto de nuestro litoral, con la venia de la ideología boliviana señorial y racista anti-indio más la participación a favor de Chile del imperio británico. Los hacendados bolivianos preferían mantener a toda costa sus feudos comunales viviendo montados en sus esclavos pongos, en vez de explotar los ricos yacimientos de guano, salitre, cobre y plata del litoral boliviano que eran usurpados por la oligarquía chilena, ante la mirada de palco de los inútiles militares bolivianos.
La oligarquía boliviana de ese entonces creó el bárbaro y dictatorial tributo indígena de modo de arbitrar fondos para un fisco continuamente paupérrimo por la necesidad de mantener al ejército y tenerlo contento, de modo de perpetuar en el poder a la clase dominante. El presupuesto nacional de Bolivia, y del cual no le tocaba nada al campesino, se generaba en gran parte del tributo extraído al mismo pobre comunitario, quien carecía del derecho a opinar, aunque era el único que pagaba impuestos, además de ser el principal productor cultivando la tierra y laborando las minas gratuitamente, además de servir como esclavo en las haciendas terratenientes sin recibir ningún salario, mientras los chilenos aprovechaban nuestra riqueza sin impedimento, ante la negligencia de la oligarquía gobernante boliviana que contemplaba de palco el despojo. Toda la nación boliviana vivía del tributo de las familias “indias”, mientras los chilenos invadían nuestro litoral y usurpaban impunemente nuestros recursos exportándolos a Europa y EEUU con lo que llenaban el 85% de su presupuesto estatal.
Los chilenos, además de enclaustrarnos, también se han anexado territorios sin justo título ( basta consultar el libro ‘El tratado de 1904 : la gran estafa’ de Rodolfo Becerra de la Roca y la tesis de ingreso a la Academia Boliviana de la Historia ‘El tratado de 1904 con Chile’, de Manuel Frontaura Argandoña).

El Dr. Becerra indica que “mediante el Tratado de Ancón, el Perú al ceder perpetuamente a Chile la propiedad de la provincia litoral de Tarapacá, claramente señala el límite ancestral oriental con la República de Bolivia. Entonces, ¿por qué Chile al imponer militarmente a Bolivia el Tratado de 1904, no respetó este lindero y se internó en territorios bolivianos que en ningún instrumento fueron objeto de cesión o transferencia a su favor? ¿Por qué Bolivia permitió esta alteración de límites? Son territorios y ríos, como el total de la longitud del Lauca, CON SUS NACIENTES, que legítima y jurídicamente ingresan en el derecho de reivindicación; y, sin embargo de todos estos despojos perpetrados ¡Chile se permite arrostrar que no cede, ni regala ni un centímetro de “su” territorio! ¡Existe un paralelo entre esta postura y la de un ladrón que escupe a su víctima que lo que le robó no puede devolverle ni transferirle bajo ningún título! .
El Tratado de 1904 es injusto porque ha sido impuesto después de una invasión militar de conquista, ávida de expansiones territoriales, y afecta vitalmente al pueblo boliviano al haberlo enclaustrado geográficamente, atropellando sus derechos obligándolo a vivir sin sus ancestrales puertos de acceso soberano al mar, perjudicando de ese modo su progreso.”

Chile ha obtenido nuestra riqueza mediante el despojo y la ley filibustera de que la agresión y la victoria da derechos, y los bolivianos seguimos embaucados con la fraseología de la confianza mutua y esperando la limosna de la “cualidad marítima” que el soberbio agresor tenga a bien concedernos en una negociación por un corredor inservible sin puerto al norte de Arica.
Bolivia debe proceder a buscar aliados en su justa demanda, ya que cualquier negociación con Chile siempre será un fracaso, porque debemos darnos cuenta que el trato bilateral NUNCA ha encontrado ni la más remota intención de reparación por parte de Chile al daño causado con su asalto invasor. Sin embargo, como de costumbre, se manifiesta la deficiente e ingenua diplomacia boliviana, al escuchar al desubicado exministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, quien expresó que
En el caso de Bolivia y Chile tenemos que resolver nuestros problemas sin acogernos, sin buscar un protector imperial, tenemos que ser capaces de resolver entre los pueblos, sin buscar a alguien que nos proteja, a alguien que nos de una fuerza externa, a alguien que proyecte una señal de poder, de fuerza” .En cambio, el exministro de defensa de Chile, Jaime Ravinet, declaró : “Lo más conveniente para Chile es retirarnos de este juicio en La Haya, que no tiene sentido ya que aunque el fallo final sea favorable a Bolivia y La Haya diga que estamos obligados a negociar un acceso soberano, nosotros no lo vamos a acatar porque el pueblo chileno no quiere ni tiene la intención de devolverle soberanía a Bolivia. Si quieren mar que vengan a buscarlo, aquí los esperamos” Asimismo, Juan Sebastián Piñera Echenique, Presidente de Chile, ha hecho conocer su mayor descaro al mentir diciendo que entre Bolivia y Chile no existe ningún tema pendiente, según él.
La oligarquía chilena desea terminar con los reclamos, dándonos un plato de lentejas, y esta vez con la ayuda de los jueces de la Corte de La Haya, quienes nos han sorprendido con un “fallo” parcializado favorable a Chile.

La demanda marítima ante la Haya, se ha basado en compromisos y ofrecimientos unilaterales de Chile. Pero, habida cuenta de lo debido por el usurpador, tenemos fundamentos de mucha fuerza para plantear una negociación que persiga la reparación de tanto latrocinio. Lo robado no se puede convertir en soberanía intangible. Las apropiaciones chilenas han sido completamente gratuitas, aprovechando la traición de tantos coludados con la oligarquía chilena.

 Recordemos las palabras de Gaby de la Reza :

“ ASI COMO LA FIRMEZA DE NUESTRAS ETERNAS MONTAÑAS, JAMÁS RENUNCIAREMOS A NUESTRO DERECHO SOBRE NUESTRO MAR CAUTIVO ”.

Ya lo ha dicho Edith Zabalaga de Montecinos : <El más sublime sentimiento patriótico que une a los bolivianos, es la lacerante herida que nos ha dejado la pérdida de nuestro Litoral marítimo y el nunca claudicable afán de recuperar esas tierras que nos pertenecen y que nos han sido arrebatadas en una invasión militar; habiendo sido ratificada esa rapiña, por medio de un tratado impuesto y apoyado por funestos personajes políticos de los gobiernos que lo firmaron>.

No hay que olvidar que una de la Potencias que siempre ha apoyado a Bolivia en su demanda para desenclaustrarse, ha sido EE.UU. En 1926, el gobierno de dicho país obligó a Chile a salir de Lima, donde estaban cometiendo atrocidades, y retroceder hasta Tacna, y les pidió que entregaran los territorios de Tacna y Arica a Bolivia, ya que estos dos pueblos habían pedido voluntariamente pertenecer a Bolivia. En un primer momento, Chile estaba dispuesto a obedecer, pero saltó ladrando el perro del hortelano, Perú, y negoció un tratado con Chile, el mismo que sigue vigente, y en 1929 firmaron entre los dos, que Tacna se queda con Perú y Arica se queda con Chile. Entonces, obligaron los chilenos a Bolivia a firmar el nefasto tratado de 1904, donde la victima se ha quedado sin puertos, mientras que los chilenos tienen 100, y los peruanos 50.

Chile preparó de muy antiguo la tan ansiada conquista, y nos sorprendió con la invasión al puerto de Antofagasta el 14 de febrero de 1879. Un año antes, Bolivia acababa de sufrir de la más grande sequía que recuerda la historia boliviana. El país se vió en situación de hambre, y los campesinos, esclavos de la oligarquía, sometidos además al bárbaro tributo indigenal, desesperados, invadían las ciudades en búsqueda de alimentos. A este drama se sumó la peste que asotó a la población; por centenares se recogían los cadáveres en las calles. En esas terribles condiciones, Bolivia tuvo que enfrentar al invasor.

Leamos ahora, lo que ha sentenciado el ilustre patriota boliviano Dr. Juan Albarracin Millán, antes de que el gobierno presentara la demanda a la CIJ, Corte Internacional de Justicia :

Chile y la “salida” de Bolivia al mar
Juan Albarracin Millán
Abraham Köenig, mentor del ultimátum de guerra que le fue entregado al canciller de Bolivia, Eliodoro Villazón, emplazó al gobierno liberal de José Manuel Pando a entregarle el mar boliviano mediante un tratado a suscribirse, ó sino enfrentar, en caso de resistencia, la reanudación de la guerra. En respuesta a este ucase, el canciller Villazón por toda aceptación le pedía a Köenig, inconcebiblemente, reservarle en el tratado a firmarse un puerto de salida al mar como única condición de la aceptación boliviana del ultimátum. Explicándole al Gobierno boliviano la imposibilidad de atender a Bolivia en su petición de reservarle un puerto en el norte de Chile, Köenig le hizo conocer al canciller Villazón su excusa con esta disculpa: “Al norte de Arica no hay puerto, ni siquiera una caleta mediana; desde Arica hasta Sama la costa es brava y casi inabordable”. “Al norte de Arica la vista se pierde siguiendo las sinuosidades de una costa inhospitalaria”. “....en conclusión, se impone la fuerza, Chile no acepta la cesión”.
El expresidente Piñera conocía dicho antecedente, tal vez lo olvidó muy a propósito para reincidir en la misma postura de Köenig, al declarar recientemente que su opinión es negociar con Bolivia sobre la base de una “salida” al mar por el norte de Chile, sobre la frontera del Perú. Maliciosamente o no, al adelantar una propuesta de solución al pedido boliviano de obtener una salida al mar, ha incurrido nuevamente en burla contra los justos derechos que tenemos para recuperar soberanía marítima. Ofrecerle a Bolivia una “faja territorial” de 10 kilómetros de ancho, en una región inhóspita, “falto de seguridad y abrigo”, no constituye un principio serio de entendimiento sino de consumación de una humillación a la dignidad boliviana. Una estrecha franja de territorio situada entre las extensas costas de Chile y Perú, no toca ni por asomo al desenclaustramiento de Bolivia, que es la esencia del arreglo pedido.

Al contrario, la negación a dicho arreglo empeorará la situación precaria de Bolivia, ilimitadamente, hasta llegar a un punto histórico de inanición nacional, porque Chile está trabajando para llegar a ese momento. El error de Bolivia es sentirse desamparada por la comunidad de naciones y la ley internacional, y soñar con llegar a un acuerdo a nivel político con Chile, de Estado a Estado, sabiendo que este país agresor nos está sumiendo con su dominio implacable bajo el despotismo de un régimen colonial, cuando el problema del “tratado de 1904” es una cuestión esencialmente jurídica y de dominación. Chile ha invadido el territorio nacional con su ejército y se ha apoderado del mar por la fuerza.
El “Tratado chileno de dominio” es la imagen exacta de los fines perseguidos por la invasión y la guerra, la imposición de su dominio político y la implantación de feroces castigos como el enclaustramiento que reduce nuestro status a una situación de paria internacional.

Pero Chile no ha de festejar para siempre su victoria actual sobre Bolivia. A la luz de la historia real, el país vecino no ha adquirido ningún derecho definitivo de propiedad del mar con el “tratado”. Conoce la comunidad internacional de naciones que Bolivia nunca le ha transferido a Chile sus legítimos derechos al mar y nunca ha renunciado a su soberanía marítima.
El agresor, empecinado, no quiere entender que con el “Tratado de dominio” no puede en derecho obtener de Bolivia ninguna cesión territorial o transferencia de derechos de propiedad del mar boliviano.

Para resolver esta situación anómala creada por Chile, se pretende sustituir el “derecho” por el “dominio” de las armas; pero, existe el derecho civil internacional.
Hasta ahora, Bolivia no ha recurrido a la justicia internacional, pero debe hacerlo y ojalá obliguen a Chile a respetar el orden internacional vigente entre los Estados democráticos y un procedimiento civil que norme, legalmente, las relaciones entre los Estados, conforme a derecho, para no fiarse de los “acercamientos” rapaces y de las mentidas “confianzas mutuas” aparentes. A más de un siglo de las patrañas ya conocidas, como son los falsos “diálogos”, se sigue sonsacando los derechos de Bolivia debilitados por el Tratado de Guerra.

Después de haberse firmado el “Tratado de Paz y Amistad”, Bolivia no ha dejado de ser víctima de más despojos y agresiones, instigados por las triquiñuelas del “tratado” opresor chileno. Hoy continúan las asechanzas geopolíticas sobre las materias primas bolivianas inventariadas por Chile en la agenda sin exclusiones del año 2006, como gas, agua, petróleo, minerales, territorio amazónico, etc., como se ve en la agenda de la penetración expansionista chilena sobre las riquezas naturales de la nación boliviana.

La “salida” de Bolivia de su actual prisión, al mar, por una inhóspita “faja” de territorio a trabajarse en el norte chileno, nunca dejaría de ser otra cosa que una ventana de salida a un mar ajeno y a una costa “inhospitalaria”, convirtiendo a Bolivia en tierra interior de Chile. ¿Qué haría Bolivia con una costa de 10 Km. de ancho en una región “bravía, feroz, indómita, salvaje”? Bolivia acabaría sus últimos días de aislamiento en un lugar de confinamiento en la región costera desértica de Chile, país que, por amarga ironía, ha sido dotado por Bolivia de varias carreteras dirigidas hacia los puertos que nos ha usurpado, de dos ferrocarriles al servicio de sus intereses y de un paraíso del masivo negocio negro moviéndose en gigantescas caravanas hacia los puertos secos del contrabando.

Bolivia, en el siglo anterior, como muestra la historia, ha sido derrotada por una invasión largamente preparada para rendirla, y ha sido sometida a un régimen de dominio colonial por la traición del Partido Liberal que aceptó el “tratado” chileno.
Sin embargo de tan infaustas catástrofes sufridas, Bolivia se mantiene hoy en pie, altiva, a pesar de tener amputado el Departamento del Litoral y usurpado el mar invadido, sus ríos y manantiales despojados, privada de soberanía marítima, enclaustrada por el dominio absoluto y perpetuo del “tratado” chileno, impuesto a perpetuidad, sometida su economía a un régimen tributario y esquilmada por el incumplido libre tránsito.

Esa “salida” de Bolivia de su cautiverio actual al mar universal, por un corredor, sería permitida por Chile sólo para exportar minerales. Esta receta prescrita por el presidente Piñera a la nación, retrotraería a Bolivia al antiguo status de colonia española y a la minería de enclave de Potosí para trasplantarla en nuestros días al país, en aplicación del dominio chileno. Este es el destino de Bolivia por el que trabajan los Gobiernos de Chile, cuando para asombro de todos los pueblos, en forma abierta se niega a devolver un puerto soberano a Bolivia al mar, en ejercicio de un dominio que no puede ser más que colonial, implantado sobre Bolivia con el “tratado” de 1904, rotulado por Ismael Montes y Germán Riesco, presidentes de Bolivia y Chile, con el membrete humorístico de un tratado de “paz y amistad” inexistentes.

La Corte Internacional de Justicia es el órgano judicial principal de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y desempeña una doble misión: el arreglo conforme al Derecho Internacional de controversias que le sean sometidas por los Estados, y la emisión de dictámenes sobre cuestiones jurídicas que le sometan los órganos u organismos de Naciones Unidas que hayan sido autorizados al respecto.

El 1 de Octubre 2018 La CIJ se ha limitado a considerar la geopolítica mundial, y la no contundencia de los documentos alegatorios bolivianos, donde, según la Corte, Chile se ofreció, pero no se obligó a solucionar el enclaustramiento. En ese aspecto, los Jueces no han cumplido su rol principal de hacer justicia, y meramente han hecho una interpretación jurídica de textos. En ello, se han contradicho olímpicamente con su propio primer fallo, cuando rechazaron su supuesta incompetencia que alegaba Chile, y en el cual estos mismos Jueces reconocieron tres cosas : uno, que Bolivia nació y siempre tuvo sus puertos al mar; dos, los cuales han sido usurpados por Chile; y tres, que el tratado de 1904 no ha resuelto el problema del enclaustramiento.

Aquí debemos notar que, en ese primer fallo, la Corte dió al traste con la falsa historia colonial que se han inventado los pseudo historiadores chilenos, quienes engañan al mundo y a su propio pueblo chileno con el cuento de que los libertadores Simón Bolivar y José Antonio de Sucre usurparon el litoral chileno para entregárselo a Bolivia en 1825.
Los bolivianos, sin renunciar a la recuperación de nuestra cualidad marítima soberana sobre el Pacífico- debemos mirar no sólo a Ilo en Perú, sino a la salida soberana hacia el Atlántico por la Hidrovía Paraguay-Paraná. Tenemos tres puertos allí -Gravetal, Aguirre y Jennefer, este último certificado ya como Puerto Internacional. ¿Por qué no acabar de construir Puerto Busch, para así no depender de terceros?. Asimismo, ya debíamos haber materializado el ferrocarril Motacucito – Mutún – Puerto Busch.

Dado que un 75% de la carga marítima del país depende de los puertos chilenos para su salida a ultramar o importación hacia Bolivia, hay que buscar alternativas urgentes, máxime si -según un estudio de CAINCO- entre el 2013 y 2017 los operadores económicos bolivianos sufrieron daños por más de 300 millones de dólares por causa de más de 60 paros en aquellos puertos.
Igualmente, existen ventajas de una salida por el puerto de Montevideo, en el cual Bolivia tiene otorgada desde hace años una zona de carga, sin costo, para sus productos.

Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez

JORGE EDGAR ZAMBRANA JIMÉNEZ CRITICA A LA POSICIÓN CHILENA .-

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, respondió al mandatario boliviano, Evo Morales, quien le ha propuesto reiniciar el diálogo. El Jefe de Estado del vecino país dijo que es posible volver a la mesa de negociaciones, bajo ciertas condiciones, entre las cuales pide que Bolivia abandone su ‘absurda’, según él, pretensión de soberanía, y asimismo que no intente demandar la revisión del tratado de 1904.
Se nota inmediatamente la posición troglodita chilena. La CIJ, al invocar a ambas partes a seguir dialogando, aunque no haya obligación de Chile a negociar, está reconociendo que el país agresor tiene la obligación moral de desenclaustrar a Bolivia. Por tanto, la parte que tiene que acatar la citada invocación es Chile, pero sin más diálogos insulsos.
La Corte ha reconocido que Bolivia nació con mar, el mismo que le fue usurpado por Chile en una invasión militar, y que el tratado de 1904 no ha resuelto el problema del enclaustramiento que sigue pendiente, y por lo tanto el caso NO ESTÁ CERRADO, Sr. Piñera. Bolivia necesita urgentemente un puerto propio, independiente y soberano, y Chile DEBE devolverle esa cualidad, sin exigir a Bolivia ninguna compensación, ni trueque, ya que las enormes riquezas usurpadas han hecho la prosperidad de Chile, bandidesco mendigo, protagonista del robo, enriquecido a puñaladas desde 1879.
En este sentido, las aseveraciones de algún analista catastrofista que pide la reforma de la Constitución Política del Estado boliviano, para eliminar del artículo 267 inciso II, la palabra SOBERANÍA, son pedidos que ingenuamente caen en la trampa de aceptar el soberano prevaricato de la CIJ, que ha cometido una INJUSTICIA, y nos pueden hacer retroceder a una posición melgarejista.
El tratado de 1904 no ha resuelto el enclaustramiento, que ha sido reconocido, por la Corte, como una INJUSTICIA, y por ello la CIJ aceptó tener competencia para considerar la demanda de Bolivia de obligar a Chile a negociar la solución al enclaustramiento.
El hecho de que Bolivia no esté cuestionando el tratado de 1904, sino más bien que ha pedido que se obligue a Chile a negociar un acceso soberano, no quiere decir que Bolivia considera que el indicado tratado ha dado fin momentáneamente con el problema, ya que se lo considera mundialmente como una injusticia.
El hecho de que la CIJ se ha declarado competente para tratar el asunto del no cumplimiento chileno a unos compromisos, implica también que considera, al igual que Bolivia, el enclaustramiento como una injusticia, ya que dichos compromisos chilenos apuntaban a solucionar esa injusticia.
De todos modos, como la Corte es un organismo creado por las NN.UU. para preservar el “derecho internacional”, ha fallado en sentido de no modificar uno de los documentos que forman parte de ello, como es el infausto tratado de 1904.
Asimismo, el hecho de poder darle Chile acceso soberano a Bolivia, en alguna isla ó en Iquique, por ejemplo, como un enclave sin conexión carretera soberana, la Corte creo que también lo ha visto, falsamente, como una supuesta infracción al maldito tratado.
De ese modo, para fallar, la Corte se limitó a mirar solo textos, haciendo abstracción absoluta del contexto del problema pendiente con Chile, y no ha fallado en JUSTICIA, contrariando así sus propios principios.
No obstante, en su sentencia LA CIJ HA INVOCADO Y RECOMIENDA, SIN OBLIGAR, a las partes a seguir negociando para resolver el enclaustramiento y devolver a los bolivianos su cualidad marítima SOBERANA.
De todos modos, no hay que olvidar que existen otros caminos y otros organismos internacionales para reclamar que Chile se obligue moralmente a resolver el problema de la SOBERANIA, si es que va a seguir sin funcionar la bilateralidad.
El fallo de la Haya no descarta ni deslegitima la demanda histórica, política y ética boliviana de reclamar sus territorios perdidos en una invasión militar. Sino que dice claramente que, considerando la argumentación boliviana, ninguna de las comunicaciones e interacciones mencionadas en el documento de Bolivia implica una “obligación”, de parte del Estado de Chile, de negociar un acceso soberano con el Estado boliviano. Lo que la CIJ ha rechazado es la argumentación de los abogados, nó la demanda boliviana de soberanía en el Pacifico.
No obstante, es necesario salir al frente de algunas aseveraciones de gente ignorante en el gobierno boliviano, como el ex canciller Fernando Huanacuni, quien ha generado la siguiente información : Huanacuni cree que el concepto de soberanía cambió
El diálogo con Chile debe lograr avances para ambos países, dijo el exCanciller boliviano.
lunes, 10 de septiembre de 2018
ERBOL / La Paz
El exCanciller del Estado Boliviano, Fernando Huanacuni, considera que si Bolivia se mantiene en el concepto clásico de soberanía territorial en el reclamo marítimo, no logrará avances en la negociación para recuperar acceso al Océano Pacífico, según ERBOL.
“Es que aquí si no somos visionarios, si vamos a estar en ese pensamiento clásico, no vamos a avanzar. Hoy día es una realidad distinta”, señaló Huanacuni.
Consultado si es posible negociar el concepto de soberanía y sus alcances, el exCanciller dijo que el pensamiento global ya cambió la idea antigua de soberanía.
“¿Hoy día qué es soberanía? El concepto moderno del mercado, del pensamiento global ya ha vulnerado la soberanía. Por ejemplo, a través de las redes sociales ¿Qué es soberanía? Hay una invasión absoluta de la soberanía, cambió el concepto”, dijo Huanacuni, sin que nadie pueda entender en qué brutalidad estaría pensando la exautoridad. Seguramente quería convencer al ingenuo pueblo boliviano para que aceptara un fallo de La Haya atentatorio a nuestros legítimos intereses, ya que lo que se creía, tanto en Bolivia como en Chile, era que el dictamen de la CIJ iba a especificar que ambas partes, Bolivia y Chile, se sienten a negociar un acceso SIN soberanía.
Consideraba el ex canciller que la negociación con Chile tiene que tener la premisa de lograr beneficio para ambos países. “Hay que tener posibilidades de resultados en esta nueva coyuntura, para que beneficien a ambos, pero también que se resuelva nuestra deuda histórica”, indicó.
Huanacuni está convencido de que es necesario crear las condiciones para tener un espacio de diálogo favorable con Chile. “Tenemos que empezar a generar ese espacio de diálogo. Chile está al lado nuestro, somos vecinos, somos hermanos, ahí va a estar siempre”, declaró.
Pero, este excanciller no quiere ver que el objetivo político de Chile ha sido siempre el de mantenernos en estado de impotencia, porque tienen miedo de que nos fortalezcamos, lo cual va a suceder de todos modos, y que les llamemos a rendir cuentas de todos sus actos de usurpación territorial.

Ningún boliviano va a aceptar un trueque de nuestro Departamento del Litoral por un callejón al norte de Arica, sin puerto propio ni soberano. Tal dádiva merecería el repudio internacional.

El país vecino trata de engatusarnos con vueltas y engaños cada vez que se busca reparar la injusticia. Con falsas promesas, cuentos y fábulas, ofrecen corredores sin puerto y enclaves inservibles y sin soberanía marítima.
Y encima, existen traidores a la Patria, como Ramiro Prudencio Lizón, exdiplomático del gobierno de Bánzer, abogado egresado en Chile, ex asesor general de la cancillería boliviana, ex director de la Academia Diplomática Boliviana, primer secretario de la embajada boliviana en Chile durante el gobierno de Bánzer, que están ofreciendo entregar todo el área del bofedal Silala a cambio del inservible callejón al norte de Arica, y con el agravante que dicho callejón sea sin soberanía, lo cual es contrario al interés boliviano.

El “corredor” al norte de Arica, ni para Chile sirve
Luis Antezana Ergueta


Pese a que no existen relaciones diplomáticas y según el invento de la “diplomacia de los pueblos”, Bolivia y Chile han iniciado negociaciones, en reuniones secretas, para la posibilidad de que nuestro país tenga una salida al mar, y de ese modo han retomado la fracasada y absurda política diplomática de los dictadores Bánzer y Pinochet. Esta última posibilidad se acentuó recientemente por los acercamientos entre los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera y una reunión de viceministros de Relaciones Exteriores en la ciudad de La Paz.

En las últimas negociaciones se ha puesto en primer plano la solución de la cuestión marítima boliviana, habiendo quedado postergado el candente asunto de las aguas del manantial del Silala, acerca del cual nuestra Cancillería al parecer no sabe qué hacer. En cuanto a nuestra reivindicación marítima, se ha puesto en tapete la solución del “norte de Arica”, por donde los chilenos darían a Bolivia un corredor que limite con el mar, al norte con Perú y al sur con Chile. Ese ofrecimiento, al parecer oficial del Gobierno de Santiago, habría sido atendido por la Cancillería boliviana y en torno a él se estarían realizando conversaciones reservadas. En esencia, el país transandino estaría ofreciendo a Bolivia dicho corredor y nuestra Cancillería estaría de acuerdo con esa “salida”, como también la aceptan algunos “marólogos” bolivianos.

Pero el proyecto del corredor por el norte de Arica es el más absurdo e ilógico que se pueda suponer. Es un territorio estéril, escarpado y no permite el establecimiento de un puerto siquiera pequeño, en la costa marítima. No sirve ni siquiera para Chile; ya las autoridades de ese país lo descartaron de plano hace más de cien años. Sin embargo, parece que los funcionarios chilenos quieren insistir en que Bolivia acepte esa “solución” y los funcionarios de la Cancillería boliviana estarían de acuerdo para dar solución “a como dé lugar” al enclaustramiento del “Estado Plurinacional”.

Se debe insistir en que un corredor por el norte de Arica para nada sirve. Los mismos chilenos ya manifestaron hace más de cien años que “es una faja de terreno estéril” y es imposible “un puerto enclavado en ella”. Esa afirmación categórica proviene del renombrado Abraham Koenig, quien el año 1900 sostuvo en una famosa carta al Canciller de Bolivia que esa zona carece del menor valor. Dijo que “al norte de Arica no hay puerto, ni siquiera una caleta mediana; desde Arica hasta Sama la costa es brava y casi inabordable”. Tan inaccesible es ese territorio que ni siquiera Chile lo utiliza, aunque en Bolivia se cree con ingenuidad que ésa sería la “solución” para nuestro problema marítimo.

El mismo diplomático chileno sostuvo a pie juntillas que dicho lugar no tiene la menor utilidad y remarcó: “Al norte de Arica la vista se pierde siguiendo las sinuosidades de una costa inhospitalaria”, vale decir que, en caso de aplicarse la solución del “norte de Arica”, Bolivia caería en una trampa porque en ese corredor no se puede construir un puerto, oficinas, tender rieles, abrir caminos, ni establecer una ciudad. Es imposible hacerlo, según opinó el mismísimo embajador del Mapocho en Bolivia, Abraham Koenig, en 1900.

Tres aspectos se suman a ese diagnóstico sobre el corredor al norte de Arica: primero, que las negociaciones se realizan sin que existan las imprescindibles relaciones diplomáticas; segundo, porque se deberá contar con la aprobación de Perú, y tercero, al día siguiente que se firme un presunto tratado sobre ese “corredor”, el pueblo boliviano estallaría en ira por tratarse de un engaño ostensible y un grave error de la Cancillería. Es más, se plantearía un conflicto que iría mucho más allá de las palabras. De ahí que oportunamente debe ser desahuciada de principio a fin esa “salida” por el norte de Arica y los bolivianos deben rechazarla de manera definitiva y acudir a una solución digna.

Tratado de 1904, instrumento para la reivindicación marítima
Rodolfo Becerra de la Roca

En torno al tema marítimo, el gobierno mostró entusiasta seguridad, hasta antes de la lectura de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia el pasado 1 de octubre, que resultó una derrota contundente, al no haber aceptado ninguno de los fundamentos en que se basó la demanda boliviana.
Fue un grande fracaso que lamentablemente ha afectado no solo al gobierno, sino a todos los bolivianos, fortaleciendo la posición chilena.
La sentencia de La Haya está provocando muchas actitudes, desde el estupor y sendas críticas hasta la posición oficial de conformismo, o simplemente como punto de inicio de una nueva opción.
Pero, ¿cómo nació la doctrina de la demanda ante La Haya? ¿Quién y cómo la planteo? Son cuestiones que no están reveladas, como tantas que se impone sin consulta, menos discusión de los entendidos, y se ejecuta por voluntad de una persona. Así parece que, casi de improviso, Bolivia se presentó ante la CIJ con una demanda, sin estudio ni consulta previas y se ensalzaron y festejaron pequeños incidentes como triunfos iniciales, como la declaración de competencia de la Corte para conocer la demanda boliviana que no es sino el reconocimiento del error chileno de haberlo interpuesto, pero que la jactancia boliviana lo consideró un triunfo.
Podemos decir que la estrategia marítima elegida para La Haya supone el enfilamiento de uno de los dos bandos tradicionales que surgieron después de la Guerra del Pacífico: Los pacifistas y los guerristas, que luego devinieron en los practicistas y reivindicacionistas. Ahora los primeros, los “realistas”, han tenido que ser los inspiradores de la estrategia marítima, cuya derrota hoy lamentamos.
Para nosotros los reivindicacionistas, el Tratado de 1904 es, sin duda, el mejor instrumento para diseñar una estrategia de recuperación de la condición marítima, sin afectar la soberanía ni la integridad territorial de Chile, ya que en ese tratado está expuesta la conducta chilena del mayor latrocinio con que ejecutó, de mala fe, el encierro y la dominación perpetua de Bolivia…
Estando así la cuestión internacional con Chile, en completo retroceso por una fallida demanda que nos coloca en peor situación que antes, toca a los gobernantes actuar sin precipitaciones y formar una Alta Comisión de expertos que vuelva a estudiar y diseñar el nuevo camino para retornar al mar, porque nadie pondrá candado al irrenunciable derecho de Bolivia de recuperar su mar y territorios despojados.
¿Por qué Chile actuó con alcances distintos con el Perú y Bolivia? Mientras los Tratados de Ancón de 20 de octubre de 1883 y de 3 de junio de 1929 concedieron al Perú condiciones menos gravosas que los impuestos a Bolivia, primero con el Pacto de Tregua de 4 de abril de 1884 y después con el mal llamado Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904 -tan degradante, ominoso y oneroso que fulminó el encierro de Bolivia, de forma desmesurada excediendo las pérdidas territoriales- acatando los tratadistas sin ese comportamiento de dignidad que cuadra al vencido en una invasión y despojo, más propiamente asalto, usurpación y pillaje más inicuos en guerra injusta.
En efecto, producida la rapiña, al día siguiente Bolivia debió reaccionar y buscar otras rutas para su comercio exterior y no sujetarse a la coyunda chilena; pero no, aceptando el latrocinio la burguesía traidora sometió al país al arrogante “vencedor” y le permitió el ingreso a su suelo, donde los chilenos se apoderaron de su comercio y minería que fueron otros tantos negocios para el depredador, en complicidad indigna de esa burguesía que cohonestó esa vergonzosa penetración al país.
Mientras fue más magnánimo con el Perú, en cuyo suelo se desencadenó propiamente la guerra, con Bolivia el comportamiento chileno fue drástico y descomunal, le cercenó sin contemplaciones su costa y puertos, se apropió de territorios que no fueron comprometidos en la guerra, se apropió de todas las obras públicas y bienes raíces de propiedad fiscal, entre éstos de sus islotes y todo el mar territorial que no se incluyó en el oprobioso tratado que sirve de dominación a Bolivia hasta hoy.
Por eso, sostenemos que el Tratado de 20 de octubre de 1904 es el instrumento más certero y contundente para obtener la reivindicación marítima boliviana.
De ahí que, migrar nuestra pretensión a otras fórmulas, como mendigar un callejón inservible al norte de Arica u otra zona ajena, la consideramos burlar nuestro sagrado derecho. En suma, sería una claudicación mayor a la del Tratado de 1904.
Desde el año 2000 en que elaboramos la Tesis para optar Número en la Academia Boliviana de Historia Militar, hemos sostenido, principalmente, que Chile ocupa arbitrariamente extensos territorios bolivianos no comprendidos en el Tratado de 20 de octubre de 1904, como son los territorios y bienes detallados en el Capítulo V del Libro “El Tratado de 1904 la Gran Estafa” y en “Nulidad de una Apropiación Chilena, Territorio boliviano entre los Paralelos 23 y 24”, del autor de esta nota.
Chile sostiene con tanto énfasis la validez de los tratados, ésto es así tratándose de los tratados perfectos, pero el de 1904 está entre los tratados más imperfectos que se han dado en la América. Su alegación de que Chile no cederá ni un milímetro de su soberanía resulta insustancial y argumento hueco, porque Bolivia, en ningún tiempo pretende la reivindicación de territorio chileno, sino del que es nuestro, vilmente despojado y apropiado con uso de la fuerza y violencia; y no se diga que fue por el triunfo de las armas, pues, en su territorio los bolivianos no se doblegaron a los chilenos, sino por una superioridad extrema de elementos.
Ahí están Pisagua, Canchas Blancas y Tambillos, San Francisco y Tarapacá, donde nuestros soldados hicieron corretear a los “rotos”. O sea, no se apropiaron con guerra de nuestro extenso Litoral, sino por haberse replegado los bolivianos a su territorio, destruido su ejército en el Campo de la Alianza y por la superioridad de elementos del invasor.
Finalmente, existe un fallo de la CIJ que debe ser acatado. Lo que cuadra es asumirlo con serenidad y dignidad, sin precipitaciones. Luego estudiar y preparar otra estrategia sólida bien fundamentada por un equipo idóneo que no actúe al albur, sino sobre la base de mar, territorios y bienes no cedidos por título legal.
Entretanto Bolivia, en ese plano de dignidad y entereza, debe elaborar una estrategia patriótica para diseñar las rutas de nuestro comercio exterior, para lo cual contamos con tres rutas, del Pacífico por el Perú, del Atlántico por el río Paraguay y del Amazonas; trabajando para ello con prontitud y sin dilaciones, en acciones que viabilicen tales accesos.
EL Dr. Becerra prosigue su análisis preguntando : En caso de haber obtenido Bolivia un fallo favorable en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ¿cuál hubiera sido el resultado de la negociación con Chile a que habría dado lugar?
Por las tendencias e inclinaciones de las personas que llevan el asunto del acceso al océano Pacífico, podemos adelantar que hubiese terminado en la aceptación del callejón al norte de Arica que se perfiló en el Abrazo de Charaña y en las proposiciones que se han vertido después en este mismo sentido; o sea, es la postura de los actuales sectores ‘realistas’ en esta materia (sucesores de los pacifistas y practicistas de antaño).
Para los que sostenemos la reivindicación de nuestro derecho marítimo, el fallo de La Haya es conveniente para Bolivia; porque ya no habrá negociación precipitada por el callejón al norte de Arica, quién sabe si con compensación territorial añadido, lo que constituiría una claudicación peor que el tratado de 20 de octubre de 1904, sin retroceso posible. El arreglo sería definitivo.
Los bolivianos no podemos conformarnos con cualquier arreglo; porque Chile ha cometido el mayor despojo que la historia de los pueblos puede mostrar.
En cambio, así como está la situación, se estudiará un nuevo camino, una nueva estrategia para doblegar a Chile hacia una reivindicación de nuestro derecho marítimo, a base de desviar el comercio exterior por los puertos peruanos, Puerto Busch en el Paraná-Paraguay u otra salida por el Amazonas, amén de poder cerrar nuestra frontera con Chile. Esto requiere de los bolivianos un comportamiento patriótico y responsable, de infatigable trabajo y tesón inquebrantables, para colocarnos frente a Chile en un plano de equilibrio de fuerzas que es posible alcanzar.
Existen salidas heroicas, solo necesitamos actuar con dignidad, decisión y valor, comportamientos que nos sobran, implantando una educación con firmeza y constancia, demostradas en muchas ocasiones.

TERGIVERSACIÓN CHILENA DE LA HISTORIA

Presidente de Chile

Este roto multimillonario e ignorante, en Chile, continúa con su cantaleta mentirosa, afirmando que : “Bolivia nunca tuvo salida al mar. El Virreinato del Perú siempre estuvo, en el derecho y en los hechos, unido con Chile por la vía costera”.
Este roto multimillonario e ignorante, en Chile, continúa con su cantaleta mentirosa, afirmando que : “Bolivia nunca tuvo salida al mar. El Virreinato del Perú siempre estuvo, en el derecho y en los hechos, unido con Chile por la vía costera”.

O él cree que sus lectores son estúpidos, o le han hecho un lavado cerebral, o necesita un oculista. Porque el mapa del cronista de la Corona Española Antonio de Herrera está más claro que el agua del río Lauca o del manantial Silala, actualmente también usurpados por Chile.

[La misma CIJ le ha dementido, en su fallo de 1 de octubre 2018, donde le aconseja solucionar el enclaustramiento de Bolivia, ocasionado por la invasión militar de 1879, asegurando ello y testimoniando por escrito la Corte de La Haya.]

El indicado mapa MUESTRA la Audiencia de Charcas (hoy Bolivia) con sus puertos marítimos mayores Santa Clara (después rebautizado como Río Salado en 25º28’), Morro Moreno (lugar donde después se fundó el puerto de Antofagasta) y Mejillones, entre otros.

La Real Audiencia de Charcas ( hoy Bolivia ) fue creada por el rey Felipe II de España el 4 de septiembre de 1559 como parte del Virreinato del Perú, y regulada por reales cédulas de 29 de agosto de 1563, del 1 de octubre de 1566 y 2 de mayo de 1573 (recogidas posteriormente en la Recopilación de Leyes de Indias de 1680). Las otras audiencias de dicho virreinato, que existían en ese año de 1559, eran la de Panamá, la de Lima, y la de Bogotá.

Los límites del territorio, sobre el cual ejercía jurisdicción la Audiencia de Charcas, fueron variando con el tiempo, según la distribución que hizo la Corona española. Al principio estuvo restringida a los territorios subordinados a la ciudad de La Plata, por lo que el virrey Conde de Nievas señaló el 20 de mayo de 1561: "…la dicha ciudad de La Plata con más de cien leguas de tierra alrededor por cada parte…".
 
 El 29 de agosto de 1563, Felipe II amplió la Audiencia de Charcas con la incorporación de la Gobernación del Tucumán, Juríes y Diaguitas, la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra (esta última formada por las ex gobernaciones de Andrés Manso y Ñuflo de Chaves), la provincia de Moxos y Chunchos y las tierras que llegaban hasta la ciudad del Cuzco con sus términos (corregimientos dependientes). De esta forma su territorio jurisdiccional abarcó por el norte hasta las provincias de Sayabamba y Carabaya; al oeste incorporó el desierto de Atacama hasta el Océano Pacífico; al este hasta Moxos y Chunchos; y por el sur, el Chaco y Tucumán, Juríes y Diaguitas

El 1 de octubre de 1566, se le incorporaron los territorios de la Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay.
El 30 de noviembre de 1568, la ciudad del Cuzco y sus dependencias fue reintegrada a la jurisdicción de la Audiencia de Lima, estableciéndose que la Audiencia de Charcas conservara el territorio "desde el Collao hacia la Ciudad de La Plata". Las autoridades dijeron: Declaramos y mandamos que la dicha ciudad del Cuzco con su término y jurisdicción haya de estar y esté sujeta y debajo de la jurisdicción de la audiencia real de la dicha ciudad de los Reyes, como lo estaba antes (...)

El 26 de mayo de 1573 se deslindó el territorio del Collao entre las dos audiencias: (...) declarando como declaramos que del dicho Collao hacia la ciudad de La Plata comience desde el pueblo de Ayoviri que es el de la encomienda de Juan Pancorvo, por el camino de Urcosuyo y desde el pueblo de Asilo, que es de la encomienda de Jerónimo de Castilla por el camino de Omasuyos y por el camino de Arequipa desde Atuncana que es de la encomienda de Carlos Inca, hacia la parte de los Charcas.

En 1601, Antonio de Herrera y Tordesillas, cronista mayor de Su Majestad, informaba :Del distrito de la Audiencia de la Plata, o de los Charcas.-

El distrito de la audiencia de los Charcas, que parte términos con la de los Reyes está en 20 grados y medio de altura Austral, por el rio del Nombre de Dios, y principio de la laguna del Collao; tendrá de largo 300 leguas hasta el Valle de Copiapó, principio de la provincia de Chile [...]
Puertos y puntas de la costa de esta Audiencia.-
En la costa de esta Audiencia, que comienza en 17 grados y medio, en el rio de Nombre de Dios, o Tambopalla, hay el puerto de Hilo junto a un rio, en 18 grados y medio, y más al Sur el Morro de los diablos, y el puerto de Arica en 19 grados y un tercio, y el de Tacáma en veinte y uno, y la punta de Tarapacá al Sur, y más adelante el río de Pica, y el de la Hoja, y de Montelo, puerto de Mexillones, y más al Sur, la punta de los Farallones, con Morro Moreno, y su Bahía de Santa Clara, y más al Sur, la quebrada y punta Blanca, y la quebrada Honda, y luego el río de Santa Clara, en 25º28’ como treinta leguas al norte del río Copiapó, a donde comienza la costa de la capitanía de Chile, y se acaba la de la Audiencia de los Charcas [...]

Los bolivianos tenemos razón de alegar el principio del derecho del "primer ocupante" desde el río Salado hasta la desembocadura del río Loa, litoral perteneciente primero al Estado Tiwanacota, después al distrito del Collasuyo del Imperio Incaico y luego a la Audiencia de Charcas autónoma convertida en República en 1825 dentro de límites inalterados. En cambio Chile (antes Nueva Extremadura), territorio salvaje de la Araucanía, como dependencia de la Audiencia de Lima y sustentada con recursos provenientes de la plata del Cerro de Potosí, no tenía autonomía y por decreto del Virrey del Perú fue elevada al rango inferior de capitanía colonial, administrada siempre por el Virreinato del Perú hasta el año 1810.

El territorio es la primera y más sagrada de las prioridades nacionalistas. Su enajenación es cosa tan grave que sale de la vida común y ordinaria de un pueblo. Tal acto está fuera de las facultades de un Gobierno y aún del Congreso Nacional. La naturaleza del pensamiento democrático le impide aceptar que nuestro país se subordine a otro por causa de invasión y piratería por fuerza militar, repudiadas por la razón y la comunidad universal. Cualquier agresión “victoriosa” no constituye fuente de legítimo derecho y sólo es un brutal desprecio de los valores morales y del derecho internacional que no reconoce la conquista, mediante fuerza bruta, de territorios ajenos. Los chilenos se hacen la ilusión de que han enterrado el derecho boliviano y de que sobre el mismo han colocado la misma lápida que han puesto sobre nuestros puertos y el río Lauca, cacareando a los cuatro vientos que
es un asunto zanjado para siempre y que no deben nada, ni están obligados a nada, mucho menos a devolver un puerto, y que la aspiración boliviana es un asunto exclusivamente bilateral que debe estudiarse para ver las respectivas compensaciones”.
El “dominio” que Chile nos ha impuesto con el Tratado de 1904 no está respaldado por alguna ley sino por la fuerza bruta de un ejército permanentemente armado mediante dinero que es producto de la depredación de nuestras minas de cobre Chuquicamata y La Escondida, y que impide a Bolivia hacer valer en forma práctica su justo derecho de propiedad.
La invasión filibustera, el actual dominio de nuestro Litoral por la fuerza militar y la violencia con la que nos obligó con coacción a firmar un tratado injusto, son inadmisibles e ilegítimos. La Cancillería chilena dice que son “derechos de victoria”… ¿Llama derechos al cohecho anglo-chileno?, ¿llama victoria al asalto premeditado y agresión a un país indefenso ?

En 1929 Chile y Perú firmaron el Tratado de Amistad y Límites en el cual especifican que los gobiernos de Perú y Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías. De esta manera el país del que fuimos aliados durante la guerra, se ha confabulado con el agresor para encerrarnos detrás de Los Andes, quedando ellos como centinelas de nuestra prisión, con el compromiso de que ninguno puede abrir la salida sin el consentimiento del otro.

Bolivia, la «Hija predilecta» de Bolívar, no puede vivir eternamente mutilada, clausurada y encadenada con el dogal mediante el que se la ha reducido con implacable injusticia bajo los tratados de 1904 y 1929, vulnerando el derecho, la geografía y la historia.
Es un problema con características coloniales, existiendo agresión y usurpación territorial por la fuerza, explotación intensiva de recursos y riquezas ajenas y una continua ocupación y dominio ilegales que ya duran 139 años.

La Nación boliviana proclama su reintegración marítima como atributo esencial de soberanía, desarrollo y progreso. Los esquemas y fronteras trazados el Siglo XIX a punta de bayonetas y cañones, hay que hacerlos de nuevo en función de un mundo moderno y dinámico. El enclaustramiento al que Bolivia ha sido sometida amerita pronta reparación.

Recuperar el mar será reencontrar el destino marítimo de nuestro Estado y salvarlo de caer en el engaño de un “corredor” inservible sin puerto propio ni soberano al norte de Arica. Nuestra propiedad marítima debe sernos reintegrada sin compensaciones territoriales a Chile, dando cumplimiento a las normas y acuerdos del derecho internacional y a todos los principios proclamados en todas las conferencias interamericanas.

El Tratado de 1904 está contradiciendo el derecho imprescriptible del Estado boliviano al ejercicio pleno de la soberanía sobre su Litoral. Ese tratado carece de toda legitimidad, ya que en vez de solucionar los problemas emergentes de la usurpación chilena de nuestro litoral, los ha violentado y agravado, encerrando a Bolivia, y por ello el enclaustramiento subsiste como una injusticia internacional.
No se puede hablar de una Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) si no se exige la justicia evidente para Bolivia y no se deja de ignorar la atroz iniquidad de haber enclaustrado a un pueblo hermano y entronizado en América la política corrupta a la que sólo apelan los pueblos destituidos de justicia y que invocan a su favor la conquista, la fuerza bruta, la invasión y la usurpación. El deber y el honor imponen a las naciones, y a la Corte Internacional de Justicia, la necesidad de protestar en nombre de la civilización y hasta del género humano, contra un país que conculca los sanos principios de derecho y equidad. Guardar silencio, observar delicada neutralidad, como ha hecho la CIJ el 1 de Octubre 2018, es hacerse cómplice del atentado despojador, copartícipe de tamaña inmoralidad y alevosía.

A continuación, presentamos los antecedentes en que los gobiernos chilenos prepararon el robo a mano armada del Litoral Boliviano :

El nefasto gobierno de Melgarejo
Juan Lanchipa Ponce

Durante la presidencia de Mariano Melgarejo (1864-1871), Chile manejó hábilmente su diplomacia. Benjamín Vicuña Makena acudió a otras relaciones influyentes, como la hermandad masónica, a la que estaban subordinados los más altos colaboradores de Melgarejo, incluido su cogobernante y canciller, Mariano Donato Muñoz, y el prefecto del departamento, Juan Ramón Muñoz Cabrera, quien se encontraba precisamente en el puerto de Cobija.
Inexplicablemente, el 30 enero de 1866, Muñoz (aliado interno de Chile), con la firma de Melgarejo, determinó que Bolivia se sumase al Pacto Defensivo del Pacífico, suscrito entre Perú y Chile, después de que la Armada española desembarcara en las islas peruanas Chinchas, en el intento de reivindicar parte del territorio que había constituido su antiguo imperio colonial en América.
Chile, usando sus influencias, logró que la Ley de 1863, por la que el Congreso boliviano autorizaba al Ejecutivo la declaratoria de guerra en su contra sea abrogada, lo que abrió el camino para reanudar las relaciones con Chile en los siguientes términos: “El Gobierno de Bolivia queda apto para enviar y recibir ministros plenipotenciarios que pongan en relación a ambas repúblicas”.
Preparada la tramoya diplomática, el 18 marzo de 1866 llegó a Bolivia Aniceto Vergara Albano como ministro plenipotenciario de Chile. Traía dos misiones en concreto: una, para formalizar el trabajo defensivo en contra de España, y, la otra, para tramitar un acuerdo de cesión de territorio en el Litoral. Con estas gestiones se inició una invasión silenciosa a la costa boliviana, tras la emisión del decreto de tono americanista que disponía que “las fronteras de Bolivia eran sólo líneas matemáticas” y que “los naturales de las repúblicas sudamericanas que ingresen a Bolivia gozan de los mismos derechos que los bolivianos, excepto únicamente para desempeñar la presidencia de los altos poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial”.
Así, los acólitos bolivianos de los intereses oligárquicos chilenos, con estas maniobras que parecían inofensivas, inocuas, propias de un quijotismo absurdo, lograron la firma del Tratado de Alianza del 19 de marzo de 1866, con el que se introdujo el “caballo de troya” a nuestro territorio para ejecutar el plan más depredatorio que haya sufrido Bolivia, que consistía en arrebatarle a corto plazo sus territorios costeros de Atacama.

Tanto Vergara Albano como Carlos Walker Martínez (secretario del plenipotenciario chileno) se presentaron porfiadamente ante el presidente Melgarejo a ejecutar todos los actos de servilismo y abyección inimaginables para conquistar la buena voluntad del mandatario, explotando su vanidad con alabanzas, mediante artículos halagüeños y laudatorios que se publicaban en la prensa chilena, que eran transcritos en los periódicos nacionales, en los que se le comparaba incluso con el Libertador Simón Bolívar, Washington y Napoleón.

Asimismo, fomentaron sus vicios, le obsequiaron licores importados de la más fina calidad, y comprometieron su gratitud con joyas para su uso y la de su amante. Por último, concedieron a su arrogancia títulos, condecoraciones y el grado de General de División del Ejército chileno, hasta que convirtieron al rígido tirano en fiel y discrecional compañero y cómplice.
El 3 de junio de 1866, cuando ya el ánimo de Melgarejo estaba preparado, Muñoz le presentó el infame documento mediante el cual se cedía parte del territorio patrio a manos extranjeras. En 41 años de vida republicana, ningún boliviano se había permitido poner en duda los derechos de Bolivia sobre sus territorios de la costa del Pacífico; sin embargo, Muñoz se permitió desconocer los derechos y títulos incuestionables de nuestra patria, y comprometió la soberanía del Litoral reservado al país, para comunicarse con el mundo.

El canciller Muñoz preparó las bases del infame contrato y lo entregó a Melgarejo. Este documento fue aprobado sin leerlo, pues su limitación intelectual permanente no le permitía discernir si sus cláusulas eran justas o lesivas para el país. Cuando sus demás ministros le hicieron notar que se trataba de ceder a Chile un extenso territorio, pidió que se le explicara dónde quedaba aquél, y en base a un pequeño mapa le enseñaron la zona que debía transferirse. Melgarejo midió en el mapa con el pulgar de su mano derecha y dijo: “Pero si apenas mide una pulgada, ¡no merece la pena de pleitear por tan poca cosa!”. Y dio por aprobada la flagrante traición.
La pulgada a la que se refería abarcaba nada menos que 1.200 leguas cuadradas (30.000 km2), desde el grado 25º31’36” hasta el 24º.

Y lo inconcebible, este documento fue remitido al argentino Juan Ramón Cabrera, nombrado embajador y ministro plenipotenciario de Bolivia ante el gobierno de La Moneda. Este personaje extranjero se permitió agregar una cláusula más en el acuerdo : la liberación de impuestos a la internación de productos naturales de Chile, gravamen que pesó funestamente en la economía de Bolivia. Este abominable tratado fue firmado el 10 de agosto de 1866, día fatal para la patria.
Estos funestos eventos han tratado de ser minimizados o desconocidos por intelectuales afiliados a las logias que ayer y hoy asumen una posición guardiana de los intereses oligárquicos chilenos, lo que hace patente que la mentira necesita siempre complicidad.

LA ARROGANCIA DEL USURPADOR
Delfín Arias Vargas

Si Bolivia abandona su absurda pretensión sobre territorio, mar o soberanía chilena, en esas condiciones por supuesto que vamos a dialogar con Bolivia los temas del futuro, como el fortalecimiento de nuestra integración y desarrollo económico, el mejoramiento de la seguridad de nuestras fronteras, el combate con mayor eficacia del narcotráfico y otros males”.
Ésa fue la arrogante respuesta del presidente chileno, Sebastián Piñera, a la invitación epistolar de su colega boliviano, Evo Morales, a reiniciar el diálogo entre ambas naciones a fin de atender los asuntos relativos al enclaustramiento marítimo boliviano en cumplimiento a la invocación en ese sentido del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya del pasado 1 de octubre.
La despectiva frase acuñada por Piñera se sumó a una primera expresada por el Presidente chileno cuando se conoció el fallo del tribunal de las Naciones Unidas, que sentenció que Chile no tiene ninguna obligación de negociar el pedido boliviano de acceso soberano al océano Pacífico. “Ha hecho justicia y ha puesto las cosas en su lugar”, había dicho ese día un exultante Piñera embebido de soberbia.
A todas luces, se trata de dos frases que desnudan una arrogancia que expresa un profundo desprecio hacia Bolivia y la centenaria causa nacional de un acceso soberano al mar, el que le fuera arrebatado por la fuerza de las armas en la denominada Guerra del Pacífico (1879-1882).
No obstante, puesto las cosas en su verdadero contexto histórico, la renovada soberbia de la oligarquía trasandina raya con la estupidez de quienes se aferran a reescribir la historia a la medida de los intereses geopolíticos de una élite que transcurridos 139 años del asalto al puerto de Antofagasta, aún medra del férreo enclaustramiento impuesto a Bolivia.
La soberbia es un sentimiento de superioridad que provoca un trato distante y displicente a los demás, y cuando Chile califica como una “absurda pretensión” la histórica e irrenunciable causa marítima boliviana, renueva su papel de carcelero de un pueblo cautivo que jamás renunciará a volver a las costas del océano Pacífico.
El columnista chileno Wilson Tapia sostiene que la soberbia florece en los campos en los que está sembrado el poder y se arropan con ella algunos que sin tener poder realmente creen que lo tienen, lo que los hace, además de injustos, patéticos y ridículos, estúpidos.
Desde que se conoció el fallo de la CIJ adverso a Bolivia, el actual inquilino de La Moneda ha sido el principal portavoz de una oligarquía chilena que renovó sus ataques para descalificar la causa marítima boliviana y, en una flagrante intromisión en asuntos internos de Bolivia, intenta deslegitimar al gobierno del presidente Evo Morales.
No obstante, el fallo de los jueces de La Haya no hizo “justicia”, como sostiene Piñera, sino que fue un fallo injusto para mantener el statu quo; un fallo a la medida del lobby chileno que en sus alegatos orales sostuvo que un fallo favorable a Bolivia disiparía las fronteras internacionales.
El fallo tampoco puso “las cosas en su lugar” —como sostiene Piñera—, porque la demanda boliviana no estaba orientada a desconocer el Tratado de 1904 ni buscaba la eliminación de los límites territoriales entre ambos países.
Entonces, al pronunciarse a favor de los argumentos chilenos, los jueces de la CIJ no asumieron su responsabilidad histórica de sentar jurisprudencia para la resolución pacífica de las controversias internacionales entre los Estados nacionales.
Sin embargo, para pesar de la oligarquía y la élite política trasandina que representa Piñera, el veredicto de los jueces de La Haya sepultó su sempiterno como falaz argumento de que el Tratado de 1904 “resolvió todos los asuntos pendientes con Bolivia”.
El artículo 176 del fallo del 1 de octubre es taxativo cuando señala: “Este fallo no debe entenderse como un impedimento a que las partes continúen su diálogo e intercambios en un espíritu de buena vecindad para atender los asuntos relativos a la situación de enclaustramiento de Bolivia”.
Y el fallo del 24 de septiembre de 2015 —cuando la CIJ se declaró competente para conocer el fondo de la demanda boliviana— sentencia que las cuestiones en disputa entre Chile y Bolivia no son “asuntos ya arreglados por acuerdos entre las partes o por decisión de un tribunal de arbitraje internacional”, ni tampoco por “acuerdos o tratados en vigor en la fecha de la conclusión del Pacto de Bogotá” suscrito el 30 de abril de 1948.
En ese contexto y más allá de que fue adverso a Bolivia, el fallo de Corte Internacional de Justicia de La Haya dejó sentado que el acceso soberano de Bolivia al mar no es una “pretensión absurda” ni puso “las cosas en su lugar”, tal como sostiene la rancia, aristocrática y arrogante oligarquía chilena, sino que desnudó que la política chilena respecto de Bolivia es anacrónica y propia del siglo 19.
Entonces, insistir en que el Tratado de 1904 “resolvió todos los asuntos pendientes con Bolivia” es una posición arrogante, injusta, patética, ridícula y, por lo mismo, estúpida.
 

DECLARACIÓN FINAL DE LA CORTE


 

El presidente de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, Abdulqawi Yusuf, ratificó ante la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (NNUU) que a pesar del fallo que ha dictado el 1 de octubre, cuando eximió a Chile de la obligación de negociar con Bolivia un acceso al mar, nada impide que estos países traten ese tema pendiente
“Quiero subrayar este hecho, que el FALLO de la CIJ no debe entenderse como algo que impide a las partes continuar con su diálogo y sus intercambios en un espíritu de buenos vecinos para tratar las cuestiones relativas al enclaustramiento marítimo de Bolivia, cuya solución debe considerarse por ambas partes como algo que es de interés mutuo”, manifestó Yusuf en su informe ante la Asamblea General de la ONU.
 

PALABRAS DE UN CHILENO, EL DISTINGUIDO HISTORIADOR  Dn CÁSTULO MARTINEZ
Párrafo de su libro ‘El Mar de Bolivia’
“Para mi sorpresa, lo que descubrí era totalmente opuesto a lo que se enseña en las escuelas. La información encontrada en libros coloniales y en datos oficiales del Archivo de Indias, me indicó que Chile nunca tuvo derecho legítimo a los territorios disputados, que fueron motivo de tres Tratados de Límites con Bolivia”.
Y de la siguiente manera, concluye hermosamente el historiador chileno: “El propósito de este libro no es abrir más las heridas dejadas por la Guerra del Pacífico, una guerra terrible, tal como son las guerras entre hermanos, sino ayudar a cicatrizarlas. Y sólo cicatrizarán cuando Bolivia recupere una salida soberana al Océano Pacífico. En vano nos adormecemos con la errónea idea de que a Bolivia nada le debemos. Le debemos un puerto.

Cástulo Martínez

El jurista español Remiro Brotons afirmó que el diálogo entre Bolivia y Chile sobre la demanda marítima es "inevitable", porque la posibilidad de su restablecimiento no fue cerrada por el fallo del 1 de octubre de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que eximió al gobierno chileno de la obligación de negociar con La Paz una salida soberana al océano Pacífico.
"La idea del diálogo está ahí, es inevitable. No está cerrado en absoluto por el fallo de la CIJ, ni muchísimo menos", afirmó. Consideró que se debe preparar una propuesta "bien estudiada y seria" para respaldar la reanudación del diálogo. No especificó si esa propuesta deberá ser por la reivindicación de soberanía marítima o por el callejón inservible al norte de Arica.

 

Chile opta por un tiempo de ‘reflexión’ sobre fallo de la CIJ, antes de retomar el diálogo con Bolivia
Chile decidió tomarse un tiempo de “reflexión” sobre los alcances del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso de la demanda marítima boliviana antes de reiniciar conversaciones con Bolivia. El anuncio lo hizo el presidente de ese país, Sebastián Piñera, quien además anticipó que para ello deben cumplirse algunas condiciones, entre ellas que no se hable de soberanía.

“Vamos a darnos un tiempo para que el reinicio de una conversación fecunda y constructiva sea sobre la base de respetar el derecho internacional, el fallo de la CIJ y el tratado de 1904 (…) Creo que es sabio y prudente tener un periodo de consolidación, de reflexión del significado del fallo antes de reiniciar conversaciones”, sostuvo en una entrevista.
Piñera anticipó que su Gobierno está dispuesto a mejorar el acceso boliviano al Pacífico en función al Tratado de 1904, que selló los límites bilaterales y otorgó a Bolivia libre tránsito que, sin embargo, no es cumplido, según denunció en reiteradas oportunidades la administración de La Paz.

“Siempre Chile ha estado dispuesto a ese diálogo constructivo, pero le puedo asegurar que como Presidente no voy a negociar ni territorio, ni mar, ni soberanía. Pero sí estamos dispuestos a facilitar el acceso de Bolivia, y de su comercio, a los puertos chilenos”, sostuvo, pero se abstuvo de comentar el informe de Naciones Unidas que indica que el precio por contenedor para los países privados de costa soberana es de 4.350 dólares para las importaciones y de 3.550 para las exportaciones, siendo que el promedio para el resto de los países está en el rango de 1.150 dólares.
Declaración final de Gustavo Fernández

Gustavo Fernández es un experimentado diplomático boliviano. Fue tres veces canciller y se desempeñó en diversas misiones del país en el exterior, además de ejercer cargos en organismos internacionales.
Como la mayoría, fue un optimista respecto al fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), por lo que ahora hace un análisis sereno de la derrota.
Deberíamos pensar en una Bolivia como núcleo de la integración latinoamericana, como una Bolivia que sea capaz de enriquecerse con los beneficios de una relación intensa con el Brasil, con la Argentina, con el Perú, con Chile, con el Paraguay; pero una de las piedras que impide éso es la naturaleza de nuestra relación con Chile y la persistencia chilena en desconocer en absoluto, por lo menos en los sectores más reaccionarios de ese país, la necesidad de cambiar la naturaleza de la relación con Bolivia. Chile tiene que decir qué tipo de relación quiere con Bolivia; si quiere mantener esta relación de conflicto permanente, lo va a tener; es su decisión.

Nosotros hemos hecho todo, hemos explorado todos los caminos para reivindicar soberanía marítima, los de la negociación, los caminos de la persuasión, los de la presión, todos, y Chile se ha mantenido en una sola posición de rechazo y de resistencia. ¿Hasta cuándo?, ésa es una pregunta que debe hacerse Chile.
ASI QUE, PUEBLO BOLIVIANO : DÉ VUELTA A LA PÁGINA, Y…. ADELANTE !!
“Hay que pensar cómo fortalecemos el país entre todos, para recobrar nuestro puerto propio, independiente y soberano.”

Grandes tratadistas, como Juan Albarracin Millán, han expresado que conoce la comunidad internacional de naciones que Bolivia nunca le ha transferido a Chile sus legítimos derechos al mar y nunca ha renunciado a su soberanía marítima. En el tratado de 1904 se reconoce el “dominio absoluto y perpetuo” de Chile sobre el litoral de Bolivia, ocupado por Chile. No se habla de “propiedad” de Chile. Ni siquiera se declara expresamente la palabra “protectorado”. En las diferentes cláusulas, se indica sólo la dominación de Chile sobre Bolivia a través de ingerencia política, empobrecimiento económico sistemático de Bolivia, se menciona una colonización progresiva sobre Bolivia mediante la pérdida de soberanía marítima, tributación a través de un dizque libre tránsito, enclaustramiento con privación de libre navegación y de libre comercio. En dicho tratado de 1904, al decretar y declarar su “dominio”, Chile se nombra a si mismo como si fuera propietario del litoral, sin que exista ninguna cláusula de transferencia de derecho de propiedad. Se omite mencionar que Chile ha invadido militarmente nuestro litoral. Sus diferentes cláusulas exponen el objetivo chileno de expandirse, despojando a Bolivia.
Chile debe de una buena vez comprender que no existe hoy la intangibilidad de los tratados en el derecho internacional público; tampoco la eternidad del despojo impuesto por un país sobre otro.

Al margen de ello, podemos declarar que el indicado tratado de 1904 no es un documento imparcial, ni es justo, ni tampoco ha solucionado el tremendo atentado de enclaustrar salvajemente a todo un pueblo que necesita urgentemente un puerto útil, PROPIO; porque, actualmente, Bolivia, por falta de SOBERANÍA pierde la posibilidad de que su producto interno bruto crezca entre 1 y 3 por ciento, lo que implica una perjuicio económico de entre 400 y 1.000 millones de dólares al año, aseguró a BBC Mundo el economista y gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez. Asimismo, el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), Ronald Nostas, calcula que Bolivia pierde 1.000 millones de dólares al año y un 2 por ciento del PIB por no tener una salida soberana al mar. El impacto económico para el país es grande, alcanzando la merma anual al crecimiento en aproximadamente un 2,7 por ciento sobre el Producto Interno Bruto (PIB). El año pasado, un estudio de la Organización No Gubernamental Oxfam reveló que la falta de acceso soberano al océano Pacífico impide a Bolivia crecer hasta 1,5 por ciento al año, es decir deja de percibir cerca de 1.500 millones de dólares por su situación de mediterraneidad. Esto debido a trabas burocráticas y los costos en el tránsito del comercio de importación y exportación por puertos chilenos. La investigación llamada “Bolivia: un país privado de litoral” relata que el traslado de carga desde China a Bolivia es de 0,31 dólares por kilómetro frente a 0,14 dólares desde China a Colombia, y que el costo del transporte puede llegar a incrementarse hasta en un 75 por ciento frente a los países con costa. A ésto se le agrega los retrasos en frontera, cobros e imposiciones a la carga, los problemas en las naciones de tránsito y la ausencia de infraestructuras adecuadas que generan un aumento desproporcionado de los costos del comercio. Un informe de Naciones Unidas, dado a conocer en 2016, indica que el precio por contenedor para los privados de costa soberana es de 4.350 dólares para las importaciones y de 3.550 para las exportaciones. Siendo que el promedio para el resto de los países está en el rango de 1.150 dólares. Los costos de transporte de Bolivia son los más altos de América del Sur, con un 31 por ciento superior a la media continental.

Jorge Edgar Zambrana Jiménez
Ingeniero Civil y Analista de Historia
Fin del Alegato por el derecho imprescriptible de Bolivia al Mar.
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